El salto del ángel

La necesidad de enseñar

Por: | 22 de febrero de 2012

ProfesorEs imprescindible aprender. Nunca hemos de dejar de hacerlo, es tarea de toda una vida, hasta el punto de que cesar de aprender es el máximo envejecimiento, el definitivo. Pero conviene no olvidar que es decisivo enseñar, que alguien enseñe, que alguien nos enseñe.

Aprendemos de múltiples modos y maneras, pero esta variedad no significa que hayamos de desestimar la compañía, la complicidad, la proximidad de quienes nos facilitan, nos procuran, nos acercan, nos posibilitan saber. Podemos intentar engañarnos subrayando que el saber está ahí, al alcance de la mano, que basta hacerse con él, como si se tratara de una noticia o de un objeto, para ser tomado, atrapado, conquistado, consumido. Pero saber requiere toda una incorporación, una apropiación, no es una toma de posesión.

Nunca olvidamos a quien nos enseña bien lo que es verdadero y bueno. Nos inicia en una forma de relación con lo sabido, para que sea parte constitutiva de quienes somos. Es cierto, se insiste, “hay que aprender a aprender”, pero no hemos de olvidar que hay que enseñar a aprender. Alguien ya dijo que enseñar es dejar aprender. Y ese dejar no es una pasividad, es una creación de posibilidades propias para cada cual, apropiadas.  En realidad, ello distingue al buen profesor, al buen educador. Tener un maestro, disfrutar de la dicha de un buen maestro es un regalo de la vida y hemos de reconocerlo con agradecimiento y con sencillez. Lo hemos necesitado y lo necesitamos.

Hemos de asumir la responsabilidad de que todos tenemos algo que enseñar, que nuestra forma de vivir dice de nuestros valores y convicciones, que en ocasiones, siendo iguales, vemos insoportables en otros. Deberíamos pensarlo. También todos necesitamos que se nos enseñe. Los valores sociales dominantes impregnan un aula colectiva. y conviene que sean constructivos y justos. No es suficiente con una tarea individual, por otra parte tan necesaria.

Enseñar no es sólo mostrar o indicar. Desde luego, también es señalar por dónde proseguir, por dónde buscar, pero exige a su vez acompañar la tarea. No basta dictar lo que ha de hacerse. Y algo decisivo, para enseñar conviene saber.

Enseñar quejidoEstas consideraciones, supuestamente evidentes, son cuestionadas por quienes estiman que, o bien no son determinantes los contenidos o bien no precisan ser enseñados, ya que pueden consultarse o encontrarse con facilidad. Ciertamente, aprender no es repetirlos sin sentido y sin criterio, pero incorporarlos supone literalmente hacerlos cuerpo propio. Así se preserva el saber, un sapere, que es literalmente saborear. Y ha de haber algo que tenga un cierto sabor. Y alguien que nos ayude a probarlo.

La proliferación de formas innovadoras, de nuevas tecnologías, de procedimientos de aprendizaje, de nuevos instrumentos, escenarios, entornos y posibilidades, la fecunda remisión a las competencias y a las habilidades, no han de hacernos olvidar la extraordinaria importancia de quienes tienen más que ofrecernos, por sus conocimientos, por su experiencia, por su preparación, por su formación, por su pasión. Con sus comportamientos, no menos que con sus materiales, con su amor a lo que enseñan y, asimismo, por lo que significamos para ellos, nos contagian, lo que es determinante. El saber es, a su vez, una forma de relación con el saber. Por eso me gustan quienes no sólo saben matemáticas sino que tienen una singular y atractiva relación con ellas, que no se agota en su utilidad inmediata y que, sin embargo, nos cuida y nos cultiva.

Necesitamos seres de referencia, entornos sociales adecuados que nos convoquen y nos provoquen a ser de modo diferente, a ser en cierta medida otros, mediante el saber y el conocimiento. Considerar que es insuficiente incorporar conocimiento no significa que no sea imprescindible hacerlo. Y ello nos hace estar más contentos, que es literalmente la satisfacción de que el contenido se corresponde, se armoniza, con una determinada forma. Y cuando la forma es el automovimiento de nuestro contenido, nos formamos.

Ello explica por qué la formación ha de ser integral y permanente, por qué ejercitarse en el saber requiere que se nos enseñe. No digamos si se trata de enseñar a enseñar. La reivindicación de aprender no ha de suponer hoy el olvido de una enorme responsabilidad, la de estar dispuestos a enseñar y a que se nos enseñe. Y lo que no es tan fácil, la de ser capaces de hacerlo. La ignorancia también se cultiva y se difunde y cuando el buen conocimiento no se transmite, se genera resentimiento.

(Fotografía: cuadro de Manolo Quejido, contemplado durante su exposición conjunta con Luis Gordillo en 2008 en Brasil, Museo de Arte Sao Paulo)

Hay 40 Comentarios

« … cuando la forma es el automovimiento de nuestro contenido, nos formamos». Gabilondo Pujol, Ángel


La razón limpia suele ser de los rebeldes ... y rebelarse es el mayor compromiso que puede uno adquirir consigo mismo (de esta última guisa salí al paso ―procaz y desvariado―, de un universitario que participaba en uno de los cursos que imparto, alardeando de rebelde, queriéndose evadir, y que así se justificaba sobre lo que hubiera tenido que abordar ―su propia problemática) ... Y ... ¡funcionó!
Aquel individuo (uno de tantos “seres únicos con caracteres diferentes” ―por aquello de la célula eucariota) se revolvió sobre sus pasos y recapacitó ―se enfrentó a sí mismo, se reprogramó, reemprendió el curso con otra actitud y se convirtió en re-capaz― ... (después, recapacitando también, el mismísimo profesor se dio cuenta de lo que había dicho y de lo que había provocado).
Una sentencia destilada y depurada desde la observación de un experimentado que sale al paso de un impulso espontáneo de joven-adulto, tentador y tanteador hacia la acción, con tal resultado reactivo y reflexivo, habría que prodigarla ... naturalmente.

Carlos Javier González Serrano, corrija al menos el título del escrito que nos enlaza, buen hombre.Límpiese un poco el sudor y sosiéguese, porque veo que se le va a escapar la lechuza de un momento a otro .Cuando se trata en un texto de un ex ministro y su tarea educativa en esa función, no se debe poner "ex ministros" en el título ( la intención ya se le ha visto que es la de barrer a todo quisque ministerial), porque no veo que allí se haga mención o critique a otros "ex ministros" que no sea Gabilondo, en singular.Así no va a arregla usted la Universidad.

Sr.Gabilondo, creo sinceramente que no le entienden lo que usted nos quiere transmitir.Por mi parte tampoco creo que pueda usted decirlo mejor de lo que ya lo viene haciendo: habla claro ( el otro día leí de un comentarista que le entendería hasta un bebé, ojo, un bebé, ahí es nada), es breve, conciso, dice y lo expone todo con suma paciencia( Dios se la guarde por mucho tiempo), pero creo que no se llega a captar la idea...Ni aunque la recalque en negrita lo consigue.Al parecer no le faltan "buenos profesores" que le lean la cartilla, como creo entender es el comentarista de nombre elsasa, que le achaca que usted difunda "ilusoria" pedagogía.No ve la realidad de las aulas, viene a decirle...Tampoco es que hiciera falta visitarlas.Tiene también otro de los comentarista, el más grave de hoy, vetinari de nombre, que cree conveniente no dar "por cierto lo que viene en los libros de texto", con el inconveniente de que si un niño listo se atreve a la rebelión, lo de "castigar el que se ponga en duda lo que el profesor dice" no sea lo más conveniente. El mundo al revés.¿Se imagina no pongo ya un muchacho de 10 años, sino de 16 años o 20 cuestionando a un profesor? Y menos mal que el comentarista Sawedal no ha seguido con los cientos de párrafos que nos prometía....Usted verá, podría callarme todo esto( si cree que alboroto demasiado el aula hágamelo saber), pero me duele el desperdicio o desprecio, la ignorancia, la prepotencia y otras cosas que no quiero nombrar.Ya se lo avisan: "se va a pegar un buen trompazo".Añado yo que con un buen morrocotudo muro ya lo ha hecho.

Leyéndole se ve bien que es usted catedrático de Metafísica. Lo que se nota menos es que haya sido ministro de Educación hasta, como quien dice, ayer.

Les dejo una respuesta a Gabilondo: http://apuntesdelechuza.wordpress.com/2012/02/22/de-educacion-y-ex-ministros/
Saludos cordiales.

El genio de la Fisica de su época y premio nobel Richard Feynman se negaba a enseñar en los cursos de posgrado, y prefería dar clases en primero; solía decir que si no eran capaces de hacer entender una idea de la mecánica cuántica a los de primero, es que entonces tampoco ellos la habían entendido aún.
Y se le llenaban las clases de primero de otros premios nobel...
http://enjuaguesdesofia.blogspot.com

El saber y el conocimiento son pilares elementales de la salud. Al formarse en contenido se abunda en felicidad.Produce satisfación y a su vez se refleja hacia el exterior. Este tramite de transmitir se contagia por ello la necesidad de enseñar, de aprender.

El saber y el conocimiento son pilares elementales de la salud. Al formarse en contenido se abunda en felicidad.Produce satisfación y a su vez se refleja hacia el exterior. Este tramite de transmitir se contagia por ello la necesidad de enseñar, de aprender.

HA DE DARSE EL NUEVO CONCEPTO DE LA AUTORIDAD DEL PROFESOR.
Me uno al tono general de insatisfacción que acabo de leer, pero... veamos con más detenimiento, templanza y temple, comprendiendo con todas las miradas y lecturas posibles, que en cualquier grupo se dan mejores o peores, porque somos diferentes y ahora mismo excesivamente diferentes. La confrontación ha de llevar implícita una solución y que esto esté presente por ambas partes en contienda. Hemos heredado lo que hemos heredado... seamos consiguientemente mejores, y en mi opinión, el profesor, el maestro Gabilondo alude al cómo ha de hacerse y a eso llamado por la Pedagogía, la escuela nueva, los cambios del significado de aula como lugar de laboratorio, en donde el centro ya no es del profesorado sino del alumnado. Luego seamos guías, acompañantes, demostremos solos cada cual su propia AUTORIDAD EN EL AULA , Un tanto al modo de Sócrates.
Gracias otra vez y siempre profesor - maestro Gabilondo.

Aunque el hombre busca por necesidad, no siempre aprehende lo que necesita, o mejor no siempre la aprehensión es necesaria y no todos tenemos la misma capacidad cognoscente. Por otro lado, por parte de quien enseña y de quien aprehende, no siempre existe una adecuada correspondencia entre el contenido de lo que se pretende enseñar y el continente del aprehendiente.
Se precisa pues seleccionar más a docentes y a cognoscentes así como generalizar más los elementos a aprehender.

¿Piensa usted que con nuestros sistemas educativos es posible dejar aprender? Sinceramente, lo veo muy difícil. En lugar de dejar que los alumnos lleguen a las soluciones por sí mismos, en lugar de fomentar la crítica y el análisis, obligamos a usar el viejo sistema de memorizar y dar por cierto lo que viene en los libros de texto, llegando a castigar el que se ponga en duda lo que el profesor dice.

Sr. Gabilodo como muchos de los que ocupan cargos en educación, con estas ideas tan ilusorias, lo único que demuestran es lo lejos que están de la realidad de las aulas. Cuando comprendan que la realidad es la baja calidad de la enseñanza porque ustedes lo promueven y nosotros hacemos lo que podemos, a lo mejor los buenos profesores volvemos a tener esa ilusión que usted manifiesta.

Gracias Sr. Gabilondo, me siento identificado como profesor y como alumno. Cada frase refleja unos matices y una sabiduria imprescindible en estos tiempos en que se ataca tanto a nuestra profesión.

Sí... la verdad es que creo que se ha liado usted un poco. Se ha enredado con la hojarasca de los verbos y los juegos de palabras y se va a pegar un buen trompazo. ¡Qué pena! Porque la intención era buena. Otra vez será.

¡Por Dios!...
O sea, según Gabilondo: Hay que enseñar lo enseñado, para poder aprender lo aprendido, por más que sea de todos conocido, pero no entendido. Porque no se aprende sino enseñando, para enseñar aprendiendo. Ya que el entendimiento requiere de una entelequia parsimoniosa que permita el disfrute, el paladeo, la degustación de lo que es traspirar la mente en el intento, más bien aventura físicamente inerte, pero memoriosamente híper activa, de aprehender comprendiendo lo que se enseña mientras se aprende, de quien aprende enseñando. Porque, de lo contrario, es un muerto en vida, con corazón latente; o un vivo en muerte prematura, descorazonado pero nato en parto natural, no por cesárea ni fórceps, aunque hayan usado vaselina.
Así discurrimos prolija y enredadamente, por las ramificaciones de los vericuetos de la vida, que el docente ya no es “un regalo de la vida” sino un obsequio Divino del universo; no de un gobierno inteligente y sensato, ordenado, puntilloso y culto; ni de padres y abuelos de prosaico e hidalgo linaje que supieron modelar y moldear a un individuo -que no sujeto, porque nadie le ata o aprisiona- realmente digno y útil a la sociedad en la que está inserto, para que pueda dedicarse y cumplir abnegada y placenteramente con lo que es su verdadera vocación que, también, es un complejo y sacro sacerdocio.
¡Y podría seguir así cientos de párrafos más!

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Sobre el blog

El salto del ángel es un espacio de reflexión, de pensamiento sobre la dimensión social y política de los asuntos públicos, sobre la educación, la Universidad, la formación y la empleabilidad. Busca analizar los procesos de democratización, de internacionalización y de modernización como tarea permanente, con una actitud de convicción y de compromiso.

Sobre el autor

Angel Gabilondo

Ángel Gabilondo Pujol es Catedrático de Metafísica de la Universidad Autónoma de Madrid, de la que fue Rector. Tras ser Presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas, ha sido Ministro de Educación.

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