Estar desnudos y ser honestos

Por: | 15 de febrero de 2012

Teatro_Real_Iolanta

Por Peter Sellars

En tiempos difíciles, más que nunca, debemos acudir a nuestros principios fundamentales, a los del hombre y a los del arte. Solo así podremos seguir transformando el mundo. ¿La ópera? ¿El teatro? ¿Podemos permitirnos hoy esos lujos?  Solo serán un motor de cambio si dejamos de considerarlos y de construirlos  como algo superfluo y caro. Kurt Weill y Bertolt Brecht lograron sin recursos una escenografía tan cruda como la vida era entonces. Si no tienes dinero, enseñas las paredes del teatro. No hay problema. Después de la revolución rusa sucedió lo mismo. Se crearon increíbles construcciones con todo los materiales que sobraban de aquí y de allá, juntándolos y transformándolos en algo nuevo. El teatro y los seres humanos pueden estar desnudos y ser honestos;  hablar del dolor de una manera real, pero también en un sentido espiritual.

Para avanzar, a veces hay que elegir la pobreza, aunque en ocasiones sea ella la que te elija a ti. Particularmente si eres artista. Debemos aprender a vivir de una forma más simple y concentrarnos de una vez en los temas urgentes. Venimos de un periodo horrible de consumismo en el que la gente ha sido forzada a concentrarse en un montón de asuntos menores. Han olvidado lo más apremiante. En Estados Unidos sufrimos una gran crisis:  los productos de consumo inundan nuestra vida, pero nos falta la justicia ¿Qué es más necesario? Sin cierto tipo de distracciones estoy seguro que habría más justicia.

Sellars300Hoy el arte vuelve a presentarse como un producto de lujo en vez de como una necesidad. La ópera difícilmente dejará de ser cara, porque se pagan muchos salarios de la gente que hace posible con su trabajo que funcione. Pero eso no es ningún lujo.  A parte de eso, hoy no debería suponer muchos más gastos. Después de la guerra, cuando Bayreuth estaba en bancarrota total, se representaban las obras de Wagner con un escenario prácticamente desnudo: solo símbolos, personas y el color blanco. Aquello revolucionó la dramaturgia. Fue posible porque no había dinero; tuvieron que pensar. Creo que esta crisis volverá a evolucionar el concepto de escena.

No nos engañemos, la ópera de las dos últimas décadas tiene que ver con unos niveles altísimos de consumo. Y muchas de esas obras, fruto de esta penosa coyuntura, carecen de elaboración y altura; y son desmesuradamente caras. Eso es lo que yo llamo jugar con la comida. Resulta tremendamente ofensivo, es un acto decadente. Gente que tiene tanto dinero que no sabe qué hacer con él. Solo banalidades.

Muy pocos han podido pagar la entrada para venir a ver Iolanta/Perséphone (en la imagen superior). Lo sé. Pero por eso me interesan las nuevas tecnologías e Internet para democratizar la ópera y las artes. El arte trata de dar esperanza, y no me refiero a la esperanza barata que ha servido de eslogan a algún político. Renovación. Porque el arte es crear algo del vacío. Chaikovski no tenía nada excepto su dolor. Se sentó al piano y compuso los acordes de ese sufrimiento. Así empezó Iolanta. La persona a la que amaba le pidió que se alejara de él dejándole devastado. Así que en ese momento de pobreza espiritual, en el que todo lo que le importa se esfuma y lo que queda no tiene importancia, es cuando comienza el arte.

En los años 20 tuvimos una gran crisis. En los 30, también. Hoy  tenemos una cada seis meses. Es un sistema que no funciona: se colapsa continuamente. El periodo que atravesamos resulta extremadamente violento. En California, donde vivo, el estado ha cortado las ayudas a los niños pobres para que puedan comer. No comerán más. En una sociedad así, ¿cuál es el papel de las humanidades? ¿Por qué hablamos siempre en términos económicos de la vida si lo verdaderamente importante no lo hacemos dinero? El siglo XX trató de cerrar la brecha entre ricos y pobres. El XXI la ha reabierto.

La ópera habla de la sociedad, del colectivo, de cómo trabajamos y vivimos juntos…  El escenario crea una comunidad para ser compartida. Un teatro de ópera es un lugar para crear una declaración de principios colectiva, un punto de partida y de visión de conjunto. Y esto, en un momento en que los políticos, incluido Obama, han perdido todo tipo de visión, resulta imprescindible. Más que nunca. Hoy todas las decisiones se toman pensando en el rácano plazo de un día, pero nadie responde a las grandes preguntas. La ópera, ¡la ópera de verdad!, reflexiona acerca de estos interrogantes.

La música no se puede tocar, ni poseer, ni describir. Ahí está lo emocionante. Es inmaterial, aunque sea muy cara de crear. En este tiempo de recortes sin visión, será lo primero que ataquen. Quizá la música no se pueda comer, pero puede alimentarnos de muchas maneras. Los artistas tenemos la obligación de plantearnos hoy cómo debemos contribuir a la sociedad.

El arte se ha vuelto en los últimos años demasiado instituciona. Hay que replantearse las estructuras, las instituciones y los presupuetos. Necesitamos instituciones más responsables, flexibles y reflexivas. Que no malgasten su poder adquisitivo en abogados y tecnócratas.

Mis primeros acercamientos a Mozart no fueron en teatros de ópera. Trabajábamos con amigos e improvisábamos determinadas funcionamientos. Se puede volver a este camino. Podemos sacar la ópera de los teatros y reducir la estructura. Vamos a eso. Seguir creando enormes obras no tiene sentido. Hay que aprender a moverse rápido y a viajar ligero. He colaborado con grandes instituciones en los últimos tiempos, pero no he cambiado mis principios desde que empecé en esto siendo un chico. Porque este rechazo a cambiarlos tiene que ver con la firme voluntad de que todo cambie a mi alrededor.

El mundo necesita soluciones, no discursos vacíos. También en la ópera. Y arreglar los problemas que tenemos no es una cuestión de derecha o izquierda. Es una cuestión humana. Los conservadores reclaman a Shakespeare y los progresistas también. Lo mismo sucede con Mozart. Y esa es una de las razones por las que existe el arte, porque gracias a Dios, se encarga de asuntos que la política más simple no puede resolver.

Hay 5 Comentarios

No hace mucho tiempo que comprobé que el personal de administración y servicios del Teatro Real es bastante agudo a la hora de decir cuáles son las grietas por las que se descabalan los presupuestos, en qué se derrocha y cómo se podría evitar. ¿Por qué son las direcciones artísticas y gestores las que no están dispuestas a reducir gastos de una forma efectiva? Porque el problema nunca es el sueldo de los iluminadores, porteros o limpiadores, sino los derroches tontos derivados de las "ideas geniales" que se pagan tan caras: trajes a medida que no se pueden reutilizar en otra producción, objetos carísimos de decoración que se transportan, manipulan y almacenan fatal... por no hablar de cachés insultantes a personas que hace diez años que dejaron de cantar con el nivel que se esperaba de ellos. Quisiera pensar que lo que ha cobrado el señor Sellars, cuya imaginación escénica tanto admiro desde hace años, está en consonancia con los valores que defiende en este artículo tan profundamente verdadero.

No hace mucho tiempo que comprobé que el personal de administración y servicios del Teatro Real es bastante agudo a la hora de decir cuáles son las grietas por las que se descabalan los presupuestos, en qué se derrocha y cómo se podría evitar. ¿Por qué son las direcciones artísticas y gestores las que no están dispuestas a reducir gastos de una forma efectiva? Porque el problema nunca es el sueldo de los iluminadores, porteros o limpiadores, sino los derroches tontos derivados de las "ideas geniales" que se pagan tan caras: trajes a medida que no se pueden reutilizar en otra producción, objetos carísimos de decoración que se transportan, manipulan y almacenan fatal... por no hablar de cachés insultantes a personas que hace diez años que dejaron de cantar con el nivel que se esperaba de ellos. Quisiera pensar que lo que ha cobrado el señor Sellars, cuya imaginación escénica tanto admiro desde hace años, está en consonancia con los valores que defiende en este artículo tan profundamente verdadero.

Para triunfar y para renovarse en la opera como en cualquier otra arte la solución es la creatividad. Y gente que ame lo que hace.

Excelente artículo de uno de los grandes de la escena. Esperemos que tenga razón en muchas de las cosas que dice.

No olvidemos que el sueldo del director de escena en el Real es posiblemente superior al del coste de la escenografía. Lo digo porque parece que el señor Sellars achaca los enormes costes de la ópera sólo a la escenografía. Y no habla de cuánto cobraban esas "mentes pensantes" que revolucionaron la dramaturgia de la ópera después de la Segunda Guerra Mundial en Bayreuth. Desde aquí aconsejo el libro de Walter Felsenstein "La obligación de encontrar la verdad", aunque creo que no está en español.

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El Concertino

Sobre el blog

Una visión de la música culta para el siglo XXI. Valores, desafíos, debates, tendencias y análisis de la mano de los periodistas de EL PAÍS. Un blog para vivir y disfrutar de la ópera y la clásica. Textos para saber más y, sobre todo, para acercarse hasta donde permiten las palabras a la emoción de la música.

Sobre los autores

Daniel Verdú. Periodista de la sección de Cultura.

Jesús Ruiz Mantilla.Periodista de El País Semanal.

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