Brendel o el sublime al revés

Por: | 07 de noviembre de 2013

Brendel

Alfred Brendel, en un tren entre Barcelona y Madrid el pasado lunes. / Massimiliano Minocri.

La ironía suele dejarse caer por las conversaciones de Alfred Brendel. Más bien su refinado sentido del humor en sus variadas formas. También la indisimulada carcajada, como puede observarse en la foto (arriba) del viaje en tren que realizó el lunes entre Madrid y Barcelona. Así que sería extraño que el legendario pianista, retirado de los escenarios desde 2008, no hubiese investigado sobre ese sutil componente psicológico en la música que le ha acompañado todos estos años. Y ya van 82. Anoche, en su faceta de conferenciante –que compagina con la de músico y escritor- realizó una exposición, en el marco de la vibrante y ecléctica programación de esta temporada del Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM), con ejemplos prácticos al piano (en una de las raras ocasiones que se le puede ver al teclado), de cómo el humor, o la comicidad, ha impregnado algunas de las grandes obras de compositores como Haydn o Beethoven. O de cómo en otros donde cabría esperar ese elemento a raudales, como Mozart, su detallada exploración permite apenas encontrar algún rastro de ello. Una rebelión en toda regla contra cierta seriedad imperante en la música.

“No sé si, en época de Haydn, el público se rió alguna vez durante, o al final de, un concierto. Por razones perfectamente comprensibles, existe un acuerdo tácito entre un público civilizado y los intérpretes en el sentido de que la música debería tocarse, y escucharse, sin demasiados ruidos adicionales. Por qué los oyentes tienden a toser, pero no a reírse, se merece una investigación especial. No faltan pruebas de que al menos algunos de los contemporáneos de Haydn y Beethoven disfrutaban con un sentido del humor musical, y lo admiraron en las obras de los dos compositores”, lanzó nada más empezar al grupo de fieles que acudieron a verle al Auditorio Nacional. Y sí, muchos de ellos no pudieron reprimir esa tos que tanto le molesta al genial pianista. Pero tampoco la risa.

Brendel venía de presentar en Barcelona su último libro: De la A a la Z de un pianista (Acantilado). En la entrevista que concedió a El País, la única en España, ya dio algunas muestras de su gusto por esas piezas que contienen algunos deslices o intencionados errores que, a su juicio, buscan o proceden de esa comicidad. Ayer, por ejemplo, durante los 70 minutos de exposición en inglés (sobretitulada en español y tejida a través de detalles técnicos complicados de seguir para no iniciados) citó el tercer movimiento de la Sonata de Haydn de última época en Do mayor. Una pieza que se atranca repetidamente en un acorde de Si mayor que, “dentro de una obra en Do mayor, suena provocadoramente erróneo”. ¿Por qué? “La impresión inicial del oyente del acorde de Si mayor debe de ser la de un paso en falso. Cuando intentamos verificar esta impresión, nos metemos en problemas. ¿Cómo se comportaría un o una intérprete de una pieza en Do mayor que se ha atrancado, por error, en un acorde de Si mayor? Podría, como el ya fallecido Sir Adrian Boult, volverse hacia el público y decir: “Lo siento, ha sido culpa mía”, y empezar de nuevo. Pero es más probable que él o ella intenten disimular la metedura de pata”. Y ahí, ejemplificando al piano la supuesta corrección de la pieza, ciertamente más aburrida sin todos los detalles de la partitura que la hacían sonar extraña, ya arrancó las primeras risas del público.

Combinado con los retoques que introducía en las piezas para demostrar cómo podía llegar a diluirse su interés al ser desposeídas de esos elementos, fue deconstruyendo algunas de las obras que tienen ese espíritu que, acudiendo a una de las definiciones de su admirado Jean Paul, calificó como “sublime al revés”.  También en la música contemporánea. “Suspender, interrumpir o congelar el avance de la música puede ser puramente hilarante, o puramente perturbador. Si es las dos cosas a la vez, u oscila entre las dos, el efecto puede calificarse de grotesco. (Aventures y Nouvelles aventures de Ligeti es música grotesca, y también lo es gran parte de la música cómica del último siglo”.

Entonces, ¿cómo se construye una pieza cómica? Pues básicamente en un modo mayor. Excepto una. “Fuera del ámbito de la ópera o la canción (estoy pensando en el aria de Osmin del Rapto del serrallo, o en la Canción de la pulga de Beethoven) hay un único ejemplo cómico en una tonalidad menor que me venga rápidamente a la cabeza: la Bagatela en Do menor de la op. 119 de Beethoven. La pieza es cómica porque una alegre danza que debería estar en modo mayor se utiliza para expresar una sombría determinación”. Y ahí, Brendel volvió a colocarse al piano, en uno de esos momentos en los que parece que no hayan pasado los años, para demostrarlo a través del sonido.

Pero la risa, ese humor musical, fue rechazado profundamente en la época de muchas de esas composiciones. A menudo, por cuestiones religiosas o filosóficas. Lo vimos en El nombre de la rosa de Umberto Eco, por ejemplo. “El emperador austríaco José II desaprobaba lo que él llamaba las “bromas de Haydn”. La risa supone un peligro para el Estado y la religión. Platón quería prohibirla. La risa es incompatible con lo sagrado y lo absoluto. O se trata, más bien, del privilegio de la deidad, ya sea sardónica (como en la mitología india y en la Ilíada) o serena (como en la “risa insaciable de los dioses” de Hegel). Según un proverbio judío, el hombre piensa, Dios se ríe”. 

Brendel2Una obra destaca por encima del resto en este aspecto: las Variaciones Diabelli de Beethoven. “A pesar de su enorme espectro de emociones diferentes, la más grande serie independiente de variaciones de Beethoven se revela como una obra humorística en el sentido más amplio posible: parece contener todas las variedades de lo cómico. Schindler dice, y por una vez me siento inclinado a creerle, que la composición de esta obra 'divirtió a Beethoven en un grado infrecuente', que fue escrita 'con un ánimo optimista' y que estaba 'burbujeando con un humor inusual', demostrando que se equivocaban quienes pensaban que Beethoven pasó sus últimos años sumido en un total abatimiento. Según Wilhelm von Lenz, el más importante de los primeros comentaristas de las obras de Beethoven, el compositor brilla en esta obra como 'el más profundamente iniciado sumo sacerdote del humor'; y llama a las variaciones 'una sátira sobre su tema'.

Por la mente de casi todos en la sala debía rondar en esos momentos un compositor como probable estandarte de ese humor referido: Mozart. Pero no. "Suponía equivocadamente que su música absoluta debería ser una mina de comicidad, porque en sus cartas abundan los desternillantes juegos de palabras y las tonterías, y porque la música de sus óperas se vale de todos los recursos cómicos de un modo superlativo. Haydn y Beethoven, a pesar de todo su amor por el cantabile, fueron compositores predominantemente instrumentales; la belleza sensual del sonido no era quizás una cualidad innata, ni una preocupación esencial. Creo que la imaginación de Mozart o Schubert, sin embargo, es predominantemente vocal aun en sus obras instrumentales, y el estilo de las sinfonías de Mozart fue censurado severamente por Nägeli por ser demasiado operístico. Cantar, como la sensualidad, difícilmente puede ser divertido. Constituye un ámbito de belleza que se abre a lo cómico sólo por medio de un texto de una actuación cómica. Cantar sin más puede resultar cómico cuando se vuelve una expresión grotesca; la música de nuestro tiempo ha sacado partido de estos sonidos o ruidos que sugieren lo absurdo y lo burdamente físico”.

La despedida de Brendel fue una de las partes más divertidas del encuentro con el público. Para ello tiró de Kant y su alambicada definición del sentido del humor para desmarcarse del aburrimiento y reivindicar esa comicidad en la música. Fue tan redonda, que la reproduciremos entera: “Cuando la noción británica de humor llegó a Alemania, Lessing tradujo la palabra humor como “Laune”. Laune, según Kant, significa, en su mejor sentido, 'el talento para poder ponerse voluntariamente en una cierta disposición mental en la que todo se juzga de manera muy diferente del método ordinario (a la inversa, de hecho) y, sin embargo, de acuerdo con ciertos principios racionales en un marco mental de este tipo'. Esto me suena como una correcta descripción del carácter que debería ser capaz de encarnar un intérprete de música cómica. ‘Pero esta manera’, como sigue diciendo Kant, ‘pertenece más al arte agradable que al hermoso, porque el objeto de este último debe mostrar siempre una cierta dignidad en sí mismo…’ .Por mi parte, me siento perfectamente feliz de disfrutar con lo 'sublime al revés' y olvidarme de la dignidad de Kant cuando resulta evidente que Haydn y Beethoven disfrutaron tantísimo al hacerlo así”.

Hay 5 Comentarios

De todas maneras, la musica, y en concreto la clasica, con su ceremonioso y ritual silencio contemplativo no ayuda a la risa, y mucho menos desde la tradicion romantica, instalada a perpetuidad en la misma. Quiza Satie o Cage hayan intentado superar ese ambiente pseudoreligioso, pero el canon en forma de respeto al artista se ha instaurado como ritual casi para siempre, me atreveria a decir.

Articulo de un alto contenido intelectual, como Alfred Brendel, a tenor de lo leido en el mismo, debe ser. Excelente

En un mundo aburrido de pianistas made in China que sólo valoran la "cilindrada" de los dedos, un Brendel es recordarle al mundo que la música es un placer intelectual y no circense de feria.

Maravilloso el humor sublime y sublimado de este inmenso humanista.

Brendel se retiró en 2008, pero años más tarde volvió a dar conciertos, afortunadamente

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Daniel Verdú. Periodista de la sección de Cultura.

Jesús Ruiz Mantilla.Periodista de El País Semanal.

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