Dos americanos atípicos: Míster Gore Vidal y míster Abraham Lincoln

Por: | 15 de febrero de 2013

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Vidal al volante de su Tiburón, en Ravello, en 1995. Fotografía de Chema Conesa.

Cuentan que cuando Abraham Lincoln fue asesinado la tarde del 15 de abril en 1865 en el Teatro Ford de Washington DC por un solo disparo en la cabeza de John Wilkes Booth, un actor fracasado y simpatizante de la derrotada causa del Sur, la noticia de su muerte llegó en pocas horas hasta el corazón del continente africano mediante el lenguaje de los tambores y los mensajes transmitidos por correos a pie. Fue un día de luto entre los africanos, a los que Lincoln había librado de la esclavitud a cambio de 600.000 compatriotas muertos, medio millón de heridos y cuatro años de conflicto.

Ese día, empapado en sangre, Lincoln se convirtió en un mito. Como ocurriría un siglo más tarde con JFK en Dallas. Actualmente, Lincoln es considerado con bastante unanimidad por los americanos como el mejor presidente de su historia. Un hombre irrepetible. Hoy, dentro de la fiebre de recuerdo y mitomanía en torno a su inmensa figura política y humana surgida de la película de Steven Spielberg sobre el último año de su vida (que cuenta con 12 nominaciones a los Oscar), muy pocos se han acordado, sin embargo, de Gore Vidal (1925-2012), el inmenso escritor, ensayista, guionista, periodista y activista (con un centenar de obras literarias a la espalda), que publicó en 1984 Lincoln. A novel, una monumental obra de no ficción en la que se combinan magistralmente la documentación histórica, con las mejores herramientas de la literatura moderna y el toque de guindilla del gran periodismo americano de largo aliento propio de Esquire, The New Yorker o Vanity Fair. Todo un manual de estilo, como toda su producción, para un reportero.

 

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 Vidal en su casa colgada sobre el Golfo de Salerno. Fotografía de Chema Conesa.

El prolijo trabajo de Vidal sobre el mítico Lincoln adquiere a veces la apariencia de un largo reportaje de 670 páginas en la que cada personaje, desde su mujer, la neurótica Mary Todd, a sus colaboradores más cercanos, por ejemplo el sinuoso secretario de Estado William Seward (que quiere ser califa en lugar del califa), y sus adversarios políticos, como el líder Demócrata Stephen Douglas (que había sido novio de Miss Lincoln en su juventud), desfilan ante el lector con la frescura y la desfachatez de los protagonistas de de un artículo de Nuevo Periodismo, gracias al testimonio casi magnetofónico de los dos secretarios particulares de Lincoln durante la Guerra: John Hay y John G. Nicolay. El relato de cada detalle es riguroso y muy preciso. Si la película de Spielberg centra su relato cinematográfico en el Lincoln más político y las componendas y luchas internas dentro de los partidos Republicano y Demócrata para conseguir una mayoría que aboliera la esclavitud en la Constitución, la obra de Vidal incide en el lado humano del personaje. En ese sentido son imprescindibles las descripciones que hace Gore Vidal de su personaje, al que dibuja con precisión televisiva como un hombre feo, con unos párpados pesados que ocultaban al completo sus ojos excepto una mínima ranura por la que espía al contrario; un retrato que recuerda al que hacía en otras de sus obras de no ficción (siempre imprescindibles para entender la maquinaria política estadounidense) titulada Washington DC, y en la que el sujeto de su estudio periodístico-literario era Franklin D Roosevelt, al que caricaturizaría con su enorme sonrisa propagandística trufada de dientes afilados y con una boquilla de marfil en los labios.

 

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Escritorio de Vidal, en Ravello. Fotografía de Chema Conesa.

Vidal, miembro de la aristocracia de la Costa Este, hermanastro de Jackie Kennedy, nacido en la prestigiosa acamia militar de West Point, miembro de una estirpe de senadores, alumno de los mejores college, soldado en la II Guerra Mundial, gay, guapo, sofisticado, ácido, valiente, antimilitarista y liberal (en el sentido americano), desmenuzó la alta política americana a través de siete obras fundamentales; una heptalogía titulada Las narrativas del Imperio, donde reflejaba la maquinaria pública americana desde los Padres Fundadores, hasta el gobierno de Truman, con escalas en la guerra civil, el nacimiento del imperio americano en torno al conflicto de Cuba, el nacimiento de Hollywood o las administraciones de Roosevelt desde el New Deal a la II Guerra Mundial. Siete novelas históricas imprescindibles para entender Estados Unidos. "Para quienes erróneamente ven la historia como un testimonio verídico y la novela como una invención, a veces puede ser exactamente al revés", definió el escritor-periodista. 

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 Vidal en su terraza. Fotografía de Chema Conesa.

Pero Vidal era mucho más que eso. No hablamos de un sesudo pelmazo. Era, para empezar, un arrojado militante por los derechos de los homosexuales (lo que le valió la animadversión del McCarthismo y que, incluso, The New York Times se negara a publicar las reseñas de sus libros) que ya defendió en una de sus primeras novelas, La ciudad y el pilar de sal. Vidal era además un demócrata radical que se enfrentó a casi todas las administraciones americanas (republicanas y demócratas), con la idea de recuperar las esencias de una república, que (según su análisis) se había ido convirtiendo a lo largo de las décadas en un imperio intervencionista y expansionista, más centrado en la política exterior que en el bienestar de sus ciudadanos. El último gran objetivo de sus dardos fue George W. Bush, y todo el complejo militar-industrial-petrolero al que, según Vidal, representaba, y el marco neoconservador en que se movía, personificado en Dick Cheney, Paul Wolfowitz, Donald Rumsfeld y Richard Perle. Una América que le provocaba nauseas. 

 

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 Charlon Heston y Gore Vidal durante el dodaje de 'Ben-Hur'. 

Esa fue su última batalla. Retirado en su mansión colgada sobre el golfo de Salerno de Ravello, al sur de Italia, consumió los últimos años de su vida siendo implacable contra el modelo Bush y lo que él interpretaba como una manipulación de la tragedia del 11-S para ir a la guerra. A su lado, su pareja de toda la vida, Howard Austen, aunque en sus imprescindibles memorias, Palimpsesto, iba a recordar en cada esquina de cada página a su primer amor, Jimmie Trimble, una compañero de colegio de la adolescencia, atractivo como un arcángel, que murió luchando en la II Guerra Mundial. Por esas memorias, desfilarían también sus grandes amigos (a muchos de los cuales había conocido durante su trabajo como guionista en la meca del cine), Marlon Brando, Paul Newman, Joanne Woodward o Tennessee Williams. Mención aparte ocupa en esas confesiones, Charlton Heston, al que conoció durante el rodaje de Ben-Hur (cuyo guión había escrito Vidal), del que siempre mantuvo que tenía una vena homosexual que nunca llegó a desarrollar por miedo. Hubiera sido un escándalo que el presidente de la ultraconservadora Asociación Nacional del Rifle y máximo defensor al derecho de libre posesión de armas en Estados Unidos, el prototipo del macho americano siempre dispuesto a posar con el torso desnudo, hubiera resultado ser gay. A Gore Vidal, Charlton Heston, al que él llamaba simplemente Chuck, siempre le hizo mucha gracia. En sus páginas queda tan mal como en el documental de Michael Moore Bowling for Columbine, pero quizá más tonto aún.

 

 

 

Hay 6 Comentarios

Segun un analisis de sus gustos, mas bien seria catalagado como bisexual, gustos aparte, era un iconoclasta, no por odio, sino por amor a la verdad, porque la mitologia y la mitomania, devienen en "doctrinas" altamente destructivas, sobre todo para quienes se niegan a tomarlas en cuenta(esa fue la "tactica" cristiana en America para obligar a sangre y fuego que los indios sean mas cristianos que los mismos europeos); Vidal hace lo que uds. hacen en sus publicaciones como Clio, es decir mostrar la verdad, para que la gente tenga un referente para meditar, y tal vez luchar por un mundo mejor.

Si, le daba a todo, carne y pescado. Por esa razón nunca se definió como homosexual. Pero se buscó grandes problemas al escribir sobre sus gustos homosexuales, siendo vetado en el NYTimes por décadas. Salir del armario en los primeros sesenta explica a Vidal, un tipo valiente y seguro de si mismo. Lo contrario de Rajoy que por no decir ni una verdad en su vida ni siquiera ha salido del armario (su condición es vox populi en el PP gallego). Esa condición escondida toda una vida explica su personalidad mas que ninguna cosa, le ayuda a mentir sin reparo alguno. En los comienzos de la CIA muchos de los primeros agentes eran homosexuales, gente acostumbrada a llevar una doble vida con naturalidad y sumamente cuidadosa para no revelar su verdad a cualquiera.

De gay nada, os habéis empeñado. Este le daba a todo, a la carne y al pescado.

Para mí lo que me asombra y admira de Gore Vidal es que siendo como lo fue toda su vida un activo homosexual, sin la más mínima ocultación de su orientación sexual, haya sido un militante crítico contra el sistema neoliberal y neoconservador norteamericano y contra el imperialismo USA que invadió países solo para expoliar sus riquezas creando una tenebrosa red de espionaje y contraespionaje que liquidaban/asesinaban a quienes estimaban podían impedir sus fines expansionistas y de rapiña bajo la falsa bandera de establecer el sistema democrático. No me cabe la menor duda que tuvo un envidiable e indiscutible valor para soportar cuantas maledicencias, bajezas, miserias, envidias, odios, rencores, y venganzas sufrió no solo por su independiente actitud crítica frente a los turbios manejos políticos de su país sino igualmente por ser quien era y fue socialmente y por ser un apasionado homosexual y un muy brillante escritor. Su admirable actitud la mantuvo a lo largo de toda su vida.

No puedo estar mas de acuerdo con este blog. La visión ácida de Vidal sobre los padres fundadores de EE.UU. en "Burr" merece ser mas real que la propia realidad. Además de plausible y casi probable, la descripción que hace Vidal de las élites de EE.UU. a lo largo de la historia en esa serie de novelas no está exenta de un humor finísimo que me ha hecho sonreir y hasta soltar carcajadas en infinidad de ocasiones. Es una pena que el señor Vidal no tuviera mayor reconocimiento en vida, pero eso es lo que ocurre con los iconoclastas que se atreven a decir que el emperador está desnudo. Su versión demasiado humana de los mitos de EE.UU. le creó demasiados enemigos a los que también repugnaba su abierta condición de homosexual en tiempos de Mad Men.

Sus debates en la televisión pública americana, sobre todo con Norman Mailer, tampoco tienen desperdicio.

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El Reportero Impertinente

Sobre el blog

25 años escribiendo en El País y alguno más en la prensa económica son mi único bagaje. Apasionado del periodismo y adicto al reportaje, revuelvo el fondo de mi chistera para recordar lo que ha sido y analizar lo que es hoy el reporterismo. No soy impertinente por mal educado, sino, como decían los latinos, porque no pertenezco a nadie.

Sobre el autor

Jesús Rodríquez

. Licenciado en Ciencias de la Información por la Complutense. Un par de libros y media docena de premios. He oteado la guerra en Bosnia, Kosovo, Afganistán y Líbano y pisado las mullidas alfombras del lujo y el poder. Siempre al servicio de los lectores.

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