El Hombre Orquesta

Sobre el blog

En esta película de bajo presupuesto el guionista también ejerce de director, productor, cámara y sonidista, cual hombre orquesta. Este blog trata de ordenar el proceso de gestación de la película, además del flujo de ideas, personas y tendencias que bailan alrededor.

Sobre el autor

David Navarro es realizador, guionista y productor hiperactivo. No se ha planteado pedir una subvención ni esperar el visto bueno de una televisión. Compagina los rodajes con la docencia y cosas peores. Desarrolló las series independientes “Oído Caníbal” y “Nada que celebrar”, ambas emitidas en CANAL+.

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Haneke contra Paco Martínez Soria

Por: | 19 de septiembre de 2013

Codigodesconocido
Fotograma de Código Desconocido (2000), de Haneke.

Me contaron una historia real: una mujer dejó unos instantes a su hija chapoteando los pies en la orilla de una piscina municipal, se fue a comprar unas patatas y cuando regresó había un corro de personas sufriendo alrededor del cadáver de la niña, que se cayó al agua nada más irse su madre. Se ahogó y nadie vio ni pudo hacer nada por ella hasta que fue demasiado tarde. Mientras, su madre caminó hasta el bar, pidió unas patatas, pagó esperando las vueltas y regresó a la piscina. Cuando la mujer vio a su hija tendida en el césped, y al socorrista confirmando que ya estaba muerta, ella se sentó en el suelo, como si la historia no fuera con ella, como si nunca hubiera dado a luz, y empezó a comerse las patatas que traía en la mano. Su mente le otorgó unos minutos de shock antes de sumergirse en un dolor y una culpa que le acompañarían toda la vida. Cogió, masticó y tragó varias patatas, y cuando le empezaron a dar náuseas se puso en pie y detuvo su silencio anunciando que era la madre. Así comenzó su pesadilla.

Supe de esta historia porque nuestra película tiene algunos puntos en común, un amigo me la contó. Pero ahora la rescato para subrayar que dentro de la narración forense: “niña muere en piscina por imprudencia de su madre”, en ficción los matices son los que enriquecen una historia, y esos matices buscan un tempo y un punto de vista completamente alejados de la radiografía, de la crónica objetiva. Esta historia, de hecho, podría rodarse de muchas formas diferentes: en paralelo, con la cámara siguiendo sólo a la madre, desde el punto de vista nervioso de un bañista o como plano secuencia con la cámara inmóvil en un punto concreto de la piscina. Pero si hay un Dios en alguna parte, no debería permitir rodar una secuencia Hanekiana utilizando el mismo orden de planos que en una ficción de Paco Martínez Soria.

En ficción, contar una historia nada tiene que ver con la objetividad de los hechos, sino con la empatía. Eso se consigue en guión zigzagueando entre lo plausible, y en dirección con el punto de vista: ¿dónde colocas la cámara? ¿cuánto dura el plano? ¿qué está visible y qué no? ¿qué sonidos cobran protagonismo…? Por eso a veces se dice que el cine es “la mirada” con la que el director expone una historia, y eso me parece lo más difícil y lo más bonito de rodar: no saber cuando vas a meter la pata rodando un Funny Games como si fuera El turismo es un gran invento.

MartinezsoriaPaco Martínez Soria afinando el oído.

Yo ruedo sin storyboard
, y muchas veces no conozco la localización hasta que no estoy grabando allí, así que todo esto de “la mirada” se complica para mí porque la puesta en escena de cámara es algo que no suelo llevar pensado al rodaje. Nunca. Así que eso de conocer la película y su sensibilidad se va convirtiendo en un descubrimiento constante. Al principio del rodaje todavía soy sólo un guionista temeroso, y poco a poco voy encontrando los planos, la mirada, y me siento cada vez más director. Explico aquí un claro ejemplo de este tanteo de ciego que me traigo en el rodaje. Una secuencia que empecé grabando a lo Paco Martínez Soria, y que tras insistir logré “calzar” con una mirada más personal, y más empática con la plástica de la película, el significado de esta pieza dentro del puzle, y el tempo general.

En Fantasma, el personaje de Marta bebe en una barra; en una mesa cercana unas amigas celebran una despedida de soltera y bromean con unas diademas con penes puestas en la cabeza. Marta deja de beber y se dirige a ellas, ebria; detiene sus bromas inocentes y les revela un gran drama personal. La fiesta queda suspendida de un plumazo. Teníamos dos horas para rodar esta secuencia, así que traté de ser eficiente y grabé pensando en alternar un plano general de las chicas bebiendo, con primeros planos de todas ellas. Es decir, narración clásica, radiografía pura. En plano general sería así:

Despedida_mal

Grabé tres veces este plano general. Y al principio estaba muy satisfecho de su composición y de lo poco que nos había costado (dinero), estéticamente daba el pego. Pero enseguida empecé a pensar que me estaba equivocando rodándolo así ¿qué es esto, teatro? Este punto de vista no aporta nada a la empatía con el personaje de Marta, enseña demasiado, desnuda el interés, lo banaliza… Así que opté por lo contrario, esconder la acción con un plano secuencia que sacara partido a las sombras y al desenfoque, generar ceguera, embriaguez:

Despedida_bien

Grabé desde el otro lado de la barra. Primero veríamos beber a Marta (a foco) y muy al fondo (desenfocadas) sus amigas charlando. A las amigas las escucharíamos perfectamente desde el principio, y como no las vemos con claridad, como espectadores agudizaremos la atención sobre la conversación: como era de esperar que hiciera el personaje de Marta, que está de espaldas. Cuando Marta se levanta y se dirige a sus amigas nuestra cámara no cambia de foco, seguimos viendo la mesa desenfocada y ahora ya no vemos nítida ni siquiera a Marta, que ahora está con ellas. Y esa sensación de pseudo-ceguera es precisamente la que nos ayuda a empatizar con Marta, a sentirnos ebrios y enajenados, a agudizar nuestro oído para escuchar todo lo que no vemos, a afilar la mirada.

Un trozo de RTVE para mi

Por: | 05 de septiembre de 2013

Rtve2Entrada a Prado del Rey.

Haciendo proyectos indies son pocas las veces que te entrevistan en medios de comunicación “potentes“, y muchas de esas veces surgen en clave onírica mientras estás sentado en el WC, imaginando que las preguntas te las hacen con admiración. Pero a veces es real, te llaman de la tele o de la radio, así que lo anuncias en Facebook y sopesas si afeitarte.

Como en todo, cuanto más generalista y masiva sea la cadena, menos tiempo y esfuerzo concederán a entender tus puntos fuertes. Así que lo habitual es que la entrevista se monopolice por preguntas sobre cuánto dinero ha costado tu último proyecto; y si dices que han sido 15 euros, te harán la ola mientras se carcajean y pasan a los deportes.

Ayer me entrevistaron en RNE, y les doy las gracias, fue divertido y ellos muy amables, pero no por ello yo dejé de ser un indie bastardo (en el sentido de no tener padre ni apellido). Aquí la crónica:

Me recogieron en un coche para llevarme a Prado del Rey. Cuando le explico a amigos ajenos a la profesión que cuando vas a la tele (o a la radio) te recogen en coche, les parece un gasto superfluo y se meten con la televisión pública. Pero esto también pasa en la privada. Entonces se meten con la privada. Yo suelo defenderlo con que si el invitado se retrasa hay que mover toda la escaleta del programa o directamente no salir al aire, y por eso que te recojan en coche parece tan necesario como que tengan electricidad en el plató (pero de eso no va el post).

Cuando vas en coche a la tele o a la radio te sientes extraño, parece que por fin lo has conseguido: que un 0,000000416% de la inversión anual de RTVE esté destinado a pagar la gasolina y al chofer que te lleve de tu casa a Prado del Rey es un logro. Por fin la tele pública cree en tus proyectos, por fin les cuestas dinero. Al llegar me sientan en una sala de espera y me ofrecen agua mineral. O sea, que finalmente hasta un 0,000000521% del presupuesto anual de RTVE está destinado a mis cositas. Hago gasto, luego merezco la pena.

RtveMe hice una foto en la sala de espera.

En la sala de espera siempre hace mucho frío o mucho calor, y estás solo escuchando pasos, pensando que el siguiente que se acerque vendrá a por ti, te llevará a un plató y te pegará dos tiros. Trato de concentrarme mirando el monitor que tengo delante, sintonizado en La1: Mariló Montero hablando sobre el violador de Cleaveland, pero con el audio desconectado. Y entonces empiezo a pensar que así, sin voz, ella parece más joven, que tiene las mejillas bastante sonrosada,  la piel bonita… Entonces Mariló se pone en pie y camina, y veo que tiene unos tacones monstruosamente altos. Pienso que ese programa se está realizando en el edificio de al lado, y siento que estoy sentado en una fábrica de churros, me entra un desencanto fatal y el corazón me late con fuerza según escucho otros pasos que se acercan a la sala de espera. Así que cojo aire y pienso: esto de que te entrevisten en Radio1 mola, esto mola… mola. Me llevan al plató.

En el lado de la mesa donde me siento tengo micrófono pero no tengo auriculares, pero da igual, a dos metros de mí Revolver canta tocando su guitarra, en directo para toda España,  y yo sonrío fuerte: esto mola. De repente me vuelvo a acordar de Mariló Montero (te juro que me acuerdo de ella), y de que la radio-televisión generalista es una fábrica de churros, pero que ella tiene buena piel, y trato de calmarme. Hago un gesto a los de realización: “Yo no tengo cascos” (podría haberme aguantado, pero es que Revolver no me engancha tanto), y me sugieren con señas que me cambie de silla. Y entonces pasó, cambiarme de asiento fue un error fatal, pero yo no lo sabía. Ese tipo de errores que hacen que un Don Nadie se pierda entre dos capas del papel higiénico y nadie le encuentre jamás.

Llega el turno de mi sección (Revolver ya se ha ido) y dan paso al presentador de la sección de series. Comienzan con una sintonía de los años 60, luego un “¿Qué fue de…?”, después otra cosa, y finalmente un concurso telefónico con llamadas en directo. Y mi sonrisa es tan de “esto mola” que ya se me ha pasado de rosca. Pero ya no me acuerdo de Mariló. Son las 11:55, el programa terminará a las 12:00 y está pasando por delante de mi hasta una mujer de Lugo que llama para acertar una pregunta de concurso radiofónico, y responde Hulk, pero no acierta. Entonces el director del programa se despide del conductor de la sección de series y el reloj marca las 11:56. Resultó que el lugar donde me senté para poder tener cascos ponía de por medio un monitor entre el director del programa y yo, o sea: que no me veía. Y por eso se olvidó de que yo estaba allí. Es un error humano completamente entendible, pero que no hace más que evidenciar que cuando eres un Don Nadie, como te tape la cara una pantalla (o un papel higiénico) dejarás de tener tu oportunidad, y una mujer de Lugo fallando una pregunta de concurso se subirá encima de tu minuto de gloria radiofónica.

En el programa se dan cuenta de que yo estoy detrás del monitor, se alarman, me invitan a regresar la semana que viene, pero ya es demasiado tarde, en realización han pinchado un corte de audio de mi proyecto. Eso les obliga a no invitarme a la semana que viene, y a sacar el tema adelante hoy sea como sea, aunque solo resten tres minutos de un programa que dura seis horas. Me piden disculpas, y yo las acepto con esa sonrisa de "mola", y vamos allá. ¿Cómo estás David? Encantado de estar aquí con vosotros. No tenemos tiempo para más, pero… ¿cuánto ha costado tu último proyecto? 15 euros... ¡Y pasamos a deportes...!

De camino a casa le digo al chofer que me deje en el Día, antes de llegar a mi casa, así él se ahorra recorrer unos metros (a costa de RTVE) y yo aprovecho para comprar papel higiénico. Y te juro que esto ocurrió de forma literal.

El País

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