El Hombre Orquesta

Sobre el blog

En esta película de bajo presupuesto el guionista también ejerce de director, productor, cámara y sonidista, cual hombre orquesta. Este blog trata de ordenar el proceso de gestación de la película, además del flujo de ideas, personas y tendencias que bailan alrededor.

Sobre el autor

David Navarro es realizador, guionista y productor hiperactivo. No se ha planteado pedir una subvención ni esperar el visto bueno de una televisión. Compagina los rodajes con la docencia y cosas peores. Desarrolló las series independientes “Oído Caníbal” y “Nada que celebrar”, ambas emitidas en CANAL+.

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Trabajar con actores poseídos

Por: | 22 de agosto de 2013

Verónica Pérez, Gerardo Quintana, Diana Lázaro, Cristina Soria¿Actores jugando a la ouija? No, ensayando.

A menudo me pregunto por qué alguien en su sano juicio desearía ser actor. Una profesión que les obliga a ser marionetas, a sentir que siempre hay alguien más guapo, más formado, más conectado que tú, a recibir órdenes de qué sentir, de qué decir... Algunos se maquillan de actores para conseguir fama, y después de gastarse los ahorros y los de sus padres en cursos y dar la lata por Madrid, por fin acaban eclosionando contra su propia página de Facebook "Club de Fans de Mí Mismo". Luego están los otros actores, los de verdad. Sigo sin saber por qué se dedican a esto, pero tiendo a percibir un aura trascendente en su forma de entender la profesión. Creo que cierta adrenalina de ser actor podría nacer en las miradas de los compañeros, también poseídos por personajes, seres de otras dimensiones que te miran a los ojos y te fuerzan a transitar por el guión.

Cuando ensayo con actores, y todavía interpretando su papel me miran a los ojos, me siento intimidado por verme en las pupilas de seres que no existen y que, sin embargo, dejan constancia de toda una vida en tan sólo unos instantes. En ese momento el actor no es él mismo, sino un personaje que me observa con mirada explosiva (aunque sea calmada o realista, sigue siendo explosiva) porque los personajes no viven años como nosotros, sino como mucho un par de horas, y esa potencia les concentra en el aquí y el ahora. Lamentablemente esa esencia no suele ser captada por la cámara, porque la cámara no eres tú. Y esta experiencia, la de mirarte en los ojos de un actor que está siendo un personaje, sólo se puede vivir en el presente.

Cristina SoriaPunto de inflexión en la trama de Cristina Soria, la tragedia llega a la peli.

La experiencia que he tenido como director de actores me ha enseñado que un buen actor se define por dos variables: sensibilidad y disciplina. Si eres actor y tienes ambas (además de una buena formación) lo puedes hacer todo, y surge eso que dicen de “tener verdad”. Cristina Soria es la protagonista de Fantasma, y para mí un referente titánico; para mí simboliza la vara por la que mido al resto de actores desde hace diez años.

Por disciplina actoral me refiero a cosas básicas y asequibles, nada etéreo. Son muchos matices, pero hoy me centro en una idea: no matar al personaje hasta que sea realmente necesario. Cuando Cristina escucha “acción” se transforma en el personaje y jamás detiene su interpretación hasta que escucha “corten” (así debería ser siempre). No apela ni a métodos psicologistas ni a profundizaciones explicativas. Quien corta una toma en un rodaje es sólo el director, ni siquiera el operador de cámara porque entre una pértiga en cuadro, ni el sonidista porque escuche un zumbido. Hasta que no escuches corten de boca del director, Show must go on. Y cuando trabajas como yo, sin paredes y con la realidad pisándote los talones… con más razón.

Chema Coloma, otro actor con el que suelo trabajar, se partió un brazo en plena representación de una obra de teatro. Primero por la adrenalina del momento, y luego por no romper la cuarta pared, terminó su función, y sólo cuando salió del escenario fue consciente de que tenía que ir al hospital (en cine este esfuerzo no sería necesario, claro). Los actores no son mulos ni profesionales a los que se les deba pedir más esfuerzo que a cualquier otro trabajador, pero poseerse de otras vidas y generar la magia de la ficción inevitablemente les sumerge en esa dinámica, que rige que el personaje no muera hasta que caiga el telón o el director diga “corten”. Si un piloto de avión deja de ser piloto en pleno vuelo el avión podría caer; si un actor deja de ser un personaje durante una representación no muere nadie, pero la magia de la ficción se evapora y cae al suelo banalizándose. Si los actores no fueran escrupulosos defendiendo la firmeza de la cuarta pared, el teatro no tendría ningún sentido.

Cristina SoriaCristina Soria cual fantasma

Las grietas de la cuarta pared

La cuarta pared es la que protege a los personajes del mundo real. La frontera invisible entre el escenario y la realidad. Un muro que desnuda y a la vez preserva la magia de lo que está ocurriendo dentro. Se supone que esa cuarta pared sólo se rompe con intenciones creativas: cuando los personajes interactúan con los espectadores. Pero en el teatro todo está controlado, y si se rompe la cuarta pared es porque así lo ideó un autor o director. El problema viene cuando la cuarta pared se rompe del lado de la realidad, y es ésta la que entra sin control dentro de la ficción.

Mis proyectos se graban casi como si fueran un documental, en tanto que los actores no saben qué plano estoy haciendo ni por qué, ellos sólo se preocupan de hacer su personaje y yo me muevo a su alrededor grabando lo que veo. Muchas veces el lugar donde se desarrolla mi grabación es un sitio público, o quien nos da permiso para grabar no sabe muy bien qué implica representar una ficción o de qué va el guión.

Y llegamos así a un problema que me ha angustiado todo el rodaje: cómo preservar a los actores para que no sean despertados, cual sonámbulos. No es por ellos por quien sufro, sino por mí mismo, viendo cómo  se fractura la ficción (la magia) chocando contra la realidad. Me violenta mucho cuando un actor, que está representando un papel, es sacado hacia la realidad, y detiene en seco su interpretación para volver a ser él mismo. Es como retirar el sombrero del mago cuando el conejo está a medio materializarse dentro, y se le fuerza a salir a la luz como un amasijo de huesos y músculos amorfos (¿a quién no le ha pasado eso…?).

Cristina Soria

Low cost real... improvisación real... coches reales...

Nuestra película trata sobre una mujer que acaba de saber que su hija ha muerto, y de carambola ha perdido también a su marido y todo lo que le une con el mundo. El personaje que interpreta Cristina Soria se vuelve un fantasma, porque está en shock. Su mirada es intensa, perdida y llorosa a la vez. A esto me refiero con "la posesión del actor", porque cuando decimos “acción” Cristina se embute en esa mujer que lo ha perdido todo y que no podría imaginar volver a tener esperanza, porque acaba de entrar en el trauma.

Decimos ¡acción! y Cristina sale de un edificio lejano, llorando angustiada porque acaba de saber que algo terrible le está ocurriendo a su hija y debe encontrar la forma de llegar hasta ella. Cristina (actriz) improvisa y se le ocurre tirarse en el medio de la carretera y (finge a cámara) detener el tráfico, llorando y presa de la histeria. Varios coches (parece que) pasan a su lado, ella se levanta del asfalto, y deambula por la acera, y entonces aparece un señor del mundo real (que para mí representa la grieta en la cuarta pared), se acerca a Cristina y le dice “¿Sabes dónde está la calle Gobernador Piñeiro?”. Ella le dice que no, y entonces el señor le explica que allí venden unos manguitos de plástico para la bombona… El hombre no se ha percatado de que Cristina está en shock porque su hija (ficticia) está siendo agredida… ni que yo aun estoy en el medio de la carretera, arriesgando mi vida por un rodaje low cost, sujetando la cámara y todavía con el piloto rojo encendido. ¡Corten!

Rodar, por encima de mis posibilidades

Por: | 20 de agosto de 2013

SteadySteadycam construida con Lego.

Cuando empecé a rodar Fantasma no tenía ni idea de cómo sería mi película, más allá de lo que escribí en el guión (un texto parco en detalles). Yo ruedo sin storyboard, y generalmente no sé si voy a poder grabar en un sitio hasta que estoy allí y nos dejan sacar la cámara. Susana Herreras (de Canal+) me preguntó hace unas semanas ¿cómo vas a reflejar el arco de transformación de tu personaje? Yo le respondí varias palabras en castellano que, en unión y poniendo algo de voluntad para entenderme, querían decir algo así como: ya veré. Agradezco que Susana ponga voluntad.

Durante el rodaje de la ópera prima de Pedro Aguilera (La influencia, 2007) él estuvo viendo mucho cine, películas de Tarkovsky (creo recordar) que casualmente le hicieron replantear varias decisiones del rodaje, influenciándole casi en tiempo real a modificar la puesta en escena de algunas de las secuencias que finalmente fueron aplaudidas en Cannes. Aunque se grabó en cine, la peli de Aguilera hoy sería etiquetada como low cost. De eso se libró.

FantasmaelpaisLos créditos de Fantasma han sido grabados de forma improvisada, una plano secuencia de escorzo de la actriz caminando desenfocada por los pasillos de un canal de televisión. No estaba en el guión y lo grabamos al finalizar lo planificado. Y como quedó tan bien, planteamos repetir todo el comienzo de la peli en plano secuencia, enlazando con este paseo por los pasillos hasta la sala de realización donde se desarrolla la acción.

Por suerte la inspiración alumbró en el primer día de rodaje. Y no se ha vuelto a ir. La idea exacta sobre cómo será tu película puedes tenerla donde y cuando quieras. Lo digno es que esas ideas se te ocurran en casa o en tu estudio, frente a un cuaderno o al ordenador, meses antes de rodar. Lo apropiado es que esas ideas las debatas con tu equipo de dirección y producción: “¡chicos! todo serán planos subjetivos…”, “vamos a grabar todo con un tele…”, “que en cada plano se vea un objeto rojo que marque contraste con la pálida piel de la actriz…”.

No es una excusa, pero yo sólo tengo tiempo para escribir y rodar. El resto del tiempo lo tengo que invertir a partes iguales en: ganar algún dinero para dar de comer a mi hija, e introducir esa comida en su boca. Pensar en cómo será mi película es algo que tal vez disfrute cuando despierte de esta pesadilla de la crisis y de no tener pasta suficiente para pagar la hipoteca. Así que las ideas exactas sobre cómo será mi película se me ocurren cuando estoy grabándolas, a veces diez minutos antes de decir acción,  y a veces diez minutos después, pero aún a tiempo de grabar unas cuantas tomas valiosas.

ResplandorSegún el ensayo-documental Room 237 (2013) Stanley Kubrick se podría haber tomado muchas molestias orquestando la disposición de muchos de los elementos de El Resplandor (1980), en este fotograma, por ejemplo, alineando un archivador con la entrepierna del director del hotel, impostando un falso pene (subliminal). Esto es la antítesis de la producción low cost, en la que con suerte el director logra convencer a los actores para que se presenten al rodaje.

Aunque ruedes sin dinero ni tiempo, el objetivo es el mismo que si no fuera así: crear una obra de expresión humana (¿Arte? Bueno, sí...). Suena mal, pero aunque el proceso sea precario en muchos aspectos, tanto que a veces casi asfixia la creatividad, el resultado que buscas no puede bajar ni un solo escalón. Tienes que tirar la piedra lo más alto posible para acercarle un golpe a Allen, Trier, Haneke… y alejarte así lo más posible del BurguerTown en el que estás. La única diferencia es que bajo esta estructura de producción, estás intentando crear A-R-T-E rodeado de balas, las de la realidad que te recuerda que tú no deberías estar haciendo esto.

Hace unos días reboté en mi cuenta de Facebook unas frases de Sidney Lumet sobre qué hace que una película sea de un modo determinado: “Hacer una película es como hacer un mosaico. Cada elemento es como una pequeña pieza. La coloreas, le das forma, la pules lo mejor que puedes. Haces quinientas o seiscientas de esas piezas, quizás un millar.(...) Luego las pegas literalmente unas a otras y esperas que el resultado sea el deseado. Pero si quieres que el mosaico se parezca a alguna cosa, mejor será que tengas claro lo que pretendes cuando estés trabajando en cada pequeña pieza".

Ayer un amigo bajaba la calle Atocha y se topó con un rodaje, más tarde me enumeró lo que vio: tres camiones, una larga mesa de cátering, burras de vestuario, focos grandes y pequeños, y personas que parecían actores pero que tenían más bien pose de extras. Parecían esperar a las estrellas, y al grito del director para vivir la magia de estar en una ficción (vivir otras vidas por unos minutos, y cobrar 50 € por media jornada de figuración). Agradezco que mi amigo me diga cómo era un rodaje profesional en exteriores, porque a mí me suele dar vergüenza mirarlos tan directamente cuando paso junto a ese tipo de camiones, me siento un hijo bastardo de una industria que ni me conoce, y cualquier mirada furtiva sólo avivaría mi reclamación de ser reconocido como parte de la familia. Así que si camino al lado de un rodaje de exteriores lo más probable es que tropiece por no mirar por dónde voy.

Bardem Acabo de escuchar a Javier Bardem en una entrevista (antigua) hablar sobre cómo se sintió rodando en la calle Beautiful. Dice que prefiere los interiores, porque en la calle todo es más caótico y todo ese trajín de personas, ruido y espacio lo pone más difícil para el trabajo actoral, pues el actor a veces necesita un poco más de concentración, y eso generalmente lo proporciona el cobijo de los rodajes en interior.

Volviendo a mi amigo, él concluyó su descripción del rodaje de exteriores con una frase del tipo: “todo este lío para una película que nadie verá”. Yo asentí, pero en el fondo pensé ¿y por qué no la va a ver nadie? Mi amigo apelaba a la intrascendencia de las películas que generalmente se ruedan en España. Que tal vez sobreviven al estreno, pero pocos días después desaparecen de la memoria. Cine de usar y tirar, que a veces ni se usa. El cine que a veces no es obra, sino trámite.

Suelo decir que hago cine porque me gusta ver cine, pero cuando más ganas me entran de escribir y de rodar es cuando percibo que una película no es un trámite transaccional sino una O-B-R-A. Un micromundo empaquetado con fuerza bajo el nervio de un creador. Una mirada única que vertida sobre la mente de cada espectador provocará una reacción completamente diferente en cada visionado, en cada persona.

Hacer cine low cost es empeñarte en sacar esa magia de una varita arrancada de la pata de una silla de vertedero, y ponerle tantas ganas y abrir tanto los ojos, que la varita al final logre encenderse, un poco.

Está perfecto, pero vamos a hacer otra toma

Por: | 22 de julio de 2013

Resulta difícil hablar de una película que se está haciendo. No sabes cómo será el resultado final, si al juntar lo que grabaste por la mañana con aquello de hace dos días se conseguirá esa atmósfera de extrañeza que desprende el guión. Cuando se graba de forma discontinua como lo estamos haciendo (una mañana por aquí, una tarde por allá) no puedes dejarte llevar por las sensaciones del aquí y ahora, no puedes perder de vista el marco de referencia. El de Fantasma es un vagar sin rumbo en el que se ven atrapados sus personajes. Andan por sus vidas desenfocados, están pero sin estar... Como le gusta decir a David, Fantasma es una road movie interior. Es sencillo escribirlo a modo de sinopsis pero es más complicado grabarlo. 

Despedida1

A las 16h de un jueves veraniego llegas a una localización prestada, desértica, y tienes que buscarte la vida para extraer de ese lugar elementos que puedan sugerir esa descripción. Road movie interior. Ahí es nada. De momento estamos teniendo suerte con la luz y aun sin llevar focos nos encontramos con ventanas y cortinas que nos hacen la función de filtros. También David empieza a conocer mejor su propia película. Ya vamos coleccionando planos y se entrevén rimas -visuales y de personajes-, como si se intuyera un camino por el que la historia quiere llevarnos. Puntos de vista bajos, cierta lejanía en las conversaciones, una incomodidad de primer plano...

Comisaria1

Los actores, junto con las localizaciones y el director, serían el tercer vértice. Sabiendo que no debería olvidarse de ese vagar sin destino, David insiste en contener las interpretaciones. Sería fácil caer en la tentación y un día que el optimismo acompañe dejar que el tono subiese, que algo de pasión se colara en los diálogos, dar una pequeña tregua a los personajes. Pero entonces toda esa frialidad que venimos construyendo se vendría abajo. Cuando en la escena coinciden varios actores, se afinan unos a otros y los matices ya aparecen en los ensayos. Comenzamos a grabar y a las dos tomas la orquesta ya se conoce. Tres y parece que el ritmo está fijado. Cuatro y todo ha salido perfecto. "Está perfecto", dice David, "pero vamos a hacer otra. Esta vez vamos a probar como si fuera una conversación susurrada". O "esta vez no enciendas la luz y lo hacemos a oscuras" o "esta vez no muevas las manos". Y entonces la quinta es la buena. Se nota que hemos entrado en el marco de referencia: el volumen de las voces, la intensidad de la luz, la lentitud en los movimientos...

Vamos rascando de un lado y de otro para dar con él. No aparece como un milagro, hay que esforzarse en buscarlo y saber cómo plantear la puesta en escena, dónde poner la cámara, cuál ha sido la toma buena... La quinta. Lo señalo en el parte de realización y sin tiempo que perder pasamos a la siguiente secuencia. Dos actores, un pasillo, una pantalla de ordenador. A ver dónde se ha metido ahora el marco de referencia...

Sergio1

Mamá, de mayor quiero ser ayudante de dirección

Por: | 15 de julio de 2013

Apostaría -si tuviera el dinero- a que nunca oirás eso de la boca de un niño. Los que acaparan futuras vocaciones, entrevistas y autógrafos son los directores y los actores, las actrices. Algún niño despistado, desmarcándose del resto, aspirará a ser director de fotografía, montador, guionista… Pero no ayudante. El oficio de ayudante sigue en la sombra y a ojos del espectador creo que incluso arrastra el título de segundón.

Desde hace apenas unas semanas soy la ayudante de David, el hombre orquesta, en la realización de su primer largometraje, Fantasma. La diferencia entre ser ayudante en un rodaje convencional y en un rodaje low cost es que en este último -el nuestro- terminas ejerciendo también de ayudante de la batería, la guitarra y la flauta (es decir de arte, de sonido y de producción). Más allá del trabajo extra, las funciones siguen siendo las mismas, seas un equipo de 50 personas o de 3.

Claqueta 2

Nuestra claqueta, magullada y parcheada, superviviente de Nada que Celebrar.

Lo primero que habría que puntualizar es que el ayudante de dirección no es un director frustrado. Algunos de ellos han dado el salto a la dirección pero otros han permanecido en ese puesto durante toda su vida. El ayudante de dirección es un intermediario entre el productor y el director. Debe ser consciente de las necesidades de ambos (del dinero de uno, de los deseos del otro) y hallar una forma de que sean compatibles. Si te acercas a un rodaje probablemente le encontrarás dando órdenes pero no te dejes engañar por la pinta de mandón. El ayudante vive pegado a un reloj y a un guión, casi siempre anunciando al mundo que se va con retraso según el plan previsto. No hay que agobiarse, hay rodajes en los que incluso antes de salir de casa ya se va con retraso.

En el set un buen ayudante debe saberlo absolutamente todo: qué se ha rodado, qué se va a rodar, qué dinámica tiene cada departamento, quién viene, quién se va… Esa sensación de control me gusta, va con mi carácter. Yo me lo paso bien confeccionando tablas y órdenes de rodaje. Soy feliz entre desgloses y cuando la grabación fluye no hay mayor satisfacción. Cuando el rodaje se atasca y va a trompicones, entonces no hay un gramo de disfrute. Son los días malos, los peores... Esta sería la vertiente resolutiva del ayudante, la que consigue que el equipo se ponga en marcha y que los descansos no se hagan eternos.

Parte 2

A la script que llevo dentro también le gusta rellenar partes de realización como este.

La otra faceta no la realiza de cara a la galería, es silenciosa y anímica. Lo bonito de este puesto es conseguir formar un verdadero tándem entre ayudante y director. Tienes que conocerle y saber distinguir cuándo está contento, agobiado o exhausto. Un buen ayudante de dirección es capaz de aislar al director de esos pequeños detalles (llámales imprevistos, inconvenientes… marrones) de los cuales no necesita enterarse. Se los puedes contar al final de la jornada, tomando unas cañas, cuando hace horas que los conseguiste solucionar sin que él lo supiera. A veces también hay que saber plantarle cara por el bien de la película, que acepte dejar un plano atrás para salvar la escena siguiente. El sol no espera a los que quieren hacer cine y los focos se llevan mal con el low cost.  

En mi caso, por ejemplo, lo que más me preocupaba era adaptarme a la forma de trabajar de David. Él graba haciendo de todo y con lo mínimo. Cuantas menos personas haya de por medio más libre se siente. Es su manera de hacer cine y es su película. Si no hay acuerdo en este primer punto todo lo que se construya a partir de él caerá por su propio peso. Pero si aceptas las reglas del juego, David sabe involucrarte. Es más fácil dedicarle horas a una película pensando que una pequeña parte de ella también te pertenece.

Debe ser complicado aceptar que otras manos entren a toquetear tu proyecto y que opinen sobre él, por eso valoro tanto aquel correo que me envió proponiéndome participar en Fantasma. Unos días antes le había entrevistado con motivo del estreno de su serie Nada que celebrar y cuando apagué la grabadora seguimos charlando durante un buen rato. Buena señal. Hablamos de Louie, de nuestro paso por Canal Plus, de la necesidad de hacer y no quedarse parado... Y creo que esa fue la clave. Somos de los que nos echamos el tambor a la espalda y no nos entra la vergüenza aunque haya que tocar en la plaza del pueblo.

Guion2

Llevamos tan solo tres días de rodaje pero ya le voy conociendo. Empiezo a distinguir si se le pone cara de 50mm y entonces voy trayendo la maleta de cámara para cambiar la óptica. He conseguido bautizar la postura "David está pensando" que consiste en una mano en la cadera y la otra bajo la barbilla. Llevo varios bolígrafos al ensayo porque en cuanto oye a los actores no le cuesta tirar frases a la papelera si de esa forma facilita el acting. Que la risa se cuele en toda esta aventura también significa mucho para él y yo lo disfruto.

Un ayudante mandón que haga el papel de poli malo no sirve de nada en una película low cost, en ninguna película de hecho. Comienzo a descubrir que lo más importante que puedes aportar es confianza, en el proyecto y en el director. Eres un mecanismo de seguridad por si sus fuerzas flaquean, son muchos los favores que hay que pedir y muchos los planes que se vienen abajo. Estar ahí ya es recordarle que se puede hacer, que lo estamos haciendo… Sí, estamos haciendo una película y os la iremos contando. 

Quiero tu casa para rodar, lo siento

Por: | 09 de julio de 2013

Fantasmaelpais1Primer día de rodaje de Fantasma, en una casa prestada.

Rodar una película low cost es siempre decir “lo siento”. La frase se la escuché a Daniel Castro, autor de Ilusión, quien por fortuna se está abriendo un buen hueco a este lado de la no-industria. Daniel ha rodado una película sobre un tipo naif obsesionado con triunfar haciendo un largometraje musical sobre la transición española. Argumento que sirve de lente de aumento (y distorsión) de la propia vivencia del auténtico director de la película, destinando casi tres años de su vida (real) a este proyecto, e invirtiendo todos sus ahorros en ello. Y le ha funcionado. Ilusión es una comedia realmente sorprendente y degustable, que se ha llevado tres premios del Festival de Cine de Málaga. Pero aún tiene más valor para quienes ahora estamos en esta misma situación, rodando una película sin cuenta corriente. Esta semana se pueden ver los últimos pases de Ilusión en Madrid en la Cineteca.

En el coloquio tras la proyección a la que yo asistí, Daniel habló sobre lo deprimente que es pedir para rodar, y pedirlo todo. Porque no pides para curar una enfermedad, o detener un embargo. Se pide para contar una historia, enlatarla en un archivo de vídeo y tratar de que alguien la vea... Se trata de pedir como si te salvaran la vida, con el objetivo más superfluo del mundo. Por eso tal vez las negativas duelen tanto. Daniel dice que tardó casi dos años en encontrar el videoclub que sale al final de su película, porque cuando obtenía una negativa se deprimía lo suficiente como para no querer volver a intentarlo, y así dejaba pasar las semanas.
 
Videoclub
Daniel Castro en la secuencia del videoclub.


Las películas low cost son lo menos industrial del planeta, porque cada detalle que finalmente sale en pantalla tienes que pedirlo desnudando tu ilusión, reconociendo que algo tan superfluo como hacer una peli es lo que te empuja a pedir favores a auténticos desconocidos a los que el cine puede serles completamente indiferente. En esa situación estoy ahora. Me encantaría escribir narrativa y que todo lo que defino en el guión no tuviera que ser buscado por mis propias manos, pidiendo permiso a desconocidos para hacer realidad mi ilusión. Y, como le ocurre al personaje de Ilusión, hay algo en el creador low cost que le induce a pensar que por algún subterfugio legal del destino, se tiene derecho a pedir favores de rodaje en nombre de la cultura y del propio sueño de crear, una ley oculta de uso personal, o algo así...

Hemos empezado a rodar Fantasma. Aunque este blog nació con el objetivo de hablar sólo del desarrollo de este largometraje, es la primera vez que escribo su título aquí. Fantasma (y esta la segunda). Durante los tres meses que he escrito en este blog me he limitado a pensar en alto sobre qué significa hacer una peli, y seguiré haciéndolo, pero ahora empieza el diario de rodaje, un calvario auto-impuesto con muchos capítulos.

Aunque ya hemos empezado a rodar, lo más complejo por el momento es conseguir las localizaciones. Pedir casas, oficinas, u objetos para grabar, a personas que no tienen nada que ver con la producción audiovisual, abre la humillación del director a otra dimensión. Porque convencer a los actores es relativamente fácil (hablamos el mismo idioma y estamos aquí para lo mismo), a los técnicos es algo más complicado pero si el guión sintoniza con ellos no hay problema. Pero para los dueños de las casas o locales donde quieres grabar, tu película no significa absolutamente nada, no es más que un archivo .AVI que jamás abrirán. De hecho, lo que tú haces no es a lo que ellos llaman “película”. No tienes famosos, no cuentas una historia convencional y tampoco la vas a grabar convencionalmente.

Oscar
Daniel Castro recibiendo un Oscar en el baño.

Los dueños de las localizaciones en las que tú quieres grabar generalmente ni siquiera van al cine, pero cuando lo hacen es como mero impulso de respuesta a la publicidad (vallas, cuñas y banners), no por el cine en sí. Y sin embargo tienen muy claro lo que es cine y lo que no, por eso su cerebro omite entender la palabra “película” o “largometraje” cuando explicas para qué quieres su casa, y en su lugar escuchan “corto”. Hagas lo que hagas, ellos siempre dirán que les has pedido su casa para grabar un corto. Algo pequeño... un hobbie que se te pasará cuando tengas hijos. Pero ya los tengo.

Lo importante es que al final consigues las 23 localizaciones que necesita tu película. Y el revolver, tres coches, y un hotel. Y entonces eres feliz, y te auto-entrevistas explicando cómo lo conseguiste a un periodista imaginario de Le Figaro en el ficticio Festival de Cannes. Lamentablemente ese día aún no me ha llegado.

La Sra de Cuenca Vs el Sr de Poo

Por: | 01 de julio de 2013

En jerga de pasillo de cadena de televisión: la Señora de Cuenca es quien manda, es para quien se hacen las cosas. “Queremos que esto lo entienda la Señora de Cuenca”. Entonces, ella es la musa que motiva que la ficción televisiva se destile con chistes comprensibles, populares, y que todo sea digerible por su nieto menor de edad y por su sobrina adolescente. Que su marido no se aburra demasiado, y que todo esto tenga larga continuidad. Bien, pues hoy puedo decir que he conocido a su antagonista, el Señor de Poo, Asturias.

Cuenca1
Señor de Poo (FOTO: Diana Nava).

Hace no demasiado una figura relevante de la televisión nacional me dijo que en ficción, por mucho que nos empeñemos en innovar, al final todo es y debe ser un “culebrón”. Amores, desprecios e intereses en conflicto. Yo le dije: ya desde la Grecia clásica... Ella me paró el discurso. Ni Grecia ni Grecio, CU-LE-BRÓN. Esa misma persona me dijo que Telecinco buscaba una nueva serie familiar, muy tipo Los Serrano. Yo le pregunté ¿pero no acaban de lanzar Familia? Me respondió que Familia no estaba funcionando como ellos esperaban... por eso buscaban algo que escarbara aún más en la fórmula de Los Serrano... “dejarse de experimentos y que por fin le guste a la Señora de Cuenca”. O sea, que Familia no es lo suficientemente familiar, accesible, convencional...

Acabo de regresar de Poo (Llanes, Asturias), porque alguien del Centro de Artesanos de allí nos invitó a proyectar nuestra serie, Nada que celebrar. Una serie que varios directivos españoles catalogaron como experimental, difícil de programar, minoritaria (en el mal sentido) y muy potente para ellos que tienen un gusto afilado, pero incomprensible para sus espectadores (palabras textuales).

A mí me sonó a paraíso poder viajar a Asturias y tener licencia para doblegar los sentidos de sus paisanos durante tres horas, a merced de mi proyección. Sidra, paisaje y proyección, ¿qué más puedo pedir? Pero cuando vi el tipo de “espectador” que hacía cola en la puerta de la Bolera Cubierta de Poo casi me da un patatús: en su mayoría niños y ancianos (también jóvenes, pero menos).

Hace tres años, cuando hice mi primera proyección formal, alguien de la industria me dijo: entendería que quieras salir de la sala... los realizadores no suelen querer estar en la proyección. Pero a mí me gusta estar, me gusta percibir qué gusta y qué no (sufrir), pero la sensación que tuve al ver a todos esos niños y venerables ancianos entrar en la bolera fue de shock. Puedo parecer snob reconociendo mi miedo a que ese público no entienda mis chistes, pero es que Nada que celebrar se diseñó pensando en un público muy urbano (rollito HBO) y la propia crítica la ha definido como "Compleja y metalingüistica, hará las delicias de los amantes de Louis C.K. o Ricky Gervais..."


Cuenca2Proyección en la Bolera Cubierta de Poo.

Y entonces comenzó la proyección, yo sentado al final de la bolera, con las manos en la cara. Me daba pudor y miedo compartir mi historia con ellos, y cada poro de mi piel pronosticaba que alguien se acabaría quejando a la autoridad por proyectar esta “mierda”, y yo saldría de Asturias escoltado por un coche de la Guardia Civil. Y entonces la gente empezó a ver, a escuchar, y a pasarlo bien. No llegaron al éxtasis, pero disfrutaron como uno lo puede hacer frente a la tele; rieron y entendieron todo lo que se le puede pedir una ficción televisiva. Los niños reían con los chistes más picantes, los ancianos con los más sofisticados. Jordi, uno de los actores de la serie, que estaba sentado detrás de un anciano con boina, me dijo que aquella boina no paraba de moverse en los chistes, el tipo se estaba riendo de veras. Y a la salida de la proyección todos nos rodearon con su buen sabor de boca, ganas de preguntar y compartir.

Compartir es la clave. Puede que la Señora de Cuenca sea medio analfabeta (según las cadenas de televisión), pero si no compartes con ella tu “visión de la cultura” (o del entretenimiento) probablemente jamás llegues a conocer que en el fondo ella puede degustar otros matices. Si no compartes con ella lo que a ti te parece arriesgado, puede que eternamente sigas buscando hacer sonar la flauta cual burro de fábula. A la Señora de Cuenca y al Señor de Poo se les presupone de cierta edad y sin estudios, pero han sacado adelante a sus familias, al país, y cuando se sientan a ver la tele quieren que les trates como personas, que intentes hacerles pasar un buen rato, y que no les insultes recreando un amaneramiento formal (Los Serrano) sólo porque una vez se rieron con eso y no crees que ellos puedan dar para más.

PD: Gracias Poo, fue impresionante vivir esta cura de contra-urbanitismo con vosotros.

El estreno, un día entre 682

Por: | 14 de junio de 2013

Fotograma

Han pasado 682 días desde que empecé a escribir el guión de Nada que celebrar, y hoy se emite en televisión. Después de su emisión en formato maratón, participaré en directo en un debate sobre este proyecto en particular y las webseries en general (o como yo prefiero llamarlas: series low cost), y al cumplirse las 22:00 la carroza volverá a convertirse en calabaza, y yo seré de nuevo un tipo normal que no sale por la tele y del que no hablan los críticos.

Por tanto hoy es un día especial, el único de estos últimos 682 en el que doy por finalizada una pequeña-gran etapa de mi vida. Cuando los proyectos nacen huérfanos de inversión, todo el cariño y el alimento tiene que salir de ti (y de otros locos), y así todo se vive con mayor intensidad, los halagos apuntalan y las críticas derriban, porque toda mi vida está compactada en estas piezas, las cosas que hago.

 Durante los dos meses en los que Nada que celebrar se ha ofrecido en VOD (en Filmin y Canal+Yomvi), rescato muy especialmente la vivencia de haber conocido a espectadores “de verdad”. Gente que ha llegado a mi serie por casualidad, y que han decidido ponerse en contacto conmigo, mensajes en Facebook, Twitter...

Pero una llamada fue especial, Bernardo y Sergio, dos músicos que me propusieron hacer un vídeo para su grupo de pop electrónico, Fourth Muse Atelier. Pero aunque halagado, yo les expliqué que mis proyectos no son demasiado “estéticos”, que me relaciono más con el diálogo, y que siempre hago ficción (no videoclips). Realmente creí que se habían equivocado de perfil al escribirme. Pero no... así que nos vimos en una cafetería, donde me explicaron que habían visto Nada que celebrar, entera, y que a raíz de eso buscaron mi serie anterior, Oído Caníbal. Conocían todos los detalles de ambas series, y parecían haberlos degustado de veras. Aunque sencilla, nunca había vivido una experiencia como esa: conocer a completos desconocidos que han visto toda mi filmografía sin otra razón que disfrutarla, ajenos al mundo del cine, la televisión y todo eso. Espectadores de verdad. A quienes en el fondo va dirigido mi esfuerzo.

Queda subidito decir que me enorgullece que mis series le gusten a alguien desconocido, y que les gusten tanto como para querer citarse conmigo a tomar un café y hablar de ello. Pero es que si no quisiera que alguien valorase mi trabajo, supongo que no merecería la pena invertir casi dos años de mi vida en seis capítulos. Superado ese tabú cultural (la falsa invisibilidad del ego), Bernardo, Sergio y yo no hemos parado de vernos, hablar de música, cine, proyectos... y de nuestras propias vidas. En cuestión de un mes les considero amigos, lo contrario de lo desconocidos que fuimos, y ahora no entendería mi siguiente película si no fuera con ellos haciendo la música. Tras las fanfarrias del estreno, eso es lo que cuenta.

Menos cortos y más webseries

Por: | 07 de junio de 2013

Hubo una época en la que se gastaban millones (de pesetas) en hacer cortometrajes. Algunos cortos caros de ayer valían tanto como los largos baratos de hoy. Y ese frenesí se complementaba con ayudas del Estado, certámenes pagados con fondos públicos y escuelas oficiales compitiendo con grandes presupuestos de fin de curso. España estuvo plagada de festivales dedicados en exclusiva a este género y ser cortometrajista hasta quedaba bien en el currículum. Todo esto ahora suena a burbuja, pero no lo fue, el corto cumplió su función, generalmente servía como prueba y lanzamiento. También había cortos porque sí: historias que no pedían ser largas. Pero ahora hacer cortos empieza a decaer, en favor de hacer largometrajes low cost o webseries. El corto no tiene porqué desaparecer (el cuento breve no muere en favor de la novela) ¿pero hacer cortos tiene hoy el mismo sentido que hace pocos años?

 
La webserie Inquilinos ha producido siete capítulos en dos años, cada vez con más cameos y más metraje.

Internet dio un empujón tremendo a este formato (visibilidad, redes sociales...) Y sin embargo la gran mayoría de los cortometrajistas lo seguían siendo “por obligación”, porque aún no podían dedicarse al formato que realmente les interesaba, el largo. El espectador de cortos generalmente era creador de cortos, o amigo/familiar, o miembro de una asociación de amigos del cine de Cuenca. El corto movía mucha pasión y ganas, pero no de verlos, sino de utilizarlos para progresar.

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El pudor de que lean lo que escribes

Por: | 16 de mayo de 2013

Llevo a mi hija al mismo parque infantil que un escritor de larga trayectoria. Aunque ya nos conocíamos, allí hemos profundizado en nuestras conversaciones sobre hijos, colegios y pupas. Colapsados por el trajín de los columpios, siempre reservamos un guiño a la defensa de nuestra dignidad como creadores: que no se te olvide escribir un poco todos los días, eso nadie te lo puede quitar... Conozco su bibliografía, no en profundidad, pero sé qué temas ha tratado, y conociéndole creo entender algunos porqués. Esa similitud entre la vida de uno y las cosas que escribe es coherente y habitual en un novelista, pero ese reflejo no suele estar tan presente en un realizador.

Deconstructing Harry
Mia Farrow estuvo molesta por las analogías que Allen traspasó sobre sus propios padres a los de Hannah and her sisters (1986). Pasado un tiempo Farrow tuvo conocidas razones para enfadarse aún mucho más con Allen. Toda su filmografía le podría haber dado una pista (“un hombre engaña a su mujer por una locura, o una loca, o una más joven”). Años más tarde Allen ejemplificó los problemas de escribir sobre la vida propia en Deconstructing Harry (1997) mientras Judy Davis amenazaba con pegarle un tiro.

Pocos creadores audiovisuales escriben sobre lo que quieren y pueden permitirse rebuscar entre sus pensamientos y vivencias. Generalmente, hacer lo que quieres no es un objetivo confesable. ¿Produces para ti o para los demás?, es la pregunta que lanzan los más pragmáticos. En la literatura funciona rascar en la profundidad del autor y convertir su psicoanálisis en cultura, en la pintura también, porque no sólo se definen como artes sino que de facto lo son, porque transforman ideas y sentimientos en palabras y colores, pero en el cine...  hay sindicatos.

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Los abuelos felices del cine 'low cost'

Por: | 09 de mayo de 2013

Jess2
Jesús Franco en 2009. (Foto: Claudio Álvarez)

Hace un año le tocó la lotería a un tipo llamado Jesús. No es una metáfora, aunque el premio ascendió a poco más de 6.000 euros. Aquel tipo era director de cine, y con 82 años estaba en Málaga terminando de grabar una peli. Cuando se enteró de la noticia voló en su silla de ruedas hasta el banco para pedir que le canjearan el premio y así poder aprovechar una semana más en Málaga. No quería disfrutar del sol ni bañarse, quería una semana más para poder rodar otra peli, o tal vez dos. O tal vez tres.

Una peli se hace haciéndola, tío Jess dixit...

Vamos a hacer una peli, esa frase nos suena tan endiabladamente bien como al ludópata el sonido de las máquinas tragaperras. No se debe frivolizar con las adicciones, pero si una obsesión es capaz de arruinarte, para muchos hacer cine sin duda lo es. En el banco le dijeron a Jesús Franco que el proceso de canje de lotería tardaba unos 15 días. Eso le desanimó un poco, pero consiguió que le adelantaran un dinero y se puso manos a la obra.

Jess tenía guiones hasta dentro de los zapatos, perfectos para cualquier ocasión, más complejos, más baratos (todos eran baratos), más reutilizables... Seleccionó uno de ellos, sin un título determinado y junto al actor Antonio Mayans le bautizaron sobre la marcha como Culitos in the night (evocando la melodía de Sinatra) y así se pasaron toda la pre-producción: canturreándola, como el chiste pegadizo de dos paletas orquestando una obra entrañable. Hacer la pre-producción de un proyecto así, cuando tienes las venas saturadas de hacer una peli, no es más que hacer unas llamaditas y pasarlo bien... Y así iniciaron el rodaje, hasta que una actriz preguntó por el título de la peli, alarmada por lo que estaba escuchando ¿Culitos in the night? Ella se negó en redondo a participar en algo titulado así, no quería saber más. Jess lo tuvo muy en cuenta, eligió otro guión distinto y comenzó el rodaje de Al Pereira vs. The Alligator Ladies (2012), que a fin de cuentas era idéntico al guión de Culitos in the night pero con otro título. Y a tirar millas, a rodar, a pasarlo bien, y a sacar el proyecto adelante. Probablemente aunque no le hubiera tocado la lotería también hubiera rodado la peli, pero fue así como hizo la última película de su vida, la número 199.

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El País

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