El salto del ángel

Alguien con quien jugar

Por: | 03 de enero de 2014

Principio y final

Jugar no se reduce a practicar juegos. Eugen Fink llega a señalar que el juego ha de considerarse como símbolo del mundo. Así cobra sentido lo que es un fecundo planteamiento, el que entiende el vivir como un juego. No es simplemente un juego que uno juega, sin que tenga que ver con él, sino un juego en el que uno se la juega, se pone a sí mismo en juego. Al respecto, Gadamer ha insistido en que “el juego es una función elemental de la vida humana, hasta el punto de que no se puede pensar en absoluto la cultura humana sin un componente lúdico”.

Puestos a entender mal esta afirmación, hoy se habla de una “gamificación” o “ludificación” de la existencia. Se considera como un procedimiento de éxito para ser más eficaces y rentables, para que algo resulte más llevadero, más distraído, para lograr sacar el máximo partido de las situaciones y de las personas. Presentada como un mecanismo que se introduce en diversos ámbitos, no pocas veces en el ámbito laboral, acostumbra a ser ensalzada por los buenos frutos que produce en la productividad. Semejante jugar viene a ser un medio para otros fines. Y ya vamos viendo cuáles.

Sin embargo, desde los primeros momentos de nuestra vida es necesario y fecundo jugar. Y es importante y significativo en sí mismo. La fantasía y la imaginación se encuentran y se cultivan en ese espacio de recreación, que es más que una simple actividad de tiempo libre. La curiosidad, el sentido de la distancia y la concepción de uno y del propio cuerpo fructifican procurando libertad y conocimiento. Entre otros aspectos, para ser capaz de aprender y de corresponder al ritmo de la vida y de los acontecimientos de nuestro existir. Podríamos entonces invocar al azar, sin duda incisivo, aunque lo que caracteriza la idea misma de juego es la existencia de reglas. Pero son reglas autoimpuestas.

Ahora bien, lo que se pone reglas a sí mismo en la forma de un hacer, y no está sujeto a fines, es, como subraya Gadamer, la razón. Una conducta libre de fines que es propia del juego humano es el rasgo característico de esta. Exige trabajo, ambición y pasión. Vivir razonada y razonablemente es un juego serio, lo que no impide que sea divertido y diversificado.

  El trompo de Jesús

Jugar supone una determinada concepción de la participación. No se trata de limitarnos a una actitud pasiva de espectadores indiferentes que ven cómo otros corren su suerte, interesados más bien por los efectos que ello podría comportar. Jugarse algo con alguien, a su lado, en común, compartir convicciones y camino, proyecto, tareas y desafíos, trabajar y  luchar nos vincula y nos permite afrontar las consecuencias. El otro no es el juego, es el compañero, la compañera en el jugar. No es jugar a costa suya, es jugar libremente con él. Y ello ni siempre ocurre, ni semejante privilegio es frecuente.

En rigor, no hay juego si no hay implicación, hasta el extremo de formar parte activa mediante algo más que la complicidad, a través de la quiebra de la distancia entre los supuestos agentes y quienes aparentemente no están en lo que ocurre. Es cuestión de intervenir en el movimiento que el propio jugar siempre comporta. Y esto supone comunicación, que conlleva la posibilidad de vérselas con alguien en algo. Para que haya juego es preciso buscar ganar, sin que eso se identifique sin más con vencer. Y ser capaz de comprender que es posible perder, sin que necesariamente suponga finiquitar.

Con indiferencia no hay propiamente juego aunque, frente a una concepción rentista del mismo, hay en el jugar un elemento de belleza, que es exactamente su ausencia de utilidad inmediata. Aquí también, como señala Nuccio Ordine en el Manifiesto sobre “La utilidad de lo inútil”, no es cosa de tratar obsesivamente de poseer y de beneficiarse, actitudes que matan la dignidad.  Han de reivindicarse no solo el arte de jugar, sino el jugar como arte, y las diversas formas de conocimiento y de relación con él que ello comporta. No es cuestión de acumular productos y artilugios, en una suerte de gran juguetería almacenada, mientras a la par se pierde la capacidad de jugar.

Gallego Juguetesde niños

En este sentido, “no es casual sino el sello espiritual que lleva la trascendencia interior del juego, este exceso en lo arbitrario, en lo selecto, en lo libremente elegido, el que en esta actividad se exprese de un modo especial la experiencia de la finitud de la existencia humana”. A este decir de Gadamer ha de corresponderse con una actitud y una acción  que han de ser poéticas, a fin de dar cuenta de ese ingrediente trágico del juego. Y así cada acción no es simple preludio de algo, sino un auténtico jugar.

Ahora bien, para jugar de verdad se precisa ser artista y creador, hasta el extremo de abrir posibilidades inauditas en el juego mismo. Ya no es simplemente ser habilidoso, es cosa de ser innovador, incluso transformador del propio juego, en justa correspondencia con el proceder de las reglas. Hay algo fecundamente infantil en esta capacidad, algo liberador, una suerte de imprevisibilidad, que obedece a lo que en el jugar hay de irreductible, de imposible apropiación. Finalmente, quien vence siempre es el juego mismo. Su permanencia merece el calificativo de proceder artístico.

Y por eso el buen jugador no lo es tanto por la frecuencia con que juega, sino por la intensidad de su quehacer poético. Si a decir de Hölderlin, “lo que permanece lo fundan los poetas”, estos, y no simplemente los hacedores de versos o de buenas jugadas, son los auténticos artífices. De ahí que aprender a no ser artefactos sea no reducir todo a un útil, sino recuperar el sentido de la capacidad de crear conocimientos, cuya permanencia no ha de ser exactamente la de poder ser poseídos, sino su capacidad de no ser meros objetos, que es la que nos liberaría de ser siempre los mismos sujetos.

El mejor don es compartir la capacidad de jugar y que el jugar sea un verdadero proceder con otros, con otras. No  es que no quepa jugar solo, pero no es posible hacerlo al margen de unas reglas de juego, siquiera para afrontarlas, desafiarlas y confrontarlas. Caben formas de juego diferentes, pero siempre a su modo convocan y requieren de los demás. Compartir espacios, terrenos y reglas es determinante para el juego. También precisamos alguien con quien jugar. Pero lo decisivo es que quepa la recreación permanente de uno mismo.

Jorge-gallego-daniel

(Imágenes: Pinturas de Jorge Gallego, Principio y final, 2009; El trompo de Jesús, 2008;  Juguetes, 2007; y Daniel, 2006)

Hay 17 Comentarios

Ese que dice que estaban Sócrates, Gorgias y Meleto cuando eran niños jugando al trompo en el pórtico del santuario de Artemis y llega el anciano Heráclito a jugar con ellos e incordiar a sus padres y dice:


--Niños niños, buscadle ‘la puga’ a este trompo, niños: a qué no sabéis que divinidad abarca el mundo a cuatro patas al principio, a dos entre medias y a tres al final de su vida.


El niño Sócrates, muy obediente le responde al anciano: yo sólo sé que ese ser no sabe nadar a nudos, que solo sabe andar a nadas.


--Muy bien, Socratitos, muy bien dicho.


Entonces el pequeño Gorgias le dice al anciano: si ese dios existe yo no lo comprendo, y como no lo comprendo ¡pues que me expliquen qué clase de bicho es ése!


--Muy bien, Gorgiritos, muy bien has hablado.


Y entonces remata Meleto y dice: pero si no…, si ése es mi primo Ánitos que es capaz de abarcar a cuatro manos, cual Shiva con gibas, viandas y oropeles; de enzarzar, cual Hermes, zancada tras zancadilla que consigue hilvanar, y de seducir a las chatis a tres patas cual Príapo hincando la reja en los campos de cultivo en plena sementera.


A lo que el viejo Heráclito exclama: ¡hay que joderse, pero que siempre tienen que ser los mismos abundantes de siempre, los mismos perros con los mismos cencerros, los que salen a cazar con la antorcha apagada y el arco destensado! ¡Yo no sé que va a ser esto! ¡Me vuelvo a casa a atizar el fuego!

Los juegos son simulaciones acotadas de la realidad. La caza, el combate, la dialéctica, la tecnología…y tantas otras actividades que han de ser desarrolladas en un determinado entorno físico y social pueden, por medio del juego, ser practicadas minimizando sus riesgos y sus consecuencias indeseables, abstrayendo de la decisión humana los efectos deletéreos, reales, del conflicto con la naturaleza y con los demás. Puesto que todo juego que se precie limita a un número reducido de variables la diversidad de elementos en interacción –aunque la combinatoria pueda convertir en innumerable las relaciones posibles- el componente azaroso adquiere una dimensión manejable; el azar existe, por supuesto, e influye en el resultado de los juegos pero no desborda al intelecto con la desmesura de lo accidental inabarcable. El destino que aguarda al jugador no resulta por completo inexcrutable y así hasta es posible desarrollar una “Teoría de los juegos” en que las decisiones de los jugadores son reducidas a la racionalidad matemática.
En la infancia, el juego tiene un sentido formativo; en la madurez, un carácter recreativo, lúdico. Sin embargo, desde muy antiguo, este esquema suele desbordar la banalidad. Los “munera gladiatoria” convertían en espectáculo, en juego de identificación distante, la lucha a muerte; otros luchaban y otros morían pero el espectador asumía emocionalmente el papel de su favorito en esa simulación descarnada de la batalla. El fútbol y otros deportes han adquirido el mismo carácter de trasferencia existencial y creo que, por esta causa, excitan las pasiones hasta el paroxismo. No, ya no se trata de la exaltación de una gloria individual ante los dioses, que puede ser ponderada con acentos heroicos por un Píndaro inspirado. El juego es ahora una alienación que no mira lo azaroso como si fuera el resultado del capricho de los dioses sino como una ponderación de probabilidades que, si vienen a ser contradichas por la realidad, engendran frustración y desánimo porque demuestran que hay formas falsas de razón y engaños asumidos con agrado.
Pero aunque haya vidas colmadas por el juego, la vida no lo es. El estado mayor prusiano hizo del “Kriegspiel” una práctica común para refinar sus planes y prever las contingencias de la batalla. Moltke, sin embargo, sabía que ningún plan sobrevivía a las primeras 24 horas de combate. El juego vale para pasar el rato; la apuesta, para hacer de la ilusión un lenitivo con que atemperar el dolor de seguir vivo. El 99,99% de las veces las fantasías de lujo y de munificencia filantrópica no pasan de la condición de ensueño. En el juego, gana el que no quiere jugar o el que asume sin reticencias su condición de perdedor.


Jugar volvo a insistir tiene tantos relatos que se pueden extender en el ejemplo de cualquier lingüística que se aprecie para comportar con algunos/as actitudes para participar en jugadas extraoficiales.
El juego en la opinión de todos los representantes de la organización reglamentaria de la razón y de lo razonable es al menos reconstituible por dos razonamientos el que se muestra en la jugada y el que equivale a su jurisprudencia reglamentaria alcista. El juego lo que tiene es que alcanza su magnitud en lo razonablemente futurista en el que tiene una necesidad de equilibrar el desajuste en su agitada agenda. Comparar un juego con otro podría satisfacer el buen hacer de la partida por ser bien jugada en el amparo del arbitraje. Pero jugar tiene sensatas y conciliadoras formas de proceder cuando su razón y lo razonable no entran en un entendimiento de como se ha de jugar deportivamente. Y no hay malestar cuando el deportista considera las opciones en su fichero reglamentario, nada más que para comprender dialogadamente por qué el jugador ha de dejar de ejercer su jugada. La comprensión generalizada del juego equitativo muestra un juego limpio y con resultados sujetos a la normativa vigente del juego de aprender con el paso del mantenimiento asumible del buen jugador.
Así el cambio de recuperación de modos diversos alcanza el cenit en la eficacia del juego con quienes todos quieran llegar a alcanzar su jugada. Jugar no solo le gusta al autor sino también al amigo, a la familia, al grupo, a los medios de comunicación, a los entendidos, expertos, también a los remilgados y a los que escuchen todas las voces de todos los juegos que quieren oír hablar de un juego competitivo basado en el dialogo, estrategias en soluciones locuaces y solvencias constitutivas equiparadas a las nuevas reglas de un juego común para todos.

Todo hace indicar que lo llegada del 2014 estamos entrando en una época que se va a caracterizar por poco juego colectivo o de un número muy limitado de jugadores.

Para Publicado por: pc | 04/01/2014 9:40:33
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PC, Dios te lo pague. Tú y algún otro que mejor callo, la obviedad no va a ninguna parte, me habéis arreglado el día:-)
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Alá os lo premie.

Aguien con quien jugar, he ahi la crisis cada vez mas profunda de nuestra sociedad, pues se ha cambiado por algo con que jugar y vamos perdiendo la capacidad de relacionarnos ludicamente pues lo hacemos virtualmente e individualmente
No recuerdo quien ha dicho:La fisica atomica es un juego de niños comparado con querer comprender un juego de niños
Que nunca perdamos esa capacidad de asombro y facil asociacion a un juego que tienen los niños
Jose Luis Espargebra Meco desde Buenos Aires

El juego es la obra de otro( esa como posibilidad, como abertura).Queda por decir que las reglas no se explican ni son "apropiadas" para todo: he ahí pues el drama del juego.Era Jean Cocteau quien afirmaba que para vivir era necesario también ser artista.De eso hablaba.De esto.De lo que más sabemos es de "la recreación permanente de uno mismo", porque atendiendo a lo demás, a los demás, uno sospecha que muchos no parecen querer jugar, siendo la principal obsesión captar, encerrar el juego: esto es su punto de fuga (por usar un término artístico).Yo sé que Platón tenía razón cuando decía que era lo mejor que tiene la vida.

Jugar, como algo lúdico y como actividad entregada al entretenimiento es algo necesario enriquecedor y positivo; es la alternativa a otras actividades que no lo son, vivir en otro mundo. Para jugar hay que imaginar pues jugar es darse a la fábula y a la ilusión. Los niños tienen una enorme facilidad para jugar porque imaginan bien. "Son como niños", de dice.
Distinto es lo que hacen algunos, que es jugarse la vida y la hacienda, ponerla en riesgo, y otros jugársela, esto es, dejar al azar el destino de sus vidas (y algunas veces, las de las demás). Esto forma parte de la irracionalidad, que es distinto de imaginar.

¡Para los que aun no hayan perdido la ilusión, felicidades!

Versión abreviada de La Montaña Mágica de Tomas Mann contada por Chiquito de la Calzada:


Esche que dise que está el pilósofo Federicorl Nietzsche, en loh Alpeh, en la consulta de su chiquiatra, el drotor Martinni Jeidiguer, y le dice:


--Drotor, drotor, no me encuentror nada bien, drotor. Creo que tengo un deprendimiiento de retina diodinalr.


A lo quel drotor le dise:
-- Nchts, ntchs, nchts, etto no güele bien... Ya ha vuelto a abusa de la espinaca de Popeye Espinosa, a qué sí.


--Ay drotor, sí, sil, lo confiesorl todo, soy un pecadorr de la pradera.


--Pero, vamoh a ver Federidol, que no te da cuen de que étta es la sesuarlgésimo tersera vez que viene con e mimmo rollo.


--Si es que estoy muy malitorl, drotor Heidy, tengo como un vacío có[(-){g}s]mico en tol cuelpo que no se pue aguantá.


Ahum, ejem, ujum, suspira y carraspea el drotor para terminar diciéndole al filósofor:


--... Ná, ná, nás… Eso no es ná, hombre, loh agujeros negrols los tenemos tos en la cabeza, lo único que hay ca veriguá es dónde cóño la hemoh puestorl.


--Ay, drotor, ya me quedao mah tranquilo po la punta loh cojoneh.

Os deseo que 2014 sea un año muy jugado por y para todos.

Yo, aprendiz de cuentista, juego a escribir y publico mis humildes relatos en mi blog pseudoliterario "Los cuentos tontos". Con el nuevo año ha nacido un cuento nuevo, "La fotografía". http://loscuentostontos.blogspot.com.es/2014/01/37-la-fotografia.html

Pero, al hilo de este "salto del ángel" os sugiero "El Parque del Elefante". Un cuento infantil muy particular.
http://loscuentostontos.blogspot.com.es/2013/06/el-parque-del-elefante.html

Cada quincena publico un capítulo. Comienza con una introducción, al hilo del taller de relato breve al que asisto, continúo con una canción, y termino con el cuento.

Si os apetece, podéis leerlo.
http://loscuentostontos.blogspot.com.es/

La gamificación es convertir las actividades humanas en algo gratificante para el jugador, haciendo que esté participe, o crea participar, voluntariamente, a la vez que consigue un "premio".
El trato que se le dé a estos dos factores, voluntariedad y premio, marcará la diferencia de uso. Uso que tiene un amplio ratio entre la burda manipulación de las personas para aprovecharse de ellas o el ofrecimiento gratuito de una experiencia que proporcione un insight al jugador.

(2)
Algunos países tampoco juegan solo satisfacen la Sharia de su fuente principal para abastecer una utopía doctrinal que relee y se construye con el tiempo del juego embaucador que permanece inalterado porque sus artículos son los principales fuentes de la legislación que especifican como debía de establecerse los principios del juego que otorga el Azahar en su papel consultivo. El mantenimiento de la libertad en el juego es la práctica religiosa solo para seguidores de la religión revelada y sus códigos serán los que rijan sus respectivos estatutos personales que son el cruce del juego principal de novedades constitucionales en que deja fuera la política el país.
Se han convertido en islamistas del sistema que garantiza la continuidad del Estado profundo administrado por los militantes.
Y se establecerán periodos equivalentes a dos mandatos presidenciales pero el nombramiento del ministro de defensa precisará la aprobación del consejo superior. El ritmo del actual juego de represión no serán precisos ocho años ni más disidencia y quedar so juzgue el país a placer, sin políticos de vivienda, medios ambientales o servicios sociales. Y la reforma estatutaria del juego supuso no solo la devaluación del anterior sino también de la propia Constitución ya que aprobar un nuevo texto claramente inconstitucional, tuvo que ser declarado nulo en muchos de sus preceptos esenciales por el T.C., naturalmente.
Esta pedagogía del juego ha hecho mella al ciudadano. Escuelas, medios de comunicación, instituciones de sociedad civil, partidos políticos y hasta sondeos demoscópicos manipulables que han contribuido a ellas todos a una. Pues es la hegemonía cultural del paciente de políticas autonomista al independentismo del juego más impaciente.

Jugar con alguien ha de ser por lo menos divertido. Así es jugar aprendiendo es la mejor teoría para un conocimiento del aprendizaje. Aun así jugar para algunos no termina siendo algo muy accesible en sus vidas.
Jugar con vosotros es algo atrayente e incluso estimulante según se vea el vaso, o medio lleno o medio vacío. No hay más que ver cómo se va ampliando la familia de los jugadores dispuestos a acceder al conocimiento ilimitado de lo que puede abrigar un buen ensayo.
Pero el juego de los jóvenes no puede proveer de un país que proviene de empresarios o afanosos comerciantes de telas y sus derivados en que se encuentra un mundo de mentiras de tergiversaciones interesadas, de falsa estadística, de argumentos mendaces aunque también esto sucede o pasa por tener un Gobierno de malos, pésimos ministros y ministras; de verdad, que coordinan algo. Así ha resultado ser, como él y la hemeroteca del juego que no le dejara de mentiroso. Y es que dicen que algunas cosas pueden cambiar claro que con el papa Francisco en el vaticano.
A caso ¿Hay que explicarle a alguien este concepto tan elemental? Y eso es lo lamentable no siempre es lo que ocurre sino exactamente el juego de lo que seduce, lo que es tanto como decir lo que pasa mientras no se da lo que habría de darse, o lo que pasa para que precisamente no acaecer.
Pues puede llegar a ser un juego del dolor, el producido por lo que no hay, por lo que falta, por lo que no viene, por lo que no llega del verdadero juego del sistema. Y eso no acaece y más aún, por lo que no parecemos propicios a procurar.

Leyéndole hoy profesor me cabe preguntarle, respecto a lo de ser artífices y no artefactos, si Heidegger, en su lectura sobre Hölderlin, intentaba quitarle cierta polilla al poeta. Me refiero a si el nazi, tal vez inmerso en mitad de una plétora übermenchsico-nietzscheana o victorhuguiana, la del déspota ilustrado, intentaba denunciar la metafísica mithos-teológica como artificio, o como algoritmo matemático iterativo en su eterno retornar que impedía la epistemología creadora. Me pregunto si cabe la posibilidad de que, ‘en’ Heidegger, tal ‘oscuridad heracliteana’ de su pensar, sea, meramente eso: un intentar que consigue sacudirse la polilla de la docta ignorancia y ‘trae “hermenéuticamente” fosforescencias’; un tomar consciencia, al menos, de la autoconsciencia y razón hegelianas, las que sienten que los tres siguientes estadíos de la “phae-nomen-on-log-ía” --espíritu, religión y saber absoluto-- son precisamente eso, especularidades necesarias que esperanzan al artífice traspuesto en artefacto que artificia automáticamente inconsciente de sí artificios maquínicos, abstracciones difusas, mathematismos ensimismantes, a no ser que o caminos satíricos.


Por otro lado, me pregunto si Mario Bunge, con su crítica a las pseudo-ciencias, podría replantearse ‘el decir heideggeriano’ como lógica matemática creadora de posibilidades creadoras.

Jugar a vivir es necesario y esencial. ¿Quién no ha experimentado en la niñez, algún juego compartido que supuso, unos momentos exquisitos y fantásticos?. Si en la edad adulta después de intentar seriamente, la comprensión de la existencia, se llega a la conclusión de que, la vida es un teatro, o juego, donde eres uno de los protagonistas, habrás aprendido algo, e intentar amar el papel que te corresponde y disfrutarlo, " según comentan algunos", una posibilidad de acierto.

Nuestra raíz como seres humanos gregarios, y como personas en sociedad nos lleva a compartir con los demás en grupo desde la infancia.
Necesitamos reconocernos entre los iguales.
Se ven en el juego nuestras diferencias naturales, como sellos que llevamos puestos desde el mismo momento de nacer, la individualidad.
Para empezar por ver, que las chicas y los chicos sienten distinto a la hora de apetencias por juegos y aventuras, desde el principio.
Manda la naturaleza de la que estamos hechos.
Y después la tendencia personal de cada criatura, impone actitudes y lugares en el grupo donde se ven quienes reúnen condiciones de liderazgo o de mayor consenso, habilidades naturales y talentos.
El juego es la primera escuela, que nos introduce dentro de cada cual el quienes somos y que papal somos capaces de desempeñar entre los demás.
Y para con nosotros mismos.
Muy importante para el resto de nuestras vidas, porque muchas personas a partir de lo aprendido en la niñez se aplican en superarse a si mismos.
Mejorando en muchos casos actitudes y carencias, quienes tienen la suerte de poder limar y pulir, de la mano de maestros y maestras.
El juego como herramienta educativa es importante.
Hay quien dicen, que el jugar no termina con la niñez, que seguimos jugando siendo adultos, ejerciendo igual que de pequeños, repartiendo los mismos argumentos y papeles, de quienes paran, y quienes corren o saltan.
Sin maestros ni maestras.
Donde el juego con todos sus riesgos se transforma sin notarlo en nuestro mismo presente.
El presente que estudiamos los adultos, y al que hemos de aplicar las leyes para que no se nos convierta la vida en un juego donde solo ganan unos.
Y pierden siempre los demás.
Un juego aburrido, triste u monótono.
Sin futuro.


EL DICTADOR TURCO, ERDOGAN, SE REUNÍA EN SECRETO CON EL BANQUERO DE AL-QAEDA: http://marat-asaltarloscielos.blogspot.com.es/2014/01/el-dictador-turco-erdogan-se-reunia-en.html

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Sobre el blog

El salto del ángel es un espacio de reflexión, de pensamiento sobre la dimensión social y política de los asuntos públicos, sobre la educación, la Universidad, la formación y la empleabilidad. Busca analizar los procesos de democratización, de internacionalización y de modernización como tarea permanente, con una actitud de convicción y de compromiso.

Sobre el autor

Angel Gabilondo

Ángel Gabilondo Pujol es Catedrático de Metafísica de la Universidad Autónoma de Madrid, de la que fue Rector. Tras ser Presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas, ha sido Ministro de Educación.

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