El día en que le cortaron la cabeza al periodista Daniel Pearl

Por: | 01 de mayo de 2013

LEVI3
Las cuatro imágenes de Daniel Pearl enviadas pos sus secuestradores en enero de 2002.

Este 2013, el reportero Daniel Pearl hubiera cumplido 50 años. Y, en estos mismos días, se cumplen diez desde que el filósofo-reportero-bonvivant Bernard-Henri Lévy describió en un extenso relato que mezclaba sabiamente la literatura y el periodismo, el oscuro y terrible camino de Pearl hasta al cadalso a comienzos de 2002, y su sacrificio ritual a manos del integrismo islámico, en un momento en que Estados Unidos (secundado por la OTAN) acababa de invadir militarmente Afganistán, con la Zona Cero de Manhattan aún humeante, y las calles del mundo musulmán convertidas en un extendido y violento clamor diario a favor de Osama Bin Laden y el régimen Talibán y en contra de Occidente. Se estaba desatando la yihad, la guerra santa contra el infiel. Osama aún permanecía oculto en Tora Bora antes de recluirse en Abbottabad. Parece que han pasado mil años. En esos mismos días, Daniel Pearl llegaba a Pakistán, el Estado que había dado soporte teológico, ideológico y educacional al régimen talibán afgano a través de miles de escuelas coránicas financiadas por los Estados del Golfo Pérsico y también por la CIA, dentro de su estrategia de desestabilizar a la URRS en Afganistán en la década de los 80.

LEVi1

 LEVI4

LEVI5

 

Daniel Pearl tenía 38 años, era reportero del The Wall Street Journal, jefe de su corresponsalía en la India, y tenía una larga carrera periodística en ese diario, donde había sido contratatado en 1990. Había realizado reportajes en Estados Unidos, Asia y Europa, se había sumergido en la guerra de Kosovo y, aquel enero de 2002, había cruzado la frontera pakistaní, dejando atrás su cómodo despacho de Mumbai, para obtener las piezas con las que elaborar un reportaje en profundidad sobre Richard Reid, el “terrorista del zapato”, un extremista islámico de origen británico, que el 22 de diciembre de 2001 había intentado volar un avión del que era pasajero y que realizaba la ruta entre París y Miami con explosivos de plástico alojados en sus zapatos. Después de ser reducido por los pasajeros del vuelo 63 de American Airlines, y provocar un aterrizaje de emergencia en Boston, Reid fue juzgado y condenado en Estados Unidos a cadena perpetua en enero de 2003. Detrás de la historia de Reid y, especialmente, de sus relaciones con los servicios secretos pakistaníes (el siniestro Inter-services Intelligence, ISI), llegaría Pearl a Karachi en enero de 2002. Su contacto era Sheikh Omar. El día 23, cuando acudía a una cita, Daniel Pearl fue secuestrado. El 1 de febrero fue asesinado.

LEVI2

Bernard-Henri Lévy en 2002. Fotografía de Daniel Mordzinski.

El libro de Lévy, titulado ¿Quién mató a Daniel Pearl?, supone una minuciosa reconstrucción de la bajada a lo más profundo del infierno de Karachi (la ciudad más poblada de Pakistán, con 15 millones de habitantes, la más industrializada y una de las más radicales) de aquel reportero de The Wall Street Journal, solitario, judío y estadounidense, decapitado por sus secuestradores ante las cámaras el 1 de febrero de 2002. Y también, la del hombre que cebó el anzuelo del que picó Pearl, Ahmed Omar Saeed Sheikh, más conocido como Sheikh Omar, un británico de origen pakistaní, nacido en 1973, educado entre las fanáticas mezquitas del extrarradio londinense y la prestigiosa London School of Economics (donde cursó matemáticas y estadística), adicto al ajedrez y a echar pulsos, y con una larga carrera terrorista desde 1994, como un franquiciado de la red Al Qaeda. El libro de Bernard-Henri Lévy representaba un virtuoso ejercicio periodístico, en el que la inmersión en la vida de la víctima y del verdugo, confluían en las mismas páginas. Ambos, Pearl y Omar, contaban con el mismo peso en la narración. El relato de la vida de Pearl y Omar iba en paralelo. Desde su niñez, hasta Karachi. Uno asesinado y despedazado en diez trozos. El otro, preso a perpetuidad en las cárceles pakistaníes. Al final del libro, ambos ya eran viejos conocidos para el lector, uno en el papel de héroe y otro en el de villano. Caín y Abel.

LEVIXX

Daniel Pearl fotografiado en 2000.

En el otoño de 2006, se presentó en El Pais Semanal la oportunidad de viajar a Pakistán para realizar un reportaje sobre el islamismo radical. Nuestra idea era (intentar) visitar varias escuelas coránicas (las madrasas), contemplar su funcionamiento y hablar con los maestros y los discípulos de las mismas. Teníamos intención, además, de acceder a las autoridades religiosas del país (en especial, al Consejo de la Ideología Islámica), el Ejército (junto al islam, la columna vertebral del régimen y guardián del gatillo nuclear), los partidos islamistas (sobre todo a la coalición integrista MMA, la correa de transmisión de las fuerzas parlamentarias extremistas con los talibán y Al Qaeda) y, en general, hablar con la mayor gente posible entre Islamabad (la capital política), Rawalpindi (la capital militar), Abottabad, Balakot, Peshawar y las estribaciones de la disputada región de Cachemira, en la conflictiva Provincia de la Frontera Noroeste, gobernada por el MMA, donde las armas atómicas de India y Pakistán se observan de soslayo día a día sin pestañear.

LEVIAHORA

Este es el Karachi que Pearl se encontraba a comienzos de 2002, tras la invasión de Afganistán por EEUU.

El fotógrafo Alfredo Cáliz y yo iniciamos en aquel viaje a Pakistán una práctica que continuamos cada vez que volvimos a viajar juntos: leer el mismo libro sobre el asunto del que íbamos a informar. Algún texto fundamental que nos ayudara como documentación y también como background. Si durante un viaje posterior a Afganistán, empotrados en distintos ejércitos de la OTAN, nuestro elegido fue el monumental Yihad del periodista pakistaní Ahmed Rashid, durante el viaje de 2006 a Pakistán, el libro de Lévy fue nuestro compañero de cabecera. Hoy pienso que nos equivocamos. ¿Quién mató a Daniel Pearl? es una joya del periodismo. Sin embargo, no es un libro que provoque el sosiego en aquel que visite Pakistán. Menos aún un periodista. Menos aún si nunca ha viajado por Pakistán. Su crudo juicio del país, su caricaturización de los pakistaníes, sus frías descripciones del fenómeno musulmán, el continuo monólogo interior del autor sobre sus siniestras y desalentadoras experiencias en busca de los asesinos de Daniel Pearl, hacen que la primera reacción de un periodista que haya leído su texto en cuando pisa territorio pakistaní sea salir corriendo. En su favor hay que decir que, al mismo tiempo, el libro reafirmaba la convicción de que la pasión por informar, por contar una historia a los lectores, es casi siempre más fuerte que el miedo. De ese virus de contar historias se contagió Daniel Pearl Y, curiosamente, también Lévy. 

LEVIHOYLUNES
Richard Reid, el terrorista de la 'bomba en el zapato' cuyas conexiones investigaba Pearl.

Hasta aquel momento, hasta que abrí su libro en el vuelo Londres-Islamabad, no me era simpático Bernard-Henri Levy. Es uno de esos productos de la alta burguesía francesa que uno nunca sabe muy bien dónde situar. Quizá porque en España no hay personajes que se les parezcan. En todo caso, su difunto amigo Jorge Semprún. Esa tribu que lo que los franceses denominan gauche caviar. Una izquierda divina. A la que pertenecen otros distinguidos socialistas franceses, por ejemplo, Laurent Fabius (actual ministro de Exteriores) o Dominique Strauss-Kahn (hasta que llegó su hora). Dentro de esa corriente, intelectual, guapo, rico, mundano, judío; Levy es una mezcla de sesudo pensador educado en la prestigiosa École Normale Supérieure parisiense, chico malo de la rive gauche, compañero de mesa del club de los Lagardère, Pinault y Sarkozy; y celebrity colindante con Inès de la Fressange, Frédéric Beigbeder, Carolina de Mónaco y las estribaciones de los Kennedy. Perfecto bronceado, melena al viento, siempre ataviado de gris a medida y sin corbata como si estuviera a punto de ingresar en la lista de los Mejor Vestidos de Vanity Fair, domina la televisión y los salones y está casado con una actriz-estrella que en Francia motejarían de pulpeuse: Arielle Dombasle. Hasta ahí el lado mediático. Lo menos conocido es que, además de nuevo filósofo (según su acuñación), martillo del comunismo desde las réplicas de mayo del 68 y hombre orquesta de la sociedad de la información, Lévy es un reportero competente, que cubrió con veintipocos la guerra de Bangla-Desh, y tuvo incursiones en el conflicto de los Balcanes, la primera Guerra del Golfo, Afganistán, Ruanda, Libia o la realidad de la América profunda entre putas de Nevada y el apartamento del Upper East Side de Woody Allen. Lo que más me impresionaba de Levy (que heredó decenas de millones de las empresas madereras de su familia) es la enorme capacidad de este cachorro dorado del Distrito VII de París para quitarse la chaqueta de esmoquin con la que había cenado cenado en La Tour d’Argent y bailando hasta el amanecer en Castel y coger un avión para intentar introducirse en la mezquita más peligrosa de Karachi. Casi como James Bond. Tiene mérito. Es más difícil jugártela si tienes mucho que perder.

 

LEVI9

Ahmed Omar Saeed Sheikh, más conocido como Sheikh Omar, el hombre que condujo a Pearl a la muerte.

LEVi6

Sheikh Omar con el rostro cubierto tras ser dertenido en febrero de 2002.

LEVIMIO

Sheikh Omar en custodia de los pakistaníes, en marzo de 2002.


La planificación del libro de Lévy es virtuosa. En su aproximación a la vida y la muerte de Daniel Pearl, viajó desde California (para visitar a los padres del periodista asesinado), hasta el hotel de Karachi donde este pasó sus últimas noches (intentó dormir en la misma habitación); desde el colegio londinense donde estudió Sheikh Omar, el verdugo, hasta Kandahar, la capital de los talibán afganos; desde Sarajevo, donde los islamistas radicales de todo el mundo muñeron sus brigadas internacionales durante la guerra de Bosnia, hasta Washington y desde allí a Dubai e Islamabad, para comprender los juegos financieros y políticos del terrorismo internacional. Siempre solo. Intentando dejarse ver lo menos posible por las embajadas. Evitando los grandes hoteles. Sin hacer ruido. Y también, haciendo uso de las trapacerías del reportero de raza. En su caso, un viejo y distinguido pasaporte diplomático francés para abrir puertas y además, como Bernard-Henri Lévy relata en su libro, otra sinfular arma secreta: “Unas tarjetas de visita que me hice ilegalmente en la época de mi misión afgana para el presidente Chirac. Decían así: Bernard-Henri Levy, Special Representative of the French President. Con una de ellas, haciéndose pasar por diplomático (o algo parecido) , es como Levy logra introducirse en la madrasa de Binori Town, en Karachi, un territorio radical con miles de estudiantes y mulás cociéndose en su propio jugo, vedado a todo occidental con dos dedos de frente. Más aún a un periodista judío. Como Pearl. Levy se hacía pasar por ateo. Y, sobre todo, por tonto. Un buen consejo para un periodista en territorios conflictivos. El relato de esa maniobra de inmersión en la mezquita radical es de los mejores capítulos del libro. Y también de los más escalofriantes.

 

  LEVI986699696

Khalid Sheikh Mohamed, tras ser detenido. Lugarteniente de Bin Laden, se declaró el autor del asesinato.


LEVYHOY2222

Última imagen de Khalid Sheikh Mohamed en la prisión de Guantánamo donde aún permanece.

Levy tiene toda la pinta de tener muchos enemigos. Sobre todo entre la intelectualidad francesa. Sus críticos achacaron al libro infinitos defectos. Sobre todo periodísticos. La caricaturización de los pakistaníes; la exaltación de lo judío; la reconstrucción literaria de los pensamientos de Pearl en los momentos previos a su ejecución (para algunos inmoral) hasta describir la dentellada del cuchillo de carnicero en el cuello, justo detrás de la oreja; la crítica al sentir musulmán; la teoría de la conspiración entre los Estados del Golfo, el servicio secreto pakistaní y Al Qaeda para la desestabilización del planeta. Y, posiblemente, sí, el relato de los últimos días de Pearl sea desmesurado en ciertos momentos. Pero le recordamos porque es una lección de periodismo. De intentar llegar hasta el final. De contar con una sólida documentación, muchos recursos, grandes dosis de valor, gusto por hablar con la gente y ganas de contar. Lévy lo hace. Pero el desenlace de su trabajo es descorazonador. Lleno de amargura. Está repleto de incógnitas sin contestar. Con los servicios de información de todo el mundo siempre agazapados en cada esquina jugando sus cartas; apostando por sus intereses; dando puntapies a la seguridad. Como nos describió un diplomático europeo cuando hablamos de los campos de entrenamiento de Al Qaeda que hasta el 11-S campaban por sus respetos en el norte de Pakisatán: “Aquí todo el mundo lo sabía. En esta región operan cinco servicios secretos sin esconderse”.

-¿Cuáles?

-El ISI pakistaní, la CIA, el MI6 británico y los servicios de inteligencia indú y chino. Y no descarto a los rusos y los israelíes. Y luego pequeñas aportaciones del resto del mundo. Aquí están todos.

 

LEVi657578686

Levy tomando notas para un reportaje sobre la caída de Gadafi, en Misrata, en 2011.

El mensaje de Levy sobre el Islam y Pakistán era demoledor. No había lugar a la esperanza. Nosotros, en nuestro reportaje sobre el radicalismo islámico para El País Semanal, intentamos que la hubiera. Pakistán era un país pobre, atrasado y radicalizado. Pero se podía hablar con la gente. Incluso con los extremistas. Esos que antes de echarte amablemente de tu casa, en algún caso poblada de armas, te invitaban a te, refrescos de naranja y galletas, con la hospitalidad y el respeto que dictó el Profeta. Las cosas estaban muy mal en aquel lugar del mundo, pero nosotros dejábamos una rendija abierta en nuestro reportaje. Algo que no había hecho Lévy. Así terminaba aquel texto de El País publicado el 5 de noviembre de 2006 bajo el título Viaje al polvorín:

"Pakistán es un polvorín de 160 millones de habitantes, la mitad con menos de 19 años. Un 97% son musulmanes. La mitad es pobre. Gobierna un general que alcanzó el poder en un golpe militar y elude el juego limpio democrático. El Ejército es un Estado dentro del Estado. Los partidos seculares están desacreditados por los casos de corrupción. Los partidos fundamentalistas gobiernan en la calle. El país cuenta con armas nucleares. Y miles de escuelas coránicas sin registrar. En el norte, mantiene una pugna casi bélica con India (que también posee arsenal atómico), por el control de Cachemira. En el oeste, comparte con Afganistán una frontera de 1.500 kilómetros, en muchos de cuyos distritos la única autoridad es la tribal. El país es profundamente antiamericano, está orgulloso de sus tradiciones, admira muchas prácticas de los talibán y cree que el 11-S fue un montaje. Y, sin embargo, el inmenso Mc Donalds entre Islamabad y Rawalpindi está hasta cada noche a reventar. Y, en este viernes de septiembre, tres días antes de que se cumplan los cinco años de los atentados del 11 de septiembre en Nueva York, a la hora del rezo en la faraónica mezquita Rey Faisal, que puede albergar a 100.000 personas, nadie se molesta por nuestra presencia. Nos ignoran. No hay insultos. Ni amenazas. No tenemos ningún sentimiento de incomodidad o peligro. Cuando concluyen, los fieles recogen sus zapatos y se marchan. Y les vemos alejarse en viejísimos autobuses.

 

Levi7477578

Último pasaporte de Daniel Pearl.

 

 

 

 

 

Hay 10 Comentarios

La muerte de Daniel Perl , no debe quedar en la impunidad.Deberían acaban con todos los matones musulmanes, terroristas que matan por doquier, como han dejado a la viuda de Perl en un santo calvario.No hay derecho que ocurra todo esto.Irse contra un periodista bueno, dotado de gran emoción y devoción por su profesión.

"Dentro de esa corriente, intelectual, guapo, rico, mundano, judío; " - Ahora va a resultar que ser judío es un adjetivo, y a grandes rasgos positivo, mientras musulmán negativo, es para flipar. Esta estúpida afirmación en parte me la espero de alguien como Levy, prepotente y creído ensalzador de todo lo judío, pero quien ha escrito este artículo, su fan incondicional numero uno?? No todos los musulmanes son terroristas y eso que yo no tengo ningún interés en defender el islam ni ninguna otra religión, soy ateo, pero tales afirmaciones parciales y sesgadas como las de ese señor me provocan alergia.

Pago un precio demasiado caro por su profesion,la que amaba con devocion.

Impresionante documento http://xurl.es/9ik46

Impresionante documento http://xurl.es/9ik46

¿Qué es la Policía Metropolitana? La nueva fuerza de choque fascista que reprimió a trabajadores, militantes, legisladores y enfermos en un neuropsiquiátrico. Entra y conoce la verdad http://elruidoenelhormiguero.blogspot.com.ar/2013/04/la-metropolitana-sin-filtro-para-la.html

No es sino ver la fotografía del autor de la nota y la descripción que hace de él mismo para hacerse una idea del tamaño del ego del tipo. Al igual que Levy, lo importante no es el reportaje, lo importante es ELLOS como protagonistas (contándonos detalladamente lo que hacen para lograr los "reportajes" y todos los "peligros" que corren). De acuerdo 100% con Ugarte, la foto de Levy es PATÉTICA y lo dice todo.

http://www.youtube.com/watch?v=yLRGXbKQZOk Deberiais de contratar a este chico se llama Salvador Raya hace noticias tutoriales..

la foto de levy tomando notas en misrata en 2011 es la perfecta descripción del personaje. lástima que no leyeran algún libro de tariq ali o una novela de mohamed hanif. al menos de alguien que hable urdu para enterarse de lo que pasa en paquistán.

Y ésta Oda a qué viene??
Vergüenza...

Los comentarios de esta entrada están cerrados.

El Reportero Impertinente

Sobre el blog

25 años escribiendo en El País y alguno más en la prensa económica son mi único bagaje. Apasionado del periodismo y adicto al reportaje, revuelvo el fondo de mi chistera para recordar lo que ha sido y analizar lo que es hoy el reporterismo. No soy impertinente por mal educado, sino, como decían los latinos, porque no pertenezco a nadie.

Sobre el autor

Jesús Rodríquez

. Licenciado en Ciencias de la Información por la Complutense. Un par de libros y media docena de premios. He oteado la guerra en Bosnia, Kosovo, Afganistán y Líbano y pisado las mullidas alfombras del lujo y el poder. Siempre al servicio de los lectores.

Eskup

Archivo

mayo 2013

Lun. Mar. Mie. Jue. Vie. Sáb. Dom.
    1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30 31    

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal