El salto del ángel

La rabiosa actualidad

Por: | 19 de octubre de 2012

Luis Gordillo Inner Heavens A
Instados en gran medida a vivir al día, parecería que nuestra seguridad se asienta en estar al día. Y, entonces, ninguna información, ninguna noticia, nos es ajena. Y quizá con ello nos deslizamos por el escurridizo sendero que Kant atribuye a quienes están fascinados por el afán de novedades que, en no pocas ocasiones, tienden a no serlo tanto. O, tal vez, a reducirlo todo a lo que consideramos de acuciante actualidad. Pero no siempre ella nos permite atender al presente, que queda borrado por los destellos de algunos calambres que más bien tienen efectos adormecedores. La actualidad no es sino una substantivación que se sostiene en el adjetivo actualis, activo, práctico, pero que a veces no hace sino cosificar todo acto y mantenerlo lejos de cualquier acción. No digamos si viene a ser actualismo, auténtica religión del acto que, como Gentile denomina, es “obscenidad sin erotismo”.

Aún más, incluso en esa actualidad queda emboscada la realidad. Identificar la actualidad con la realidad y considerar que eso es ser prácticos, efectivos y realistas, es ignorar su capacidad, su virtualidad, su potencia. La entronización del acto y de la actualidad oculta la acción y la actualización, precisamente en nombre de la realidad. Y supone una cierta fascinación por lo útil y lo novedoso: la actualidad como moda y la moda como realidad. Incluso en tanto que noticia no siempre es llevadera, ni atractiva, simplemente por ser digna de ser conocida. Hegel ya nos dice que “lo conocido, precisamente por serlo, no es reconocido”. No lo es porque resulta notorio, y nos llega, en efecto, como una noticia, algo externo.

La realidad reducida a noticias de actualidad acaba produciendo una fisonomía del tiempo actual, un cúmulo de cosas usuales, corrientes y molientes. Y eso provoca un verdadero estrépito, un ruido de artefactos. Nos aturde con su rechinar. Y si resulta intrascendente es porque no nos sobrepasamos en ello, ni nos ayuda a sobreponernos. Pasa sin que nos pase nada y las noticias se diluyen sin recrearnos, lo cual no significa que no nos afecten. Y mucho. Despiertan nuestro interés, pero no nos interesan. Eso sí, parecen asegurarnos, pero inquietantemente.

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No faltan quienes creen que pensar lo que hay  se reduce a la enumeración de lo que está ahí puesto delante, a merced de nuestro uso, a hacer “la lista de la compra” (lo que hay como calculable, manipulable, utilizable), a reducir todo a producto rentable, asequible, preciado. El gran supermercado de la actualidad hace que todo busque ser desgranado cuidadosamente, ordenado y clasificado. Ya Rilke nos previno de que “Lleno de pretexto está cuanto hacemos aquí/ Nada es ello mismo.” Olvidamos que la actualidad es una versión, una interpretación, sin duda necesaria. El problema es quedar fijados en lo que supone, cosificarla e identificarla con la realidad.

Pero si atendemos a la actualidad y escuchamos la cuestión que en ella se abre sobre qué es lo que ocurre hoy, qué es lo que pasa ahora, un ahora en el que decimos estar, si nos cuestionamos qué es este presente, entonces nos preguntamos a la par por nosotros mismos. Y así problematizamos la actualidad y no nos interrogamos indiferentemente por lo que es, sino en qué consiste la nuestra.

Eso no supone desconsiderar precisamente la actualidad, más bien es cuestión de comprender la actualidad de nuestro presente. Respondemos así a la invitación de Kant al preguntarse por la Ilustración y a la lectura que nos proponen, por ejemplo, Foucault, Habermas y tantos otros, para ver qué acción somos actualmente capaces de ejercer con impulso crítico y en un proceso de maduración que nos saque de este estado de minoría de edad.

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Frente al actualismo, empeñado en sacar provecho y en considerar que tal vez sólo puede suceder lo que cabe en un periódico o es susceptible de llegar a ser noticia, se trata de actualizar posibilidades y de ver cuál es el campo hoy de experiencias posibles. La actualidad no ha de ser un cierre, ni ha de estar cerrada. El presente sí ofrece algo, difícil, complejo, difuso, pero es nuestra posibilidad de obrar efectiva y arriesgadamente y de retomar no sólo los destinos, las pasiones, las energías de los pueblos, sino asimismo el espíritu de los acontecimientos, que los hace surgir. Éste es, a decir de Hegel, el Mercurio, el guía de tales pueblos.

Así que atender el curso de los acontecimientos es inscribirnos en los mismos, es trascender la actualidad y no entregarnos a ella indiscriminadamente, como el “fervoroso devoto” que “sueña con la restauración de todas las cosas y con un mundo renovado, una vez que el mundo haya sido devorado por las llamas”. Así caracteriza Kant el estilo terrorista de imaginarse la historia. Los amigos de cegarse con la inmediatez de la actualidad, en nombre de la proximidad a lo que sucede, olvidan que ver una letra no es reconocer la sílaba y que entregarse fijamente a la sílaba es ignorar la palabra. Y que limitarse a la palabra es desatender la frase. Y que reiterar la frase es desconsiderar el discurso, el discurrir del presente. Éste, no pocas veces, queda cegado por la palpitante actualidad.

Quizá la necesidad nos ha hecho vivir tan inmersos en lo que nos pasa que corremos el riesgo de que no se nos haga presente ni nuestro propio tiempo, de que perdamos toda perspectiva histórica, de que no seamos contemporáneos ni de nosotros mismos, de que el imperio del aquí y del ahora, no sólo su urgencia sino también nuestra entrega a sus múltiples peripecias y vaivenes, nos entretengan en un desconcierto en el que ni siquiera nos reconozcamos. Ni unos a otros. La actualidad puede ser vibrante, pero también, en efecto, rabiosa.

(Imágenes: Pinturas de Luis Gordillo)

Hay 8 Comentarios

Profesor Gabilondo:


Esta entrada de blog, así como la (profunda, incisiva) conferencia del viernes en Tenerife, me han ido suscitando una inquietud y finalmente una pregunta que me hubiera gustado aclarar personalmente: suponiendo que logremos una atenta escucha hermenéutica del presente (más allá de su "rabiosa actualidad"), ¿qué hacer con ese presente cuando resulta política y éticamente impresentable? ¿Qué hacer con la voz del presente cuando es una voz perniciosa y aniquiladora, cuando es un aliento que sencillamente desalienta y destruye? ¿Cuál es el límite de la escucha?


Me encantan las palabras de Gadamer cuando dice que «“Hermenéutica” es el arte de dejar que algo vuelva a hablar»; ese algo, en efecto, no puede limitarse al mero registro de la actualidad y de las ávidas novedades. Sin embargo, cuando se trata de la violencia, la injusticia y la muerte, o quizás mejor decir: de lo violento, lo injusto y lo mortal, cuando se trata de esto, digo, ¿en qué consiste "dejarlo hablar", escucharlo y hacerlo presente?


Un cordial saludo,


Marco Antonio Hernández Nieto
maranherni@gmail.com

Las cosas de hoy no son las de ayer y nunca más lo serán. Por eso cualquier "actualización" deviene remembranza y no constitución. El problema de ese acto de convertir lo pasado en actual, en actualidad del pasado, es que sus referentes caen fuera de cuanto, desde el presente, puede ser columbrado. El futuro no podría ser comprendido desde una actualidad pretérita que estaba limitada por su ámbito de referencias propio. Cuanto se sabía en aquel ayer caía dentro de la comprensión limitada por un entorno, ausente de la conciencia del hoy.
Si algo cabe reprochar a la filosofía es su obsesión por traer del pasado ideas cuya dimensión queda muy holgada en los moldes del presente. Y a causa de esa holgura, cualquier comprensión ajustada del pasado se desliza así por los recovecos de la subjetividad. Nada vale una idea que no puede ser pensada como si nueva fuera, como si pudiera haber surgido de una mente consciente de los conocimientos y tradiciones intelectuales desechadas por la experiencia de los siglos.
En política, como en tantos otros ámbitos, la realidad no cabe en lo pasado. Es "otra" realidad con sus propias fronteras porque ha migrado hacia otros misterios la imposibilidad de razonar lo irrazonable.

Una actualidad que se adjetiva como rabiosa va mas alla de lo que ocurre. Es la actualidad de nuestras tripas, no de nuestros corazones. Y, por favor, que alguien me responda ¿por qué están empeñados en que sigamos haciendo de tripas corazon?
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Pues el "fervoroso devoto" de Kant recuerda al Dios del diluvio, si no fuera porque en lugar de "devorar el mundo con llamas" lo "sepultó bajo las aguas". En todo caso, hasta El desestimó volver a hacerlo quizás consideró que no era necesario: nosotros solos nos sepultamos bajo el peso de las noticias y nos dejamos devorar por la actualidad. La actualidad es muy grande y rabiosa y nosotros somos muy pequeños. Pero apagas internet y.... se va.

El presente es un cambio continuo que puede extenderse hasta el objetivo de analizar la imagen expuesta de Luis Gordillo. En ella si me permitís se expone un ángel y un demonio cargados de erotismo que virtualmente comprende un nuevo renacer en la acción de coordinar las imágenes superpuestas para apaliar la centralidad primitiva que ahoga los corazones. Más lejos de ello la rabiosa actualidad no deja de sorprender ni de aclarar las dudas por debatir ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? Confirmada la pregunta nos atrasaría saber porque vivimos todavía sin saberlo.

Dicen los entendidos que los animales irracionales solo entienden el presente, sobrevivir en grupo, y la ley del más fuerte.
Sin contemplaciones, en términos generales.
Luego viene el ser humano que incluye y sobrepone a todo lo anterior el afecto, el razonamiento, y los intereses creados.
Así obtenemos en nuestra sociedad este carrusel de subidas y bajadas intentando una y otra vez la acción de progresar sin destruirnos.
Porque en este monte que es la sociedad actual, moderna y consumista no todo lo que reluce es orégano.
Estamos, si. Pero no nos fiamos ni de nuestra sombra.
Porque recordamos todo lo anterior y sabemos por lo visto y lo contado, que no nos vendrá nada nuevo sino más de lo mismo.
Montados en la rueda del llamado progreso, el que esté al tanto, se apartará a tiempo antes de que lo arrolle el tren.
Y el que se duerma, a ese se lo llevará la corriente.
Así que volvemos a la manada otra vez, más letrados y leídos, pero a la manada.
Mientras el sol sigue reluciendo un día tras otro, repitiendo el hoy como el ayer.

Creo que el problema de fondo es la total ausencia de novedades desde hace mucho: la tendencia es la misma, los acontecimientos son previsibles a vista de pájaro y en efecto la potencialidad escondida de lo real, hasta hoy se ha revelado impotente.
Y desde luego quien busca lo conocido no busca el conocimiento.
Entre esas potencias estaría la cristalización social para reformular el euro contra las elites, la necesidad de convertir en públicos los mecanismos financieros, etc. sin dejar de mirar al deshielo ártico, el problema energético, las serias amenazas de extinción de lo humano en el próximo siglo.
Novedad sería empezar a ver pasos políticos y sociales en sentido contrario a tales tendencias: vernos precipitarnos cuesta abajo a estas alturas es todo lo contrario de una novedad...
http://enjuaguesdesofia.blogspot.com

So colourful!

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Sobre el blog

El salto del ángel es un espacio de reflexión, de pensamiento sobre la dimensión social y política de los asuntos públicos, sobre la educación, la Universidad, la formación y la empleabilidad. Busca analizar los procesos de democratización, de internacionalización y de modernización como tarea permanente, con una actitud de convicción y de compromiso.

Sobre el autor

Angel Gabilondo

Ángel Gabilondo Pujol es Catedrático de Metafísica de la Universidad Autónoma de Madrid, de la que fue Rector. Tras ser Presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas, ha sido Ministro de Educación.

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