Los desafíos de la ópera para sobrevivir en un mundo en crisis

Por: | 18 de enero de 2012

Por Gerard Mortier, Joan Matabosch y Helga Schmidt

La ópera se enfrenta hoy a uno de los periodos de la historia más complicados para su desarrollo tal y como la conocíamos hasta la fecha. La aplicación de las nuevas tecnologías, especialmente en su difusión; el reto de abrirse a nuevos públicos y, muy especialmente, la crisis económica, que convierten muchos de los montajes en un lujo prácticamente inasumible en esta época de recortes, son algunos de los retos que debe encarar. Para la inauguración del blog de música clásica y ópera, EL PAÍS ha pedido a los directores artísticos de los teatros más importantes de España su opinión sobre este asunto. Gerard Mortier (Teato Real), Joan Matabosch (Gran Teatre del Liceu) y Helga Schmidt (Palau de les Arts) escriben sobre los desafíos que deberán superar en los próximos años para mantener los niveles de excelencia de sus teatros.


GERARD MORTIER, director artístico del Teatro Real de Madrid

El director artístico del Teatro Real, Gerard MortierPara mí estos son los grandes desafíos:

1.    Luchar contra el estrechamiento del repertorio por falta de creación, por falta de curiosidad del público de la ópera, y por falta de coraje de los directores de ópera.

2.    Favorecer la renovación permanente del público, para enfrentarse al envejecimiento del mismo, creando una red con las escuelas y las universidades. Este método representa siempre un modo mejor que acudir a las retransmisiones audiovisuales para evitar que las obras de arte se conviertan en blockbusters.

3.    Favorecer la cultura de aprendizaje de los directores de orquesta y los cantantes que siempre están en el horizonte de la cultura comercial y no tienen tiempo de apropiarse de las tradiciones, de desarrollar un trabajo profundo y un aprendizaje progresivo.

4.    Luchar contra la comercialización del arte, que lo convierte en un producto de consumo y no en una tierra fecunda que permite el desarrollo de unas visiones sobre la mejora de la condición humana. Es decir, enseñar que la ópera devuelve el valor a las emociones, siempre devaluadas en función de los eventos y excitaciones.

5.    Luchar contra la idea de que el arte es un gasto caro e inútil, cuando es en realidad una inversión para dar unas respuestas a las cuestiones que surgen hoy dado el cambio global de valores provocado por la globalización, las nuevas tecnologías, y la avalancha de informaciones que asfixian la comunicación.



JOAN MATABOSCH, director artístico del Gran Teatre del Liceu

Para precisar los desafíos quizá habría que precisar, antes, los objetivos de un teatro público de ópera. Es decir, precisar que de lo que ser trata es de crear arte y de hacerlo accesible a los ciudadanos.  Ambas cosas son muy exigentes y, aceptarlas, tiene consecuencias. Algo muy diferente a dedicarse al mero espectáculo destinado a entretener a unos pocos. Los desafíos que pueden amenazar o deteriorar o, al contrario, fortalecer y  potenciar estos objetivos son muchos: artísticos, tecnológicos, de sostenibilidad, de gestión, etc. Pero los he resumido en cinco puntos: reivindicar la ópera como forma de arte y como tradición; poner el acento en los cambios imprescindibles en la gestión y en el marco laboral de los teatros; y enfatizar la necesidad de no deshacer el camino andado en la difusión de la ópera, que ha cambiado radicalmente en España y que todavía debería cambiar más en la misma dirección.

1.    Conseguir que la ópera sea identificada como una forma de arte, capaz, por tanto de expresar la experiencia humana o, como dijo Hegel, capaz de poner delante del hombre lo que el hombre es. Esto exige dos cosas: programar con criterios artísticos y poner todos los medios al alcance del teatro para que el público pueda entenderlo y disfrutarlo. Enriquecer la experiencia del público tiene que ser la prioridad del teatro y su mejor garantía de futuro en un momento en que la coyuntura económica puede convertir la ópera en un lujo prescindible. Y en esta línea, los teatros deben tener clara su función de abrirse a nuevas estéticas musicales, a nuevos enfoques dramatúrgicos, a propuestas que potencien la función del teatro como estímulo cultural: enriquecer y no sólo reiterar da sentido a las aportaciones públicas y al mecenazgo. Y hay que dejar claro que las óperas del pasado no regresan a los escenarios como objetos de veneración, sino porque nos expresan y nos interrogan.


3683-035 ©A Bofill2.    Y, todo ello, sin olvidar el valor de la tradición. La ópera es el gran arte europeo por excelencia: la síntesis de todas las artes. Y esta tradición se ha manifestado en algunos teatros como el Liceu con una historia larga y densa. La “tradición” constituye la sensibilidad de un teatro: significa que su público comparte un código sobre el género que ha hecho grande este teatro. Y en el mundo del arte, tener esta tradición, compartir este código, es fundamental. Es como conocer un idioma: imprescindible para comprender. Y en la música y en las otras artes, para significar se puede y se debe alterar el código. Pero sin conocerlo, no hay acceso posible a la información, al sentido. Es también el momento, pues, desde esta perspectiva, de reivindicar la gran tradición de nuestros teatros.

3.    Renovar la gestión de los teatros. Los presupuestos de ingresos han visto, recientemente, cómo disminuían las aportaciones públicas. No es previsible que la situación cambie en un futuro inmediato ni es sensato que el tijeretazo en los gastos se pueda practicar ilimitadamente sin afectar a la calidad, a la oferta y por consiguiente a la demanda y a la razón de existir del teatro. Los teatros tendrán que ser capaces de financiarse con un porcentaje más elevado de ingresos privados ayudados por una ley de mecenazgo que haga posible incrementar estos ingresos pero también por un cambio radical en la gestión. Gestionar un teatro de ópera supondrá, en el futuro, ser capaz de encontrar ingresos privados por importes semejantes a los que las administraciones públicas han dejado de aportar.

4.    Redefinir el marco laboral de los teatros españoles. La inflexibilidad de los convenios colectivos y las tradiciones ancestrales han situado a algunos teatros en situaciones de productividad alarmante, superando en ocasiones los casos más desesperantes de algunos teatros italianos. Existe un margen de maniobra suficiente para abordar este problema. Hace falta una reforma en profundidad que permita ahorrar costes absurdos y mantener así las plantillas artísticas que garanticen el máximo nivel artístico. No se trata de reducir plantillas, sino de disponer de un marco laboral que dote de sentido el tenerlas. 

5.    Potenciar la difusión de la ópera. El Liceu ha hecho en las últimas décadas un gran esfuerzo en fomentar que la ópera deje de ser una “afición” y pase a ser un hábito de consumo cultural de cualquier ciudadano interesado en la cultura, en la lectura de libros, en la visita a exposiciones o en la asistencia al teatro. Es fundamental abundar en esta línea en estos momentos. Hay que evitar cuadrar los números de los teatros a base de incrementar los precios, bajar las ocupaciones y volver a convertir la ópera en el espectáculo para “acaudalados” y “expertos” del que había sido rescatado.


HELGA SCHMIDT, intendente del Palau de les Arts

Ya bien entrado el siglo XXI, y en plena crisis generalizada, la ópera afronta el desafío de su supervivencia en un tiempo que, aparentemente, no parece muy propicio para su desarrollo. Sin duda, las actuales circunstancias sociales y financieras exigen una respuesta de adecuación que modificará tanto la gestión como la oferta operística. Sin embargo, ello no ha de implicar una devaluación de su intocable idiosincrasia artística y cultural.

La crisis obliga, efectivamente, a una optimización de los recursos disponibles, y a intentar mejorar los aún no bien tratados mecanismos de mecenazgo, así como a impulsar y canalizar los esfuerzos humanos y técnicos para, apoyados en las nuevas tecnologías, lograr la máxima difusión y promover una oferta capaz de interesar a más sectores sociales.

HelgaSin duda, la crisis fuerza también a un cambio en los planteamientos artísticos y de repertorio. No es lo mismo producir una ópera de Strauss que una de Mozart, una obra de dominio público que una con “derechos” de autor. Presagio un importante crecimiento del repertorio barroco y clásico, y un receso equiparable de las nuevas producciones y de la música contemporánea. Por otra parte, y por la mayor dependencia de la taquilla, habrá más traviatas, bohèmes, cármenes y toscas que títulos menos populares.

En este sentido, auguro programaciones más conservadoras y menos innovadoras o atrevidas. Algo equiparable puede decirse de las propuestas escénicas, que tratarán de ajustarse más al sentir de la mayoría. Se bajarán los costes de los montajes y ganará terreno algo en lo que yo, personalmente, he apostado desde hace muchos años: lo virtual. Los efectos ópticos y lumínicos, apoyados en la imaginación -del creador y del espectador- fomentarán la creación de un nuevo lenguaje escénico más acorde con el tiempo tecnológico contemporáneo.

Se reducirán, por otra parte, las nuevas producciones y se potenciarán las coproducciones y el alquiler o intercambio de montajes entre teatros. Como contrapartida, las producciones, apoyadas en los nuevos medios de difusión -transmisiones de funciones por vídeo, televisión, internet o en cines- gozarán de mayor proyección, y con ello generarán mayores ingresos en concepto de publicidad.

Todo esto son medidas de adecuación que en modo alguno han de alterar la esencia de la ópera, género que en sus muchos siglos de existencia no ha cesado de evolucionar y de transformarse sin por ello vulnerar su sencillo y perfecto abecé: melodía, acompañamiento instrumental y dramaturgia.

Hay 17 Comentarios

Así como la Royal Shakespeare Company ha traído a un clásico como el bardo a el día de hoy, dándole sentido hoy... todos los que creéis poseer las verdades del arte y que renegáis de la nueva creación en las puestas en escena actualizadas ¿POR QUÉ NO OS VESTÍS CON INDUMENTARIA DE DOS SIGLOS ATRÁS PARA IR A ESCUCHAR A MOZART?
Mozart tiene sentido vestido con indumentaria de hoy porque MOZART ENTERO TIENE SENTIDO, es un clásico como SHAKESPEARE y vosotros no tenéis ni idea

Recibo con alegría la llegada de El Concertino a los blogs de El País. Estaba releyendo las últimas entradas... Todo es a la vez más complejo y más sencillo de lo que parece. Diría Norman Lebrecht (ya lo ha dicho, en el Scherzo de este mes) que las entradas a la ópera deberían tener precios variables, como los billetes de avión, y costar lo que la gente estuviera dispuesta a pagar por ellas. Tendría efectos nefastos para algunas cosas, desde luego, pero también haría que las producciones que no gustan se manifestasen clarísimamente...

como estudiante de música solo le puedo dar las gracias a Mortier por las programaciones de estos años. Estoy totalmente en contra del público no con gustos tradicionales, sino negado a escuchar maravillas como Lady Machbeth de Shostakovich, o Rise and Fall of Mahagony de Kurt Weil, por citar solo algunas. El público de las salas de conciertos está plagado de carcas que aplauden a las divas antes de abrir la boca para cantar o que salen maravillados de un concierto porque las obras eran conocidisimas aunque se hayan interpretado de forma aburrida.. el público jóven necesita seguir teniendo programaciones que les atraigan a las salas y que les motive a acercarse a la música, sino la cultura muere!

Sólo agradecerle al señor Mortier, por esas fantásticas Elektra, Pelléas et Mélisande, Lady Macbeth de Mtsenk, y ahora durante este mes por las poco conocidas pero maravillosas Iolanta y Perséphone. Por favor siga así. No creo que estas óperas estén reñidas con amar a Verdi, Mozart o Wagner, eso es una inmensa tontería.

que pena! todos estos estranjeros que comen con el dinero de espana...

Mister Matabosch, tienes que bajar a la tierra...

Las hermosas óperas de otros tiempos en trapería contemporánea ¡qué espectáculo tan ridículo y grotesco!
¿No hay ayuda financiera?
Incompetentes e incapacitados, represéntenlas en forma de concierto.
De esta manera la vista no se ofende.
pjm

Me parece que Mortier, Matabosch y Schmidt nos abren importantes líneas para la reflexión. Es la hora de recuperar para la ópera la EMOCIÓN con mayúsculas. Nos hemos entregado a la espectacularidad, al despilfarro, a la provocación. Pero hemos dejado a un lado el terreno de las emociones. La ópera es un arte que debe interpelar a las emociones. Ojalá este blog sirva para abrir la ópera a nuevas tendencias, a nuevos análisis, a nuevas interpretaciones. Solo EL PAÍS tiene la posibilidad de proponer debates de altura. El Concertino debe ser un lugar para la confrontación de opiniones. Hablemos algún día de la educación musical, del público de calidad, de propuestas de calado intelectual. Enhorabuena por este nuevo foro.

Sr. Mortier, Cuántos cantantes españoles ha contratado para la presente temporada del Teatro Real?
Cuántas óperas dirige su "amigo" Silvain Cambreling?
A qué espera el nuevo ministro para mandarlo a Bélgica?

Escribo desde Alemania y no puedo hablar de la crisis operística en España, pero es mundial Si la falta de interés es del público como dice el artículo, creo que muchas puestas en escena ha contribuido a ello. Puestas de Baryreuth ambientadas en un penal, u operas de Mozart con un cantante totalmente desnudo, han hecho pensar a buena parte del público que en la opera lo último que importa es la música. Han agotado la imaginación para provocar en las puestas y como ya el oído del público se degeneró, tenemos las cosas como están. Más la crisis y falta de apoyo, pero las puestas han colaborado gloriosamente con esta decadencia. Lamentable.

Sr.Mortier, me puede explicar porque nos llevo al Madrid Arena con el calor que hacia cuando podía hacerlo en elT.R sin problema y cuanto costo semejante ensoñacion?
a que espera el nuevo ministro?

Parece ser que no nos puede gustar Verdi o Donizetti o Wagner o Mozart.

Si no les gusta la programacion de la opera de Bucarest, les recomiendo que entren en la pagina de la opera Garnier, o la de Viena, o la de Londres o la de Nueva York o la de Sidney y comparen, ¡NO TIENE COLOR!.

El Teatro Real es el teatro de la opera con menos obras, menos representaciones, menos facilidades a los musicos, menos facilidades a los estudiantes de musica, con menos obras de repertorio, con los montajes mas feos y extravagantes y con un caché de opera de pueblo.
En un teatro de opera normal, la programacion de este año , estaria en SESIONES DE MAÑANA en su gran mayoria. Asi los SNOB tendrian algo de que hablar, y el resto de los seres humanos podriamos disfrutar nuestra pasion por los clasicos.

PD! Me encantaria tener suficiente dinero como para pagarme un viaje a Bucarest todos los meses, y poder ver a la Gheorghiu de cuando en vez.

Cada uno de los citados ha hablado de elementos importantes sobre la reducción del presupuesto y de las medidas a tomar para enfrentarlos. Quiero comentar también el grave problema que existe con los "intermediarios" del Bel Canto. Se llaman REPRESENTANTES, personas con más o menos renombre, que realizan verdaderos lobbys para sus representados y que mantienen hegemonía en distintas plazas del mundo, manteniendo un caché desmesurado en muchas oportunidades, opacando a otros cantantes de menor cobertura mediatica, talentos que no caen en gracia o que carecen de influencia necesaria.... esta cuestión, ha llevado, (junto con el desmedido furor -y sueldo- de los directores escénicos, ya casi a la par de los directores musicales), a gastos fastuosos parte de los teatros, por mantener a managment's y sus representados que suben las facturas para tal exclusiva y bajan el perfil a nuevas figuras que cobrarían, por la oportunidad de saltar a la palestra, un caché infinitamente inferior.... para mí, he aquí un germen importante de la enfermedad.... ninguno de los directores lo comenta por el poder que tienen estos "señores de la ópera" y que no tienen intención de cambiar, sabedores de su poder.
La ópera, posee en su interior, muchos elementos infecciosos ajenos a lo que es el arte en si y la no extirpación (o al menos, la intervención y correspondiente corrección del tema), hará sin duda, la metástasis silenciosa que terminará con la OPERA.

Hay que llamar a las cosas por su nombre. La programación del Teatro Real con Mortier es absolutamente modelica. No solo tenemos titulos "de siempre" con montajes como minimo muy interesantes si no ademas tenemos Opera de ahora y casi seguro para siempre. El que la Opera (espectaculo total) pueda interesar a las nuevas generaciones es el unico camino para que esta forma de arte no muera jamas. Mortier quedate 20 años mas!

Querido Alarico, he entrado en la web de la Ópera de Bucarest, y solo he encontrado una lista de las mismas óperas que ya gustaban a mis tatarabuelos, que soportaban mis abuelos y que resultaban insufribles ya a mis padres. Espectáculos mil veces vistos, casi siempre aburridos y repetitivos al cuadrado. Si usted quiere ver todos los días de su vida La Boheme váyase a Bucarest, y déjenos que en Madrid disfrutemos de una programación interesante e inteligente.

leídos los planteamientos ante los problemas que, parece, de repente han aparecido, debido sobre todo a la crisis económica, en el género de la opera, creo que es la Sra. Helga la que acierta de pleno. Los planteamientos de los sres. Gerard y Joan, acertados en algunos de los mismos, pecan, a mi juicio, de mantener situaciones irreales, cuando no, bajo un manto de la defensa de la "popularización" de la ópera se defienden ciertos intereses de difícil defensa en la actualidad (si se desea una ópera viva en un contexto diferente) y cuando no, se destila el mantenimiento de un ya incierto elitismo, siempre defendido y pretendido en los sectores más puristas, y que dadas las nuevas realidades será muy difícil de mantener. Si se desea que la buena política de apoyo y difusión de la ópera se mantenga, ciertas situaciones que implican exclusivismo y elitismo están condenados a desaparecer. Salvo mecenazgo privado que lo ampare y que me parece, por muchas razones, imposible de que se de, al menos, para considerarlo significativo en un futuro.
Será el apoyo y mantenimiento de óperas clásicas de fuerte tirón popular, por "mandato" económico lo que se mantendrá y existirá.
Efectivamente y como igualmente señala la Sra. Helga el uso de lo virtual será no solo necesario sino imprescindible si se quieren representar futuras "grandes producciones". El mercado (hoy mermado) manda y mandará.
Igualmente los nuevos medios (bueno de ellos algunos son ya bastante "populares") de "representación" deberán de tenerse muy en cuenta, al menos como medio de difusión (mayoritaria) del género.
En definitiva en este proceso incierto pero creo que transitorio, la "supervivencia" y difusión (mayor y en aumento) de la ópera pasa por las soluciones aportadas por la Sra.Helga, sin menospreciar lo dicho por los sres. Gerard y Joan, que aportan ideas muy valiosas. Sin embargo, como "corpus" ideologico y para hacer frente al inmediato presente y el futuro de la ópera, las soluciones las da la Sra. Helga Schmidt, a la cual, pese a vivir yo en la Comunidad donde se ubica el Palau, no tengo el gusto de conocer.

Soy madrileño y aficionado a la opera.
SUFRO MUCHO!!.
Por que?.
Va para 2 años ya que el teatro real esta dirigido por Mortier, y no lo puedo soportar ni un minuto mas.
No puedo soportar que el teatro de opera de Madrid sea con mucho el peor de Europa y del mundo mundial y que ademas sea de los de mas presupuesto, (como corresponde a un teatro de primer nivel).
Por poner un ejemplo, daria cualquier cosa por tener aqui una opera como la de Bucarest, de segundo nivel, con muchisimo menos presupuesto y con una programacion que no tiene nada que ver con la de nuestro teatro real. Os recomiendo que entreis en la pagina de la Opera Nationala Bucuresti y compareis. Y despues decidme si no es para llorar.
Claro, que a lo mejor aquella opera no es la guarida del SNOB.

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