El salto del ángel

La destrucción

Por: | 25 de enero de 2013

  Pablo_Genoves mar tendida 2

No pocas veces los seres humanos parecemos empeñados en destruir lo que históricamente, y con no poco esfuerzo, conseguimos. Nuestra voraz capacidad de dañarnos, de demoler lo que tanto nos ha costado construir, deja en evidencia hasta qué punto somos competentes, no sólo para recrear,  sino también simplemente para acabar, incluso si es preciso con lo mejor de nosotros mismos. Y no está claro que se trate de alguna suerte de desmontaje o deconstrucción, con miras a la búsqueda de otras recomposiciones. No está mal analizar los subsuelos. La permanente puesta en cuestión de los cimientos es asimismo necesaria. Y es cierto que conviene llevar determinado arrojo hasta el final. De lo contrario, todo es zarandeo, sin más. Y en cualquier caso, si las raíces no son adecuadas no está mal socavarlas.

Sin embargo, resulta menos justificado el empeño, el empecinamiento, la insistencia con la que nos comportamos con absoluta desconsideración para con el legado recibido, con indiferencia para con el esfuerzo ajeno, y de tantos, ignorando quiénes somos, en la arrogante percepción de que nada ni nadie hasta nosotros ni ha sabido de qué se trata, ni se ha ocupado de ello. Ya nada nos vale, ya nada nos sirve. A lo que acompaña una visión un tanto rancia y a veces frívola de lo que constituye el sentido de algo. Tal vez, en efecto, asistimos a la época de un cierto desmoronamiento, de una cierta extinción, y no sólo de los entornos. Hay demasiadas razones para estimar que eso no es del todo así, aunque no menos para reconocer que algo similar y determinante ocurre. O quizás sencillamente comprobamos hasta qué punto, puestos a replantearlo todo, la cuestión es desde dónde, si no somos capaces de establecer a lo que no estamos dispuestos a renunciar. Además, no siempre es conveniente, y es que a veces asimismo no es justo.

A propósito de lo que no está bien, hay quienes persisten en alcanzar lo peor. Y efectivamente hay razones para reconocer que saltan las costuras, ceden los postigos, se tambalean los suelos, por el abuso, el descuido y la desconsideración. Sin embargo, lo llamativo es que, al amparo de un modo de proceder y de una concepción de la existencia y de los demás, que no es sólo indiferencia, sino menosprecio de los otros, cuanto hay parece merecer ser devastado.

Si “todo da igual”, si “ya nada importa”, si “cada quién tiene su precio”, si “en el fondo, de presentarse la ocasión, haríamos lo mismo”, al abrigo de tales sentencias la complicidad y la tendencia a arrasar se asemejaría a la de no asumir. Si no lo está ya, hundamos todo. Empecemos de nuevo. Lo cuidado, lo cultivado, lo elaborado, lo definido, lo perfilado… serían cosa de otros tiempos, ingenuidades: es la hora de hacer sin tanto miramiento. De hacer, sin duda. Pero, a pesar de que pueda resultar excesivo, siempre hemos de actuar comedidamente. Y la delicadeza y la firmeza no son incompatibles. Dejar todo de lado, ignorarlo para intervenir es garantizar la reproducción de aquello que tratamos de evitar y de erradicar. La intensidad, la constancia y la coherencia son fortaleza. Más que el arrebato.

Pablo Genoves El Museo

La catástrofe y esta supuesta reinauguración universal justificarían cualquier atropello. También los ya cometidos, los ya desvelados. Marcar un punto final tendría algo de pureza inicial. Pero convendría no olvidar lo que oculta, lo que ampara, lo que justifica. La insensibilidad para con lo ocurrido adoptaría la forma de una impunidad, disfrazada de inocencia. El apocalipsis no sería sino un nuevo comienzo.

Semejante urgencia constituiría la máxima expresión de inculta o interesada desatención. El hundimiento se produciría no tanto ni sólo por una acción o intervención, sino por una ignorancia, que preconizaría el desplazamiento o la marginación de lo logrado. Se estimaría que el pasado ya no nos pasa y que está amortizado. Es tiempo de dejarse de tanto detalle y pormenor. Son tales las necesidades, que ello bastaría para obviar cualquier logro, para derrumbar lo erigido, lo levantado con enorme dedicación y esfuerzo. Y, curiosamente, lo dilapidaríamos en nombre de otra energía, de otra dedicación, la de entregarnos a aquello cuyo resultado sería asimismo el final de lo conquistado, de lo alcanzado.

Nos encontramos en tamaña encrucijada. Y desde luego no resulta fácil dilucidar lo que ha de hacerse. Sorprende el desparpajo y cierta desmesura que sostiene comportamientos improcedentes e impresentables que se conducen como si correspondieran a planteamientos de mejora, cuando en realidad más bien sólo alcanzan la desarticulación de lo ya vigente al amparo de que no es eficaz. Pero la vigencia significa exactamente competencia para nuestro presente, hasta el punto de constituirlo. Y no es cosa de disfrazar de audacia la desconsideración.

Pablo Genovés códigos compartidos
Una y otra vez nos entregamos a la tarea de desmembración. El derrumbe adopta la forma de diferentes persecuciones. Stefan Zweig nos recuerda en El mundo de ayer. Memorias de un europeo hasta qué punto la fragilidad y la incertidumbre de cuanto nos rodea requiere tanto firmeza como cuidado y celo permanentes para hacerlo valer en lo que es. Y en ello también juega su papel la falta de educación, cultura o conocimiento, el olvido de la ciencia y del arte. Trata de mostrar hasta qué punto determinada civilización fue engullida por un mundo de instintos depredadores.

La codicia y la ambición minan, como un despropósito, a cuantos se acercan. Se comportan como un poder y un saber que configuran otras realidades  que se imponen arrollándolo todo. Se infiltran en las vidas, impregnan y contagian aquello que conforma nuestro presente. La arrogancia de estas alcanza asimismo a quienes más débiles son conducidos a nuevas servidumbres. La desconsideración hacia sí mismo y hacia los demás que comportan secuestra la existencia. Se despliegan como una enfermedad que, sin embargo, construye mundos. Y lamentablemente bien efectivos. No hemos de minusvalorar la potencia destructiva de la inteligencia.

En cada uno de nosotros puede llegar a anidar esa capacidad de destrucción, sostenida en intereses espurios o en buenas intenciones, y en cada ocasión hemos de afrontar aquello que también nos constituye. Sin embargo, argüir que obedece a alguna suerte de naturaleza es desconsiderar la potencia de la decisión, la fuerza de la libertad, y el empeño de la voluntad. La destrucción no pocas veces tiene sus estrategias u obedece a determinadas prioridades. Y no está ni escrito ni decidido que no seamos capaces de hacer y de hacernos daño. Ahora bien, nuestra firme determinación, la radical toma de posición y el trabajo articulado y conjunto de la responsabilidad están llamados a afrontar y a combatir esta destrucción enmascarada de purificación.

  Pablo genovés La Biblioteca y el muro

(Imágenes: Pablo Genovés, digigrafías en papel baritado. Mar tendida, 2011; El Museo, 2011; Códigos compartidos, 2012; y La Biblioteca y el muro, 2012)

 

Hay 33 Comentarios

"Sustitución", "evolución", "abandono" es una cosa. "Le pego fuego a esto porque vosotros no teneis ni idea" es otra. No siempre hace falta destruir para producir cambios. Hay cosas que perecen por falta de uso. Si creas algo verdaderamente útil, no hace falta que destruyas lo anterior. ¿Miedo a la libertad o a la dictadura enmascarada?

2.-
En realidad, la "destrucción creadora" tiene lugar continuamente en la naturaleza. La evolución darwiniana no viene a ser sino una sustitución constante de lo viejo por lo nuevo, en una implantación de constituciones biológicas mejor adaptadas al entorno de permanente conflicto entre especies y entre grupos de una misma especie. De hecho, las épocas de mayor tasa evolutiva, aquellas en que la vida se diversifica para dar en nuevas líneas filogenéticas con sus propios atributos fisiológicos susceptibles de refinamiento y optimización, son aquellas en las que, tras una brusca alteración medioambiental por cualquier causa (astronómica o geológica, principalmente) la simple destrucción de un elevado porcentaje de lo que anteriormente existía ofrece a los supervivientes una más amplia gama de oportunidades.
En el mundo de las ideas, la "destrucción creadora" implica el abandono de muchas de las concepciones que la ciencia ha demostrado inadecuadas para describir la realidad. En esos casos, también tienen lugar periodos especialmente activos en el cambio a partir de una idea o conjunto de ideas especialmente abarcadoras. Todo lo antiguo, en verdad, requiere siempre ser repensado a la luz de tales fructificaciones de la mente humana. E inevitablemente, porque está en la naturaleza humana el miedo a la libertad ( aquí conectaríamos con el texto anterior de don Ángel sobre los "rincones"), siempre habrá reticencias y oposición conservadora al abandono de lo que empieza a demostrarse caduco, aunque en algún momento asumiera el papel de avanzada del progreso.

1.-
El economista Joseph Schumpeter utilizaba la expresión "destrucción creadora" para los procesos de cambio en que las novedades en los procesos de producción implicaban el fin de formas seculares de generación de bienes y servicios. En momentos determinados de la historia, el ingenio humano acumula un cierto número de invenciones relacionadas entre sí que aceleran la formación de capital y, como consecuencia, incrementan la riqueza de las sociedades abiertas, la extensión de la prosperidad a un mayor número de individuos y las posibilidades de progreso intelectual de la cultura en que tiene lugar esa "revolución". El ejemplo más evidente de estos procesos de "destrucción creativa" es el de la Revolución Industrial, cuyos efectos deletéreos alcanzaron tanto a la organización gremial del trabajo como a la producción artesana, siempre restringida y cara. Puede ocurrir que haya quienes, valiéndose del poder político que detentan, traten de coartar o incluso suprimir de raíz los cambios por lo que tienen de perturbadores para el status quo del que obtienen su capacidad de dominio y la China Imperial es un caso típico. Una más pormenorizada exposición de estos procesos puede ser leída en "¿Por qué fracasan los países?" (Deusto, 2012), de Acimoglou y Robinson.

Yo también he notado que por aquí anda un neanderthal, pero no estoy seguro de que sea la hormiga.

¡Atención! ¡Han secuestrado a Juanito!

Bestias del sur salvaje. Recomiendo, buenisima.

http://www.youtube.com/watch?v=WFeUif7AdGw

Pero qué me estas contando, amigo,que no sepa ya. Mira que te gustan los animales.

Pero la curiosidad excesiva puede resultar arriesgada, verdad amigo del polo Norte ¿Cuáles son los peligros de resucitar a la hormiga neandertalia?

http://elpais.com/elpais/2013/01/26/opinion/1359230597_338362.html

Interesantes vuestros comentarios. Añadir solamente un apunte más "En la vida no hay encuentros ni soluciones. Solo hay fuerzas en marcha; es preciso crearlas y entonces vendrian las solucionss"

Puede concebirse que la destrucción sea una restauración pero no lo comparto. Hay muchos modos de potenciar servidumbre en la construcción, no solo la desforestación como las bibliotecas nacionales que habitan en aquellas épocas de las imágenes mostradas en los archivos fotográficos sino más bien una eficacia y compromiso para una restauración eficiente integral que considere en principio a aparejadores, arquitectos etc.. El fuego ardió pero la reconstrucción quedo restaurada por especialistas que aportaron su maestría en su saber. Así las bibliotecas quedaron salvadas.

Lo más demoledor que se ha experimentado en nuestros días es: Una conciencia que se creó a si mismo que se convierte cada vez más y más pequeño. Alllí la libertad se detiene. Cuando el control de la conciencia nace puede entregarse a un de la acción de un proyecto mantenido en un estado consciente, en un universo que actúa con libertad. Encuentra en su espacio un eje sobre la información que esas operaciones producen en sus cabezas. Por esta razón no había un cierto dominio sobre la información que esas operaciones producen. De este magnífico y agradecido mecanismo sensitivo aferente se permite ajustar mi movimiento muscular así también los fenómenos conscientes actúan como mecanismos aferentes de las operaciones mentales.
Pero ser libre inconscientemente es una contradicción. No hay Homúnculo! Ni yo ejecutivo con entidades separadas. Hay sólo una inteligencia computacional capaz de dirigir su propia acción por medio de la información en estado consciente y de eso Sísifo sabia un rato. Daba significado a los estímulos sensibles, los interpretaba desde la memoria, los evaluaba introduciéndolos en los circuitos emocionales, y produce imágenes, ideas, deseos, sentimientos conscientes. Las inteligencias ejecutivas se limitan a recibir estas instancias que llegan, a supervisarlas y monitorizarlas. “La inteligencia humana añade, un movimiento intencional, determinado por metas conscientes “ ( la inteligencia ejecutiva, 20).

Esquimal mira que sabes tocar los cojones. Se puede saber qué pasa con los animales de los huevos.

Tranquilos, para que yo explote faltan todavía millones de años. Teneis tiempo de arreglar esto.

Kntad, kntad malditos.

El pez es sabio. Agua pura no es buena para beber. Aquí en el Polo respetamos al pez, aunque no se puede ser vegetariano. (Amigo Juaness, ¿tú también conoces la fábula de la cigar y la hormiga?)

Yo veo clarísmimo que al final del artículo hay una salida en positivo. Coviene leer despacio y llegar hasta el final en este blog, reflexionando cada frase. Es un ejercicio de análisis de muchos puntos de vista. Releer sus reflexiones es un placer.
A mi me parece milagroso que seamos capaces de vivir en paz, cuando analizas la capacidad que tenemos para la destrucción ves la magnitud de este milagro y el análisis siempre en términos históricos. Muy bien traído "El mundo de ayer. Memorias de un europeo" imprescindible lectura en tiempos de convulsión nacionalista para ver la velocidad a la que puede precipitarse la destrucción.
Genovés... ¿continúa la saga de creadores? que maravilla!

El agua pura es tóxica. Memuero por beber agua pura.

Al final siempre llegarás al mismo punto. La utopía es hacerlo sostenible. Higiene diaria contra la corrupción y el pensamiento único. Tiene menos glamor, pero es el verdadero RETO.

¿Qué es más demoledor? El construir y demoler o el demoler y construir. Una decisión difícil, debe plantearse cuando las cuestiones exigen extremos. Y articularlas tampoco debe de ser fácil. Restaurar un edificio eficiente, que sería una solución a considerar, tendría aún más dificultades, sus pros y sus contras aunque quedaría la opción de restaurar, que sería una solución.
Al ponerse mono a ello nos servimos de retenciones de proyectos que se acumulan en nuestra memoria, que muestra y no aflora. De ahí es de dónde quizás hay que subir el límite para restablecer una restauración. El nivel para proyectar hacia el calorífico despertar siempre es el proyecto de construir.

Demoledor aun no ha quedado claro para que sirve la reflexión de este artículo. El zarandeo es tajante y no tiene ningun objetivo.TIene un suspenso señor GAbilondo.

Afc, víctima es quien sufre la violencia de quien no la usa en legítima defensa de su vida, que es el único supuesto en el que nuestra sociedad -y todas la sociedades civilizadas- admiten el uso de la misma: sólo y exclusivamente cuando tu vida está en peligro. Conviene echar un vistazo a Sebald y a Polanski y a todos los que nos adviertan de lo que pasa cuando uno decide encender una mecha.

Uno de los libros de W. G. Sebald lleva por título "Sobre la historia natural de la destrucción". Devastación, heridas y culpas. Merece la pena echarle un vistazo.
Saludos.

La destrucción, eso si que es un "maygüey" en toda regla.

...y es que además, han desarrollado toda una filosofía sobre el tema, profe. No sé si me recuerda más al niño que, después de hacer un flan en la playa, lo destruye con la pala por el gusto de hacer otro nuevo o a Sísifo, que tiene que volver a subir la piedra, y por el mismo camino, una vez que la ha dejado caer. ¿Será que no se dan cuenta de que todo lo que se les ocurre ya se le ha ocurrido a alguien antes y que, además, también lo ha puesto ya en práctica? Afortunadamente, tenemos una gran base de datos donde analizar las conclusiones de todas las utopías hechas sistema.

La estrategia hasta hoy ha sido desde hace décadas "destruye que algo queda (para nosotros)", de la que hoy comprobamos su exacerbamiento ciego y obsesivo especialmente en nuestro país, donde se está desmoronando de uno o varios plumazos los logros educativos, los de investigación científica, el bienestar social que aspiraba a la igualdad y oportunidad, etc.
Y no es hacia un nuevo comienzo esperanzador...

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Sobre el blog

El salto del ángel es un espacio de reflexión, de pensamiento sobre la dimensión social y política de los asuntos públicos, sobre la educación, la Universidad, la formación y la empleabilidad. Busca analizar los procesos de democratización, de internacionalización y de modernización como tarea permanente, con una actitud de convicción y de compromiso.

Sobre el autor

Angel Gabilondo

Ángel Gabilondo Pujol es Catedrático de Metafísica de la Universidad Autónoma de Madrid, de la que fue Rector. Tras ser Presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas, ha sido Ministro de Educación.

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