Cocinar es revolucionario

Por: | 18 de junio de 2013

Cocinar es revolucionario
A las barricadas, pero con sartenes. / DRFRANKLIPMAN.COM

 

¿Indignado? ¿Agobiado? ¿Harto del consumismo contemporáneo? ¿Frustrado por una vida poco satisfactoria en la que cada vez te sientes más títere y menos persona? Entonces tienes dos salidas. Una es movilizarte, salir a la calle a pegar cuatro gritos o meterte a antisistema. La otra, no excluyente de la primera, es más callada, más fácil y, a la larga, puede que más efectiva. Consiste en llevar a cabo una sencilla actividad subversiva en tu casa: cocinar.

Este viene a ser, descrita con trazo grueso, el punto de partida del nuevo libro del estadounidense Michael Pollan, periodista, activista, bestia negra de las multinacionales de comida procesada y habitual entre los autores más vendedores de su país. Cooked defiende que, hoy por hoy, no hay una forma más directa de transformar tu vida y de cambiar el mundo que volviendo a la cocina, ese lugar que poco a poco vamos abandonando al dejar nuestra alimentación en manos de la gran industria o de los profesionales de la restauración. Cada vez que decidimos preparar algo en casa con materias primas frescas en vez de llamar a Telepizza o freír unas croquetas de Findus, estamos tomando una decisión política y remando contra la corriente de un sistema que busca justo lo contrario: quitarnos lo poco que nos quedaba de la producción de comida y convertirnos en meros consumidores.

"Cocinar es una protesta contra la infiltración de intereses comerciales por cada rendija de nuestras vidas", afirma Pollan en la introducción del libro. "Cocinar por el puro placer de hacerlo y dedicar parte de nuestro tiempo de ocio a ello es declarar nuestra independencia de las corporaciones que buscan convertir cada momento en una ocasión para consumir. Es rechazar la debilitadora idea de que, al menos cuando estamos en casa, producir es un trabajo que debemos dejar a otros, y de que la única forma legítima de ocio es el consumo. Esa dependencia que los vendedores llaman 'libertad". Traducido: no lo sabías, pero en 2013, tu gazpacho casero, tus verduras a la plancha y tu pollo al ajillo son revolucionarios.

Pollan explica que la cocina ha sido una actividad crucial para el hombre: su aparición significa el inicio de la cultura y la ruptura definitiva con nuestro pasado animal. La cocina nos hace humanos. ¿Por qué entonces la estamos abandonando? Porque dejar que otros produzcan nuestra comida tuvo su lado bueno -la mujer abandonó el hogar y pudo vivir en igualdad con los hombres-, y lo sigue teniendo, ya que nos permite disponer de más tiempo libre. Siempre nos costará menos preparar una sopa de sobre que una sopa de verdad.

Sin embargo, los costes de esta evolución son altos. Primero, para la salud: la comida industrial procesada tiene más azúcar, más grasas, más sal y más aditivos para alargar su vida útil. Pollan cita un estudio de la Universidad de Harvard que relaciona directamente el abandono de la cocina casera con el aumento de la obesidad en Estados Unidos, y emparenta la processed food con el aumento de un buen número de enfermedades. ¿Que piensas que esto sólo ocurre en Gringolandia? Pues te equivocas: en España aún se cocina más y se come más sano, pero los datos más recientes demuestran que vamos de cabeza hacia el modelo americano, con tasas de gordura infantil escalofriantes y un abandono generalizado de la dieta mediterránea.

Cooked

Una de las reflexiones que más me gustan del libro incide en un tema que siempre suele salir en las discusiones sobre cocinar o no cocinar: el de la necesidad. ¿Por qué me voy a liar con guisos si puedo abrir un envase o descolgar el teléfono y tener comida lista al instante sin esfuerzo, y casi por el mismo coste? Soy el primero en reconocer que a veces cocinar me da pereza, y de que requiere un cierto esfuerzo que no siempre apetece. Además, como bien dice Pollan, desde un punto de vista estrictamente racional emplear el tiempo en cocinar no resulta demasiado inteligente: es más eficiente que lo dediques a lo tuyo y dejes a otros humanos especializados esa tarea, tal como dicta el principio básico capitalista de la división del trabajo. Zapatero, a tus zapatos, que la cena ya te la preparan en una fábrica o en Burger King.

Ahora bien, tanta eficacia tiene su reverso oscuro. "Nuestra comida la hace la industria; nuestra salud la llevan los médicos; el ocio, Hollywood y los medios; la política, los políticos, y así sucesivamente. Llega un momento en que no sabemos hacer muchas cosas por nosotros mismos, más allá de la que hacemos para ganarnos la vida", explica Pollan. Lo que genera sensación de impotencia, dependencia, ignorancia y falta de responsabilidad. La especialización máxima nos lleva a una falta de conexión con la realidad material y con los efectos de lo que hacemos: cuanto más lejos estamos en la cadena, menos nos afectan las posibles barbaridades que se hayan podido cometer al producir lo que consumimos.

¿Y qué tiene que ver la cocina con todo este rollo? Para Pollan, cocinar es un correctivo contra esta manera de ver el mundo. Cortar la carne de un animal te recuerda que te vas a comer un ser que estaba vivo, y puede que te anime a pensar en qué condiciones ha sido criado. Algo parecido ocurre con las verduras: la familiaridad con ellas en la cocina te empuja a respetar una naturaleza capaz de producir milagros como ellas. Sé que suena un poco hippy, pero debo decir que en mi caso es bastante cierto: mi interés por el origen de los alimentos, la ética y el impacto medioambiental de su producción nació cuando empecé a poner las manos sobre pollos crudos, pescados enteros, acelgas sin limpiar y demás parientes.

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Michael Pollan, o cómo la comida sana no evita la calvicie. / KEN LIGHT

 

Desde hace tiempo me pregunto por qué la gente cocina cada vez menos a la vez que crece el interés mediático y popular por la gastronomía. Pollan lo llama "la paradoja de la cocina", y lo explica con argumentos sensatos. Lo de "ver" cocinar sin participar no es nada nuevo: lo llevan haciendo durante siglos los hombres y los niños mientras las mujeres guisaban. La transformación de la comida en el proceso de cocinado resulta fascinante, lo mismo que el trabajo manual con elementos tan primarios como los alimentos. De alguna manera, los humanos echamos de menos esa relación básica, y por eso nos interesa la cocina aunque no la practiquemos.

Coincido con Pollan en que lo bueno de esta situación de alejamiento progresivo de las cazuelas es que es bastante fácil de cambiar. Para cocinar no hacen falta ni grandes conocimientos ni excesivos recursos. Y cualquier pequeño paso adelante cuenta. Es evidente que parte de nuestra comida va a seguir siendo procesada e industrial, y tampoco vamos a fustigarnos por comer chorizo o queso de fábrica, abrir una lata de mejillones en escabeche o incluso tirar de un precocinado en un día en el que vayamos justos de tiempo. Con no dejar que lo preparado por otros invada por completo nuestra mesa, con agarrar la sartén, el cazo o la batidora de vez en cuando, ya estaremos de alguna forma plantando cara al sistema.

Quizá Pollan se deje llevar en algunas ocasiones por cierto dogmatismo, como bien señala Bee Wilson -autora de mi libro gastronómico favorito del año, La importancia del tenedor- en su crítica en el New York Times. Reivindicar los guisotes que tardan horas en hacerse como máxima expresión de la cocina, ignorar los instrumentos que aceleran los procesos como la olla a presión, y desdeñar el microondas -un trasto que puede servir para más cosas que para calentar lasaña precocinada- no parece la mejor forma de animar al personal a arrimarse a los fogones. Y, desde luego, tanta reivindicación de "lo lento" suena un poco a privilegio en el mundo contemporáneo, en el que el tiempo escasea. Tampoco ayuda su predisposición a dejarse llevar por la nostalgia de lo que comían nuestros antepasados: por muy maligna que haya sido la industrialización, los alimentos hoy son mucho más seguros que en el pasado, y en cuanto a la calidad... como decía Andoni Aduriz, "lo mejor de la cocina de la abuela era la abuela".

Me gusta más la reivindicación que hace el autor de la cocina como una actividad placentera, provechosa, que genera bienestar mental porque "deja espacio a la reflexión y al ensueño". Preparar un plato para alguien no sólo es revolucionario, sino también una muestra de amor de lo más gratificante para el que la practica. "Cocinar nos da la oportunidad, muy rara en el mundo moderno, de trabajar directamente en nuestro favor, y a favor de la gente a la que damos de comer. ¿Hay alguna práctica menos egoísta, un trabajo menos alienante, un tiempo menos desaprovechado que preparar algo delicioso y nutritivo para la gente a la que quieres?". Ahora no se me ocurre ninguno.

Hay 89 Comentarios

Completamente de acuerdo. Hace poco le oi en una entrevista y me encantó. Algo que dijo me dio escalofríos: que igual que ya nadie se hace un arreglo de ropa en casa (es algo que hacían nuestras madres o abuelas), el cocinar puede acabar siendo también una tarea obsoleta que encargamos a otros. Yo por eso cocino todo lo que puedo, aunque sea un huevo frito, con tal de no calentar lo que la compañía x ha decidido que yo coma para alejarme de la actividad de cocinar. Y me encantaría aprender a coser...

Totalmente de acuerdo. Es más, cuando veo la cara de mi mujer al comer alguno de mis platos, no me hubiese importado pasarme el doble de tiempo en la cocina. Es genial.

La cocina en mi familia siempre ha sido un factor muy importante, en casa nunca ha entrado una sopa de sobre ni de tetrabrick, ni unas croquetas congeladas. Se le ha dado mucha importancia a "comer bien" Tenemos un huerto, pollos, conejos, pavos... Me enorgullezco muchisimo de la educacion "gastronomica" que me han dado, sobre todo mi madre. Ahora vivo en Barcelona en el centrito, rodeada de mercados excelentes, pero nada puede sustituir a las patatas del huerto de mis padres. Voy de visita con una mochila y vuelvo con dos maletas llenas de materia prima. Asi que me ha encantado este articulo, yo seguire con mi revolucion!
Buen dia a todos!

Gurúes y expertos nos han traído hasta aquí.

Este Mikes es la Pollan, jajaja, muy bueno. Pues yo no se soy revolucionario, pero como no tengo tiempo pues suelo cocinar bien poco y como casi siempre comida que sólo hay que meter al micro y poco más http://xurl.es/9ik46

Cómo es el pop. Hago la comida y soy revolucionario, qué guay!! Ay madre, me viene a la cabeza el monólogo de Eusebio Poncela en Martin (Hache) cuando abandona el teatro.

http://www.youtube.com/watch?v=vFOq_nXawyc

Viendo las cosas desde este punto... Quiero aprender a cocinar!

Saludos,

muy interesante, me ha hecho reflexionar y es totalmente cierto que día a día descuidamos nuestra alimentación consumiendo cada vez más alimentos precocinados por no dedicar algo más de tiempo a la cocina. Debemos darnos cuenta que este tiempo no supone una pérdida, si no una inversión en nuestra salud. Por otro lado, los datos sobre obesidad infantil, sobrecogedores.
http://www.cupastore.com/otros-articulos/platos-pizarra.html/
Un saludo a todos,

Lo que es revolucionario a día de hoy, y aunque no tenga que ver con este artículo tan majo, no es cocinar,es comer.

Vamos a ver, si todos nos tiramos el día reivindicativos y revolucionarios cocinando quién se encarga de plantar las lechugas, las acelgas, etc. Quién cria a los pollos para que cuando los descuarticemos personalmente podamos concienciarnos de que son seres vivos y meditemos sobre su dudosa calidad de vida. Seamos serios.

Me encanta cocinar y no cabe duda que es mas sano y económico.. pero en ocasiones se hace difícil con la vida que llevamos

Interesantisimo, me ha aportado reflexiones que nunca había tendido en cuenta, que nunca había sopesado. Y hace que me reafirme en cosas que hago. ¡Hala, pues a cocinar¡
Os dejo algunas recetas fáciles y muy baratas: http://detapasporsevillayotrascosillas.blogspot.com.es/p/algunas-recetillas.html

Pues ya puestos a rebelarse a la compra prefabricada, ¿Qué tal hacernos nuestra propia coca de Sant Joan? http://www.youtube.com/watch?v=uN4L81xeDt0 ¡y que vivan las masas caseras y las cremas pasteleras pringosas y llenas de sabor!

El lema de mi cocina puesto en un vinilo que veo todos los días es "El amor entra por la cocina" y debajo los platos favoritos de cada uno de los miembros de la familia: chipirones en su tinta, pencas rellenas, roscón de reyes....

Es verdad, yo cuando cocino conjuro y hasta me vengo de la explotación y precariedad diarias que sufro en el trabajo, de los recortes de derechos sociales y libertades individuales y públicas, del robo y represión sistémicos del capitalismo y sus poderes fácticos, etc... ¿Para qué voy a protestar o luchar por cambiar nada si puedo quedarme en casa cocinando?

Me encanta cocinar, aunque como han dicho en otros comentarios, lo descubri muy tarde... ahora intento pasarselo a mi hijo de 4 anios que me ayuda siempre que puede. Hoy hemos hecho pescado rebozado frito con ensalda\\ada de tomate, aguacate, ajo y judias verdes redondas. El nino ha batido el huevo, troceado el aguacate, partido las judias y ha revuelto toda la ensalada... el aguacate ha acabado cremilla con tanta vuelta pero estaba todo muy rico y el nino satisfecho y orgulloso!

Me gusta esta entrada y me gusta tambien como la matizas.

Llevo 24 años cocinando, soy profesor de cocina, FP Pública. Si no fuera por la industria, estaríamos muertos de hambre.

Totalmente de acuerdo, descuidamos nuestra alimentación de manera brutal por no perder tiempo cocinando y por conseguir un plato rápido por poco dinero. Debemos darnos cuenta que dedicar tiempo a la cocina es invertir en salud y eso es lo más importante.
Impresionantes los datos sobre obesidad infantil.

http://www.cupastore.com/otros-articulos/platos-pizarra.html/

"Cocinar nos da la oportunidad, muy rara en el mundo moderno, de trabajar directamente en nuestro favor, y a favor de la gente a la que damos de comer."

Despide al servicio, renuncia a la herencia, vete a un pueblito vacio de la montaña y tendras todas las oportunidades de trabajar directamente en tu favor y el de la gente a la que das de comer. Ademas sera la vida autosuficiente, bucolica y pastoril que tanto alababan los poetas clasicos. Y podras seguir haciendo cupcakes y gorros de punto.
Y no, tener una maceta de albahaca, una de maria y una tomatera en el balcon no es lo mismo.

Muy bueno el artículo Mikel. En mi caso estoy 100% de acuerdo. Cocinar en casa no solo es más sano, sino que en mi caso me acerca a mis niños. El poderles transmitir el cariño, la paciencia y el cuidado por las cosas bien hechas, es un buen proceso educativo a la vez que gastronómico

Ya lleva cierta razón, pero para mi sin caer en el integrismo. Aunque con cocinar no quedas exento del imperio agroalimentario: no consumes productos pre/cocinados, pero si que compras alimentos para cocinar en supers, envasados, etc. Es todo tan complejo.

Greenpeace y la mordazaa la ley alimentaria..

Y un consejo a los antilácteos....leed...por favor leed que es la mejor manera de quitarse semejantes imbecilidades de la cabeza....y os lo recomiendo yo que estoy colegiado en ciencia y tecnología de los alimentos y soy licenciado en ciencias de la salud....cuanta chorrada se lee la hostia.

Excelente Mikel, si me pareció gilipolluno no cocinar absolutamente nada y vivir de precocinados y restaurantes varios, es más adoro sembrar recolectar y cocinar por temporadas, y además de por salud lo hago principalmente por sabor...sigo estando gordo, pero la de momentos que me ha dado mi cocina....impagables.

Me gusta mucho la idea que transmite este post, buena publicación! :D

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Sobre el blog

El Comidista trata todos los aspectos de la realidad relacionados con la comida. No sólo da recetas fáciles de hacer, habla de restaurantes accesibles o descubre los últimos avances en trastos de cocina, sino que comenta cualquier conexión de lo comestible con la actualidad o la cultura pop. Todo con humor y sin ínfulas de alta gastronomía.

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Mikel López Iturriaga

es periodista y bloguero, y lo más decente que ha hecho en su vida es crear El Comidista en 2009. Escribe en EL PAÍS y habla en el programa 'Hoy por hoy' de la Cadena Ser, después de haber pasado por Canal +, El País de las Tentaciones, Ya.com o ADN. Aprendió a guisar con su madre y, después, en la Escuela Hofmann, pero sigue siendo cocinillas antes que cocinero.

Mónica Escudero

es DJ, madre, escribe, cocina y pone la mesa para El País Semanal, ejerce de Comidista adjunta, y no necesariamente en ese orden. Dirigió las revistas Barcelonés y Madriz, y colaboró en medios como Marie Claire, SModa, Vanidad, Yo Dona o La Luna. Ha escrito A vueltas con la tartera, y lo que más le gusta es cocinar, la michelada y los gatos (pero no para comérselos).

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