El salto del ángel

Nuestros rincones

Por: | 22 de enero de 2013

 

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Pasamos tiempo en ciertos espacios. No siempre hemos podido elegirlos o conformarlos a nuestro estilo, a nuestro gusto. No son necesariamente hogar, ni refugio, pero son tantas las veces, tan frecuentes las ocasiones en que estamos en ellos, que ya forman parte cotidiana, no sólo como un entorno, sino como algo que incide, condiciona y determina nuestras horas. Incluso nuestros sueños se fraguan en esos rincones en los que nos encontramos, hasta el punto de que ya son decisivos para definir nuestra singularidad. No son simplemente lugares o sitios. Son espacios. Tal vez, para el retiro, para la reflexión, para la actividad particular, o simplemente donde finalmente la vida nos tiene. Efectivamente, son tiempos de espacios. Michel Foucault considera que “la época actual sería más bien quizá, la época del espacio. Estamos en la época de lo simultáneo, en la época de la yuxtaposición, en la época de lo próximo y de lo lejano, de lo contiguo, de lo disperso. Estamos en un momento en que el mundo se experimenta, creo, menos como una gran vía que se despliega a través de los tiempos que como una red que enlaza puntos y que entrecruza su madeja.”

No por ello dejamos de estar emplazados, precisamente en una época en la que el espacio, los espacios, se nos dan en la forma de relaciones de emplazamiento. Y por eso se cita a Bachelard, para decir que estos espacios no son ni homogéneos ni vacíos, sino que también están cargados de cualidades y poblados de fantasmas. No son inocuos ni asépticos. A su manera nos hacen y nosotros a ellos. En efecto, son ámbitos de relación. Pero no sólo.

Nuestros rincones llegan a serlo tanto que resultan irreductibles unos respecto de otros. Puesto todo en circulación, finalmente vienen produciéndose reductos, circuitos definidos, plegados sobre sí mismos, aislados, en los que todo corre y se desplaza, con sus correspondientes interferencias. Crece el desinterés y la desvinculación de cuanto ocurre y discurre en otros entornos. Quedamos unidos para estar separados.

Esta nueva desconexión queda oculta en la apariencia de una circulación universal, que no pocas veces se limita a encender o apagar el interruptor de lo que ha de circular. Vivimos en burbujas, en círculos, en una configuración social de rincones, algunos con mayor atracción o atractivo, incluso con capacidad de convocatoria, para los festejos, para los alumbramientos, o para los funerales. Rincones, que son, en suma, círculos de interesados más o menos en lo mismo y aislados e indiferentes incluso respecto de las más próximos esferas. Como si en definitiva sólo hubiera aficiones.

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Por eso, cada uno de nuestros singulares rincones constituye de modo determinante nuestra manera de ser y de hacer. La incidencia de los espacios en la conformación y configuración de uno mismo es bien conocida. Y aquí nada es inocente o inofensivo. El paisaje no es simplemente algo que dibuja un contexto, ni nosotros estamos ausentes de él, ni es mero decorado. Es una realidad de vida y nuestros rincones también. La reiterada presencia, la búsqueda más o menos inevitable de lo que nos posiciona, la sensación de que allá, por fin,  nos encontraremos más o menos cómodos, en donde nos corresponde, la percepción de toda una geometría más o menos angular, hacen de nuestros rincones algo propio. Ahí actuamos, sentimos, añoramos. Todo un mundo de acción, una pluralidad de formas y de sentimientos van decidiendo nuestra existencia.

Estos espacios de la posibilidad de la máxima comunicación son no pocas veces la constatación de que en el circuito sólo se circula en círculos cerrados. Y no siempre son “los mundos sutiles, ingrávidos y gentiles como pompas de jabón”. Se van fraguando mundos y espacios, cuya especificidad no radica simplemente en que son diferentes, sino en que ya empiezan a ser inconmensurables. Miramos con desconcierto y con asombro a sectores enteros que poco nos interesan o que se mueven por razones a nuestro juicio inexplicables, o que se desenvuelven en territorios incomprensibles, y que parecen hacerlo una y otra vez con un entusiasmo y con una determinación tan insistente que podría pasar por coherencia.

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Al menos dentro de su circuito, en su pompa, en su rincón, cada quién constituye toda una realidad. Y ello nos conduce descorazonadoramente a suponer que tal vez esa es la impresión que nosotros mismos, con nuestros entornos y ámbitos, podemos producir. El tiempo se hace espacio, pero el espacio tiene problemas para procurar algo más que intermitentes relaciones de emplazamiento. Posicionados, no encontramos ya ni tiempo ni espacio para la comunicación. Todo es circulación.

Salvo que en realidad se trate de eso, de incidir en nuestro rincón, de agudizar el ángulo, de extremarlo, de acentuar el retiro y, desde él, poner todo en marcha en nuestro circuito, tratando de no contaminarnos con otros. Aunque tal vez quedaríamos arrinconados. Mientras tanto, remitiríamos nuestros mensajes por si hubiera, en efecto, otros modos o formas de vida fuera de nuestro rincón, ya constituido en planeta, dentro de la única galaxia. El mundo no pasaría de ser el mundo de cada quien y sus allegados. De lo demás, de los demás, ni indicios, ni rumores, sólo suposiciones. Y algunos prejuicios.

Hay, sin embargo, algo entrañable en nuestros rincones, algo materno, que nos ampara y que, con todas las dificultades, nos protege, una suerte de líquido amniótico que nos nutre y nos sustenta y que podría procurar, en su caso, un nuevo alumbramiento, con otras condiciones de vida. Ahí, a nuestro modo, nos desenvolvemos. Mientras tanto, proseguimos la búsqueda. Nos damos tiempo en el espacio.

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(Imágenes: Fotografías de Jeff Wall.  Transparencias de gran formato, realizadas en cibachrome y montadas sobre cajas de luz. After invisible man, 1999-2000; Insomnia, 1994; Untangling; 1994; y Adrian Walker, artist, drawing from a specimen in a laboratory in the Dept. of Anatomy at the University of British Columbia, Vancouver, 1992)

Hay 19 Comentarios

Rincones, rinconcitos dónde anda la hormiguita. *Qué corte llevarás mañana al homiguero*.
Los rincones como se ha comentado proceden de multiples lugares que acojen vivir un sistema formal compuesto de diversos lugares y de espacios que los transforman. El rincon tiene tantos rincones como lugares y reglas que podian inventarse, que los espacios pequeños podrian casi crearse axiomas.
La misma procedencia de la acción de producirse un rincon es además un ocultamiento, de dónde sale otro que se extiende al exterior. Y al ser cuestionado el ser originario del rincon todo aparece como absolutos rincones.

Hay personas que solo tienen rincones para patentar su visibilidad en las ideas en las que se refugian. Es misterioso salir de ideas preconcebidas . A veces se esta tan lejos y tan cerca de las respuestas que aún nos acerca más a buscarlas. ?Dónde estarán entonces esos rincones que se llaman respuestas y que se supone que lo saben todo?

Tuve que interrumpir la lectura de este artículo apenas comenzada, pero me gustaba tanto que he esperado a poder disponer de un rincón apacible para reanudarla. Entre tanto, iba pensando en rincones y en la necesidad que tenemos de personalizarlos. En cómo los abrimos o los cerramos a los demás y en cómo cambian cuando hacemos lo uno o lo otro. En lo que nos transmiten los rincones ajenos. Cómo nos acogen o nos alejan. Ha sido una buena experiencia.
Nos pasamos la vida creando espacios en el tiempo y éste parece variar en función de aquellos. Hay burbujas en las que tenemos la sensación de que el reloj sigue una pauta diferente.
Todos tenemos nuestros rincones. A veces son rincones en el aire: una mochila, un ángulo en la pared de una habitación compartida, una planta que colgamos en el techo del centro de trabajo... Incluso las personas que viven en la calle no parece que se conformen con cualquier rincón, parecen preferir el suyo, aunque sea para morir de frío.

Cuidemos nuestros rincones y nuestras rutinas para sentir seguridad pero no hagamos de estas obtáculos para el cambio. Me llenan de admiración aquellos que son capaces de salir a buscar nuevos retos en otros países, con otras personas en otras viviendas. Creo en aquellos y aquellas que se atreven a separarse de todo para ir al encuentro de su vida que no va a ir a buscarte al rincón y menos al útero materno! Si, objetivo logrado, de nuevo fluye el pensamiento al leer este blog y sus comentarios.

"Hay, sin embargo, algo entrañable en nuestros rincones, algo materno, que nos ampara y que, con todas las dificultades, nos protege". Es verdad, el rincón tiene algo de útero. Los bebés, cuando duermen, tienden a pegar la cabeza al tope de la cuna: les da confianza porque les recuerda el contacto con la placenta. Un niño asustado, lejos de salir corriendo, se ovilla en un rincón. Como los toros, cuando perdemos seguridad queremos tener la retaguardia cubierta: buscamos las tablas, en lugar de buscar el espacio abierto -que nos daría más opciones de huída. ¿Por qué será que el rincón acoge? ¿Será todavía un recuerdo de cuando flotábamos en el líquido de mamá?

Hay gente que no tiene nada dónde refugiarse. El trance de morir muchos millones de personas en este mundo los pasan en el suelo porque no tienen lecho en el que yacer. Asi de injusto es este mundo y ahí dejo esta reflexión para quienes piensan que no hay nada que hacer y que todo está perdido.

Hoy he tenido mi rincón, mi refugio, mi oasis. Lo vivo como un privilegio de la vida, poder tenerlo aunque sea menos de una hora al día pero lo consigo, lo conseguimos tener... así la vida se va llevando aunque todo lo demás se paralice, aunque los proyectos esperen, merece la pena el día entero sin nada más que ese rincón. Espléndida lectura y magnifico oasis....

2.-
Borges se” imaginaba el Paraíso bajo la forma de una biblioteca" y la ceguera cambió la ubicación de ese Edén desde un espacio físico al vasto continente de la memoria;
http://beatrizolivenza.blogspot.com.es/2011/03/el-paraiso-en-una-biblioteca.html
en las laderas de la Grande Chartreuse, los cartujos oyen aún pasar el tiempo (ver "El Gran Silencio", la película de Gröning) y cuentan los vacíos por plegarias como si la entera realidad fuera una oración que no hubiera que pronunciar sino descubrir en el círculo de quintas, en la incesante rueda de las estaciones, en las letanías del salmista...
http://www.youtube.com/watch?v=p1lfOWFHry8
En cada uno de estos casos, como ocurre en tantos otros, no se puede hablar tanto de "rincones" como universos individuales, de ámbitos que ensanchan cada circunstancia particular y convierten las dimensiones espacio-temporales en una indagación que trasciende la estrechez de lo tangible para dar en la abarcadora amplitud de una vida en constante búsqueda de enriquecimiento personal.
El "locus amoenus" del que esto escribe acaso se pareciera a éste:
http://floresypalabras.blogspot.com.es/2012/01/alberto-durero-san-jeronimo-en-su.html

1.-
Pocas cosas confortan más el ánimo que la soledad en un lugar tranquilo. El "locus amoenus" no es únicamente un tópico literario. Tras los horrores de la contienda civil entre triunviros, no cabía esperar en los poetas latinos, por ejemplo, sino esa delectación con la paz pública en armonía con el interno sosiego que reflejan los temas bucólicos y pastoriles. Allí, donde el entorno no hiere los sentidos y la tensión que produce una sociedad en permanente pugna no distorsiona la cabal comprensión de la realidad, la introspección propicia el autoconocimiento y la sinceridad del yo la revelación de cuanto, en el ámbito menos accesible de la conciencia, constituye el fundamento de la naturaleza humana. No necesariamente ese lugar ha de estar junto a la orilla de fuentes umbrosas o entre prados florecidos; puede estar a la vera de anaqueles repletos de libros; o entre las cuatro paredes de un cenobio; o en la habitación en que alguien interpreta la música de Bach.

Michel Eyquem pasó las mejores horas de su existencia en la torre del Château Montaigne y nos legó un monumento al humanismo racional, al escepticismo desprejuiciado y a la búsqueda del equilibrio personal;

http://personal.us.es/jnr/mnt/bibliografia4.html

Los rincones son sitios donde se atienden situaciones personales, de grupo, e incluso un estado refugio donde pensar. Se puede calificar también como hueco, instancia, presencia de un espacio que se amortiza en una distancia cercan a un escritorio, una silla, un qué hacer.
No está mal tener rincones aquí, allí oo donde sea siempre y cuando se ofrezca algo que hacer. Distinguir exige quizás intervenir en indagar un tiempo aún por explorar, para que no venga un listo para decidir por ti, alguna reflexión acuciante. Valorar cuestiones independientemente dadas por una referencia originaria es estar en “un rincón”.

Un abrazo desde la tierra de Jeff Wall, desde mi rincón

Rincones, lo que se dice rincones no hay en todo Madrid. Ni Gijón, ni circulo de bellas artes, ahora si hay avisar que sería interesante un sitio acorde a tertulias como estas.

Arrinconarse ha sido una modalidad visible en una época actual. Buscar un sitio acogedor no es nada fácil, y encontrar tiempo tampoco. Ahora bien, cuando las cosas son dadas por circunstancias acordes en alguna reunión carecen de ser idóneas o acogedoras dependiendo del ambiente y eso suele ser divertido, por la expectación. Todos encuentran un rincón donde sentirse como si estuvieran en su casa.

Y este blog siempre es uno de esos rincones mágicos en los que venir a encontrarse uno...

Imaginemos que en una escuela, además de aulas, hubiera otro tipo de espacios: talleres, patios, porches cubiertos, rincones y otros lugares donde encontrarse. Imaginemos también que, en algún momento del día, la circulación por estos espacios fuera libre; es decir, que cada cual pudiera decidir dónde quería ir según lo que se estuviera haciendo en cada uno de estos lugares: construir, leer, hablar en inglés, ensayar una obra de teatro, escribir cuentos, resolver acertijos matemáticos o cualquier otra actividad que se hubiera considerado necesaria dentro de un diseño educativo.
Cada uno de estos lugares y actividades estaría atendido por uno o más tutores, que no solo serían profesores, sino también alumnos (los más mayores, los que ya podían enseñar lo que ellos habían aprendido) y otras personas (padres, abuelos, vecinos, amigos, tíos) que estuvieran dispuestas a colaborar y asumieran este compromiso.
Esta manera de proceder no impide seguir manteniendo las clases y grupos convencionales, ya que una forma de organización no es incompatible con la otra. Es más, ambas se refuerzan y se complementan.
http://www.otraspoliticas.com/educacion/sobre-tiempos-y-espacios

★★1 forma de GANAR DINERO que ha ganado MILES DE ADEPTOS:►PUBLICAR ANUNCIOS◄ http://su.pr/33HIdX

Siempre me ha llamado mucho la atención( tal vez con un poco de envidia) esa gente capaz de escribir o pasar horas enteras sentadas en un café( hoy ya no es posible porque primero no hay cafés donde abunde la tertulia, la comunicación, y segundo porque prima la "circulación" y el negocio).Creo que muchos españoles han hecho su obra y casi vida en sitios así( pienso en Gómez de la Serna e incluso Valle-Inclán, y tantos otros) y otros han sido incapaz de no hacerlo sin un mínimo de sosiego y retiro.Ortega y Gasset tenía que hacer escapadas a la sierra de Guadarrama( donde un día lo observó Unamuno y le dedicó un poema perro y mezquino) porque en su lugar de trabajo, por entonces la Universidad, no encontraba el remanso ante tanto alboroto de los jovenzuelos que al parecer iban allí a estudiar.Aquí un espacio es entendido como un sitio donde tiene que abundar el ruido.Es comprensible que otros, como el poeta, echen en falta la cara y preciada "soledad sonora".

En Los Muertos (Dublineses), después de una cena familiar, cálida, navideña, una cena que es un verdadero rincón, Gretta, de vuelta a su estancia, llora. Llora por el recuerdo del joven Michael Furay, por su muerte temprana. Llora porque nieva afuera. Por muchos rincones que busquemos, siempre nieva. Nieva sobre los vivos y sobre los muertos.
Gracias por el artículo.

Una vez dominada la península y nuestras colonias en Sudamérica, España declara la guerra a Canada para proteger a nuestros aliados ingleses.
En clave interna, el partido comunista lucha por no perder su posición hegemónica. 
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Sobre el blog

El salto del ángel es un espacio de reflexión, de pensamiento sobre la dimensión social y política de los asuntos públicos, sobre la educación, la Universidad, la formación y la empleabilidad. Busca analizar los procesos de democratización, de internacionalización y de modernización como tarea permanente, con una actitud de convicción y de compromiso.

Sobre el autor

Angel Gabilondo

Ángel Gabilondo Pujol es Catedrático de Metafísica de la Universidad Autónoma de Madrid, de la que fue Rector. Tras ser Presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas, ha sido Ministro de Educación.

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