El pudor de que lean lo que escribes

Por: | 16 de mayo de 2013

Llevo a mi hija al mismo parque infantil que un escritor de larga trayectoria. Aunque ya nos conocíamos, allí hemos profundizado en nuestras conversaciones sobre hijos, colegios y pupas. Colapsados por el trajín de los columpios, siempre reservamos un guiño a la defensa de nuestra dignidad como creadores: que no se te olvide escribir un poco todos los días, eso nadie te lo puede quitar... Conozco su bibliografía, no en profundidad, pero sé qué temas ha tratado, y conociéndole creo entender algunos porqués. Esa similitud entre la vida de uno y las cosas que escribe es coherente y habitual en un novelista, pero ese reflejo no suele estar tan presente en un realizador.

Deconstructing Harry
Mia Farrow estuvo molesta por las analogías que Allen traspasó sobre sus propios padres a los de Hannah and her sisters (1986). Pasado un tiempo Farrow tuvo conocidas razones para enfadarse aún mucho más con Allen. Toda su filmografía le podría haber dado una pista (“un hombre engaña a su mujer por una locura, o una loca, o una más joven”). Años más tarde Allen ejemplificó los problemas de escribir sobre la vida propia en Deconstructing Harry (1997) mientras Judy Davis amenazaba con pegarle un tiro.

Pocos creadores audiovisuales escriben sobre lo que quieren y pueden permitirse rebuscar entre sus pensamientos y vivencias. Generalmente, hacer lo que quieres no es un objetivo confesable. ¿Produces para ti o para los demás?, es la pregunta que lanzan los más pragmáticos. En la literatura funciona rascar en la profundidad del autor y convertir su psicoanálisis en cultura, en la pintura también, porque no sólo se definen como artes sino que de facto lo son, porque transforman ideas y sentimientos en palabras y colores, pero en el cine...  hay sindicatos.

A nivel profesional e industrial, sería kamikaze decir que esta película la haces porque quieres, porque te sale de dentro. Y sin embargo esa parece la explicación más sensata para lanzar una idea al mundo. No pretender sólo agradar o entretener, sino contar algo (tal vez usando formas agradables o entretenidas), y ese algo inevitablemente tiene que salir de una cabeza, de un sentimiento, de unas vivencias concretas.

Nimphonaniac
Lars von Trier no conoció a su padre pero pasó la mitad de su vida creyendo haber heredado su condición de judío-alemán, Epidemic (1987) y Europa (1991) ahondaban en ese tema. Su cine abandonó esa visión cuando su madre le confesó que su padre ni era judío ni alemán... búscate otro trauma. Posteriormente, la obsesión de von Trier pasó al sexo. Adúltero e inestable, dejó a su mujer por la niñera de sus hijos, y pospuso su trilogía USA por depresión. Su nueva trilogía se titula Nymphomaniac, aunque a estas alturas ya no es ninguna sorpresa.

Hace unos días hablaba con un responsable de televisión sobre el papel de las cadenas en las decisiones sobre guiones... y felizmente llegamos a un punto en común. Cuando la idea nace de una sola cabeza, es sólida, porque mantiene todas las raíces y objetivos intactos (digamos que el objetivo es retratar a un elefante, porque queremos hablar de elefantes). Cuando esa misma idea se pone sobre la mesa del brainstorming de la industria, esta imagen empieza a mutar y lo más probable es que acabe siendo algo completamente distinto, huérfano, no sólo en forma sino de objetivo (el elefante acaba siendo una jirafa, porque se sabe que el cuello alto está de moda, y punto). Si fueras un escritor de narrativa probablemente habrías acabado el libro sobre elefantes, y puede que no le interese a nadie, pero siendo guionista has renunciado a escribir sobre elefantes y terminado un guión sobre jirafas, y puede que igualmente no le interese a nadie. La cuestión es, ¿qué es más necesario: lo que queremos contar, o lo que creemos que alguien quiere que le contemos? Y aquí la palabra clave es “creer”, pues nadie sabe nada, de saberlo el mercado del cine sería una ciencia.

En España no, pero en ocasiones se dan las condiciones suficientes para disponer de libertad, creatividad y rentabilidad. Haneke, Egoyan, Loach, Jarmush, von Trier, Allen, Gervais... nadie pone en duda que lo que han producido es exactamente lo que escarban de sus cabezas. Profundizando en sus filmografías y algo de sus vidas, es fácil diseccionar sus filias, fobias, esquemas de pensamiento, obsesiones y ciclos. Y entonces comienza el psicoanálisis.

Prefiero hacer de asesino...

Cada vez que termino de escribir un guión me muero de vergüenza. Por suerte o desgracia, nada de lo que escribo es casual, sino que nace de ideas muy personales. Además, en todos mis proyectos suelo mantener una cantera fija de actores, por lo que ellos atesoran el recuerdo latente de mi filmografía. Al principio leían mis guiones pensando que era lo primero que se me pasaba por la cabeza. Pero ahora descubren que tengo auténtica obsesión por ciertas ideas. Así que paso apuro, porque varios de mis temas recurrentes son sexuales y violentos en función de unos patrones muy concretos.

 Personaje: Sofía (protagonista) - Oído Caníbal (2009)
“No querría que nadie lo viera en mi videobook...”

Entonces llega el día en el que un actor al que le apetecía trabajar contigo (porque había oído algunas cosas buenas de ti, y había picoteado en tus proyectos) termina de leer el guión que le propones y da un frenazo. A veces con excusas de costura visible, y a veces a las claras. Yo prefiero esa última opción, porque así puedo enfadarme a gusto y venirme abajo de verdad, sufrirlo y lamentarme (estilo Calimero).

Para mí no es agradable cuando un actor rechaza un personaje, porque mis ideas las considero tan parte de mí como la nariz aguileña. “No querría que nadie lo viera en mi videobook” y “no me identifico con ese personaje...” son las negativas que he recibido en proyectos anteriores. Sólo dos, soy afortunado. Pero al igual que un actor sufre al no desligar su susceptibilidad cuando en un casting le rechazan por no ser lo suficientemente "apto", cuando lo que escribes es el reflejo de tu ideas, tampoco puedes pasar de puntillas sobre el rechazo.

  Personaje: Ray (secundario) - Nada que celebrar (2013)
“No me identifico con ese personaje...”

Agradezco la sinceridad. En ambos casos estoy más que convencido de que el rechazo fue valioso, porque un actor debe ser el abogado de su personaje, y si no está dispuesto a “entenderle” mejor que no le represente. Además, en ambos casos el sustituto sobrepasó holgadamente las expectativas puestas en la primera opción, tal vez por suerte, tal vez por afinidad... Pero en días lluviosos aún me duele un poco la rodilla.

Hay 8 Comentarios

Como a Mar, también me gusta que me lean. Escribir no significa únicamente expresarse, sino un tipo de comunicación silenciosa, donde alguien te escucha. Leer e fundamental escuchar y también dialogar. Las redes hoy permiten públicos lectores minoritarios pero activos, e incluso la posibilidad de establecer diálogo.
De otra parte, hay diarios íntimos, por ejemplo,que tienen marchamo de íntimos y que, sin embargo, se escriben para que sean leídos. Si hay cosas que no queremos exponer, nos las guardamos. Pero lo que se escribe, de alguna manera busca la exposición. Que no la exhibición, que es algo muy distinto. Y que tiene la fea condición de la vanagloria (palabra, por lo demás, tan expresiva).
Pues lo dicho, si quieren asomarse y ver lo que escribo por si les gusta o interesa, estoy en:
http://lashojasvuelven.blogspot.com.es/

El pudor en relación directamente proporcional a la intensidad con la que el autor se implique en el texto me parece una fórmula generalizable (por supuesto, si en la redacción participa más de una persona se diluye casi por completo.) En cualquier caso, también influye el carácter del autor y el género del texto. En mi caso he publicado artículos de investigación (con más temor a la crítica de otros investigadores que pudor), relatos breves para varias editoriales nacientes (de las que hoy sólo sobreviven dos y creo que no por mi culpa.) En estos casos sí sentí auténticos reparos tras su publicación, y actualmente publico un blog titulado Lluvia de ratones, que pretende analizar desde un punto de vista humorístico nuestras crónicas de la austeridad (por pudor y por no molestar a David) no voy a dejar el enlace, pero si tienen curiosidad pueden localizarlo por su título en Google.
Un saludo.

Sentirán ese pudor algunos de los que nombras, pues parecieran ser desmesurados en sus apasionamientos.
El escribir no es hablar de uno mismo: es crear situaciones, climas, personajes.
No veo que ello te haga sentir pudoroso o temeroso de que te conozcan demasiado.
De cualquier manera, si dentro de ti está lo que nadie imagina, sale a la luz en negro sobre blanco, no en acciones reales.
Es nada más y nada menos que una creación.
¿De dónde vino?
Que no sean demasiado curiosos quienes te leen.

Yo soy partidario de una tercera opción: escribir no (o no en primer término, al menos) para uno mismo ni para los demás, sino para la obra misma, para lo que uno se trae entre manos. "Que el hacer las cosas bien / importa más que el hacerlas", que dijera Don Antonio. No ese "expresarme a mí mismo" de filiación (y abuso) románticos, y que no creo que preocupara mayormente a Cervantes o Shakespeare por ejemplo, sino la modestia del artesano que quiere hacer lo que hace lo mejor que sepa. La expresión del propio mundo ya saldrá, inevitablemente, si es que ese "mundo propio" existe. Y si no existe o no vale la pena, su falsificación más o menos impostada no mejorará las cosas, al revés. Claro que eso va en contra de ciertas desmesuradísimas vanidades, de las de mi-ego-ante-todo. Así les va; así nos va.

David!!!.
No conocía tu faceta de 'blogger', y encima situado en la plataforma de "El País". Acabo de ver a través de esta-tu-entrada los "semi-largometrajes" (?) que haces y me parecen realmente estupendos. Te he oído en "Tentaciones" y he visto alguno de ellos. No puedo decirte otra cosa: Enhorabuena!!.
Geniales!!.
Un abrazo, de un ya antiguo 'blogger',

BLAS [V(B)iajero Insatisfecho].

El escritor o creador en general siempre tiende de forma pendular entre el orgullo de la creación y el reparo o pudor de la valoración ajena, sobre todo si se trata de conocidos...

Te aconsejo leas a este tipo: ezcritor.com
Sus libros son super personales, cruza ese límite humillante que tanto nos cuesta a los creadores. Yo estoy alucinando con él y sus pensamientos mísogenos y racistas. Creo que todos los tenemos.
Un abrazo David, sigo cada actualización de tu blog.

Pues a mi me encanta que lean lo que escribo: http://xurl.es/9ik46

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El Hombre Orquesta

Sobre el blog

En esta película de bajo presupuesto el guionista también ejerce de director, productor, cámara y sonidista, cual hombre orquesta. Este blog trata de ordenar el proceso de gestación de la película, además del flujo de ideas, personas y tendencias que bailan alrededor.

Sobre el autor

David Navarro es realizador, guionista y productor hiperactivo. No se ha planteado pedir una subvención ni esperar el visto bueno de una televisión. Compagina los rodajes con la docencia y cosas peores. Desarrolló las series independientes “Oído Caníbal” y “Nada que celebrar”, ambas emitidas en CANAL+.

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