El salto del ángel

Una pausa

Por: | 21 de diciembre de 2012

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De vez en cuando conviene detenerse. No sólo para tomarnos un respiro, sino también para poner en cuestión lo que damos por supuesto. La simple reiteración de lo que hacemos, de lo que nos preocupa, de lo que perseguimos, acaba asentándose como lo más natural. Ya está definido lo que es decisivo, lo que ha de importarnos, lo que ha de interesarnos, aquello que ha de inquietarnos y de movilizarnos. “Es así y siempre ha sido así”, asentimos. Incluso es como si lo que pensamos no hubiera necesitado jamás problematizarse. Vamos y venimos a los asuntos, sin que resulte del todo claro qué nos mueve. Y, desde luego, tampoco disponemos de demasiado tiempo como para perderlo en replanteamientos. Se trata de ir tirando, se dice, y con ello arrastramos una rémora de lo ya clausurado y decidido en nuestras vidas. Lo habitual podría tranquilizarnos, y no es para menos. Por eso deseamos que sea suficientemente soportable. Y por ello las pausas son tan atractivas como desasosegantes.

No es que al detenernos cabe perderse la inercia, es que cesar nos parece en algún sentido ceder. Es decir, abrir lo que no deseamos considerar, ni siquiera para afirmarlo o para ratificarlo. Podría aparecer una nueva fatiga, no la de un simple cansancio, sino la de un cierto empalago o hartura de lo que venimos haciendo. Y detenerse vendría a ser un determinado gesto de insurrección ante nosotros mismos. Si hemos de interrumpir, que quede claro que es porque tenemos otras cosas que hacer que, si nos descuidamos, también aparecen como nuevas tareas y ocupaciones, por ejemplo, descansar. Y entonces son ellas las que habrían de cubrir todos los espacios y todos los tiempos. La pausa ha de poblarse de obligaciones, no sea que se nos aparezca en todo su esplendor un momento para la puesta en cuestión, y no tengamos ya excusa.

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La pausa tiene algo de atrevimiento. Es verdad que la necesitamos y que, hasta cierto punto, se nos impone. Y la agradecemos y la festejamos no pocas veces, mientras a la par repasamos lo que nos cabe realizar o ha de hacerse. Nos tememos que quizá vivimos desaforados por lograr lo que no merece tanto la pena, agitados por lo que nos altera, propiciado por quienes a su vez nos agitan para conseguirlo. Y lo más curioso es que lo vivimos como propuesto por nuestra propia decisión.

Las dificultades para discernir lo fundamental obedecen a que se nos ofrece con solícita respuesta lo que parece corresponder a nuestras más íntimas necesidades y deseos. En realidad, otros creen conocer bien lo que nos conviene, incluso en la pausa. Prevenirse de ver demasiado claro es un interés compartido. No resultaría muy llevadero. Basta con algunos indicios, con algunas indicaciones y con algunas satisfacciones. Así que detengámonos, pero para continuar en la faena. Hay que ser arriesgado para plantarse en una verdadera suspensión.

Sin embargo, cuando nos concedemos una pausa, si es honda e intensa, aunque no sea prolongada, algo se trastorna y se disloca en lo que venimos viviendo. La experiencia de un tiempo diferente, la irrupción de otras personas y de otros asuntos afecta al estado de cosas. Procuramos que ello no haga sino ratificar lo que ya vivimos, aunque a su modo también efectúa su labor para mostrarnos lo insensato de entregas desmedidas a lo que posiblemente no hace sino absorber la sonrisa que aún nos queda. El imperio de los beneficios comienza por lograr que interioricemos lo que creemos que efectivamente beneficia e interesa a nuestra permanente dedicación, sin otro aliento que el que nos permita recobrar fuerzas para proseguir. La pausa se queda en una pausa técnica.

Quizás un determinado modo de supuesto descanso busca en ocasiones sólo la interrupción. Podríamos tratar de dormir con la esperanza de no tropezar con el sueño de otras vidas no vividas, con el temor de desearlas. Y así procurar que las pausas sean un modo de silenciar la discontinuidad para enlazar jornada con jornada, tarea con tarea, sin tener que padecer la experiencia de lo insípidas que a veces pueden tal vez llegar a ser lejos de todo pensamiento.

Jeremy lipking Antique Chair

Sin embargo, la pausa podría liberarnos, no sólo incidental sino paulativamente, de la rutina del encierro en las mismas cuestiones, en el limitado horizonte de los mismos asuntos, en las reiteradas preocupaciones, en idénticas miradas, en toda una claustrofóbica especialización de los intereses, como si el mundo y la vida se agotaran en lo que una y otra vez nos da diariamente que decir y que pensar. Sólo se producirían algunos lapsus en los que, si nos descuidamos, incluso en ellos volvemos sobre los temas de siempre.

Pero la imprescindible pausa es siempre una inflexión, un breve intervalo, que podría inducir a considerar que únicamente se busca recobrar las fuerzas para proseguir, sin otro objetivo que continuar la tarea en mejores condiciones. O por el contrario, ofrecernos no sólo un respiro, sino otros aires.

Una buena pausa produce no pocas veces diversos efectos. Es un tiempo que ofrece la posibilidad de adoptar cierta distancia respecto de lo que venimos haciendo. No sólo al quizá cuestionar hasta qué punto encontramos sentido, o somos capaces de dárselo a la tarea, al movimiento, a la ocupación, sino sobre todo por ofrecernos otro ángulo para una mirada y una consideración diferentes. A veces, un sencillo desplazamiento nos permite comprender la relativa importancia de lo que con diferente proximidad parece decisivo, y a lo mejor nos acerca lo suficiente a otros que no están en nuestros mismos menesteres como para afectar a nuestra presupuesta escala de valores. En ocasiones, nada nos impulsa más que una pausa, pero no siempre lo hace en la dirección previa o prevista. Por eso, algunos nos proponen no parar, no parar jamás, continuar sin desmayo. Y sin hacernos demasiadas preguntas. Saben que una sencilla pausa podría revolvernos.

Jeremy lupkink outdoor cafe

(Imágenes: Jeremy Lipking (1975-), Day Dreaming; The Artist Joseph Todorovitch; Antique Chair; Outdoor Café)

Hay 10 Comentarios

LA HORMIGA ES "EL AGUIJON"EN LA MENTE DEL SER HUMANO "NEGATIVO Y PEREZOSO". OSEA"EL MOTIVO DE VERGUENZA ,,, PARA MUCHOS.

Lllevo dos madrugadas entrando al "blog"y para mi,la definicon de pausa es SER INTELIGENTEMENTE CAPAZ DE SEPARAR UN TIEMPO,"EXCLUSIVO"Y "ESCUCHAR SUS CONVERSACIONES" las cuales son ESQUISITAS".Resido en FL.y en medio de un estilo de vida tan afanoso y hasta destructivo,VALE LA PENA HACER UNA PAUSA EN EL CAMINO Y...DAR" EL SALTO DEL ANGEL" ES UN OASIS EN EL DESIERTO>>>GRACIAS<<<

Será difícil que el mundo se pare, pero hay momentos en que le convendría sosegarse, interrumpir ese todo fluir de Heráclito, esa imperiosa continuidad del ‘Élan vital’ de Henri Bergson, si en nuestras manos estuviera. Quizá en este tiempo que no ha tocado vivir sea más necesaria que nunca una pausa. Y no me refiero a ello por estar en fechas navideñas, que tan sólo han venido a cruzarse en este comentario, sino al tiempo convulso que nos ha tocado vivir. Siempre ha habido tiempos convulsos, cada generación ha tenido los suyos, pero este que nos ha tocado a nosotros, acaso por lo que nos afecta, sea de una convulsión desmedida.
Mas esta necesidad de la pausa pensamos que sería doble. Por un lado, una pausa como estrategia personal de un sosiego del que solemos carecer. Se trataría de una parada acompasada con nuestros quehaceres que nos aportara una mejora óptica de nuestra visión de la vida próxima y del mundo que nos rodea. Que nos sirviera de modulación para nuestra trayectoria vital, para las querencias, los anhelos e, incluso, los sentimientos, a veces poco concernidos con las necesidades que manifiesta nuestra propia existencia.
Por otro, una pausa como estrategia colectiva que frene esas estúpidas y groseras maneras de llevar la convivencia, o las nefastas consecuencias que provocan en la vida de los demás las poco meditadas, tendenciosas o interesadas decisiones políticas, sociales o económicas que cada día nos sorprenden.

Eso se llama un financiación masiva de blog. Feliz 2013.

Interiorizar los beneficios que aportan las pausas es significativo. Las experiencias vividas parecen cobrar fuerzas. Abren los ojos hacia las atractivas interupciones que nos brinda la vida.
Las reiteradas preocupaciones, los intereses se identifican con el encuentro. Tal vez podría ser una obción de pensar lo que nos rodea. Esta pausa, no obstante de jornadas vividas en este espacio y tiempo, imagino que quizás son un enriquecimiento personal y común que ha engrandecido el espiritu compartido y no en este blog.
Todo ello me sirve de escusa para recordaros una mirada afectuosa a lo que aquí aprendemos y compartimos entre todos. Y además es un modo de felicitaros las navidades y enviaros un abrazo.

En la antigua China, el pensamiento y la educación giraban en torno a dos planteamientos, aparentemente opuestos pero complementarios: el confucianismo y el taoísmo. El primero centrado en el conocimiento práctico y la acción social y el segundo basado en la contemplación y la búsqueda del propio camino. Los niños y jóvenes se educaban en el complejo sistema de reglas y rituales del confucianismo, mientras que las personas de mayor edad intentaban recobrar la espontaneidad que había sido destruida por las convenciones sociales. El ser humano plenamente realizado era aquel capaz de armonizar los dos planos, de ocuparse de los asuntos terrenales y seguir el orden natural del universo.

En la sociedad actual, no se contempla ni se ofrece esta segunda posibilidad. En vez de ayudarnos a encontrar nuestro propio camino, se nos encauza por una ruta determinada con pocas posibilidades de salida. Decía un amigo mío que una rutina es una ruta muy pequeña, un sendero estrecho que no lleva muy lejos. Y en eso suele consistir la educación, en el aprendizaje de rutinas. Y las rutinas no consisten solamente en conductas repetidas y ritualizadas, sino también en repeticiones de pensamiento.
http://www.otraspoliticas.com/educacion/desaprender

Decía Blaise Pascal que todas las desdichas del hombre provenían de que era incapaz de estar sentado tranquilo y solo en una habitación.
Tendemos a confundir lo urgente con lo necesario, aunque muchas veces tales urgencias no implican ningún riesgo serio.
El continuo bombardeo de estímulos a los que nos sometemos, el constante ruido de fondo que se nos ha hecho tan necesario que el silencio nos parece insoportable, nos impide la reflexión. Que no reflexionemos es algo que interesa fundamentalmente al que espera algo de nosotros y que respondamos a los estímulos por él elegidos para el fin que busca como autómatas que actúan sin pensar.
Me parece sorprendente la semejanza de las obras de Jeremy Lipking con lo que a principios del siglo XX hacía el pintor barcelonés y modernista Ramón Casas.
Un ejemplo: http://p8.storage.canalblog.com/84/32/403668/81414927_o.jpg

Esquimal ¿Qué pasa? Estoy economizando mi tiempo como señala Gabilondo. Supongo que lo que quieres es entrar a discutir el tema de la hormiga. Se vería que al hablar de ella se encontraría con demasiadas explicaciones y son muy diversas. Se especula mucho con los animales que es lo más básico y no se sabe concebir. Creo que como no sabes que es una hormiga pues te puede valer este mismo ejemplo y así no pierdo tiempo.
http://animales-salvajes.buscamix.com/web/content/view/45/106/
Te debes peguntar a que hormiga perteneces que seguro será a las argentinas. Para que lo entiendas mejor te explicaré que son como las matemáticas pero claro de eso no entenderás mucho “Hormiga”.
http://es.scribd.com/doc/7205840/Pequena-Explicacion-Sobre-La-Matematica-1
Por cierto esquimal argentino que significa Qaukpattauq.

De vez en cuando me entrego a una de las mejores pausas: la contemplación de la pintura. Gracias por la galería del Blog.

En el Polo no hace falta hacer pausas. Tampoco tenemos dinero. (¿Alguien sabe algo de Juanes? Debo preguntarle qué es una hormiga)

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Sobre el blog

El salto del ángel es un espacio de reflexión, de pensamiento sobre la dimensión social y política de los asuntos públicos, sobre la educación, la Universidad, la formación y la empleabilidad. Busca analizar los procesos de democratización, de internacionalización y de modernización como tarea permanente, con una actitud de convicción y de compromiso.

Sobre el autor

Angel Gabilondo

Ángel Gabilondo Pujol es Catedrático de Metafísica de la Universidad Autónoma de Madrid, de la que fue Rector. Tras ser Presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas, ha sido Ministro de Educación.

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