El salto del ángel

Pasivos

Por: | 10 de mayo de 2013

Elena Zolotnisky Waiting
Un hilo no simplemente etimológico enlaza paciente con pasivo. En definitiva, se trataría de aguardar, de confiar, pero también, de dejarse hacer. La actuación consistiría en que intervinieran por nosotros, con nosotros, se ocuparan de lo nuestro. No desesperemos. Todo llegará.

Por eso, es tan importante no confundir la quietud con la justa paciencia incorporada a la capacidad de crear y de esperar activamente la hora del alumbramiento. La paciencia es artífice. Así nos lo recuerda Rainer Maria Rilke. “Ahí no cabe medir por el tiempo. Un año no tiene valor y diez años nada son. Ser artista es no calcular, no contar, sino madurar como el árbol que no apremia su savia, mas permanece tranquilo y confiado bajo las tormentas de la primavera, sin temor a que tras ella tal vez nunca pueda llegar otro verano. A pesar de todo, el verano llega. Pero sólo para quienes sepan tener paciencia y vivir con ánimo tan tranquilo, sereno, anchuroso, como si ante ellos se extendiera la eternidad. Esto lo aprendo yo cada día. Lo aprendo entre sufrimientos, a los que por ello quedo agradecido. ¡La paciencia lo es todo!”.

Elena Zolotnisky mujer de amarillo
Quizá, puestos a convocarla, incluso a invocarla, conviene no entenderla como un lapso, una suerte de tiempo dormido o demorado, un olvido, una despreocupación, un fijar la mirada en otra dirección, en otros asuntos, para que otros lo hagan, para que otros se ocupen, sin atender demasiado a lo que parece, a lo que aparece, a lo previsible o a lo previsto, a fin de permanecer pacientemente, pasivamente.

Mientras tanto, en todo caso, caben otras ocupaciones, incluso entretenimientos. Pero conviene no intervenir, no interferir, con nuestra inquietud. En realidad, en eso consiste para algunos vivir, en esperar la venida de la solución. Y cualquier pregunta o cuestión al respecto podría entenderse como precipitación, como desconsideración.

Sin duda la paciencia es determinante. Para empezar la que hemos de tener con nosotros mismos. Y dado que es frecuente que nos encontremos en esa necesidad, no nos faltan ni hábito ni costumbre. Por otro lado, se esgrime en diversos momentos aunque, por lo general cuando existe la percepción de que algo no va suficientemente bien. En caso contrario, no suele ser concitada. Casi diríamos que si alguien nos la requiere presuponemos que hemos de prepararnos para una travesía difícil. Incluye, sin embargo, la perspectiva de un final y de llegar a ser un estímulo, un aliciente, un acicate, pero nunca por sí, sino en razón de las expectativas. Incluso esperar lo inesperado puede resultar lleno de sentido. El asunto se complica si ha de esperarse lo inesperable, es decir, aquello sin condiciones de posibilidad conocidas.

Elena Zolotnitsky cabeza ladeada
En última instancia, la cuestión es habitar el tiempo, aunque no cualquiera. Conviene no olvidar que es tiempo de vida, tiempo de nuestra vida. Y a veces tratar de preservarlo no hace sino agudizar la percepción de que estamos en horas muertas. Ocupados o desocupados en aguardar, todo deviene plomizo y al ser pacientes nos situamos en una cierta antesala en la que, temerosos, presumimos que se va a intervenir en nosotros, con nosotros. La confianza es entonces entrega al oficio y al saber ajeno. Y nos corresponde comprender que nuestra participación consiste en dejarnos hacer. Y puede ser sensato, pero no deja de ser inquietante.

Paciente y pasivo resultaría una mala conjunción. Más bien nos remitiría no sólo al sopor de ciertas tardes, sino a la retahíla de invocaciones al tiempo en la espera de que él haga su trabajo. Se pasará, es decir, es pasajero, lo que paradójicamente no le resta la posibilidad de tener efectos definitivos. Necesitamos comprender que es cosa de aplazar, de postergar la llegada de nuevos acontecimientos.

No se invoca la distracción, a veces tan difícil, si bien se insinúa. La necesaria paciencia sabe bien que, mientras no sucede algo, ocurren otras cosas y, mientras atendemos que llegue lo que deseamos, continúa haciendo tal vez su trabajo lo que no pretendemos. La sabia paciencia conoce que conviene no reducir lo sucedido al resultado de lo que ocurre. En el itinerario, en los caminos, en los lugares de reposo, en las consultas, en el asiento en el que todo es dilación van quedando marcas de ausencia. Precisamente de aquello que nunca llegará, o lo hará a destiempo.

Elena Zolotnisky Boy in the yelow jacquet
No ha de desestimarse tampoco la tristeza individual y colectiva que produce limitarse a confiar. Desconfiar es en ocasiones más activo y no por ello más deseable. Ahora bien, la confianza no es asunto de mera decisión, ni pura cuestión de voluntad y, menos aún, de requerimiento. Suele decirse que la que es personal se gana, se merece, se reconoce. Y conviene no sólo tenerla, sino asimismo darla. Desde ella no está mal reclamarnos esa paciencia que es constancia, insistencia, que no vive cegada por lo más inmediato, que es prudencia del tiempo y con el tiempo.

Cultivar la paciencia no es ampararse en la resignación. Sin embargo, cuando hay en verdad dolor y sufrimiento, cuando hay necesidad y soledad, no siempre su invocación es el mejor aliciente. Bien saben las tardes que llegará la noche y a esta le toca esperar el día. Mientras tanto, en todo caso, convendría algo más, algo otro, en que sostener en esa expectativa el horizonte.

La coyuntura personal, insustituible, de cada quien no se reduce a ser paciente. No sólo por la necesidad de ser agentes de nuestro propio vivir, sino porque, a su vez, nada es menos sano que la pasiva aceptación de que vaya sucediendo lo que le corresponde suceder. Entre otras razones, porque se trata de que lo hagamos ocurrir. No es fácil, ni para todos igual de posible, pero quietos, fijos, con la mera movilidad de las tareas cotidianas, por supuesto bien realizadas, el confín queda limitado a los avatares de cada día y, pasivo, el paciente pierde la mirada.

Se precisa entonces la paciencia que hace madurar, que acompaña, que incide, que alienta. Y hay en las palabras de Rilke, también en lo no dicho por ellas, una constatación, la de que efectivamente a veces se requiere una paciencia infinita. Y no faltan quienes la tienen, lo que no impide que sean más activos que pasivos. Hay situaciones en las que se obra con buena paciencia precisamente porque se entiende bien que no ha de invocarse como aceptación, ni como mera servidumbre respecto de lo que se nos reclama. Ser paciente no es ser sumiso.

Elena Zolotnitsky 10
(Imágenes: Pinturas de Elena Zolotnisky)

Hay 18 Comentarios

Uno está cansado de ser sujeto pasivo (para los de Hacienda) y sujeto activo (desde el punto de vista laboral, después de llevar tantos decenios trabajando o algo parecido a eso). Es curioso. Eso de tener ambos roles a la vez. Activo y pasivo. Supongo que la mayor pasividad es estar muerto. Algo así le pasa a gran parte de nuestra sociedad. Mientras tanto, otros se afanan sin parar en ser proactivos, sobre todo en lo que se refiere a amontonar dinero y poder. A eso se apuntan muchos. De su bombardeo nos bombardean luego a nosotros, pero de penuria.

Siempre me sorprende, profesor. Se ve y se aprecia su paciente estudio y análisis de las cosas. Enhorabuena

Aprovechando esta entrada, doy un repaso al diccionario y me encuentro con un problema recurrente de nuestra lengua. Por ejemplo, "facultad de saber esperar cuando algo se desea mucho" no es lo mismo que "tolerancia o consentimiento en mengua del honor", "capacidad para hacer cosas pesadas o minuciosas" no es lo mismo que " lentitud para hacer algo" o que "capacidad , de padecer o soportar algo sin alterarse", por no hablar de los significados que tienen que ver con la bollería o con las sillas de coro. Todo es paciencia, pero cada uno tenemos una idea de lo que la palabra significa. Yo nunca hubiera pensado en pasividad. Hace falta mucha paciencia para entender y hacerse entender.
Qué razón tenía Juan Diego (Millás) en "La lengua madre". ¡Que no nos confundan!
Por cierto, me encanta la cita de Rilke.

La hache ha descendido de la horca 
Hasta el primer confín de la algarada
Y allí ha dejado desde el nudo nada,
Acaso el cuerpo que la masa emporca.

Pocas direcciones llevan a ninguna parte con tanta seguridad como la "calle de en medio": la vía recta, la que parece evitar los esfuerzos de una circunvolución, la que más apta se muestra para ir echando de la calzada a los prudentes tenidos por parsimoniosos antes que por experimentados... "¡A la guillotina!"; "¡al paredón!","¡a la horca!"...Y, después de un tiempo, he aquí que los verdugos de hoy se convierten en los condenados de mañana por el simple hecho de que la Ley se degrada hasta el nivel de la emoción callejera, de la halgarada irracional, de la masa mórbida sin capacidad para el discernimiento, que sólo es empujada por los más arribistas de entre los demagogos, los que conocen la bajeza servil a que puede llegar la multitud cuando es tratada como jauría: se le enseña sangre y las quijadas se distienden, las parótidas segregan las babas espumantes, la garganta aulla con ansia de carne fresca...¡Ay del ser sensato que pretenda oponerse a la furia de esa estulticia colectiva infectada por la rabia de la retórica rencorosa! Quien intente calmarla desde el miedo, acabará entre sus fauces porque nada desprecia más la visceralidad desatada que la mesura timorata que trata de hacerle entrar en razón. Para enfrentarse a la impaciencia convertida en revuelta contra la paz ciudadana, no cabe más recurso que dejarla ante el espejo de su propia degradación, llamarla por el nombre que merece y despreciarla por lo que es y por lo que significa: traílla mostrenca que exhibe lo peor de la naturaleza humana.

Algo hay que hacer. Estallido social. Revolución. A juzgar por lo que escucho eso es lo que muchos añoran. Unas cuantas guillotinas en la Puerta del Sol o en la Avenida Diagonal. http://www.elsenorgordo.com/2013/05/algo-hay-que-hacer_9.html

No promuevo el chantaje emocional cediendo a él.
No me someto a quien pide flexibilidad mostrándose inflexible.
No promuevo el insulto y la agresión aceptándolos.
No promuevo condiciones de vida indigna aceptándolas.
No me atrae quien da un mal trato.
No considero amigo a quien engaña y agrede.
No cumplo mi parte del trato si la otra parte incumple.
No voy con quien no me respeta.

La ley también pone límites a la paciencia. Por ejemplo, no se puede esperar que alguien cumpla con un compromiso arrancado mediante coacción, amenaza o fraude. Sí se puede esperar que alguien pague una deuda que ha adquirido voluntariamente si no ha intervenido la coacción, amenaza o fraude.

Disculpen la inmodestia, coincido en la misma apreciación del señor Gabilondo y lo he desgranado en un breve ensayo sobre la lectura del Libro de Job en dos entrada en
http://www.lashojasvuelven.blogspot.com.es/2013/05/job-se-queja-ii.html
Agradecemos mucho sus textos de altura. Y su pensamiento inteligente y ponderado.

La forma pasiva de la paciencia, la que se queda en la resignada ausencia de perspectivas es la que deriva de un mero ver venir en completo abandono, resignación ciega a cualquier anticipación proactiva del futuro. Por poner un ejemplo, sería la actitud de quien dejara todo en manos del azar más improbable, de quien colmara toda su ambición en que le tocara la lotería, le viniera una buena mano de cartas o fuera objeto de la especial predilección de un patrono munificente y rico, juego convertido en expectación sobre la urdimbre caprichosa del destino; hay incluso quien asocia tal posibilidad improbable a un especial favor de los dioses, a un "tener fe" en la benevolencia o la misericordia divina. La espera de esa conjunción favorable de las variables de la realidad se encuentra en el grado más bajo de la paciencia, es un "pacer" en los prados de la ilusión, ese ámbito imaginativo del pensamiento que se solaza en el jugoso pasto de la vida fácil, ausente de otro riesgo que no sea el mínimo esfuerzo de comprar el décimo de lotería o dirigir la mirada insinuante al ricacho de avenjentada verdura.
Pero hay otra paciencia, la que contempla y analiza, desde el presente, las posibilidades diversas que plantea el porvenir y comprende que la probabilidad acaso pueda estar de su lado en un plazo más o menos cercano, más o menos asumible desde la mínima intervención en el transcurrir de los hechos. Puesto que nuestro anfitrión ha citado a Rilke, me gustaría a mí citar a Tsvietaieva ( una cita del intercambio epistolar a tres entre la poetisa rusa, Pasternak y el propio Rainer Maria del año 1926, por momentos, de colosal altura poética) :
"Sufro de la atrofia del presente, no sólo no lo vivo sino que nunca estoy en él".
Es la esperanza de una posibilidad cierta, que reclama sólo la resignada dilación del momento en que se consuma lo futuro como presente y colma la casi seguridad de un hecho con la confianza en su realización. La paciencia se tiñe entonces de impaciencia y necesita recurrir a la extrema racionalidad para asumir que el tiempo en que no se está es un tiempo en el que se llegará a estar. La paciencia se convierte entonces en profundidad de la consciencia desplegada sobre el transcuso temporal.

La pobreza es un mal a erradicar. La pobreza es indigna. ¿Alguien en su sano juicio piensa que por acabar con el dinero se acaban los problemas de la humanidad? La decisión de desprenderse debe ser voluntaria. Lo contrario es provocar la violencia y renunciar a la paz.

El límite de la paciencia es la dignidad. No la soberbia, no el capricho, sino la dignidad. Para saber si se tiene demasiada paciencia -nada en exceso- hay que preguntarse si la situación todavía es digna, si no se ha tocado ya lo que no puede ser.

Aportar es aportar. No es regalar. Uno aporta al bien común. Pero el bien debe ser común. No hay prisa mientras todavía haya dignidad.

No es fácil ser paciente, por ello se indica que ser paciente es una de las "actividades" más difíciles que nos quedan, es más, siempre queda eso, que no es poco.Ante las prisas, ante el dámelo ya que si no muero, el sacar de quicio o la necesidad y prioridades que supuestamente nos acucian( mucho descanso hay en el ruido actual, donde algunos se quieren echar a dormir para los restos), quién no ve, pues, que en la paciencia sea uno esa virtud o, como se suele decir, madre de todas las ciencias: la-pa-ciencia.La ecuación sería esa: que "Ser paciente no es ser sumiso", porque entre media queda la actividad que trae el tener paciencia, donde se "conforma" un "estar" o "instalación" que diría Julián Marías.El caso es que para tanto( para ello) no nos queda esperar a la eternidad.

Excelente artículo.
Evidentemente la paciencia puede ser una cualidad de la persona que la posee o por el contrario un defecto, dependiendo ello siempre de lo que la motive. La paciencia es positiva cuando es el fruto de un inteligente razonamiento, cuando está motivada por la serenidad, la prudencia, la incapacidad para cambiar las cosas, la incapacidad para poder actuar, una elevada confianza en otras personas o simplemente cuando esperamos conociendo lo que posiblemente ocurrirá. Pero de igual forma la paciencia puede ser negativa, un defecto de la persona, como Vd. dice cuando se espera lo considerado imposible, cuando se espera por vagancia, para evitar realizar un esfuerzo o por miedo a actuar.
La confianza fortalece nuestra paciencia, el problema es que podemos fácilmente ganarnos la confianza de los demás, pero tener confianza en otras personas no depende de nosotros sino de ellos, de tal forma que las cualidades o defectos de esos otros, y sus acciones condicionaran y determinaran en determinadas situaciones nuestra paciencia.
“El que espera desespera” pero también es cierto que a veces no hay más remedio que esperar siendo esta última decisión la más inteligente y acertada.

"La paciencia es una virtud" ...me decía mi madre de pequeña ante la impaciencia habitual en cualquier niño.. al final conseguí ser paciente pero tengo que reconocer que hoy por hoy está agotada...

http://nelygarcia.wordpress.com. El artista puede esperar mientras engendra su obra, pero una vez finalizada, el alumbramiento se produce. Creo que “Lao – Tese” dijo, el sabio actúa pero no lucha: la sociedad puede expresar su descontento, o satisfacción, hasta que los responsables la oigan, pero a veces se hacen los sordos y es necesario hacer más ruido. La paciencia, debe de caminar con la perseverancia, pero el tener claro lo que se desea es esencial; ese comportamiento conviene, mientras no tengamos un conocimiento integral de nosotros mismos.

...el mantra de la paciencia invocado como se invocan los oráculos, desde el olvido del sufrimiento y de su urgencia. Hay dolores a los que no se puede pedir paciencia sin ser infinitamente superficial, superficialmente insolidario, insolidariamente ciego.

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Sobre el blog

El salto del ángel es un espacio de reflexión, de pensamiento sobre la dimensión social y política de los asuntos públicos, sobre la educación, la Universidad, la formación y la empleabilidad. Busca analizar los procesos de democratización, de internacionalización y de modernización como tarea permanente, con una actitud de convicción y de compromiso.

Sobre el autor

Angel Gabilondo

Ángel Gabilondo Pujol es Catedrático de Metafísica de la Universidad Autónoma de Madrid, de la que fue Rector. Tras ser Presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas, ha sido Ministro de Educación.

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