La pizza y ocho motivos más para viajar a Nápoles

Por: | 23 de enero de 2015

Sfogliatelle napoles

El altar de Pintauro. / EL COMIDISTA

 

¿Cómo es posible que Nápoles no sea un destino turístico de primera magnitud? Impresionado por sus muchos atractivos, me estuve haciendo esta pregunta los cinco días que pasé en la capital del sur de Italia a principios de este mes. Supongo que su fama de caótica -que lo es-, sucia -que no lo es tanto, aunque un poco más de civismo y una introducción masiva de botes de spray en rectos de grafiteros no le vendría mal- y peligrosa -no más que otras capitales europeas si tienes un poco de sentido común- le precede, y por eso no atrae como Roma, Florencia o Venecia. Lo que no deja de ser una suerte para el viajero: puedes disfrutar de una ciudad fantástica con un montón de cosas para ver sin enfrentarte a las hordas que inundan sus primas del norte.

Nápoles mola por sus palacios, sus tropecientas iglesias, su apabullante patrimonio artístico, sus fantásticos barrios y su bulliciosa vida callejera. Pero para un tragaldabas como yo, mola sobre todo porque es uno de los lugares donde mejor se come de Italia, o lo que viene a ser lo mismo, del mundo. Sólo por haber inventado la pizza ya merecería una peregrinación en masa de todos aquellos a los que les interesa la comida, pero los encantos gastronómicos de Nápoles no se reducen a su creación más universal. Aquí tenéis unos cuantos motivos sólidos para visitarla, con recomendaciones probadas de lugares donde disfrutar de sus delicias.

La margarita y la marinara

Los ortodoxos sentencian que las únicas variedades verdaderas de la pizza napolitana son la margarita (tomate, mozzarella, albahaca) y la marinera (que NO lleva pescado ni marisco, sino tomate, orégano y ajo). De hecho, en algunas pizzerías son las únicas que se sirven, y cuando las pruebas te das cuenta de que quizá no hagan falta muchos más ingredientes: la sagrada combinación de esa maravillosa masa tostada pero blanda (la pizza napolitana no cruje) con el tomate triturado local y el aceite de oliva ya te da toda la felicidad que mereces.

Las pizzerías que producen la vera pizza napolitana tienen un distintivo bastante feo con la figura de un arlequín, y se supone que cumplen un loquísimo batallón de normas que regulan desde el tamaño de los paquetes de levadura hasta el ph de la masa, pasando por el grosor máximo de la torta (4 milímetros) o el origen del tomate, el aceite y el queso, que siempre deben ser de la región. Por suerte, para saber si estamos ante una pizza al estilo Nápoles no tenemos que llevar encima la regla y el laboratorio portátil de Quimicefa: basta con admirar sus gruesos bordes, la irregularidad causada por las burbujas que forma en la masa la altísima temperatura de los hornos de leña (más de 400 grados) y el centro levemente acuoso.

Pizza napolitana

Lo simple es bueno. / EL COMIDISTA

 

La mala noticia es que las pizzerías más míticas de Nápoles, como Da Michele o Gino Sorbillo, están siempre hasta arriba de gente y hay que hacer cola para comer en ellas. La buena es que, como nos dijo el muy napolitano dueño del bed and breakfast en el que nos alojamos, la pizza es fantástica en la mayoría de las pizzerías de la ciudad, así que tampoco hay que volverse loco a la caza de la mejor del mundo mundial. Para acertar basta con tener un poco de ojo, alejarse de turistadas, centrarse en los sitios dedicados por completo a la especialidad y tener en cuenta que si sólo hacen margaritas y marinaras, la probabilidad de excelencia sube. Yo probé las de Napoli in Bocca y Starita, y ambas se salían.

El ragú

Después de la pizza, el segundo en la lista de platos míticos napolitanos es el ragú. Esta salsa-cuasi-guiso de carne, tomate y vino tinto, que normalmente se toma con pasta, posee un sabor tan intenso como reconfortante, y quedarse sin probarlo es la mayor estupidez que puedes cometer cuando visitas esta ciudad. El de Tandem, acompañado con paccheri o con la pasta fresca que tengan del día, es orgiástico.

Ragu napolitano

'Paccheri' con ragú. / EL COMIDISTA

 

Las 'sfogliatelle'

Suenan a producto para las espinillas, pero las sfogliatelle riccie son la máxima expresión de la delicadeza a la que puede llegar la repostería italiana. Cuando muerdes esta especie de conchas de hojaldre, primero crujen y luego te regalan su delicioso relleno de ricotta con distintos sabores. Conviene tomarlas calientes, y un buen sitio donde probarlas es Pintauro. Otros dulces locales imprescindibles, capaces de vacaburrizar al más atlético, son la pastiera (tarta rellena de ricota), el babá (un bizcocho muy fino borracho de ron) y la torta caprese (tarta de chocolate y almendras).

Sfogliatelle napoles 2

Sfoglia sfogliame sflo, sfogila sfoglia mi corazón. / EL COMIDISTA

 

Los 'taralli'

Aunque no exclusivos de Nápoles -hace algún tiempo publiqué una receta de los de Puglia-, esta especie de rosquillas saladas cuentan con una variedad local absolutamente adictiva, hecha con manteca, almendras enteras y pimienta a discreción. Vale la pena subir hasta el barrio de La Sanità, que no es precisamente Beverly Hills sino más bien Gomorra, para comprar los del Tarallificio Esposito: de lo mejor que he probado esta década en panadería.

Taralli napoles

Droja napolitana. / EL COMIDISTA

 

La Trattoria Reginella

Cosas que ocurren en Nápoles: sales de ver la catacumba de San Genaro, bajas por la desolada y un tanto cutre calle San Vicenzo y te encuentras con una mezcla de bodega y tienda de comida preparada donde disponen de unas mesitas para que comas como un Borbón. Tú mismo te puedes hacer tu propia combinación de antipasti de verduras -calabacines en vinagre, pimientos asados, zanahorias picantes, berenjenas a la brasa- y fastuosos platos más contundentes como la parmiggiana, las salchichas o las polpette (albóndigas gigantes). Todo está sensacional y cuesta unos 12 euros por cabeza. El milagro se llama Trattoria Reginella.

Antipasti

El antipasto del año. / EL COMIDISTA

 

Los fritos

No hace falta ser Sherlock Holmes para darse cuenta de que a los napolitanos les encantan los fritos: los lugares donde se practica la inmersión en aceite caliente abundan en la ciudad y van desde la freiduría tradicional hasta la cadena de fast food guarrindongo. La dignidad de este difícil arte se conserva en La Masardona, templo de la pizza frita; en Di Matteo, donde deberás probar las crocché de patata y los arancini de arroz, o en algunos puestos / agujeros en la pared de los mercados de La Pignasecca y Porta Nolana, cutrecillos pero interesantes.

Fritos napoles

Di Matteo, hogar de la italocroqueta. / EL COMIDISTA

 

El restaurante del siglo I

Está a media hora en tren de Nápoles y lleva siglos cerrada, pero vale la pena visitarla: uno no pone el pie en una taberna de hace casi 2.000 años todos los días. El Thermopolium de Vetutius Placidus era uno de los lugares a los que los habitantes de Pompeya iban a comer antes de que la erupción del Vesubio enterrara la ciudad en el año 79. Ver la barra y los huecos donde se exponía la comida caliente impresiona de verdad.

Pompeya

Un prandium completo y dos vinos, por favor. / EL COMIDISTA
 

Belenes de otra dimensión

Los belenes españoles son una triste y austera sopa de pan duro comparados con el lujurioso festín de 20 platos de los napolitanos. En ellos, el nacimiento de Jesús viene a ser lo de menos, eclipsado por toda clase de escenas y personajes populares a cual más pintoresco. No faltan en ellos representantes de oficios relacionados con la comida: panaderos, fruteros, pescaderos o carniceros recreados con un detalle que deja nuestras figuritas a la altura del betún. Con los belenes del Museo de San Martino o del Palacio Real te quedas con el culo torcido; si quieres comprarte alguna figurilla -yo me hice con un bodeguero- no tienes más que deambular por la calle San Gregorio Armeno: el belenismo es tan intenso aquí que algunas tiendas consagradas al mismo abren todo el año.

Bodeguero belen

Belén alcohólico. / EL COMIDISTA

 

Ristorantino dell'Avvocato

De vuelta al siglo XXI, no es ninguna mala idea probar algo de la moderna comida napolitana. Uno de sus valedores es el chef Raffaele Cardillo, quien desde su Ristorantino dell'Avvocato defiende una versión depurada pero sin bobadas -ni clavadas en la cuenta- de la cocina local. La ensalada de calamar, pulpo y gambas; la corvina con costra de aceitunas negras o el cerdo con higos y nueces son impecables, y la cassata napolitana, para morir tranquilo con ella.

Ristorantino dell avvocato Casatta ristorantino dell avvocato

Muerte por cassata. / EL COMIDISTA

 

El limoncello

El noble origen de ese licor baratuji que te regalan en muchos restaurantes españoles está en la Campania, región de la que es capital Nápoles. No hace falta decir que el limoncello artesanal auténtico poco tiene que ver con el susodicho brebaje: huele a limón, no a Fairy Limón, y no es empalagosamente dulce. Un sitio ultrarecomendable para comprarlo es Limoné, en el Centro Histórico: en esta tienda/fábrica elaboran no sólo limoncello, sino también deliciosos licores de crema de limón, de melón, de rúcola o de regaliz. Más toda clase de productos con limón: pasta, aceite, taralli, galletas o babás en conserva.

Limoncello

Así se queda las peladuras tras darlo todo en el limoncello. / EL COMIDISTA

 

Hay 41 Comentarios

Yo os aseguro que hay otro motivo para viajar a Nápoles. Allí están las mujeres más bellas del mundo: http://goo.gl/Xx6obp

A sus pieses! A ver si tienes suerte y enganchas un par (y un poco de salami dolce y de tarta de ricotta y pera, ya puestos).

Almayer me arrodillo a tus pies con lagrimillas en los ojos... GRACIAS!!!!

Me ha convencido 100%, a Napolés que iré :-)

finalmente a napoles! De verdad que es donde mejor se come en Italia, palabra de Bilbaína, yo añadiría el Cuopp , un cucurucho de papel relleno de gritos de mar y tierra! El Baba, la tarta de de ricotta y pera, la mozzarella di buffala auntentica, la ricotta de buffala , los montanari con ragú, la pasta con frutti di mare, la lasaña napolitana, etc etc

Estuve hace unos años en Napoles y desde entonces no puedo dejar de pensar en las sfogliatelle riccie (las sfogliatelle frolle también me gustan, pero riccie calentitas están de impresión). La ciudad es impresionante, hay mil cosas que ver y acercarse a Pompeya y Herculano es una maravilla si vas en temporada baja. Yo tampoco entiendo como no se viaja más allí, porque no es solo la ciudad, sino todo lo que tiene la región de Campania. Que envidia!

@Virginia En Mandarosso Pastis solían tener sfogliatelle
http://www.lecucinemandarosso.com

Si me apasiona la ricotta en pizza, envuelta en hojaldre debe ser adictiva... Quiero YA una sfogliatelle.

Mamma mía!!! che grande é Italia!!! Envidia de la gorda, otro destino apuntado en mi lista. Este verano ya no se que hacer, norte, sur, o Napoli.

Italia es maravilloso. En muchos casos todavía tenemos que aprender mucho de ellos. El mimo por el producto que tienen allí a veces nos cuesta encontrarlo aquí en España.

Tienes razón, Nápoles es una ciudad preciosa (como otras ciudades menos conocidas, como Turín, Lecce, Cagliari).
La Gastronomía italiana es superfina.
Si quieres tratar de hacer limoncello, aquí una receta casera. Saludos y buen fin de semana a todos!
Sarah

http://www.gastronomiaditalia.com/page.php?id=321

wow que maravilla de alrtículo, me apunto todas las direcciones, es un viaje que tengo pendiente desde hace muuuucho tiempo, a ver si pronto lo puedo hacer! A mi la sfogliatelle me recuerda mucho a un dulce que hacen en una pasteleria de Inca, en Mallorca, tambien es un hojaldre finísimo y relleno de queso fresco, entre otras cosas...
Yo también traigo hoy recomendaciones, este find e semana es el Girona10 todo un acontecimiento montones de actividades programadas y donde se ofrecen noches de hotel (hoteles 3, 4 y 5 estrellas!) a 10€ y también menús en restaurantes a ese mismo precio, pero men´ñus que normalmente costarian 4 veces más, además los trenes AVE tienen un 35€ de descuento para poder venir a disfrutarlo, tenéis más información aquí
http://lesreceptesquemagraden.blogspot.com.es/2015/01/girona-10.html

Napule è nu sole amaro, Napule è addore è Mare...

Añadiría el placer de tirarse por el gollete un caffé calentito (y dejar otro "sospeso"), las 300 maneras que tienen de comer melanzane-berenjena y lo interesante de una excursión a la cuna de la mozzarella, por ejemplo a cualquier caseficio de Battipaglia. Estaréis tres días oliendo a buffala, pero merece la pena. Buf, Napoli no se acaba, qué envidia de viaje.

Nosotras somos más de "chicha", pero en la pizza hemos descubierto grandes sabores con el pesto como protagonista, un crujiente onírico como protagonista.
http://www.dosyemas.com/index.php/pizza-margarita-y-pizza-pesto

En el blog de tu compañero de periódico Jose Carlos Capel, tuve una conversación interesante sobre la similitud del hojaldre de la sfogliatelle y el pastel de carne murciano, el origen napolitano del escultor murciano Francisco Salzillo...etc. Interesante estudiar esos vínculos y si fue la familia Salzillo la que introdujo este tipo de hojaldre en Murcia.
http://blogs.elpais.com/gastronotas-de-capel/2012/05/mordiscos-rellenos.html

Gracias por las sugerencias. El fin de semana próximo estaré por allí tres días y ya me has solucionado la búsqueda de sitios para papear.

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El Comidista

Sobre el blog

El Comidista trata todos los aspectos de la realidad relacionados con la comida. No sólo da recetas fáciles de hacer, habla de restaurantes accesibles o descubre los últimos avances en trastos de cocina, sino que comenta cualquier conexión de lo comestible con la actualidad o la cultura pop. Todo con humor y sin ínfulas de alta gastronomía.

Sobre los autores

Mikel López Iturriaga

es periodista y bloguero, y lo más decente que ha hecho en su vida es crear El Comidista en 2009. Escribe en EL PAÍS y habla en el programa 'Hoy por hoy' de la Cadena Ser, después de haber pasado por Canal +, El País de las Tentaciones, Ya.com o ADN. Aprendió a guisar con su madre y, después, en la Escuela Hofmann, pero sigue siendo cocinillas antes que cocinero.

Mónica Escudero

es DJ, madre, escribe, cocina y pone la mesa para El País Semanal, ejerce de Comidista adjunta, y no necesariamente en ese orden. Dirigió las revistas Barcelonés y Madriz, y colaboró en medios como Marie Claire, SModa, Vanidad, Yo Dona o La Luna. Ha escrito A vueltas con la tartera, y lo que más le gusta es cocinar, la michelada y los gatos (pero no para comérselos).

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