El salto del ángel

La buena pinta

Por: | 15 de enero de 2013

-Heve-Di-ROsa renes coulerProfesores y monitores trabajan durante este curso en la escuela Antide Boyer en el proyecto de confeccionar y equipar un tranvía. Han recibido una carpeta con serigrafías originales de Hervé di Rosa, fichas pedagógicas sobre historia del arte, un DVD de dibujos animados de la conocida serie “Les Renés” y cuarenta pegatinas para colocar sobre una  imagen de gran formato a fin de representar historias previamente inventadas por ellos, sobre la base de la vida cotidiana francesa del Pays d’Aubagne et de l’Etoile. El trabajo elaborado en la escuela será enviado al artista para ultimar ese tranvía que así ya será de todos. La cuestión cobra otro alcance porque Hervé di Rosa es fundador del museo internacional de arte modesto de Sète, su ciudad natal, y de grandes artistas como el poeta Paul Valèry o el cantautor Georges Brassens. Frente a la petulancia o arrogancia de tantas creaciones pretenciosas, algunas extraordinarias, resulta reconfortante esta mirada revalorizadora de ciertos objetos y del modo de considerarlos, surgidos de la cotidianidad, que establece una forma singular de relación con ellos, un modo de atención nada habitual sobre lo corriente, hasta provocar una emoción infrecuente. Se trata de un proceder sencillo, original y auténtico, que requiere otra inocencia, la de lo modesto y otro hacer, precisamente el de la modestia, una suerte de artística infancia que habita toda creación.

Ello no supone ignorar los conflictos que de una u otra forma siempre nos acompañan, ni el comportamiento no pocas veces violento que nos rodea, ni los problemas que nos acucian. Se trata de afrontarlos. Y eso requiere no perder toda sensibilidad, aprender a dar con el aspecto adecuado, a encontrar el tipo apropiado, a saber expresar la pinta pertinente. En definitiva, en eso consiste hacer del arte palabra efectiva, en corresponder con nuestro proceder a lo que expresamente Platón denomina “eidos”. Es en lo que habría de fijarse quien pone nombres en el Crátilo para ser apto. Por muy modesta que sea la acción, pintar es siempre vèrselas con alguna idea. Nietzsche prefiere que no sea un concepto, pues eso supondría la necrópolis de las intuiciones. Pero de una u otra forma es una manera de concebir. Aprender a pintar es un modo bien activo de aprender a pensar. Y no pocas veces, a pensar de otro modo. Y en ello radica su arte, en ello radica todo arte.

HERVE-DIROSA-DELIMBO-GALLERY-990x715La tendencia a creer que de lo que se trata es de copiar lo que hay para repetir exactamente lo que ya sucede, entendiendo que lo que decimos o hacemos sólo es verdad si se adecúa o adapta a lo que ya existe, tiene no poco de inadecuado. Y de ingenuo. Pintar nos enseña a mirar no sólo lo que ya se ve. Y menos aún a reducir todo cuanto hay o existe a lo que notamos o anotamos. En última instancia, ver algo es no limitarse a lo que se da por visto. Es imprescindible aprender a distinguir y a discernir. Y puestos a imitar, a comprender que no basta simplemente con reduplicar lo que consideramos el original, y que semejanza y convención conviven.

Y más aún, que no hemos de reflejar como en una mente-espejo aquello que en el espejo-mente ya vemos y con lo que supuestamente coincide. Sin imaginación, sin fantasía, sin creación, en realidad ni siquiera vemos. Por eso, precisamente la vista es un sentido. Sin sentir, no se ve. No hay educación del sentido ni del sentimiento sin educación de la mirada. Pero no se logra simplemente mirando. Se precisa otro hacer. Y pintar es no quedarse en los perfiles. El eidos ni es mera apariencia ni pura indumentaria, ni mera impresión. Es un decir bien concreto, pero tiene en cuenta el aspecto para incorporarlo a un espacio definido. Aprender a concentrarse en él, a fijar la mirada, a considerar la tarea con esmero exige no sólo arte, sino asimismo oficio, competencia, preparación, dedicación. Es cuestión de no quedarse únicamente en lo dicho, ni de limitarse a sugerir. Es aprender a desplegar haciendo a la par nuevos pliegues, a abrir generando otras y enigmáticas posibilidades. Pintar no es únicamente parecer, es asimismo aparecer provocándose a sí mismo. Por eso, se aprende tanto al enseñar a pintar.

Herve di Rosa 50Un gesto de escritura prevalece en el movimiento de la mano en el pintar. Un vínculo de palabra trenza un lazo común, en ocasiones indiferenciable. Y algo nace conjuntamente al escribir y al pintar. Siquiera para en su caso distinguirse y distanciarse. Pero un juego y una suerte común unen el dibujo y la pinta de lo que decimos con lo que va surgiendo ante nosotros sin existir previamente en lugar alguno. Su irrupción es un acontecimiento. Y con razón puede hablarse de creación. Sin embargo, por muy singular que sea la tarea, y aunque semejante atención y consideración tiene la capacidad de generar espacios en los que estar con uno mismo, eso no supone indiferencia con el quehacer compartido. Puede asimismo procederse de modo colectivo, vincular labores, interrelacionar y conectar como las propias artes dialogan entre sí. Y generar un proyecto festivo de trabajo convivido.

Aprender que la diferencia, la singularidad y la pluralidad se corresponden con la propia conformación del mundo y de la sociedad permite vivir emotiva y sensualmente, como potencia y virtualidad, cada detalle de la tarea. Detenerse en él con miras a lograr una perspectiva más amplia, más integral, más armónica, convierte la consideración de lo que se pinta en hospitalidad educativa. Y entonces cada materia, cada color, cada trazo, cada rasgo componen quizás un nuevo dibujo, tal vez otra imagen, que dice y nos dice, sin ser simple expresión, ni mero desvelamiento. Es a su vez generación transformadora. O podría serlo. Y así aprendemos que no basta con describir lo que pasa, por muy importante que resulte.

Hay asimismo una cierta despedida en cada creación, la que sabe que la pinta puede ser tan coyuntural o tan decisiva como cualquier  intervención en la obra. En ella, el propio cuerpo se expone y corre el riesgo que comporta toda entrega. Y siempre hay algo escolar en la tarea. Pintar es reemprender una y otra vez el viaje compartido de aprender en el hacer, la alegría de ir perfilándose del todo. Para eso, la cercanía de alguien, la proximidad de una voluntad, de una pasión, de una generosidad, de un conocimiento y de un saber sólo puede denominarse de una u otra manera magisterio. De ahí el enorme regalo de que nos enseñen. Y mejor desde bien temprano.

Hervé di rosa le peuple rené
(Imágenes: Serigrafías sobre papel y acrílicos sobre tela de Hervé di Rosa, en torno a Les Renés y Le Peuble René)

Hay 15 Comentarios

Una feliz noticia, para la educación y para el arte. Un ejemplo perfecto de aplicación práctica del aprendizaje, contenidos y objetivos de la vida cotidiana, motivación, trabajo compartido... Y compartido también el arte, no sólo como producto, sino desde su misma creación. Extraordinario.
Por otra parte, quizás el verdadero arte, aunque a veces grandioso, sea siempre modesto, precisamente porque está al alcance de la "artística infancia que habita toda creación". Aprender a pintar no garantiza la creación artística y, sin embargo, es posible encontrarla en la obra de niños muy pequeños. "Su irrupción es un acontecimiento", porque a veces surge de forma inesperada, como si la mano que pinta fuera otra.

Pintar es evocar a un autor a sugerir que ven sus ojos. Pintar un paisaje debe de ser difícil y más si tiende a imitar una corriente a lo largo de su vida. Pintar además a de sugerir un estilo propio de autor que nace en él y le acompaña en su obra. Así llamaran obra de arte a un estilo que una vez definida su composición ha de ser acompañada por los rigurosos críticos, cuando adquiere un valor en sí.
Tradicionalmente dentro del apartado de una obra se estudiaba su composición, los materiales con los que se acompaña, las formas etc…, y las normas dichas, es decir, las reglas que permiten conocer cómo se usan los trazos de nuestros artistas. Puede decirse que las reglas sobre el uso de estilos constituye la composición del arte; las reglas lo conforman y el detenimiento de los matices lo acompaña. Dinamismo de los colores, a la profundidad y fusión de pinceladas definen el marco del estilo. Sin darle importancia a la correcciones anteriores y al uso de manías articuladas. El dominio de la estrategia es fundamental para estructurar de manera clara y precisa un estilo
A pesar de la utilidad de las reglas de los trazos esenciales, en la mayoría de las ocasiones presenta excepciones por lo que es aconsejable pintar mucho con el fin de que la obra del artista se grabe en la memoria. El valor es un gesto que prevalecerá dependiendo de la verificación.

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Por otra parte, en cierta manera, a la vez que el creador hace el objeto se des-hace de él. Cuando el creador diseña unas características concretas para la materia, abandona ciertas alternativas, elige determinadas ordenaciones para dar una depuración del juicio intencional; lo que queda tras ese ejercicio de depuración es entregado asimismo a existencia ajena, desplazado ya del devenir de la propia consciencia. Allí, en ese lugar comunitario, en el ágora, el museo o la academia, se convierte en "obra abierta" (como decía Eco), puerta de entrada a nuevas calas en la interpretación no sólo del objeto en sí, sino del ser individual que lo contempla. La función de educación debería ser mostrar esa puerta a cuantas personas fueran capaces de asumir el esfuerzo que suponen la introspección y el pensamiento.

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Leonardo da Vinci ubicaba al arte en el mundo de las ideas: "la pittura è una cosa mentale". Cuanto adquiere consistencia en el mundo de los objetos por intervención de la voluntad del ser humano ha de pasar previamente por una elaboración mental, por limitada que sea. Cuando esas cosas "sirven para algo", cuando surgen con un fin instrumental, decimos que son útiles y que de esa utilidad obtienen su valor; cuando, además, a la apariencia con que se presentan ante los sentidos llevan asociada una significación (que no necesariamente ha de ser semántica) , decimos que incorporan valores estéticos y que no se agotan en su función física sino que deparan una indagación en el ámbito de la consciencia.
Sin embargo, esa “cosa mentale” establece flujos de conciencia diferentes en el creador y en el espectador. El primero da forma; el segundo la aprehende. Esta observación sería banal si no implicara también una distinción en cuanto a la “intencionalidad”, ese término que Husserl situaba en la entrada del universo fenomenológico. La intención estética eleva la realidad fruto del hacer al nivel de lo trascendente, de manera que el mismo objeto parece escapar a su consistencia física para desmaterializarse, para ser realidad más allá de la percepción. En el espectador no es posible una re-composición de la intencionalidad pero sí una incorporación al yo, que asume experiencia y memoria como penetración en los recovecos de la psique.

Genial, que bien descrito el acto de pintar, de escribir, el gesto, la pincelada, la mirada, la atención, el ensimismamiento que no impide estar con... Me parece tan bien expresado.
Si alguien necesita ayuda para escribir: www.cursosdeguion.es

Escribir aquí mismo, en este block, se le puede considerar un arte. Adecuar el pensar a un contexto reivindicativo que muestra un título tan atractivo “La buena pinta” tiene mucho de benévola base.
Hay una relación del texto con el autor. Donde toda la obra es un acontecimiento en la vida del autor. Puede ser energética o in-erg ética, derivada si lo hizo por convicción o por asqueria.
También está la relación de la obra de arte con el perceptor (aparece aquí relacionadas todas las formas variante y profundidades del sentimiento de la situación estética, que es un sentimiento mezquino).
En el antepenúltimo está la obra de arte con la realidad. Que se constituye porque hay creaciones que permiten comprender mejor la realidad o descubrir en ellos aspectos inéditos.
Y el penúltimo, la relación de la obra de arte con la tradición artística en la que nace (disposición que se adquiere al formar un relato).
El colofón de la obra artística, la voz que no deja de articular el pensamiento donde se reflexionan temas interesantes, cuestionan preguntas y debaten temas indistintos sobre el arte en sí.

Estoy de acuerdo con el ratón. Aquí en el Polo si eres pesimista no te comes una foca.

Como mono pintado por Walt Disney pienso que hay un arte violento y un arte de la violencia. No distingo entre violencia y fuerza porque toda violencia implica el uso de la fuerza. Así que cualquier sistema establecido gracias a la fuerza o a la violencia -excepto si es gracias a la fuerza de la razón- evoluciona igual. Seguramente el uso de la violencia es producto del pesimismo. Entiendo que el pesimismo es una actitud más sumisa que el optimismo. Especialmente en esta era de la información (los medios suelen dar más tratamiento a las malas noticias). El optimismo, la bondad, son más guerreros. Pero de una guerra sin derramamiento de sangre.

El arte de crear puede entenderse también como una tendencia, a adecuarse, pensar, ser expresivo, diambular sobre un lienzo, expresarse, repararse e identificarse con una tarea que es común a todos que mayormente se llama el arte de la estética.

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Tanto la Educación Física como la Artística son materias fundamentales, pero los legisladores tienden a prescindir de ellas; basta con analizar el tiempo lectivo que se les otorga en los currículos. Pero, si no se valora el arte ni se fomenta el movimiento, salvo como forma de evasión y objeto de consumo, la personalidad que se construya, las capacidades que se desarrollen, la identidad personal que se conforme y la comprensión de la realidad que se obtengan serán, como poco, impostadas e incompletas.
http://www.otraspoliticas.com/educacion/el-privilegio-de-impartir-una-maria

En cuanto se anuncia la primavera, la vida dormida y oculta, aparentemente inexistente, empieza a empujar con fuerza brotando por todas partes a raudales.
La naturaleza está diseñada para regenerarse a sí misma de mil formas y maneras.
Es un diseño impresionante, algo que hoy día las personas en su conjunto aun no hemos alcanzado a comprender en toda su extensión.
El ser humano es también naturaleza.
Un microcosmos en sí mismo, que interactúa desde el mismo momento de su nacimiento, y va más allá que la media de los seres vivos.
Traduciendo las impresiones que recibe y sacando conclusiones para sí mismo.
Actuando en consecuencia, progresando desde la simple contemplación de lo que ocurre a su alrededor.
Avanzando paso a paso en una escala de valores infinita, y superando todos los inviernos.
Brotando en primavera por todas partes, aun en los lugares más insospechados.
Un diseño impresionante.

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Quizás la Teoría del Arte nos aleja, por la predominancia de una intrincada intelectualidad, del hecho de que detrás del pensamiento está lo gráfico, de que pensamos, nos expresamos y comunicamos con gestos gráficos. Y quizás, la Teoría de la Educación hasta se esté olvidando de este hecho... ¿Para qué dedicarse al gesto, si ya 'vemos la pinta que tiene esto'...?

Ne ha gustado eso de que la diferencia permite vivir emotiva y sensualmente. Es cierto la rutina nos mata. Vamos a por la singularidad.

Carla
www.lasbolaschinas.com

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Sobre el blog

El salto del ángel es un espacio de reflexión, de pensamiento sobre la dimensión social y política de los asuntos públicos, sobre la educación, la Universidad, la formación y la empleabilidad. Busca analizar los procesos de democratización, de internacionalización y de modernización como tarea permanente, con una actitud de convicción y de compromiso.

Sobre el autor

Angel Gabilondo

Ángel Gabilondo Pujol es Catedrático de Metafísica de la Universidad Autónoma de Madrid, de la que fue Rector. Tras ser Presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas, ha sido Ministro de Educación.

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