Pedro de La Rosa, el piloto que no tenía suerte pero tenía alma

Por: | 24 de marzo de 2013

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Pedro de la Rosa en Valencia en 2012. Fotografía de Alfredo Cáliz.

 Me gustan las historias de perdedores. Me gustan los perdedores. Los que saltan al terreno de juego no para vencer, sino para no quedar los últimos; que otean a distancia los laureles del triunfo pero no se rinden. El perdedor cuenta con una serenidad y grandeza de las que carece el triunfador, inmerso en el compulsivo aparato del éxito, el marketing y la adulación. El último en llegar a la meta tiene que ser un estoico. No se puede derrumbar; tras cada derrota, a tiene que estar pensando en la próxima. Rara vez tiene algo que celebrar más allá de estar en pie. Existe una épica en el perdedor apasionante de describir y habitual en la literatura de no ficción. Desde la caída del mimado arquitecto estadounidense Frank Lloyd Wright, destronado por los arquitectos alemanes huidos de Hitler relatada en ¿Quién teme al Bauhaus feroz? de Tom Wolfe, hasta la bajada a los infiernos en directo de Stefan Zweig, Hemingway, Celine o Unamuno y los héroes y heroínas con nombre y apellido de los escritores franceses Frédéric Beigbeder, Emmanuel Carrère, Michel Houellebecq o Bernard-Henri Lévy. El mundo del deporte es una mina de perdedores. Severiano Ballesteros es un modelo perfecto de perdedor tras haber alcanzado la cima. Hoy, sería apasionante sumergirse periodísticamente en el perfil del atleta Oscar Pistorius, como en su día lo fueron otros reyes del deporte caídos como Mohamed Alí, O.J. Simpson, Ben Johnson, Greg Louganis o Marco Pantani.

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De la Rosa en 2012. Fotografía de Alfredo Cáliz.

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un reportaje sobre un perdedor esconde en el interior de su caparazón, lo que los teóricos de la comunicación denominan Interés Humano (IH): esa capacidad de provocar una respuesta afectiva en el lector. Esa simpatía la provoca en mayor medida el perdedor. Esa es la teoría. Un paso más allá, en el aspecto práctico, siempre es más fácil acercarse a un héroe en sus horas bajas, cuando carece de esa guardia pretoriana de encargados de prensa, managers y asistentes cubriéndole las espaldas, dándose importancia y complaciéndose en negar al reportero el acceso al amo al que sirven. Ese omnipresente director de comunicación al servicio del triunfador, exigirá al reportero (siempre vía correo electrónico), un completo guión sobre sus pretensiones informativas. Es una de las maldiciones del periodismo actual generalizado por los gabinetes de comunicación para justificar su poder (y sus ingresos). La conversación es siempre la misma:

-Envíeme un cuestionario sobre las preguntas que le va a hacer al señor X.

-Pero es que no se lo que le voy a preguntar. Depende de cómo transcurra la entrevista…

-Entonces no hay entrevista.

-¿Y en el tema de las fotos?

-Tendrán cinco minutos. Y nos gustaría verlas antes de que se publiquen.

Ese escenario inquisitorial rara vez se da con el perdedor, feliz de que se acuerden de él, y que será (a no ser que la derrota le haya retorcido el colmillo) generoso en su tiempo e intimidad con el reportero. Con el perdedor, no nos pedirán un cuestionario previo. 

 

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 Fotografiado trabajando con su nuevo equipo, la Scuderia Ferrari.

En noviembre de 2011, HRT, la primera escudería española de la historia de la Fórmula 1, anunciaba el fichaje del piloto Pedro Martínez de la Rosa. Era el equipo más pobre, inexperto y peor organizado del circo del motor. Su coche era un bodrio aerodinámico. Y De la Rosa, rozando los cuarenta, se aproximaba al fin de una carrera que había durado 13 años en la división de honor del automovilismo, donde nunca había descollado por falta de dinero, aunque había mostrado retazos de sangre y clase. De La Rosa estaba luchando en cada carrera de la temporada 2012 en HRT por no quedar el último. Era un perdedor. ¿Debía dedicar un reportaje El País Semanal al último piloto de la parrilla? Hubo dudas. Fuimos adelante. Ese reportaje podía, además, aportarnos un valor añadido: la posibilidad de empotrarnos en un equipo de Fórmula 1; colarnos en uno de los negocios más globales (lo presencian cada temporada más de 2.000 millones de personas en todo el mundo), que mueve más dinero (en torno a 6.000 millones de euros cada año) y más opacos (todos sus secretos están enterrados en el cráneo de viejo rockero de Bernie Ecclestone, de 82 años, el patrón del invento, conocido en ese universo como Mr.E. HRT y De la Rosa eran pobres, pero nos iban a abrir las puertas del mayor circo del planeta.

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 De la Rosa este año probando el nuevo Ferrari.

La chispa para el reportaje había saltado con el fichaje en julio de 2011 de otro piloto veterano como director del equipo HRT; otro piloto español sin suerte. Luis Pérez-Sala, que acababa de cumplir 50 años, se había retirado en 2008 de la competición y había sido piloto de Fórmula 1 en las temporadas 1988 y 1989. En diciembre de 1989, tras su salida del circo, después de sufrir mil puñaladas de los tahúres del negocio, recaló en las carreras de turismos y en EL PAIS, junto a su socio y cómplice en aquel sueño de dos españolitos veinteañeros asaltando la primera división del motor, el periodista Manuel Gómez Blanco, para hacerse cargo de la información dedicada al motor en El País Semanal.

A comienzos de 2012, Gómez Blanco, me explicó que Luis Pérez-Sala, recién fichado como director del equipo HRT, había sido el modelo de piloto de Pedro en su juventud, cuando subía lentamente los peldaños hasta la Fórmula 1, donde Pérez-Sala ya estaba instalado. Luis era su ídolo. 25 años más tarde estaban juntos en HRT, uno como director y otro como piloto, justo en el final de la carrera de ambos. Era la última ocasión de demostrar de lo que eran capaces. De la Rosa, escéptico en principio con el proyecto HRT (creado en 2010 en torno a la burbuja inmobiliaria del segundo milenio), aceptó convertirse en su piloto, porque Pérez-Sala estaba al frente del equipo. Gómez Blanco me explicó: “Pedro y Luis se llevan 15 años pero son gemelos. Como personas, son comedidos, serios, humildes, con una falta total de ostentación. Son dos personas educadas, que no van atronando por la calle con un Ferrari, con un relojazo en la muñeca y rodeados de mujeres. No son pretenciosos. Son personas correctas y honestas en un mundo de piratas. Y como pilotos, son analíticos y técnicos; no son de una gran agresividad, confían en el equipo, cuidan el coche, las ruedas, escuchan al ingeniero de pista; no son pilotos que llegan a la pista, conducen y se van; sino que participan en toda su evolución. Y eso ha sido patente en el trabajo de Pedro en McLaren y ahora en Ferrari como piloto de pruebas. Pedro y Luis son fríos, estrategas, técnicos e inteligentes. Los dos son catalanes y los dos son felices en familia. Solo se diferencian en que Pedro es del Barça y Luis del Real Madrid.

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Verano de 1998, cuando militaba en el equipo Jordan.

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Pilotando un coche de época que condujo Fangio, en Montmeló, en 1998. 

Empezamos a trabajar. La inmersión en el equipo se llevaría a cabo durante cuatro días en el Gran Premio de Europa, en Valencia, en junio de 2012. Un par de semanas antes comenzaron las entrevistas con los miembros del equipo HRT en su flamante sede de la Caja Mágica madrileña. El primer día hablé durante horas con Pedro de la Rosa y Luis Pérez-Sala, los dos protaginistas de mi historia. Los dos primeros párrafos de aquel reportaje publicado mostraban que el nuestro  no iba a ser un artículo exactamente sobre automovilismo, sino sobre personas. Sobre perdedores. Así empezaba el reportaje de El País Semanal que se publicó en el verano de 2012: 

 

 

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Piloto del equipo Arrows, en mayo de 1999.

“Aquel sábado había llovido y la pista del Jarama estaba muy divertida. Siempre me ha gustado perderme en los circuitos, ir a los giros, ver cómo conducen los jóvenes. Me apasiona estar a pie de asfalto, el ruido, la gasolina, aprender para luego enseñar”, relata el ex piloto de Fórmula 1 Luis Pérez-Sala. “Me coloqué en la curva de Lemans y estuve un rato analizando como pilotaban los nuevos. De pronto pasó un chaval en uno de aquellos viejos monoplazas de la Fórmula Ford que corrían como cohetes; eran sus primeras vueltas; iba a tope pero era muy fino; pensé: ¡’Joder qué bueno es este tío’! Ganó. Después me lo presentaron. Se llamaba Pedro Martínez de la Rosa y tenía 19 años”. Era el 13 de octubre de 1990, Pérez-Sala había cumplido 31 años y estaba en la cumbre del automovilismo; el novato De la Rosa recorría los primeros metros de una andadura deportiva que dura dos décadas. Recuerda con nitidez ese día: “Luis era nuestra referencia. Había llegado a lo más alto y era un tipo sencillo. Un ejemplo para un recién llegado. Desde los nueve años yo estaba obsesionado con los coches pero hasta los 17 mi padre no me dejó que corriera. Me decía que estudiara. A Luis le pasó lo mismo. Nos hicimos profesionales tarde y por vocación: nos gustaba correr, la mecánica y el ambiente de las carreras. Aquella mañana en el viejo circuito madrileño del Jarama le pedí un autógrafo. Cogió una hoja de publicidad de Marlboro y escribió: ‘Para Pedro, con la esperanza de que llegue pronto a la Formula 1’. Era mi sueño. La clavé con una chincheta en mi habitación y allí estuvo hasta que se cayó a pedazos. En 1999 debuté en la Fórmula 1. En todo este tiempo nunca hemos sido íntimos; entre los pilotos no hay grandes amistades, es un deporte solitario, de una fuerte competencia, incluso con tu compañero de equipo. Pero cuando he necesitado su consejo, ha estado a mi lado. Iría con él hasta el fin del mundo”.

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Año 2000 a bordo del coche del equipo Orange Arrows.

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Gran Premio de Malasia. Año 2000. Embestido por Nick Heidfeld.

Pedro de la Rosa alcanzaría la Fórmula 1 justo diez años después de aquella escena en el Jarama. Llegaría a correr más de 100 grandes premios. Como novato, en el equipo Jordan; después, dos temporadas como piloto oficial en Arrows y más tarde, otras dos en Jaguar. A continuación, siete años como piloto de pruebas y reserva en McLaren (donde conseguiría la joya de la corona de su carrera, un segundo puesto en 2006 en el Gran Premio de Hungría tras la marcha de Juan Pablo Montoya) hasta ser fichado en 2010 por Sauber con un resultado desastroso. Fue despedido del equipo suizo por la puerta de atrás a las primeras de cambio. No había conseguido un promotor poderoso. No tenía un duro. En Fórmula 1, a no ser que seas la estrella de uno de los grandes equipos, tienes que poner seis millones sobre la mesa de una escudería para conseguir un volante. De la Rosa nunca los tuvo. Se quedó fuera. Apostó a perdedor en Jaguar y no reunió el dinero para McLaren. Le pregunté si se sentía frustrado por no haber logrado ser piloto titular en todos esos años de un equipo con posibilidades. No escuché ni un solo reproche de su boca: “Son las reglas de este juego; las tomas o lo dejas”. 

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Italia, 2000.El peor accidente de su carrera. En la fotografía, su coche boca abajo.

Pilotar en HRT con casi cuarenta años era el último reto de Pedro de la Rosa. A comienzos de 2012 no tenía porqué meterse en líos. Casado y con tres hijas pequeñas, contaba con un cómodo empleo en el equipo británico McLaren como probador, con un sueldo de un millón de euros. Sin embargo, vislumbraba a regañadientes su retirada de la alta competición. Sentía que aún no había dado todo: “Dejar la Fórmula 1 era para mí una terrible frustración porque lo que me gusta es correr y estoy físicamente en el mejor momento. Quería pilotar un coche no un simulador como hacía en McLaren. Estaba llegando al final de mi carrera y se me acababa el tiempo. Me decidí”.

De la Rosa debutó al volante de un HRT en marzo de 2012, en el Gran Premio de Australia. El coche se caía a pedazos. Durante 20 carreras lo condujo con dignidad hasta la meta. Su mejor posición fue el 16 de 24. Tenía ilusión en mejorar esta temporada 2013. Conseguir algún punto. A finales de 2012, HRT anunciaba por sorpresa que se disolvía. No había dinero para seguir adelante. El fondo Tesan, que se había encargado en 2011 de su gestión de parte de los bancos acreedores del dueño del equipo, José Ramón Carabante, tiraba la toalla. Era el fin del último sueño de los dos viejos pilotos perdedores: Luis Pérez-Sala y Pedro Martínez de la Rosa.

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Entrenamientos libres con McLaren en 2005

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Piloto probador y resserva  al volante de un McLaren.

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Gran Premio de Hungría. 2006. Segunda posición con McLaren. Su gran triunfo.

La Fórmula 1 es un espectáculo (más cerca del show business que del deporte) creado a medida de la televisión y los intereses comerciales. Solo mueven más dinero que el gran circo las ligas de fútbol americano y de béisbol en Estados Unidos. Durante aquellos cuatro días de junio de 2012 junto a De la Rosa y camufladfos en HRT navegamos en Valencia sobre las procelosas aguas de la cumbre del automovilismo mundial. No me gustó. Es preferible presenciarlo un domingo si y otro no desde el sofá de casa mientras se toma el aperitivo. En el reportaje de El País Semanal describí así aquel circo de nerones, mesalinas, fieras y gladiadores: “Un espectáculo global inventado por la televisión que lo engrasa con 1.000 millones de euros; una peculiar coreografía en la que intervienen 3.000 figurantes durante ocho meses al año, atrapados en una burbuja que nunca varía ya sea en Australia, Mónaco o Brasil. El mismo circo ambulante. Las mismas caras, los mismos decorados, los mismos periodistas, los mismos mecánicos en camiseta, los mismos millonarios sin corbata; la misma testosterona, la misma silicona”.

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De la Rosa y Luis Pérez-Sala en Valencia, en junio de 2012. Fotografía de Alfredo Cáliz

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Frente a esa visión cansina y opulenta del negocio, De la Rosa y Pérez-Sala fueron los perfectos protagonistas de nuestro reportajedialogantes, transparentes, pacientes; concentrados al mando de ese equipo pobre y tambaleante de un centenar de personas de una docena de nacionalidades que exprimían al máximo un presupuesto de 50 millones de euros, seis veces menos que los grandes equipos. Aquello funcionaba porque había pasión. Rebosaba la épica del último clasificado que lucha por ser el penúltimo en la siguiente oportunidad. Era su única posibilidad de captar patrocinios y aspirar a los premios. Una bolsa de 1.000 millones al año de los que más de la mitad se reparte entre los tres grandes equipos mientras los otros ocho aguardan su turno. Los dos últimos se llevan las migajas: diez millones por barba. Muy poco dinero en época de crisis cuando los anunciantes se repliegan. En este párrafo del reportaje de 2012 describía así a los dos soñadores de la Fórmula 1 encerrados en esa casa de fieras: 

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Pedro de la Rosa pilotando el coche de HRT en 2012.

"Son de una serenidad zen. Imperturbables ante el éxito (escaso) y el fracaso. Y eso es fácil de comprobar a su lado en el box de HRT durante una jornada de entrenamientos. Tras sufrir un accidente en una curva a 200 kilómetros por hora y romper el coche, lo que provoca la inmediata conmoción de los mecánicos e ingenieros en el garaje, De la Rosa regresa caminando con aire de galán de perfil afilado, peinado inmutable y el mono ligeramente tiznado de hollín; ni un gesto de disgusto; bromea con este periodista: “Lo bueno de pegarte una hostia es que podría haber sido peor. Lo que hay que hacer es analizar qué ha pasado y que no vuelva a ocurrir. Y a correr”. Pérez-Sala sonríe beatífico como si nada hubiera pasado: “Hay cosas que se saben y se descuentan”. Y contiene un bostezo". 

 

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 Junto a Fernando Alonso, en Valencia, en 2012. Todavía llevaban distintos uniformes.

En enero de 2013, aún con las cicatrices abiertas del fracaso de HRT, De la Rosa era fichado por la Scuderia Ferrari como piloto de pruebas, con el encargo capital de desarrollar el simulador del coche de Fernando Alonso, como antes hizo en McLaren. El simulador es la pieza clave para que un piloto de Fórmula 1 domine un coche que apenas conduce entre carrera y carrera. La mayoría de su trabajo al margen es virtual. El reglamento no le permite entrenarse con su coche, excepto en los dos días previos a cada gran premio. Tras el batacazo de HRT, De la Rosa volvía por la puerta grande y sus honorarios habituales, pero no correría. Una vez más en su larga trayectoria. Desde Malasia, donde su equipo corre este fin de semana, me confirmaba el viernes 22 con su flema habitual: "La verdad es que no hay nada como competir, pero al menos estoy de piloto de pruebas en uno de los mejores equipos del mundo. Sin embargo, no puedo esconder que echo de menos correr"Algunos le habían dado demasiado pronto por muerto. Pero, a sus 42 años, De la Rosa sigue en la brecha y a bordo del equipo de Fórmula 1 más emblemático. Su misión es  impulsar a Fernando Alonso hacia el liderazgo. Ha vuelto a la casilla de salida donde se encontraba a finales de 2011, pero continúa en el negocio y en activo. Aún forma parte del mayor espectáculo del mundo. Y ahì, entre domadores, fieras, funambulistas y prestidigitadores, cualquier cosa puede ocurrir. 

 

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Pedro Martínez de la Rosa con el uniforme de la Scuderia Ferrari.

 

Hay 28 Comentarios

Decir que Ballesteros era un perdedor es olvidarse que fue el cancer el que lo quitó primero de la competición y luego de la vida. Olvidarse de esto es faltar un poco al respeto.

Me parece desacertado catalogar a Pedro como perdedor. Fuera de la F1 ha ganado campeonatos y los ha ganado a mitad de temporada. Pedro luchaba por no se el ultimo en HRT y nunca lo fue pues siempre quedó por delante de su compañero e incluso lucho con otros equipos que casi estubo a punto de superar.
Para mi Pedro será siempre un Ganador!!!

A mi esto de la Fórmula 1 me parece de lo más aburrido. Siempre gana el mejor coche. Por cierto, saben que el periodismo en España está corrupto?: http://xurl.es/5gvfp

Perdedor es el que no lucha, no el que no gana
www.bicicleta-electrica.blogspot.com

Ya es Semana Santa. Reservad desde nuestra web restaurantes con un 50% 60% de descuento. Invitad a vuestra familia, amigos... y sorprendedles con una buena comilona. Es muy facil y podreis comer mucho y muy bien por precios de risa. Buscad en vuestra provincia y veréis que precios.
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No sera que la palabra es LUCHADOR, en vez de Perdedor.

Hubiera sido bueno tu reportaje, pero por ese sarcasmo te mereces solo malas palabras, y no voy a ser yo quien se rebaje a tu altura.

mas vale hubieras ahorrado tinta, o luz antes de escribir esto.

No creo que sus rivales de Fórmula 3, a mediados de los noventa, le consideraran precisamente un perdedor.

¿Perdedor? Ya me gustaría a mí...

http://adf.ly/4hVPL

Perdedores son todos los que no ganan. No hay nada malo en ser perdedor. Planck es un perdedor de la física respecto a Einstein, y qué magnífico perdedor

Me parece un buen articulo, pero no comparto catalogarlo de perdedor, sin duda es un luchador, un gregario como se llamaria en el ciclismo de hoy, observar en la foto que habeis puesto del GP de Malasia del 2000 que por alguna razon DLR no interesaba a las marcas nacionales, junto a el hay dos coches mas, uno con publicidad de Telefonica y otro de Gauloises, por aquel entonces de Altadis, Soy yo muy rebuscado?, o hay alguien que piense como yo?, (perdonar las faltas ortograficas, pero vivo en el extranjero y no hay manera de configurar el teclado).
Por ultimo, que tengamos perdedores como este durante mucho tiempo.

Cuánta pretenciosidad. Cómo añoro a Santiago Segurola, lo justo, lo útil, lo bello, en artículos deportivos

Entendido desde la óptica de Senna donde el segundo es el primero de los perdedores quizás, y sólo quizás , Pedro de la Rosa pueda ser llamado perdedor. Sea así en literatura o cine, la realidad enseña otros caminos, afortunadamente, donde la sabiduría recogida "a base de km" guarda un grato poso. ¿Perdedor? ¿Con ese currículo?. Y ahora le ficha Ferrari, cuando más cuestionados están. Esa es una manera de decirte que eres el p... amo, ¿Nos ayudas?. Y te lo dice Ferrari. Si eso no es satisfacción y reconocimiento... .

Comparar al "perdedor" Pedro de la rosa, un piloto que no sera recordado, con Hemingway o Celine,dos genios eternos de la literatura, solo puede provenir de alquien que no a leido a Hemingway y Celine... o de un bromista.

Hola Jesús. Me ha gustado mucho casi todo. Como a la mayoría, a mí no me parecen perdedores, al menos en el sentido en que se entiende casi siempre esa palabra. Más bien fueron pioneros y lo que tenemos ahora en F1 se lo debemos en gran parte a ellos. Cada uno abrió puertas que habían estado siempre cerradas para los pilotos españoles y en el caso de Luis, hacer un 6º y varios 8º con un Minardi Cosworth de aquellos, cuando había 34 coches en calificación y 28 en parrilla, no es que tenga mérito, ¡¡¡fue una hazaña¡.
La otra cosa es probablemente la que menos le habrá gustado a Luis Pérez-Sala: ¡¡¡ tiene carnet del Barca desde que le conzozco y no ha sido, ni creo que será nunca del Madrid !!!. Alguno de sus hijos, sí, pero lo lleva bastante bien, o al menos lo sufre en silencio.

madre mia si Pedro de la Rosa es un perdedor que somos los demas?. manda cojones, mandaron a hacer el articulo al mas enterado?

Cuando a nadie en este pais le importaba la F1 ya Pedro se ganaba la vida GP tras GP en coches mediocres. Pues si, quiero ser un perdedor como Pedro... no te j...

Javier,no puedo estar mas de acuerdo contigo. En realidad mi reflexión es idéntica a la tuya. Si Pedro es un perdedor, ¿Qué somos el resto de los mortales? Un españolito que se mantiene 12 años en el dificilísimo mundo de la F1, que ha conducido para las mejores escuderías, que ha pisado podio, que se ha ganado el respeto como profesional y como persona del paddock y de media España resulta que es un perdedor. Te equivocas Jesús González, ..¿o era Rodríguez?, bueno, pues eso.

Fantástico artículo, pero Pedro no es ningún perdedor. Alguien que está ahí tantos añós ya ahora lo ficha Ferrari tiene que ser muy bueno. Lo siguo desde que antes de la F1, si la suerte le hubiese acompañado un poquito hubiense hecho mucho. Lo mejor sus mejores tiempos en los libres del viernes con MacLaren.
Lo mejor es su actitud y como persona todavía debe ser mejor.

Lo conocí en 1995, en una fiesta universitaria, porque teníamos y seguimos teniendo un amigo en común (AF-C). Lo mejor de Pedro es que al natural es así, como suena, sano, buen tío, el tipo de persona con la que te irías a cenar y a charlar un buen rato con una copa. De esos que en la tele ya no salen.

Que barbaridades hay que leer. Si de verdad ves a Pedro de la rosa como un perdedor creo que no sabes nada ni de la vida ni de F1.
Un piloto que lleva mas de 12 años en la formula 1, que ha estado en los mejores equipos (McLaren, Ferrari,Sauber, Jaguar, Arrows, Jordan) que ha hecho un podio, creo que vuelta rápida en carrera ¿Cuanto pilotos hay así?
¿Donde estan tantos y tantos buenos pilotos que han pasado los últimos años por la F1, más jovenes que De la Rosa, como Kobayhasi, Buemi, Alguersuari, Trulli, Fisichella, Kovalainen, Pizzonia, ...? ¿Y Pedro es el perdedor?
No tienes ni idea.

Qué grande Pedro! Como español reconozco que fue con Pedro con quien comencé a cogerle el gustillo con emoción a la F1... sufriendo para ver si podía puntuar en alguna carrera. Cómo ha cambiado todo! Siempre me gustó la F1 pero hasta entonces siempre tuve que elegir decantarme por algún extranjero (sinceramente Pérez-Sala poco aportó, solo el privilegio de haber sido el 1º pero no pilotaba muy allá, nada que ver con Pedro, un fenómeno al volante). Saludos

Si a Pedro le hubieran dado un coche competitivo... no seria Alonso el único español con titulos en la f1

Pésimo encabezamiento para un muy buen artículo, ¿Pedro de la Rosa debutó en 2012 con HRT?

Fantástico artículo. Ser grande muchas veces no tiene nada que ver con la victoria, sino con la actitud, y en eso Pedro es insuperable. Coincido con la crítica de regis. A los trolls y los spamers habría que echarlos de la red.

Gracias por este gran artículo, espero ver a Pedro pronto en acción, se lo merece.

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El Reportero Impertinente

Sobre el blog

25 años escribiendo en El País y alguno más en la prensa económica son mi único bagaje. Apasionado del periodismo y adicto al reportaje, revuelvo el fondo de mi chistera para recordar lo que ha sido y analizar lo que es hoy el reporterismo. No soy impertinente por mal educado, sino, como decían los latinos, porque no pertenezco a nadie.

Sobre el autor

Jesús Rodríquez

. Licenciado en Ciencias de la Información por la Complutense. Un par de libros y media docena de premios. He oteado la guerra en Bosnia, Kosovo, Afganistán y Líbano y pisado las mullidas alfombras del lujo y el poder. Siempre al servicio de los lectores.

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