El Reportero Impertinente

Sobre el blog

25 años escribiendo en El País y alguno más en la prensa económica son mi único bagaje. Apasionado del periodismo y adicto al reportaje, revuelvo el fondo de mi chistera para recordar lo que ha sido y analizar lo que es hoy el reporterismo. No soy impertinente por mal educado, sino, como decían los latinos, porque no pertenezco a nadie.

Sobre el autor

Jesús Rodríquez

. Licenciado en Ciencias de la Información por la Complutense. Un par de libros y media docena de premios. He oteado la guerra en Bosnia, Kosovo, Afganistán y Líbano y pisado las mullidas alfombras del lujo y el poder. Siempre al servicio de los lectores.

Eskup

Archivo

mayo 2013

Lun. Mar. Mie. Jue. Vie. Sáb. Dom.
    1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30 31    

SOL9

Primo Levi fotografiado en los años 80.

Algunos grandes relatos de no ficción (no tantos), han desnudado ante el mundo con la colaboración necesaria de sus lectores (a veces no demasiados), las miserias ocultas de la historia contemporánea. Los genocidios, los éxodos, las masacres, las dictaduras. La mayoría de las veces, sus autores no eran periodistas. Eran escritores. O aspiraban a serlo. Normalmente eran jóvenes y no tenían vocación de mártires. Pero en medio de una situación límite, cuando todo estaba en contra; cuando no podían dar un paso más; envueltos en hambre, frío, tristeza, terror y desesperación, se comportaron como reporteros. Esos testigos de la realidad tuvieron la obsesión de contar a las personas las cosas que interesan a las personas. Mostrar la verdad. Con su crudeza. Sin aspavientos ni grandes declaraciones políticas. Con humildad. Pacíficamente. Con las armas del reporterismo; documentándose, recogiendo testimonios; contrastando; describiendo la realidad que les rodeaba; intentando informar y también formar. Pensando en cada lector (uno, individual e irrepetible) como destinatario de sus revelaciones y denuncias. A partir de cada uno de esos destinatarios pretendían construir una cadena que condujera su mensaje a cada rincón del planeta para que la humanidad nunca olvidara lo que nunca hay que olvidar. Querían que tanto sufrimiento e injusticia jamás volviera a ocurrir. Y, para conseguirlo, había que mostrar la realidad. Ese afán daría sentido a su vida. En ese sentido, dos de los dos más grandes denunciadores de la historia han sido Aleksander Solzhenitsyn y Primo Levi. Dos nombres que ya forman parte de la conciencia crítica de la humanidad. Y, además, supieron relatar su calvario de una forma (literaria y periodística) magistral. 

Seguir leyendo »

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal