Furtwängler tenía razón

Por: | 16 de noviembre de 2012

Por Josep Maria Prat  

Furtwangler+furtwaengler1

El director de orquesta Wilhelm Furtwängler

“El arte no tiene nada que ver con  mercados de consumo, doctrinas, democracia, comunismo, etc. No tiene nada que ver con el odio entre los pueblos, sea cual sea la razón, el lugar y el modo en que aparezca”. Wilhem Furtwängler

El próximo domingo y con un programa dedicado a Sibelius, Strauss y Beethoven se celebrará el concierto inaugural de La Filarmónica. La cálida acogida que la afición musical de Madrid ha dispensado a la propuesta nos hace pensar que no fue tan mala idea dedicar el nombre de nuestra entidad a la histórica Sociedad Filarmónica de Madrid. Esta entidad impulsada por Félix Arteta Jáuregui  con el apoyo de la familia Bauer  inició sus actividades en 1901 organizando 596 conciertos hasta su cese el 1936. Con una programación rigurosa y exigente que incluía desde estrenos y primeras audiciones de Falla, Albéniz, Debussy, Ravel y Strauss hasta la integral de los cuartetos de Beethoven, presentó en Madrid a auténticas celebridades como Pablo Casals, José Iturbi, Manuel Quiroga, Wanda Landowska, Nathan Milstein, Alfred Cortot… Dedicada principalmente a la música de cámara, organizó sus conciertos en diversas salas de la ciudad como el Teatro Español, el Hotel Palace, el Teatro de la Comedia…

A lo largo de su existencia contó con un millar flotante de asociados. En la trayectoria de la Sociedad Filarmónica de Madrid y de los aficionados que la sustentaron encontramos el germen de lo que después ha constituido una de las aficiones musicales más ricas, extensas y vertebradas de las capitales europeas. Y esta nueva Filarmónica quiere inserirse y complementar el rico tejido de iniciativas musicales privadas que animan la vida musical madrileña.

Después de 36 años de trayectoria desde GrupCamera vemos culminado un antiguo sueño: presentar nuestra propia programación en Madrid. Actualmente nuestro grupo tiene temporada propia en Barcelona (la más antigua de la ciudad) en Girona, en Vitoria y ahora debutamos en Madrid. Estas cuatro temporadas se complementan con una agencia especializada en giras orquestales y managament de solistas.  Nuestra particular estructura y el hecho de actuar al mismo tiempo como agentes y programadores nos permite no limitarnos a comprar conciertos. Cada proyecto debe ser creado en origen y los programas y los itinerarios son decididos de acuerdo con las necesidades de nuestras temporadas. Para ello necesitamos imprescindiblemente del contacto directo con los artistas y con los responsables artísticos de las instituciones. Al cabo de los años, hemos aprendido que todo este trabajo artesanal y detallista acaba influyendo en la calidad de los conciertos. Como aprendimos  del gran Maestro Sviatoslav Richter el arte no puede existir sin sorpresa y sentido de detalle.

Las frases de Furtwängler con las que encabezo este artículo están incluidas en el extraordinario libro que bajo el título Conversaciones sobre música publicó en 2011 por la editorial Acantilado. En estas mismas conversaciones que mantuvo en 1937 Wilhem Furtwängler con Walter Abendroth, el gran director de orquesta también afirma: “en lo referente al punto decisivo, a saber, la capacidad artística de expresión inmediata.  Es difícil influir en una técnica adquirida como un fin en sí mismo, pero esta a su vez se influye; una técnica estandarizada crea retroactivamente un arte estandarizado”. Poco podía imaginar Furtwängler el rumbo y la trayectoria que Herbert von Karajan, su sucesor al frente de la Filarmónica de Berlín,  daría a su orquesta y mucho menos la influencia que tendría para la música y su industria. Porque sólo podemos hablar con propiedad de industria musical clásica a partir de la enorme influencia que tuvo von Karajan en la industria discográfica y en  la publicidad y supremacia de la imagen en la organización de los conciertos... y en los honorarios de los artistas. Toda esta gran mercantilización e industrialización de la interpretación musical ha traído consecuencias nefastas: el encarecimiento de los conciertos no subvencionados hasta convertirlos en auténticos productos de consumo de lujo, la supremacia excesiva y tiránica del intérprete sobre el compositor y la peor de todas la temida “estandarización del arte” que nos anunciaba en 1957 el maestro Furtwängler.

En los principios de mi trayectoria Sviatoslav Richter me reprendió severamente con la siguiente observación: “No olvide que nosotros no estamos aquí porque yo sea un pianista y usted un organizador sino por Schubert, Mahler y Beethoven”.  Es posible que al final de esta crisis se produzca un renacimiento en la vida musical. Es deseable que la música deje de ser un producto de consumo de lujo para recuperar su papel esencial de alimento espiritual,  de goce para los sentidos y de ejercicio intelectual saludable. Nuestros gobernantes deberían darse cuenta, que más allá de un mero entretenimiento, la música puede ser un elemento extraordinario para conseguir lo primero que necesitamos para salir de esta crisis: mejorar nuestro estado de ánimo.

Josep Maria Prat es promotor musical y dirige el GrupCamera, que el domingo estrena un nuevo ciclo sinfónico en Madrid bajo el nombre de La Filarmónica-Sociedad de Coinciertos.

 

Fe de errores: donde decía "En estas mismas conversaciones que mantuvo en 1957...", quería decirse en 1937.

Hay 38 Comentarios

Vuelvo del “finde” y veo que el debate sigue e igualmente enriquecedor.
Me alegro que lo del 1957 se aclarase, mejor un lapsus que un error. Yo también, por las prisas e imposibilidad de puntualizar junté a MOZART, BEETHOVEN y LISZT.

Con MOZART debería haber puntualizado que, a sus treinta y tantos años, nunca se le ocurrió escribir conciertos para los claves de cuando tenía diez años (Bach lover, si el primer concierto lo escribió con veinte y me equivoco, no es esta la cuestión que planteo, por favor, ni voy a tomarme la molestia de averiguarlo exactamente). Así que insisto en pensar, unos cuantos siglos después, de la misma manera como debieron pensar MOZART BEETHOVEN y LISZT respecto los instrumentos “originales”, así que totalmente de acuerdo con mangstadt justo abajo.

Yo tengo un muy buen equipo de música, especialmente los altavoces que es lo más importante, y oigo la música muy similar a como suena en directo. Pero incluso con grabaciones monoaurales, entre la calidad del sonido (salvo que sea horrible como el estreno de los famosos lieder de STRASS por la FLAGSTAD) y la calidad interpretativa (desde mi percepción, y por lo tanto subjetiva), siempre es más importante la interpretación, esto aparte de que ya hace años me harté de que me tosieran en el cogote o de que la mitad del público está esperando el último acorde para ponerse de aplaudir de inmediato y a vociferar “bravos” para demostrar a los restantes oyentes que conoce la partitura y que es un entendido melómano. El último concierto al que fui, y hace años, fue porqué era un homenaje a una amiga mía, Rosa SABATER, una de las mejores pianistas que conozco (en ALBENIZ sin duda la mejor, y MOZART de lo mejor). Lo de la “música enlatada” me parece una soberana tontería, un snobismo, un “purismo”, y aunque fuera también la opinión de CELIBIDACHE, al que admiro por sus inmejorables grabaciones que tiene de sus últimos años de vida (Requiem de BRAHMS, HAYDN, …).

KARAJAN sólo destaca en el timbre, en lo formal en referencia a lo que comenté de SHUBERT, y además ayudado por la calidad de las grabaciones de la DG, esto es importante, pero en absoluto lo más importante. Por esto yo sigo prefiriendo las grabaciones de Pau CASALS de las suites de BACH, que no falta demasiado para que sean centenarias, a cualquier otra posterior. De BACH oigo poco (no es mi predilecto) pero si de por medio están GOULD, CASALS, WENZINGER o KEMPERER, siempre van sonando en mi casa.

Tuve una amiga, una soprano extraordinaria que sólo tuvo la desgracia de casarse con el conocido compositor de música contemporánea con el que se casó, Margarita SABARTES, de la que recuperé la única grabación que se ha editado hasta hoy de ella, que me explicaba sus vivencias cuando coincidió con CELIBIDACHE y KARAJAN (y, obviamente, otros muchísimos directores e intérpretes famosos). Como personas ambos fueron despreciables, machistas y absolutamente egocéntricos, muy bien descritos por los libros de LEBRECHT, pero CELIBIDACHE, con la música y al poder destilar toda su agresividad, fue madurando y haciendo grabaciones que finalmente son de total referencia. KARAJAN por el contrario fue enfermando en sus patologías (no se puede decir de otra manera) y sus grabaciones fueron de normales a peores, con lo que doy respuesta a quien se preguntaba porque ha sido el único director que ha empeorado con los años.

También tengo mi respuesta a Julia: la música contemporánea (salvo honradas excepciones) es insufrible a la mayoría de oyentes, salvo los que la tocan o viven de tocarla o comentarla, porque solo podemos oírla, ni cobrar por comentar o tocar, ni nos podemos entretener tocando instrumentos, lo que es muy agradable incluso tocando música sin carga emotiva como la contemporánea.

Sobre la tercer sinfonía de BEETHOVEN que también comenta mangstadt, también recomiendo la de CELIBIDACHE, porque por lo que se ve, es una copia descarada de las interpretaciones de FURTWÄNGLER, y me parece muy bien, no hay que avergonzarse de imitar a los mejores, al revés. Yo recuerdo que la marcha fúnebre que más me ha impresionado de ella fue la de KEMPE, pero no vale porque fue la de los JJOO de München por los atentados y estaba por allí. Siempre me hubiera gustado volverla a oír para ser más objetivo, porque las terceras de KEMPE que ha editado, son normalitas.

Y para acabar, algo que pocos conocen, pedir a RNE música que vuelvan a poner la octava de BEETHOVEN de KNAPPERSTBUSCH, la última, del 14 de marzo del 1960, no se encuentra en el mercado y para mi es sobrecogedora, ninguna otra se le puede comparar, solo la suya propia de pocos años antes. Yo me la grabé en cinta hace ya muchísimos años y de nuevo hace tres o cuatro años para pasarla directamente a CD y solo oigo otras versiones para constatar que son muy inferiores. Nunca he entendido que a la octava se la catalogue de “menor”.

Me parece muy enriquecedor este debate sobre Furtwängler, Karajan, Gould, el historicismo, etc. De Furtwängler hay una grabación que me parece lo más sobrecogedor que he escuchado en mi vida (sin contar lo escuchado en vivo). Se trata de la Eroica que se conserva con la Filarmónica de Viena de diciembre de 1944. Nunca la marcia funebre sonó así. La que más se le acerca, de entre las que conozco, es una versión de Ferenc Fricsay con la Sinfónica de la Radio de Berlín de 1961. Lo comenté hace años con unos conocidos, asiduos del Auditorio Nacional, y me dijeron que en esas fechas Furtwängler estaba amenazado de muerte por los nazis, y que eso pudo influir en su interpretación (aparte de lo mal que estaba el mundo en diciembre de 1944). Tengo unas cuantas grabaciones más de Furtwängler y tengo ganas de comprarme esa caja enorme que se vende por poco más de 140 euros. Pronto caerá, espero. Lo que tenga repetido lo regalaré. En cuanto a Karajan, también tengo alguna cosa de él, principalmente grabaciones de los años 40 o 50, y alguna ópera que haya venido en una colección que sacó El País hace unos cuantos años. Yo le apodo "el churrero", porque me parece una frivolidad grabar cinco veces la integral de las sinfonías de Beethoven. Karajan es la máxima expresión del mercantilismo, lo cual no quita para que algunas cosas las haya hecho bien. Pero soy más de otros directores anteriores, de los que compré muchísimas cosas a muy buen precio en torno al cambio de siglo. En cuanto al historicismo, si nos fijamos en las cosas que hizo Bach en su tiempo, resulta que fue uno de los más importantes transcriptores de la historia. Tranquilamente tomaba música de Vivaldi u otros italianos y las transcribía para interpretarlas en Alemania, sin ningún reparo. En consecuencia, yo tampoco tengo ningún reparo en escuchar sus suites para violonchelo transcritas para viola de gamba (Paolo Pandolfo), flauta travesera (Leendert de Jonge) o saxo barítono (Henk van Twillert). Si además las sacan en edición económica, tanto mejor. También tengo sus Variaciones Goldberg en arreglo para órgano (Elena Barshai). Pero no por ello rehúyo el historicismo, que me parece una opción preferible según para qué repertorios, pero sin hacer el talibán, que eso tampoco es bueno. La música contemporánea es cuestión de acostumbrarse, de ir probando y ver qué cosas nos gustan más. Si vamos a un concierto esperando que algo suene bonito nos podemos equivocar. Si vamos buscando que la música exprese algo (el horror del siglo XX, por ejemplo),entonces podremos encontrarle el sentido y la belleza a esa música que suele espantar a las señoronas apolilladas.

Cirilo, los escritos de Walter Benjamin llevan ya bastante más de medio siglo escritos, no creo que sean el tema más de actualidad para reflexionar. Algo más reciente y musicalmente interesante encuentro a Theodor Wiesengrund Adorno, y aún así casi todos lo dan por desfasado (sin haberlo leído y mucho menos entendido).

8888, además de todo eso, ningún historicismo ha conseguido jamás rescatar un oyente de época, y teniendo en cuenta que en una época no se escuchan los mismos sonidos de la misma manera como se escuchan en otra, la pretensión de objetividad historicista está perdida por principio. Y esto no es que lo diga yo, es que lo dice el mismísimo Harnoncourt, que algo sabrá del tema.

Que llega a los oídos de una nueva generación y así se inspira un renovada celebración. Venga como venga, quiere que conozca y aprenda, otro mundo, otro forma de escuchar. Yo no exigo que sea en vivo, o, por la "radio", ni por forma digital. Que se oye la música, que se vive, y se aprende, avanzando al ritmo que hace siglos ha sido evocada.

Alguien ha sacado el tema del oir clásico en digital mp3. Si, es calamitoso el resultado. El mp3 fue programado por gente pensando en el pop, música a todo volumen y sacarle "lo que le sobraba de resonancias que no escuchaba nadie" Con "nadie" se referían a ellos mismos, los que programaron que lo único que conocían de música era el pop.Mp3, ese engendro que destruye la onda aun a la mejor compresión que ofrece, llevándose todo el cuerpo de la´ música. Se apostó exclusivamente a sacarle el click al disco de vinilo, que era lo único que los amantes del barullo pop llegaban captar en nombre de la "alta fidelidad" Para escuchar música en un tren, coche, o por supuesto avión poco importa porque hay un ruido agregado de fondo que mata hasta la mejor grabación pero es una ABERRACION que la industria del disco apueste a vender mp3 por internet como "modelo de futuro". Estocadas a la pobre música clásica de todas partes y a todo nivel. Los jóvenes de hoy tienen el oído muy disminuido. Puede haber quien escuche en silencio de su casa música de mp3, pero si no nota la diferencia con la onda entera wav o flac, le falta aun entrenar el oído. Wav o flac que siguen siendo digital... Y ahora en el tema de la grabación digital en si: también los aparatos fueron programados por gente con idea del rock no de clásico. Con todas las frecuencias altas y bajas del mundo que quieran, no alcanza a engañar un oído cultivado de músico clásico, algo han hecho pésimo en el barrido o lo que sea, para eso son ellos los expertos y han metido la pata muy a fondo- El producto es de una dureza que no tenía el analógico. Hasta grupos de rock and roll lo notan y siguen grabando analógico hoy, y usan
amplificadores de válvula también, mucho más fieles que transistores. Hay tanto de los adelantos que trajeron abaratamiento pero ningún avance en calidad que nos perderíamos hablando horas.sólo se fijan en el click de un disco, que lo escuchen de la cinta master de un estudio, le lleva la delantera a cualquier consola digital de hoy. Los micrófonos ya lo escuchaban TODO hace 60 años, sólo la grabación hace la diferencia y la grabación analógica era mucho más cercana a la realidad que el digital
Por supuesto, si el purismo de la interpretación, de los instrumentos originales, si el mp3, si el wav, si la grabación analógica o digital, todo requiere oídos que noten la diferencia. El día que esto deje de ser un tema y nadie hable de ello... ese día la música clásica estará muerta y enterrada.

Resulta harto difícil establecer principios generales acerca del modo de disfrutar o entender la música. Una cosa es hablar de la formalización del discurso musical y otra de su capacidad para conectar con el oyente o para inducirlo a una compresión del hecho sonoro que no se quede en los aspectos más sensoriales o primarios: el ritmo, la melodía y el tempo. Podemos disfrutar de un vals de Strauss, de una improvisación jazzística o de una canción popular tanto como de una sinfonía de Beethoven, de un lied de Schubert o de una pieza de Ligety pero ello es porque los sonidos activan nuestra capacidad para la asimilación sensorial y, por medio de ésta, nuestra disponibilidad personal para la emoción. La música clásica o seria -o como se la quiera llamar- exige, sin embargo, algo más: cierta comprensión estética de la materia sonora y cierta ponderación intelectual de su valor como estructura premeditada.

Por otra parte, existen elementos en toda creación artística que escapan a la transmisión en forma de conceptos. Hay cosas que no se pueden nombrar sino sólo sentir. Los mismos autores literarios saben que muchas veces no alcanzan a expresar cuanto intuyen más que piensan: lo que existe en un oscuro ámbito interior que condiciona los estados de ánimo y permite transformar el curso del tiempo en una vivencia profunda y no únicamente en un pensamiento catalogable o argumentable. Esa experiencia personal depende en gran medida de la propia biografía, claro; tiene tanto más hondura o reclama tanta mayor atención cuanto la conciencia de sí -construida a lo largo de multitud de referencias y recuerdos- hace al oyente más capaz de establecer relaciones psicológicas y culturales que depuran el fenómeno estético de su estricta actualidad.

Por todo ello, no alcanzo a comprender qué es "tener razón" en lo que se refiere al hecho artístico; como tampoco alcanzo a discernir exactamente qué se entiende por arte estandarizado. Un disco suena siempre de la misma manera pero la escucha del oyente no siempre es capaz de un mismo grado de penetración o siquiera de comprensión. Ciertamente, en gran medida la degustación del arte está hecha de intangibles y, en el acto del concierto en directo, el número de esos intangibles se multiplica pero no hay motivo alguno para que la atención puesta en una interpretación grabada depare una pobre experiencia estética porque, en no pocas ocasiones, en esos instantes se consigue focalizar sentidos y emociones con mayor concentración que en las a menudo incómodas condiciones de los auditorios y teatros. ¿Cuántos armónicos no se escaparán entre las toses y los bordones del aire acondicionado?; ¿cuántos instantes se pueden perder entre la distracción producida por la angostura de los asientos, las posturas forzadas o la vecindad de un espectador poco disciplinado?.

En definitiva, creo que la melofilia es una actitud frente al hecho sonoro y no una comunión apriorística con dogmas particulares. Pero, claro, esto es sólo una opinión.

Lo más interesante del artículo es que recoge declaraciones de Furtwängler desde ultratumba, puesto que el hombre murió en 1954 y, sin embargo, conversaba con Abendroth en 1957. Fascinante.

8888: Me adhiero totalmente a tu post, brillante de todas todas. No soy tan experto en el tema como tú y mi enfoque es mas teórico, pero es obvio que el purismo no es más que un estancamiento. Imagina que te pago un café :-).

No voy a dar nombres para no señalar. Pero espero que ninguno de los mega-super-ultra-puristas de los que he leído más abajo cometan la herejía de escuchar grabaciones de música clásica. Porque, ya se sabe, el compositor contaba con que la música se iba a escuchar en vivo (eso del vinilo, los CDs y, dios nos perdone, los MP3, son invenciones del maligno para apartarnos de la verdadera esencia de un Bach que habría considerado su música en auriculares una experiencia indudablemente diabólica en sentido literal). Igualmente, la ópera se escucha en el teatro o no se escucha en ningún sitio, caramba. ¿Y qué es eso de meterse en Youtube y ver un aria sin haberse tragado los 43 minutos anteriores ni tragarse los 38 posteriores? ¡Por dios, el autor la escribió en el contexto de una ópera entera! Luego está la música religiosa, que obviamente sólo se puede interpretar en la catedral, como era su función original y además es así como dios manda y su santa iglesia dispone. Pero por qué quedarnos sólo ahí: la sonata Claro de Luna, para su correcta interpretación, requiere que al piano se le rompan unas cuantas cuerdas (al fin y al cabo, esa era la experiencia habitual nuestro querido Ludwig). Porque claro los violines, con cuerdas de tripas de gato o de oveja, como en la época del compositor (lo de las cuerdas acero o nylon, albricias, es de una modernidad intolerable). Entrados en el siglo XX (aquí sí se permiten grabaciones, obviamente), los conciertos de Rachmaninov, tocados por Rachmaninov y por nadie más (porque somos puristas, carallo, y si él los tocó así por algo sería). Y los conciertos de Mozart para los que no se conserva cadencia, directamente no se tocan porque son un problema sin solución satisfactoria: o se le amputan florituras que el bueno de Wolfgang esperaba que sonaran, o contaminamos sus divinas notas dieciochescas con la intolerable actividad de un cerebro del siglo XXI que, ya se sabe, es incapaz de pensar musicalmente como uno del XVIII por culpa de las miles de horas de jazz, pop, música serial, salsa y bakalao que lo habrán contaminado).
O sencillamente nos relajamos y disfrutamos de las opciones; que incluyen escuchar las variaciones Goldberg con la belleza del sonido de un instrumento similar al original, e igualmente incluyen escuchar las variaciones Goldberg con la riqueza dinámica y polifónica de un Steinway.
O, dicho de otro modo: démosle un poco al fuelle, y veremos lo rápido que se nos pasan las tonterías.

¿Es esto un "debate Karajan"? Comprendo perfectamente las reticencias hacia Karajan, pero hay un trasfondo interesante en las palabras de Kürtwangler sobre el significado del arte, sobre todo en una época en la que es fácil duplicar y queda poco espacio para la creación. Se puede recordar ahora el famoso ensayo de Benjamin sobre el arte en la época de la reproductibilidad. Creo que es necesario a partir de estas palabras meditar sobre el límite actual del arte musical; el resto me parece un ejercicio de pedantería improductivo, lo lamento por quien se sienta ofendido.

Alonso, ¿qué se va a esperar de los políticos, cuando en realidad gobiernan los banqueros?: superficialidad e irrelevancia, eso es lo que nos darán, porque es lo que son.

Por otro lado, no olvidemos que van Gogh no vendió un solo cuadro en vida.

La frase de Furtwängler tiene razón que le sobra, y pocas veces se une negocio y ventas con arte de la mayor calidad, como el caso de van Gogh. La música clásica hace mucho que ya no se puede "vender" al gran público, hace un siglo ya que lamentablemente comenzara a decaer la "moda" de ir a la ópera. Aquellos tiempos en que se pensaba en Brasil en invertir millones en un teatro de ópera en medio de la selva, parecería hoy como buscar inversores para viajes a Marte. Furtwängler estaba ya lejos de ese tiempo dorado clásico pero muy alejado de ese producto del pop industrial de diseño que vende hoy lo que quiere con la campaña indicada, una lady Gaga es el mejor ej. Vivo en Alemania y me aterrorizó que ya el Bundestag en su homenaje a las víctimas de la guerra no se limitara la última vez a la seriedad de un cuarteto de Beethoven como había sido lo usual siempre, con parlamentarios como en misa escuchando. Esta vez cerró el acto un Imagine de un tal sr Lennon que con todo el talento y méritos que que tuviera está igual de separado de Beethoven en capacidades como en años en el tiempo. A lo que me refiero es que hoy la clase política descarademente se declara cada vez más fanática del rock y el pop, y tiene cada vez menos idea de Mozart y Beethoven. No es tontería el asunto. Como de la voluntad de esos sres depende el apoyo de nuestra amada música clásica me permito ver bastante negativo el futuro y el asunto renacimiento. Cada vez más se oye de algún famoso que sólo encuentra en lo clásico algo que lo relaja (o lo pondrá en estado pre sueños con Morfeo?)
Esperemos que no terminen 5 siglos de música clásica donde comenzaron: con quintas paralelas de la edad media, el azote de ese pop y rock actual con sus piezas (canciones todas) de 3 minutos, extendida alguna, pero de estructura super básica y elemental.

Pues sí, don Enr, algo de posista hay en la "actuación" de Karajan ante la cámara de Clouzot pero lo revelador del documento es la forma en que se va construyendo el sonido desde unos planteamientos estéticos personales. En el DVD, hay un documento adicional en el que se establece una conversación entre el divo y el no sé si entonces alumno Kaiser -el mismo que aparece, por cierto, conversando con Thieleman en los documentos que acompañan la interpretación de las sinfonías beethovenianas realizada por éste último con la Filarmónica de Viena- más o menos por esa época; allí Karajan insiste en la necesidad de trabajar primeramente con el sonido, con la voz de la orquesta antes de entrar en otros componentes de la interpretación. Y en definitiva, es ese mismo planteamiento el que se comprueba en el ensayo de Schumann.
Por otra parte, sí, también tengo esa grabación de Kleiber pero he de decir que me impresionó más la de Karajan.

Lamento contradecirle Mr. Lover pero creo que la interpretación al piano de las obras para tecla de Bach, aunque extirpe casi de raíz los valores tímbricos que tuviera seguramente en consideración el Cantor de Leipzig, pone en valor en mucha mayor medida que el historicista recurso a al clave los elementos estructurales y los melódicos. Con la transparencia y precisión del piano, con su restricción del juego armónico de la pulsación acaso se esté perpetrando una falsificación pero, al mismo tiempo, cómo se transparenta la profundidad del hecho musical, cómo crece la emoción que propicia el juego dinámico del intérprete y, en fin, cómo la construcción del momento presente parece hacerse intemporal. Con otros compositores barrocos no sucede en la misma medida, pero con Bach y su contrapunto arquitectónico,y quizá en mayor grado con su horizontalidad expresiva, siempre me ha seducido más al piano que al clave. Gould, claro, es una referencia insoslayable.

Perdón: lo de Gould me refería al comentario de "Bach Lover"

Witnes, es cierto que ese documento de Karajan ensayando la 4ª de Schumann es extraordinario, aunque conozco algún músico que lo encuentra algo artificioso: hecho para presentarlo delante de la cámara. Conociendo un poco cómo se las gastaba Karajan, supongo que es lo más probable. El problema que tienen sus versiones hoy en día, es que grabó demasiado: lo que hacía excelentemente, lo que hacía regular, y lo que hacía francamente mal.

Sobre Gould no comparto esa animadversión: todo lo excéntrico que se quiera, pero fue un pianista excepcional. Uno puede escuchar sus Goldberg como un pecado capital contra la ortodoxia historicista, pero no dejará de disfrutrarlo.

En cuanto a las oberturas de Beethoven y esa supuesta vitalidad insuperable de Furtwängler, supongo que conoce este Coriolano:
http://www.youtube.com/watch?v=Ppj6mKVhfW0

Cito textualmente de "Carles UDINA i COBO": "Cierto que MOZART o BEETHOVEN hubieran escrito piezas aún más ricas de haber dispuesto los pianos que tenía LISZT, hubieran sido partituras más lisztianas sin ninguna duda. Y lo que es una realidad irrefutable es que ni uno ni otro ni el tercero escribieron nada para clave" (fin de la cita). Pues le falla la memoria o los conocimientos, puesto que los PRIMEROS CUATRO CONCIERTOS "PARA PIANO" de Mozart fueron compuesto para CLAVE, bien porque el pianoforte aún no se había reafirmado lo suficiente o bien porque la capacidad económica del compositor salzburgués no le permitía aún adquirir uno de los "nuevos" instrumentos. Por otra parte, su fijación contra Karajan me parece un poco exagerada; yo no soy uno de los más grandes admiradores de este director, pero no dejo de reconocer su enorme valía y la difícilmente superable calidad de las grabaciones de las nueve sinfonías de Beethoven en 1964. Otra cosa es que critique su "peseterismo" y su endiosamiento creyéndose capaz de interpretar a todos los compositores de la historia de la música cuando cualquier aficionado medio sabe que existen verdaderos especialistas en determinadas épocas e, hilando más fino, en determinados compositores. En cuanto a Gould, una especie de Karajan del piano, me parece simplemente una herejía interpretar a un compositor barroco con un Yamaha, un Pleyel o, incluso, un Steinway; es simplemente un engaño al oyente, por no decir una estafa, y una intolerable falta de respeto al compositor. ¿Qué opinaría usted del concierto para clarinete de Mozart interpretado al saxo por Iturralde? Y, por último, jamás me tomaría la molestia de escuchar el asesinato al piano de una obra orquestal de Wagner por parte de Gould por la misma razón que jamás entrarán en mi discoteca los "arreglos" para piano de las sinfonías de Beethoven por parte de Listz: me parece un acto de apropiación indebida de la obra creada, prácticamente, un delito.

Karajan era un escultor del sonido. No creaba grandiosos edificios sonoros repletos de matices y detalles como los de Celebidache o maravillas de vitalidad como las de Kleiber sino densas, coherentes congregaciones instrumentales, aunadas magistralmente en un timbre peculiar, exuberante y abrumador. Esa es la causa de que al cabo se ganara tantos detractores. Karajan tenía un sonido personal que imponía a cuanto interpretaba; una característica propia del gran artista pero también una discutible manera de ejercer la egolatría. Esto hacía que obtuviera resultados desiguales según qué obras del repertorio; unas se adecuaban mejor que otras a su estilo. Aquellas cuyos valores no sufrieran en exceso por la suntuosidad del timbre y la ubicuidad del legato se beneficiaban de la belleza cálida de una orquesta desbordante de sonoridades empastadas, cinceladas como una estatua griega. Pero las que necesitaban de la transparencia para que fueran apreciadas todas sus cualidades tímbricas y armónicas, sometidas a ese apabullante esplendor, perdían parte de su gracia original y más que una bella cariátide daban la impresión de ser un mofletudo angelote de estuco; siempre salvando la calidad de la interpretación, nunca descuidada o medrosa.

Por otra parte, como ocurre con todo artista, no es lo mismo el Karajan joven que el maduro o el provecto. Como suele suceder con muchos directores, las distintas épocas del salzburgués atraen a los melómanos según cuáles sean las afinidades estéticas de cada cuál.

Un servidor cree que le iban bien el último Haydn, el Mozart operístico y, por supuesto, Beethoven; empalagaba con el Mozart orquestal y la música barroca; dulcificaba a Stravinsky y a Bartok tanto como domesticaba a los serialistas; el impresionismo francés le cuadraba bastante bien; y hallaba su ámbito ideal en el romanticismo tardío .

En fin, que siendo sin duda uno de los mejores directores del siglo XX, no era indiscutible sino para sus devotos, que le adoraban en una suerte de veneración conscientemente -estudiadamente- fomentada por el marketing y la autopromoción.

Hace poco -unos meses- me compré unos DVDs de la edición Karajan de DG. Por supuesto, allí había de todo. Lo que más me gustó hasta casi llevarme al borde de la exaltación fueron las oberturas beethovenianas, interpretadas con una vehemencia que no he escuchado sino en Furtwängler. Sin embargo, quien quiera descubrir el verdadero carácter del artista Karajan debería buscar otro documento revelador: el ensayo de la 4ª sinfonía de Schumann editado por Europarts. Imprescindible para el que quiera descubrir lo que significa dirigir una orquesta y aun lo que significa la creación musical.

JuanNegrín, estoy de acuerdo con Julia en que el tema de la música contemporánea es tema arduo, y no para despacharlo como tú lo haces. No es tan minoritaria, o no más que otras artes. Obras clásicas muy conocidas fracasaron en su estreno. O los que hoy conocemos como lo más, no lo fueron para sus coetáneos, que los encontraron disonantes. No es nuestro cometido dilucidar entre el canon ya establecido, sino descubrir el de nuestro tiempo.

Sobre la frasecita: uno puede tener unas ideas muy impolutas sobre su arte, y luego encontrarse haciendo cosas como esto:
http://www.youtube.com/watch?v=8_Bd14eUhrU&feature=fvsr
O esto otro:
http://www.youtube.com/watch?v=3rM96_RS1Os

La idea sobre el arte puede ser maravillosa, su circunstancia nunca lo es tanto, y para bien o para mal, la necesita para existir. Beethoven ya tuvo que vérselas con esta contradicción. Karajan fue un maestro en entregarse a su circunstancia sin reservas y explotarla sin escrúpulos, ¡pero por favor!, también fue un gran director. Excelente en los años 50, no tan bueno en los 60, y prescindible después (increíble trayectoria, no conozco otro director que haya evolucionado de más a menos).

Y muy mal quienes critican a Alfred Schnittke (RIP 1998) diciendo que no tiene público. Claro que lo tiene, es un autor enormemente interesante. Yo mismo disfruto con su música. ¿Son pocos?: quizás, pero tampoco Beethoven suele llenar campos de fútbol, que yo sepa.

Del artículo de Prat me queda la idea vaga de que la crisis puede ser una oportunidad para la buena música. No termino de ver cómo. Todo esto debería comenzar por una educación musical digna, pero en España es muy pobre, y con la crisis lleva camino de empeorar. Partiendo de ahí, no encuentro muchas razones para ser optimista. Por otro lado el panorama global también es preocupante: las formaciones sinfónicas importantes se habían acostumbrado a vivir de las grabaciones y ese mercado está fallando. Si además fallan las subvenciones en los ámbitos donde eran el principal sostén, y España es uno de ellos, podemos estar a las puertas de un verdadero holocausto en nuestra cultura musical viva tal como la conocemos. Veremos lo que nos aguarda al otro lado del túnel, quizás no sea para ponerse tan tremendistas; de momento es alentador ver gente con ánimos para emprender nuevas iniciativas.

El personaje de Karajan corre paralelo al de la actual canciller alemana Angela Merkel: para los ciudadanos de países germanoparlantes es un mito; para los demás es un grave problema. Yo me encuentro en el segundo grupo, porque aunque estoy maravillada con la afinación exacta que conseguía en la orquesta, sólo tengo que escuchar la V de Beethoven dirigida por Karajan y ver cómo desaparecen los violoncellos y contrabajos a favor de la sección de viento. Para descontaminarme tengo que oir rápidamente la de Furtwangler y respirar aliviada. De todos modos, es cierto que Furtwangler fue uno de los mejores directores del siglo XX y por tanto estoy de acuerdo en que el compositor es el personaje más importante de la música clásica. Él es el creador, los demás son recreadores. Pero la pregunta crucial es otra: ¿es cierto que la música contemporánea (casi en su totalidad) está compuesta para músicos y críticos, no para oyentes? Tema arduo e interesantísimo.

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Juan R. la música del siglo XXI, en cuanto a la "clásica", o "gran música" se refiere, no al rock y demás, no ha logrado que su auditorio aumente en 50 años porque se han cargado los fundamentos de la música misma, eso es la gran música del siglo XXI, un callejón sin salida, tanto que ya hay compositores jóvenes que vuelven a retomar la melodía sin avergonzarse por ello y sin dejar de ser modernos. Glass está muy bien, pero por ejemplo, Alfred Schnittke es del tipo insufrible con veinte espectadores en la sala.

Furtwängler decía que triunfó porque nadie lo tomaba muy en serio, hasta que fue ya tarde para pararlo. Tenía una batuta indecisa y fluctuante que ponía de los nervios a los músicos, ¡pero que hermosos resultados! Hay muchísima vida musical al margen de Karajan, amigos.

La música clásica es muy bonita.

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El Concertino

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Una visión de la música culta para el siglo XXI. Valores, desafíos, debates, tendencias y análisis de la mano de los periodistas de EL PAÍS. Un blog para vivir y disfrutar de la ópera y la clásica. Textos para saber más y, sobre todo, para acercarse hasta donde permiten las palabras a la emoción de la música.

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Jesús Ruiz Mantilla.Periodista de El País Semanal.

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