El pan más imbécil de la historia

Por: | 22 de diciembre de 2014

  Espaguetis con perlas

MATT MATERA

 

El mundo de la gastronomía, como todos los otros mundos, vive sujeto a las modas. Lo que no tiene por qué ser malo: si no las hubiera, seguramente nos aburriríamos sin nada que criticar. Miren a Arturo Pérez-Reverte, que se acaba de enterar de que en España se hacen brunches y se ha quedado tan a gustito poniéndolos de vuelta y media en un artículo, del que algunos esperamos continuación en forma de andanada contra el sushi, los cruasanes, el tomate u otras moderneces venidas recientemente de allende nuestras fronteras.

Debo de ser un mal español, porque no consigo que el brunch me irrite tanto como otra tendencia que sí saca mi Godzilla interior y me hace querer sembrar la muerte y la destrucción: la de ponerle oro a la comida. Si hacen el ridículo ejercicio de buscar en Google “las comidas más caras del mundo”, verán que bastantes de ellas lo llevan, desde postres hasta curris o pizzas. Nada justifica un buen sablazo como el oro, que se impone como ingrediente tontaina de preferencia entre los ricachones más descerebrados.

La semana pasada, sin ir más lejos, se supo que un panadero de Algatocín (Málaga) está elaborando un pan con polvo y copos del preciado metal. El producto cuesta unos 300 euros el kilo, se distribuirá por encargo a través de una gran superficie y va dirigido a los potentados rusos, chinos y árabes que frecuentan la Costa del Sol. Cada pieza lleva 250 miligramos de oro comestible que, según su autor, Juan Manuel Moreno, no aporta sabor alguno, pero si mucha exclusividad. Otro maravilloso detalle de este pan es que une el derroche más bling bling con algunos tics econaturistas, al utilizar como reclamo el uso de espelta y de maíz no transgénico.

¿Qué empuja a los pudientes de este mundo a comer oro? Tengo dos teorías. La sensata es que les pone hacer algo inalcanzable para el resto de la humanidad pobretona, aunque sea el colmo de la estupidez. La delirante es que en la intimidad de sus cuartos de baño de mármol, observan sus deposiciones a ver si brillan, y fantasean con la idea de que sus sirvientes las analicen en una suerte de moderna fiebre del oro. Aunque la visión resulte un tanto repugnante, yo casi prefiero esto último a lo primero: me encuentro mentalmente preparado para aceptar que los ricos son gente desalmada y sin escrúpulos, pero me resulta duro de tragar que lo tengan todo siendo unos redomados idiotas.

Esta columna fue publicada originalmente en la Revista Sábado de la edición impresa de EL PAÍS.

Hay 27 Comentarios

Buenísimo Mikel, me parto con lo de analizar la caca para ver si brilla.

Como son los ricachos. Ya puestos, a ver cuando inventan algo para que al pedorrear huela a agua de violetas, porque sus ventosidades huelen tan mal como las del resto de los mortales, y más si se dan a comer metales pesados, que deben provocar pesadez en la digestión. ¿Qué tal si se desayunan unas tostas de plutonio y así aligeran un poquito el exceso de presión demográfica y el indice medio de estupidez del género humano?

Pues sinceramente, si aportase algún tipo de sabor o textura a la comida podría verle la gracia, pero ponerlo solo por decir que lo lleva y que compraste un trozo de pan al precio de un Swarosvki me parece una tontería. Si no aporta nada al plato no aporta nada en mi cocina. Pero, en fin, si les hace gracia la tontería, al menos hay un empresario en España que se saca las castañas del fuego. Y allá el que lo compre.

Pues mereria la pena recuperar las heces ^^

Leí listas de conventos en México para el siglo XVIII en que algunas monjas de familia acomodada pedían oro y nieve como ingredientes para su cocina.

Lo de comer oro es algo que no entiendo. De hecho me recuerda a un capítulo de The Big Bang Theory en el que Sheldon va al supermercado con Penny y la ve cogiendo vitaminas y le recomienda otro bote más "para tener un pis realmente caro".

Y lo peor es que pinta ser solo el principio de los males, a ver lo que nos depara el futuro.

Pues si a ti te parece duro de tragar....figurate lo q tiene q ser el pan de oro.....tiempos atras hacian el pan con baritina una variedad del yeso....para q pesara mas...no era malo ...a corto plazo....malo a larga.

Pues a mí no me parece mala solución. Hay gente que ingresa un millón de euros mensuales. Si no encuentra la manera de ponerlos otra vez en circulación provoca un colapso del sistema económico y comprar más activos productivos no hace más que empeorar el problema porque eso genera rentas. Devolverlos a los pobres vía compra de panes de oro, estancias en hoteles de a 2.500 euros noche y cubatas a 5500 euros (especialidad del hotel Burj en Dubai) es la manera más eficaz de cumplir su responsabilidad social asegurando que el dinero corra

Increible jajajaja, cada dia flipo mas

No comment. Yo prefiero la Bruschetta (tosta clásica) de tomate y albahaca. Popular y deliciosa.
Saludos!
http://www.gastronomiaditalia.com/page.php?id=30

Por cierto, hablando tendencias gastronomicas mongolas. No es nuevo que los bares en España ya no son bares sino Gastro BAres, y no te ponen tapas sino porciones o degustaciones. El colmo de la idiotez lo escuché este finde pasado en un bar de Jaén (ciudad donde la tapa viene gratis con la caña). Al reclamar la tapa de la segunda birra, la camarera (toda ella con peinado vanguardista y delantal desde la cintura al tobillo) nos dijo que en es un Gastrobar y que en los gastrobares no se pone la segunda tapa...enfin...a ese Gastropollasenvinagre no voy más.

el oro que cago el moro ¡¡¡ ya lo podrán defecar y lo que habrá que hacer es rebuscar en sus cloacas para recuperarlo. Coincido con Perez reverte que cada dia tenemos más tonterias que un mueble-bar. Pero como dice un comentarista aquí, a Perez Reverte le va a reventar una arteria cualquier dia con tanto odio que tiene ahí guardao.

es que los tiempos han cambiado y ahora todo se mezcla, por eso se pueden ver tiendas delicatessen dirigidas por izquierdistas que en vez de venderte el chorizo o los tomates para el pan , pues te están vendiendo huevos trufados, los más sofisticados alimentos y entre ellos el oro para todas tus artes culinarias y además te cuentan, los beneficios que tiene, con todas las garantías de credibilidad, lo cual está muy bien porque te cultivas; pero luego viene la cuestión y el pensamiento que no para y dices, como resulta que estamos en unos tiempos en los que aparentar ya no queda tan bien, por esto de la solidaridad y estas cosas, pues bueno, antes la gente se colgaba sus cadenas de oro y demás joyas de tan preciado metal y resulta que quedaba bien, pero ahora ya ha cambiado la cosa y eso ya queda feo, pues eso, que para no aparentar por fuera, pues han pensado que como son ricos y de alguna forma tienen que aparentar, pues nada se compran el oro y se lo comen y asi aparentan pero por dentro, que no se ve, pero, eso si, ya se encargan de decírselo a todo Dios para que lo sepan y sigan, el que pueda, la lección.

Usar oro para decorar comida es ya viejo, casi viejuno y este pan me parece una horterada para nuevos ricos más horteras aún. Solo falta que lo amasen en el culo de Pepi. Aunque bien mirado, quien soy yo para criticar?, confieso que alguna vez he bruncheado pizza fría. Y no siempre con la excusa de la resaca.

Buf, no puedo estar más de acuerdo, es una tomadura de pelo. Qué la gente pasa hambre? Pues yo me como el oro a dentellás! Si de verdad fuera un producto gastronómico tendría un pase, pero es postureo absurdo.

Es cierto, hace unas semanas vi un reportaje sobre aceites exclusivos de Córdoba y los preparaban con la consabida laminita de pan de oro dentro. Iban a los países del Golfo. El aceitero no daba explicaciones cuando le decían que el oro, como metal noble que es, no se absorbe y debe salir por el otro extremo. En fin, esto demuestra que los ricos de verdad son gente desalmada, sin escrúpulos y gilipollas.

¿Conoces el dicho "tienes un culo para amasar pan"? A mi siempre me lo han dicho: http://goo.gl/87KU3B

Habrá que convenir, en todo caso, que don Arturo tiene alguna razón. Quizá se pase en la descalificación general, pero es cierto que en ese mundillo hay mucho pijerío y mucho cuento, oro aparte. Eso del 'brunch' a mí me suena a la hiperviejuna «merienda-cena» en versión matinal, aunque también es cierto que cada cual es libre de hacer de su capa un sayo. Y donde la razón la tiene entera es cuando pone en su lugar tanta cocinilla estrambótica y tanto plato plaza de toros: en este país nos hemos dejado obnubilar por las dichosas estrellas Michelin y ya hay que empezar a ir con cuidado con los restaurantes a los que se va. Es verdad que yo he visto algún restaurante 'estrellado' que, realmente, tiene creaciones de veras interesantes; no muchos, más que nada porque, obviamente, voy poquísimo a tan costosos lugares, pero sigo habitualmente cadenas televisivas y recetarios y, la verdad, hay cosas que... He aquí un ejemplo de cómo Carme Ruscalleda riza el rizo del barroquismo y de la exageración... para un pincho: http://canalcocina.es/receta/taco-de-bogavante-huerta-y-mar Y tendríais que ver el vídeo de cómo lo hace. Y el problema ya no es la Ruscalleda, el problema es toda la legión de imitadores de segunda y tercera división, de los que hay que huir como de la peste. Y no digamos de los émulos 'amateur', que eso ya es de película 'gore'

La verdad es que al Reverté un día le va a petar una arteria. Mientras lees el articulo te lo imaginas cabreado como un Fernando Fernan Gomez cualquiera. A la mierdaaaaaa!!!
Lo del oro flipante...

Yo, la verdad, es que la justificación de "cagar oro" la veo clarísima...de hecho debo confesar que es lo que me ha motivado a probar el invento (eso sí, a precios mucho más abordables que los de este panadero de Málaga, que me parece que es un cara) cuando he visitado Japón, país de origen de esta nueva gastrotontería. Desgraciadamente, la cocina japonesa, con tanto arroz blanco, no facilita nada el tránsito, con lo cual me he quedado bastante frustrado.
Pero bueno, me disculparán, pero tengo que ir a tomarme mi brunch a base de delicias veganas de espelta y kale, decoradas con pan de oro y churruritos de aceto balsámico...

Jajaja! Buena contestación, Mónica. :)

Yo recuerdo que vi una foto de "El postre más caro del mundo", una mousse de chocolate, que además del consabido oro, tenía un diamante en su interior. A mí me parecía un poco absurdo: ¿qué sentido tenía estar comiendo y perder un diente? Además, siempre recuerdo la anécdota que cuenta en La Copa Dorada, en la que un tío de uno de los personajes murió envenado por comer oro accidentalmente (se le caía todos los días en el café un poco del pan de oro del techo de su comedor). Ya sé que el oro que ponen en la comida es comestible, pero no tentaría a la suerte, jejeje... Reverte se está convirtiendo en un viejo gruñón: todo le parece mal, y todo funcionaba mejor antes, y la gente tenía más clase, los bolígrafo funcionaban, etc, etc...
Y bueno, felices fiestas, comidistas!

Hola Yai: eso no es un CV, sino una biografía. ¡Saludos!

Lo del oro no tiene nombre. Hay muchas maneras de medir el lujo, con productos humildes se pueden elaborar platos de alto standing, como esta tapa que os presentamos donde el boquerón se transforma en anillo de una patata.
http://dosyemas.com/index.php/boquerones-con-patatas

Patético. Y hay otra cosa que no entiendo, aunque no esté al mismo nivel: por qué pone Mònica Escudero que es "madre" en su curriculum? O.o

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Sobre el blog

El Comidista trata todos los aspectos de la realidad relacionados con la comida. No sólo da recetas fáciles de hacer, habla de restaurantes accesibles o descubre los últimos avances en trastos de cocina, sino que comenta cualquier conexión de lo comestible con la actualidad o la cultura pop. Todo con humor y sin ínfulas de alta gastronomía.

Sobre los autores

Mikel López Iturriaga

es periodista y bloguero, y lo más decente que ha hecho en su vida es crear El Comidista en 2009. Escribe en EL PAÍS y habla en el programa 'Hoy por hoy' de la Cadena Ser, después de haber pasado por Canal +, El País de las Tentaciones, Ya.com o ADN. Aprendió a guisar con su madre y, después, en la Escuela Hofmann, pero sigue siendo cocinillas antes que cocinero.

Mónica Escudero

es DJ, madre, escribe, cocina y pone la mesa para El País Semanal, ejerce de Comidista adjunta, y no necesariamente en ese orden. Dirigió las revistas Barcelonés y Madriz, y colaboró en medios como Marie Claire, SModa, Vanidad, Yo Dona o La Luna. Ha escrito A vueltas con la tartera, y lo que más le gusta es cocinar, la michelada y los gatos (pero no para comérselos).

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