El salto del ángel

Fugas diversas

Por: | 12 de febrero de 2013

Ignacio häbrika el escapista2

La fuga no es sólo una huída, ni siempre se limita a una escapada, aunque no deja de ser un desplazamiento. En ocasiones, la presión de nuestra propia situación y de los entornos es tal que necesitamos abrir la espita que desahogue, libere, o reduzca lo insostenible del estado en el que nos encontramos. Y tenemos que irnos. También la rutina de lo más habitual, que nos ofrece ciertas seguridades, viene a generar una densidad que pesa en nuestro quehacer diario. Semejante rutina no está exenta de incertidumbres y no pocos sencillamente viven en ella, aunque con otras y dolorosas constataciones, la de una constante incomodidad radical. Hay formas que no necesitan ser espectaculares para provocar modificaciones, algunas bien eficaces a pesar de su aparente trivialidad. Pero ni siquiera están al alcance de todos.

Quizá vamos y venimos para ir a dar en lo mismo. Sin embargo, incluso en tal caso, hay momentos en que un simple cambio de lugar es ya un paso, si bien ni siempre ni necesariamente a mejor. Pero se sustenta en una búsqueda. Algo nos hace  tratar de procurarnos eso que denominamos una escapada. No siempre adopta la forma del afamado film Il sorpasso (1962), en el que Bruno Cartona pasea su soltura con el tímido estudiante Roberto, para salir de Roma y en cierto sentido de su vida convencional. Las peripecias de Doc McCoy en The Getaway (1972) bastan para subrayar hasta qué punto su huída no es sólo una escapada. À bout de souffle (1960) complica aún más las distinciones, poniéndonos en un límite, en una suerte extrema que implica todo un modo de considerar el enigma de la vida. Una constatación más de que ciertos desplazamientos son modos de procurar otras formas de cercanía. Y ello exige algún arte. Desplazarse es más que irse. Entre otras razones porque en ocasiones creemos irnos y no nos movemos del sitio.

Cierto apresuramiento, alguna precipitación, una concreta urgencia de cambiar responden a una necesidad imperiosa, sostenida aún por la fuerzas que restan, para no perder tensión e intensidad, para no perder más vida. Se trataría de que por muy contundentes que resulten las razones, aún cupiera una elección, una decisión y la fuga no fuera una desdicha. Sin embargo, no siempre nace de una preferencia, sino de que sencillamente no cabe otra posibilidad, no hay más remedio, es una necesidad. Pero ello está enraizado en los objetivos y en el sentido de los fines propuestos. Es evidente que, aún siendo en ambos casos fugas, no es lo mismo que se trate de bienes, de servicios, o de capitales, que de inteligencia o de conocimiento. Puestos a encontrar una salida, es radicalmente distinto si se trata de algo impuesto o de un modo de eludir responsabilidades, incluso fraudulentamente, o de afrontarlas con exigencia y responsabilidad.

Ignacio Hábrika poetas en destierro

El pensamiento tiene en cuenta los medios, los recursos, los mecanismos, los procedimientos, porque la fuga es acción. Y es cuestión de “hacer el movimiento”. Gilles Deleuze nos recuerda que “más se trata de eso que de pensarlo en la abstracción de lo universal, que nunca ha corrido ni nadado, sino que hace los movimientos del nadar, en seco, y los del correr, in situ, puesto que sólo se ocupa de los fines.” Y hacer el movimiento es pasar al acto. Decidir no es un mero querer el movimiento, sino hacerlo. Pero es preciso poder. Sin embargo, a veces esa fugacidad no es sólo nuestra, es la de la vida, y consiste en perseverar y en mantenerse en estar de camino, en insistir, y en no creer o soñar que hemos llegado o ya estamos, simplemente porque a veces nos lo decimos o lo aireamos. Y entonces procedemos como fugados sin fuga, y nos aposentamos, nos establecemos y fijamos, por fin, nuestra residencia.

Cuando la fuga no es una mera fuga mental, late en ella una insatisfacción, una incompletud y también una voluntad de no entregarse, sino de perseguir y de incidir en la determinación de recobrar aliento, de retomar fuerzas. Ello nos permite considerar que tal vez lo que nos afecta es una incidencia, y se trata de un momento, de una coyuntura. Aunque no siempre. Pero en todo caso, finalmente, la reiteración permanente de la fuga es una ocasión de una cierta armonía, a pesar de que no se nos alcance habitualmente.

No ocurre  con frecuencia que la fuga sea en nuestras vidas frase musical, que se superpone y alterna al igual que lo hacen el sujeto y el contratema o contrasujeto, como si los acontecimientos de la vida no fueran sino variaciones o mutaciones de algo que vertebra o articula nuestra existencia. Si hay alteraciones sería para preservar la tonalidad, para que todas las voces a su modo digan conjuntamente. Sin embargo, la dispersión es a veces de tal alcance que sólo experimentamos disgregación, pérdida. Y entonces la fuga que se precisa es la de cierta marcha, la que no permite en la actual tesitura otro tipo de encuentro. Cabría la esperanza de que todos los episodios compusieran una cierta melodía de vida. Pero no siempre es lo que nos sucede.

Ignacio Habrika Poetas en bicicletas 2009
Exilios y destierros, algunos bien cotidianos, muestran hasta qué punto no resulta fácil convivir con algunos extravíos. Ciertamente se trata de afrontar los problemas y los desafíos. Precisamente por ello, se necesita una toma de posición y una cierta perspectiva, que es también algo más que un punto de fuga, es un verdadero haz. A veces, se requiere una distancia. Envueltos y enredados en los asuntos inmediatos, sin otra posibilidad o alcance, todos los movimientos parecen ahondar o enraizar aún más la situación. Y nos empecinamos y enfrascamos en lo mismo, una y otra vez. Si la fuga comporta armonía, si la ofrece, es concretamente como modo de desprenderse, de despegarse, de desligarse, de sobreponerse del ruido fatuo de algunas peripecias. Y este privilegio ni es fácil, ni siempre posible.

Eugenio Trías nos deja en El canto de las sirenas. Argumentos musicales una lectura de las fugas que, como las mónadas de Leibniz, pueden llegar a ser variaciones de una armonía universal. Ello no impide que para poder serlo resulte indispensable insistir, percutir, incidir, desde distintos planos, en diferentes ángulos, para que quepa la unidad melódica que sustente la memoria de una vida. Que nos regalemos fugas no significa que eludamos afrontar lo que nos requiere. Se trata de que no nos enfanguemos precisamente en aquello que despreciamos. La fuga ha de procurarnos otra mirada, otro lenguaje, otra decisión.

Ignacio Habrika De la serie multitudes y escaleras 2 2007
(Imágenes: Pinturas de Ignacio Hábrika, El escapista, 2008; Poetas en bicicletas, 2009; Poetas en destierro, 2009; y De la serie multitudes y escaleras, 2007)

 

Hay 14 Comentarios

La fuga que fracasa es la de querer escapar de sí mismo "sabiendo" o fraguando el sí mismo propio de un recluso.La fuga es querer estar en otra parte, por lo tanto, una fuga es siempre un desastre del que se cree que hay posibilidades de escapar( ojo, esto es una ilusión).

"Fisiología: Ciencia que tiene por objeto el estudio de las funciones de los seres orgánicos", según la RAE. Un órgano es un instrumento de música. Un ser orgánico podría ser alguien destilado por ese instrumento musical. Nuestros órganos nos permiten acceder a la ordenación armónica de las cosas. Es como una función en la que cada actor orgánico interpreta el papel de su vida. Y esa ciencia que estudia las funciones de los seres orgánicos es la fisiología.

Tempus fugit... y al hacerlo, entierra, caduca, prescribe, libera. El paso del tiempo indulta o permite la huída a quienes tuvieron alguna responsabilidad en el pasado, que ya ha prescrito. La ley, a veces, lo permite. Y es preciso reclamar contrarreloj, antes de que el tiempo y el olvido, inevitablemente, borren la deuda, como Solón, por la imposibilidad de pagarla, ya que quien no es consciente ¿es plenamente responsable? ¿puede pagar quien no sabe que debe?¿reconoce la ley el mismo derecho el acreedor que no informa, que no recuerda al deudor su deuda?. Los pueblos que rechazan tal esclavitud en sus reglamentos entienden que la dignidad está por encima de ese peso. En la ley, por otra parte, la letra debe nacer del espíritu, no a la inversa. Escamotear un dato es traicionar el espíritu: la verdad suele estar en la intención y, así, por omisión intencionada, se puede incumplir un acuerdo, igual que se puede ser fiel a él si se es coherente con la intención con que se firmó. No obstante, todo ocurre por algo, toda causa tiene un efecto y, desde ese punto de vista es difícil acumular cualquier tipo de deuda: el mero hecho de que algo ocurra ¿no implicaría, en el mejor de los mundos posibles, que ya está compensado?.

Como siempre ,un placer leerle . Hoy especialmente .

Tempus fugit...con él, todos huimos. Si no fuera porque la memoria nos retiene, diríamos que el tiempo nos rapta a cada instante, aunque quisiéramos huir de esa huida en la inmovilidad y en el reposo de la mente. La paradoja relativista nos ofrecería una solución imposible: cuanto más rápido huyéramos, tanto más lenta sería nuestra duración en el universo acelerado abocado a la dispersión y a la extinción entrópica. Pero esa escapatoria nos está vedada y así sólo nos queda un refugio: el hueco a contramarcha que nos abre la memoria. Cuando hasta ese rincón, erosionado por la decadencia fisiológica, pierde profundidad, quedamos inermes ante un poder de arrastre cuya furia va arrebatándonos también jirones de conciencia.
Generalmente preferimos volver la cara o cerrar los ojos para no ser perturbados en nuestro ánimo por la despiadada fuerza de un secuestrador tan implacable. Pero eso no es huida es falsa ausencia, olvido por renuncia a la contemplación de la realidad, sumisión al espontáneo obrar regido por la demanda de las emociones asociadas a la percepción de lo inmediato; esa actitud infantil que resulta a veces tan confortable.
Más consoladora -al parecer del que esto escribe- es la música. Por ella, el tiempo se hace constante interiorización y no cabe huida sino conciencia de un destino común que pasa por la transitoriedad del presente, la creación de la memoria y la comprensión de ese durar en perspectiva. Por ejemplo, la fuga, cualquier fuga, da forma y estructura a este proceso: el sujeto va por una senda y, por otra paralela, vuelve a ir lo que creíamos pasado pero que entonces se hace presente como retorno junto a un contrasujeto; y, de esa acumulación de variaciones sobre la memoria, extraemos la comprensión de cuanto, ordenado por la mente, se convierte de enemigo en compañero. La huida propia se acompasa con el tiempo y así
“el alma, que en olvido está sumida,
torna a cobrar el tino
y memoria perdida
de su origen primera esclarecida.”

La fugaz fuga del pez Fugu.
Pecio del Pacífico.
De la mar a la mesa
ración de ruleta rusa.
Extraído lo exquisito
separado lo sutil suavemente,
finamente fileteado,
entregado y tragado
ya no ve, ya no nada,
ya no ve nada.

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Cierto, no siempre es lo que nos sucede. Y entonces la fuga se convierte en una necesidad que si no atendemos, nuestro organismo se encarga de procurarnos. Una convalecencia es también una forma de fuga. Pone nuestra vida en "punto muerto" y nos ofrece la posibilidad de recuperar la armonía perdida.

Del Lute a Bach, la fuga es la vida condensada, tantas variaciones pisándose sobre la marcha expresando armónicamente la zenoniana contradicción que nos desgarra.
Un hermoso homenaje a Trías.
El Kyrie del Requiem mozartiano, en ese momento de muerte en que se produce un ahogo de eternidad en las distintas partes del coro conjuntamente, y se abre el no-tiempo.
La fuga a otro país donde nuestros hijos no tengan que buscar en la basura cuando ya no estemos.
Finalmente siempre la fuga hacia donde ya no podemos escapar...

La fuga es una palabra que tiene muchas acepciones, que como todo lo referido a las personas se ha de acomodar a cada situación.
Interpretarla en sus justos términos.
La fuga puede ser una huida, una cobardía, una mentira, un engaño, un timo, una malversación.
Una irresponsabilidad.
Muchas veces las personas nos fugamos de cumplir con nuestro deber, de decir las cosas tal cual son, y no como las decimos a conveniencia de algún interés.
Se fuga el reo de la prisión.
Se fuga el hijo o la hija de casa, que a veces es una prisión bajo la tutela déspota de un alcaide.
Se fuga una nota musical.
Se fuga la ilusión de nuestra juventud, cuando después de la escuela pensábamos que se podían enderezar los odios y las avaricias con trabajo y con tesón.
Desengañados y resignados asistimos a la fuga de ese trabajo baldío por los demás.
Musitando si nos quedan fuerzas, un pérdonalos que no saben lo que hacen, aunque quizás lo que no entendemos es que el trabajo va por dentro de cada uno, y no por fuera de nosotros.
El peldaño lo ha de subir cada cual y cada uno por sí mismo sin ayudas ni componendas.
Sin fugas posibles de ningún tipo.

Sus textos, profesor Gabilondo, son siempre ocasiones para la fuga. Discretamente suele mostrarnos tallos y flujos subterráneos, líneas de fuga, y hacernos ver que incluso "en la axila de una rama" puede formarse un rizoma.
Hagamos rizoma, y que en el amor seamos avispas y orquídeas.
Gracias
(Espléndidas las imágenes de HábriKa)

Decía un amigo mío que una rutina es una ruta muy pequeña, un sendero estrecho que no lleva muy lejos. Y en eso suele consistir la educación, en el aprendizaje de rutinas. Y las rutinas no consisten solamente en conductas repetidas y ritualizadas, sino también en repeticiones de pensamiento.

La imitación y la repetición son más antiguas que la misma pedagogía, que cualquier intento metódico de transmitir un conocimiento, y resultan eficaces para algunos aprendizajes. Pero su uso sistemático y exclusivo nos convierte en impostores; es decir, en personas con algo impostado o impuesto. Al ser instruidos de este modo adquirimos hábitos que no son propios, que condicionan nuestra naturaleza, inducen convicciones y valores, distorsionan nuestra sensibilidad e inciden en nuestra biología y nuestra genética; es decir, en todo aquello que nos hace únicos.
http://www.otraspoliticas.com/educacion/desaprender

Está la fuga bochornosa del cobarde o del traidor. Está la fuga feliz de los amantes. Luego hay otras fugas: la de quien huye de la miseria, la de quien huye de la persecución, la de quien huye de los demás o de sí mismo. Esas son fugas dolorosas, a menudo llenas de angustia. La fuga puede ser en el espacio o en el tiempo, hacia el exterior o hacia el interior. Pero, ¿de verdad hay siempre movimiento en la fuga? ¿no existe esa fuga desesperada, patética, que patalea en el vacío, que no va en realidad a ningún sitio, que permanece anclada en la pura necesidad de fuga, convertida en fin en sí misma, triunfadora de la nada?

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Sobre el blog

El salto del ángel es un espacio de reflexión, de pensamiento sobre la dimensión social y política de los asuntos públicos, sobre la educación, la Universidad, la formación y la empleabilidad. Busca analizar los procesos de democratización, de internacionalización y de modernización como tarea permanente, con una actitud de convicción y de compromiso.

Sobre el autor

Angel Gabilondo

Ángel Gabilondo Pujol es Catedrático de Metafísica de la Universidad Autónoma de Madrid, de la que fue Rector. Tras ser Presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas, ha sido Ministro de Educación.

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