En busca de los alimentos con poder

Por: | 07 de noviembre de 2013

 

El vídeo de la campaña. / OXFAM INTERMÓN

 

Bueno, pues ya has llegado a Burkina Faso. Ouagadougu es una ciudad casi tan fea como difícil de pronunciar. Tu habitación de hotel equivale a la de una pensión cutre española, aunque seguramente es de lo mejor que ofrece esta desvencijada capital. El baño te da un poco de miedo: los has visto mejor mantenidos en casas de asesinos de películas de terror. Y tus amigos los mosquitos anofeles te están esperando ahí afuera para darte un besito de buenas noches y contagiarte la malaria. ¿Quién coño te mandaría venir?

Eso me decía mi yo europeo de clase media en las primeras horas que pasé en el África tropical. Por suerte, allí estaba también mi yo concienciado para replicarle: has venido a hacer algo bueno para gente que lo necesita, así que deja de pensar como un occidental malcriado. Compórtate como un hombre. Adáptate como si fueras un aventurero. Y sobre todo, barnízate de repelente contra los insectos.

Situado en el interior oeste del continente -sí, yo también tuve que mirar en Wikipedia-, y sin apenas recursos naturales, Burkina Faso no es precisamente Suiza. Tiene 17 millones de habitantes, el 86% de su población activa trabaja en el campo y la mitad de ella vive en condiciones cercanas a la miseria. Mi misión en el cuarto país menos rico del planeta era la de protagonizar un vídeo para la campaña Alimentos con poder de Oxfam Intermón, una organización no gubernamental de cooperación para desarrollo y lucha contra la pobreza a cuya filosofía siempre me he sentido muy cercano. No sé si muy sensatamente, pensaron que yo, como periodista/bloguero gastronómico medio famosillo, era la persona adecuada para ver y después contar que un puñado de arroz puede enseñar a leer, una mazorca de maíz puede prevenir el cólera y un mango puede luchar por los derechos de las mujeres.

Me explico: no se trataba de asistir a ritos de magia ancestral africana ni de ponernos a hacer vudú con cuatro patatas. En nuestro mundo, llamamos “hambre” a sentir el estómago vacío y, como mucho, cierta debilidad pasajera. Pero el hambre con mayúsculas tiene otros efectos más devastadores. No te permite hacer nada. Ni educarte, ni trabajar, ni sobreponerte a las enfermedades, ni luchar por tus legítimos derechos, ni prosperar por mucho que te esfuerces. El hambre es un callejón sin salida, un no future más grande que el del punk. Por ello el arroz, la cebolla, el maíz y otros alimentos tienen el poder de permitirte llevar a cabo todas esas actividades que en nuestro opulento universo se dan por sentadas.

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Cosas que puedes hacer si has comido: educarte y curarte. / AINHOA GOMÀ

 

A la mañana siguiente a mi llegada, fuimos en coche hacia la central de la ONG en Ouagadougou a través de sus enormes e inhóspitas avenidas, que imaginé como unos Campos Elíseos en los que los nobles palacios decimonónicos hubieran sido sustituidos por desastrados edificios oficiales setenteros aislados entre chabolas. El director de Oxfam en Burkina, Omer Kabore, nos habló allí de sus proyectos más importantes, entre ellos, uno especialmente significativo: el de la transformación del mango.

En el pasado, el excedente de esta fruta, muy abundante en su temporada, se pudría en muchos lugares. Pasada esta época, llegaban la escasez y la malnutrición. Con el apoyo de la ONG, una asociación local llamada Wouol creó varios centros para secarlo, y así poder venderlo en otros meses del año a un precio más elevado que el que obtendrían en la época de recogida. Hoy, 1.300 personas, la mayoría mujeres, trabajan en estas factorías, que exportan un excelente -y confirmo que adictivo- mango seco con certificación ecológica a Alemania. Cuando la producción de esta fruta se acaba, las mujeres emplean los meses restantes hasta la siguiente recogida transformando anacardo. Una tarea tan ímproba como minuciosa, pero con la que obtienen ganancias que les permiten vivir dignamente durante todo el año. “Es un ejemplo de éxito”, asegura Kabore. “Una referencia de desarrollo para todo el país”.

Oxfam también promueve iniciativas de producción de arroz y maíz, pero para verlas en acción hay que darse un pequeño paseo de seis horas en coche hacia el suroeste, por una carretera “internacional” -va de Mali a Costa de Marfil- que equivaldría a una comarcal española. En obras. El paisaje, verde y frondoso en el final de la estación lluviosa, pero tan llano y monótono como un disco de Jarabe de Palo, no distrae demasiado. Llegar a Bobo, la segunda ciudad del país, supuso un alivio, y más al comprobar que es más humana que Ouagadougou: aquí las calles son estrechas, hay tiendas, tienen un mercado de comida interesante y una mezquita antigua imponente.

Pero no estábamos allí para hacer turismo. Al día siguiente nos fuimos derechos a una escuela de Bama, un pueblo a unos 20 kilómetros. La visita fue una de esas experiencias que no se te olvida en la vida. En un aula bastante humilde pero digna, asistí a una clase de lengua francesa impartida a unos 70 niños cuya disciplina y entusiasmo participativo ya quisieran muchos profesores españoles. Me sentí un poco Angelina Jolie en Camboya o, en el peor de los casos, Tamara Falcó en Mozambique, pero grabar parte del vídeo aquí tuvo su sentido: estos críos pueden aprender algo porque han comido. Si no, no tendrían la energía suficiente para adquirir ninguna clase de conocimiento, y por eso la campaña dice que el arroz tiene el poder de enseñar. A pesar de que yo desayuné bien, no me entró la lección de los homónimos: debe de ser que no tengo ni idea de francés.

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Ella sí se aprendió los homónimos. / AINHOA GOMÀ

 

Algunas personas del Primer Mundo piensan que las ayudas a la cooperación con los países pobres son dinero tirado a la basura. “Por qué vamos a dar a otros si aquí lo necesitamos tanto”, claman. Si pudiera, yo les invitaría a viajar a Bama y visitar el centro de la Unión Nacional de Transformadoras de Arroz (Uneriz), una cooperativa creada con el apoyo de Oxfam Intermón. Allí podrían ver cómo un dinero concedido por la Junta de Andalucía para comprar equipamientos ha cambiado la vida de muchos seres humanos que hasta hace poco pasaban hambre.

630 personas trabajan en la transformación del arroz usando las instalaciones, dentro de una red de centros que emplea a más de 2.000 mujeres en todo Burkina. Lo precuecen con vapor y luego lo secan al sol, con lo que el cereal aumenta su precio y también su valor nutricional al difundirse las vitaminas del grupo B en el interior del grano. El trabajo es duro, ya que se hace con técnicas muy manuales y maquinaria rudimentaria. Las tinajas de arroz en las que se vaporiza el arroz emiten un calor y un humo que marea, al menos a un europeo blandengue poco acostumbrado a los padecimientos como yo. Las mujeres, muchas de ellas cargadas con niños pequeños a la espalda, arrastran sacos de 50 kilos de arroz. Pero tienen algo de lo que muchas de sus compatriotas carecen: un medio de subsistencia estable. De ganar unos 45 euros al mes en 2009 han pasado a 75. Cifras que suenan ridículas en Europa, pero que en Burkina suponen salir de la pobreza.

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Trabajar duro. Y salir del hoyo. / AINHOA GOMÀ

 

Mi tercera jornada en Burkina amaneció, ¡sorpresa!, con un calor que te mueres. Sol abrasador. El tiempo perfecto para ir a ver a los cultivadores en los campos de arroz y socarrarse el cogote. Aun así, la experiencia valió la pena. Un agricultor me dejó su cuchillo,

me agaché, probé a cortar unas cuantas ramas del cereal y me deslomé en unos tres minutos. El paisaje era de una belleza imponente, pero no quiero pensar lo que tiene que ser trabajar aquí, con tus pies hundiéndose en un limo grisáceo, tus riñones al jerez por la postura y unos cinco millones de mosquitos bailando la conga a tu alrededor.

Aunque las tierras burkinesas poseen un gran potencial para producir arroz, el producto local sólo cubre el 25% de la demanda. La inmensa mayoría de las explotaciones son pequeñas (de tres a seis hectáreas) y pertenecen a familias como la de La gran familia (11 miembros de

media) en las que los hombres practican la poligamia. Oxfam busca incrementar la productividad con semillas mejoradas y abonos sostenibles que no empobrezcan el suelo. Y, como en el caso de las mujeres transformadoras, trata de propagar un mensaje entre los cultivadores: si se unen, tendrán más fuerza para negociar mejores condiciones de venta e influir en las políticas agrícolas.

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De la recogida al resultado. / AINHOA GOMÀ

 

El arroz es el cuarto cereal con mayor producción en el país, después del sorgo, el mijo y el maíz. A éste último dedicamos el último y quizá más emocionante día en la zona. El esquema de acción de la ONG se repite: a través de una organización local (FEBAP), apoyan a los hombres cultivadores y a sus mujeres transformadoras para que obtengan un mayor rendimiento de su trabajo. La diferencia es que, en la aldea que visitamos, nos dieron a probar los platos que hacen con los derivados del maíz.

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Pastuflis, cuscús y pelotillas maravillosas que hacen con maíz. / AINHOA GOMÀ

 

De vuelta a Ouagadougou para coger el vuelo a París nos quedaba una parada en un poblado cerca de la carretera en la que vimos la cara al hambre: niños con la tripa hinchada, mujeres tiradas en el suelo, miradas serias y sensación de subdesarrollo extremo. Pero en ese momento, gracias a la acción de Oxfam y de las personas que la apoyan, estábamos en un lugar donde la gente parecía razonablemente contenta.

Mientras los hombres, para variar, se tocaban los pies, las mujeres prepararon un montón de platos diferentes con derivados del maíz -harina, grano tierno, cuscús- elaborados por ellas mismas. Algunos, como una versión aún más compacta de la polenta, resultaban un poco duros; otros, como unas bolitas de maíz y verdura con salsa de tomate y manteca de karité, eran una verdadera delicia. Viéndome catarlos y zamparme los que más me gustan, esta gente se desorinaba de la risa. Por fin me sentí en mi salsa: no sé si funcionaré como protagonista de una campaña para recaudar fondos, pero como bufón gastronómico, triunfé.

Hay 127 Comentarios

Uau! Impresionante relato, me he reído a pesar de todo, y me quedo con ganas de saber más y más -de las recetas, de dónde se encuentra ese karité? Cómo logran tanta fuerza de trabajo y tanta alegría en medio de tantas dificultades-. Muy emocionante y positivo. Mikel, qué podemos hacer para echar una mano !!!

Comparto el comentario de Lola. No quisiera pecar de cínica, pero me da que estas campañas apenas sirven para nada más que para tranquilizar la conciencia de los que hemos tenido la suerte de nacer en el primer mundo. Pese a todo, suelo inclinarme por comprar productos de comercio justo siempre que puedo, por echar una manita pero sobre todo porque suelen ser productos de gran calidad. Eso sí, paso de SMS: las gracias, a Médicos sin Fronteras por abusar descaradamente de las bases de datos que crean a partir de los mensajes recibidos (Imagino que muchos habréis sufrido la misma persecución y sabréis a qué me refiero)

Buenos dias Mikel y compañía.....Una experiencia realmente inolvidable. Gracias por compartirla y hacernos llegar con tu fiel relato a esas tierras lejanas donde el hambre forma parte del día a día.....y poner tu "granito" (no de arena precisamente) en ayudar a los demas.

Así que poniéndote tibio a pelotitas de maíz de gente sin recursos, eh?! Te parecerá bonito ... ;) Como penitencia tendrás que experimentar en tu casa día y noche hasta aprender a hacer esas bolitas y escribir un post con la receta, jejeje
Enhorabuena por la entrada, estas campañas merecen toda la difusión que se les pueda dar. No es "dar un euro para los nuños de Africa" y pensar q les llevamos un tupper para el desayuno, es ver como ese dinero transforma la forma de vida de mucha gente

PD: lo de la receta de las pelotitas iba medio en serio, eh! :)

Comparto el comentario de Lola, ¿dónde está el dinero que durante décadas se ha enviado a África? La corrupción es endémica en el continente y no parece que eso vaya a cambiar. El resultado es la miseria de las miserias para la mayoría y el enriquecimiento de unos pocos (¡cómo me suena esa situación!). Hay otros ejemplos, como gastarse un pastizal en un hospital en Camerún, que necesitará muchísima energía en aire acondicionado (¿de dónde la van a sacar?), porque se ha reproducido un modelo europeo, y para llegar existe un camino de cabras en el mejor de los casos. En fin, tantas cosas están mal... Yo también me pregunto si el viaje lo pagó Mikel u Oxfam. No me parece indigno que lo pague Oxfam, seguro que tienen un partida en sus presupuestos para publicidad, y por lo que cuenta Mikel, no viajó a cuerpo de rey, pero diría mucho a su favor y añadiría más valor a su mensaje si al menos parte de los gastos los sufragara él mismo. Por lo demás, el artículo me ha parecido estupendo. Oxfam es una ONG que hasta ahora no me ha defraudado y trabaja dando a quien lo necesita la caña de pescar, no el pescado.

Gran artículo! Gracias por hacernos crer un poco más en las ONG, las imágenes de Ainhoa Gomà son espectaculares!

Enhorabuena, creo que es sencillo y directo lo que nos has transmitido. Enviaré la palabra Alimentos al 28018
http://tarragonain.blogspot.com.es

Enhorabuena, estas entradas merecen todo nuestro respeto y apoyo, compartiremos en las redes.


Saludos,
http://www.demipueblo.es

La experiencia me parece alucinante para contarla en primera persona como haces en el artículo, es interesante ver como al menos parte del dinero que va para allá se usa realmente en planes de desarrollo, pero a mi, que soy andaluz y funcionario de la junta de andalucía, me chirría en los oídos esa alabanza a la labor social de esta denostada institución, más les valdría robar menos y dedicar más a cosas como estas, porque incluso en este caso uno tiende a pensar, basándose en las experiencias previas, que seguro que alguien ha trincado algo por el camino.

Yo, si pudiera, les enviaba este pedazo de tortilla de patatas con bacalao:
http://cocinarconciencia.blogspot.com.es/2013/11/tortilla-de-patatas-con-bacalao-y.html

Brutal. Eskerrik asko, Mikel.

Muy buena entrada Mikel. Gracias por acercarnos a otras realidades sociales que con frecuencia dejamos de lado.

Lo peor del hambre, es llegar a una alambrada y encontrarte cuchillas. África no es el problema... es la solución.
Felicidades por tu viaje y gracias por compartirlo.

Muy buena acción Mikel.
Los demás también podemos ayudar sin necesidad de ir a Africa, porque aquí podemos comprar en todos los supermercados productos de INTERMON OXFAN, un buen método de contribucción.
Yo particularmente recomiendo el café ecológico que venden

Enhorabuena majo

Tengo 37 años y desde que tengo uso de razón, he oído lo de "...para los negritos de África..."
Desde que estaba en el colegio, católico, las monjas siempre nos han pedido dinero (yo estoy convencida de que las monjas de aquella época, llamadas misioneras, son los voluntarios de todas estas ONGs de hoy en día) Qué pasa con todo el dinero que desde décadas se ha estado enviando a "los negritos de África"?
La situación es siempre la misma, no hay alimentos, no hay comida, no hay recursos, no hay educación, hay malnutrición, hay enfermedades, hay pobreza...
Qué pasa con las instituciones públicas de ese país? qué pasa con toda la corrupción de sus mandatarios?
Qué pasa en África, para que un país "tan rico" como este, esté de esta manera?
Qué pasa con todos los famosos que van a hacerse la foto para campañas publicitarias de ONGs?
Dónde está el dinero?
Este es un claro ejemplo para que lo resuelva Iker Jiménez, porque yo no lo entiendo.
Así todo Mikel, gracias por compartir tu experiencia, me alegra que haya gente que "no pasa hambre" porque la junta de Andalucía envía dinero...
A ti quién te pagó el viaje y la estancia? Oxfam o lo pagaste tú?

Buenísima entrada, aunque seguro que no llegará a tener 440 encendidos comentarios, como el del crudiveganismo del otro día.

Hola Mikel, como podemos colaborar desde otros paises europeos? solo hay SMS Espana?
Danke!

Eres un crack.

Mikel: Buenísimo!!!


He hecho mucho el indio en este blog -y ten por cierto que lo seguiré haciendo-, pero hoy no me parece el momento. Hoy me parece que todos deberíamos arrimar el hombro con el simple gesto del sms de la campaña.


Un abrazo y muchas gracias por ayudarnos a mirar mucho más lejos de lo que estamos acostumbrados a ver.

Precioso, Mikeltxu, admirable tu trabajo, conciencia tenemos todos pero al de un rato se nos olvida y no hacemos nada. Muchísimas gracias, eres un sol, muá!

Muy buen artículo, sobre todo me gusta cuando haces referencia al cambio de mentalidad que debe hacer uno cuando viaja a estos países, porque si vas allí y sigues comportándote como en tu casa o en tu ciudad europea, no aportas nada a nadie. Así que enhorabuena Mikel por saber entender el cmabio social y podernos transmitir.
http://ow.ly/qzFpi

Gracias! Empezar el día así, con una sonrisa en la cara y una lagrimilla creciendo en los ojos, es genial. Una crónica de viajes perfecta!

Plas, plas, plas!!!. Enhorabuena Mikel, hoy te has salido.

FANTÁSTICO. Excelente. Maravilloso. Enhorabuena. Me has alegrado el día. Por supuesto no por ver la cruda y cruel realidad del hambre, sino por la iniciativa, por explicarlo tan bien y por acercarnos a ver esa realidad. Gracias. Has removido, si cabe, más, mi conciencia. Algo habrá que hacer.

Me emocionas

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Sobre el blog

El Comidista trata todos los aspectos de la realidad relacionados con la comida. No sólo da recetas fáciles de hacer, habla de restaurantes accesibles o descubre los últimos avances en trastos de cocina, sino que comenta cualquier conexión de lo comestible con la actualidad o la cultura pop. Todo con humor y sin ínfulas de alta gastronomía.

Sobre los autores

Mikel López Iturriaga

es periodista y bloguero, y lo más decente que ha hecho en su vida es crear El Comidista en 2009. Escribe en EL PAÍS y habla en el programa 'Hoy por hoy' de la Cadena Ser, después de haber pasado por Canal +, El País de las Tentaciones, Ya.com o ADN. Aprendió a guisar con su madre y, después, en la Escuela Hofmann, pero sigue siendo cocinillas antes que cocinero.

Mónica Escudero

es DJ, madre, escribe, cocina y pone la mesa para El País Semanal, ejerce de Comidista adjunta, y no necesariamente en ese orden. Dirigió las revistas Barcelonés y Madriz, y colaboró en medios como Marie Claire, SModa, Vanidad, Yo Dona o La Luna. Ha escrito A vueltas con la tartera, y lo que más le gusta es cocinar, la michelada y los gatos (pero no para comérselos).

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