El salto del ángel

Es determinante

Por: | 31 de enero de 2014

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La determinación es determinante. Esta cantarina redundancia es bien elocuente. Aunque no es suficiente para que algo resulte realmente bien, es indispensable. No se identifica, sin más, con la decisión, ni es un ingrediente ni un componente, algo así como un sobreañadido que otorga sentido. Lo mal hecho no mejora por la determinación con que lo ejecutemos. Al contrario.

En tiempos más tibios de lo que pudieran parecer, donde abundan los merodeos y los vericuetos, las idas y venidas, no tanto por contemporizar, sino por una cierta precaución para con los efectos de lo asumido o preferido, se requiere la audacia de la decisión. Esperar a que todo esté claro y a que dispongamos de las fuerzas intactas, con la confianza de que se dará el momento propicio, donde fluirá nuestra acción sin obstáculos ni fisuras es un buen procedimiento para no hacer. Ahora bien, no es tan fácil adoptarla.

A veces no hay ocasión, no se da la oportunidad. En todo caso, no basta con la supuesta energía o aparente firmeza de disponer inmediata e irreflexivamente lo que ha de realizarse o con ponerse, como se dice, manos a la obra. No es suficiente con ejecutar, lo que podría ahondar los precipicios. Eso es precipitarse. Así que por una u otra razón, por cierta inviabilidad, cautela o algún temor, esperamos que la cosa se decida, impersonalmente. O, al menos, sin nosotros. Pero eso no significa que no lo sea también  por nosotros o para nosotros.

La determinación no está exenta de buenas razones y argumentos, ni de la voluntad de hacerlos valer, de comunicación y de participación. La falsa solidez del intrépido, que viene a ser desconsiderada osadía, se presenta en ocasiones como capacidad de liderazgo o de gestión. Sin embargo, la insensata imposición no pasa de ser una forma de debilidad. Y la debilidad suele dejar más indefensos y desprovistos precisamente a los débiles. Es frecuente malentender como consistencia lo que no es sino descuido. Mal asunto encontrarse en la línea de actuación de los supuestos audaces, atemorizados y presurosos ejecutores. Y así, tomada la decisión, cada cual puede ya dedicarse a sus cosas. Obviarla es el otro rostro de limitarse a adoptarla.

Octubre grande muy

Que algo sea determinante no se agota ni se reduce a que haya sido fruto de una determinación. Más bien señala que define y concreta una acción, y la hace capaz de producir efectos y de tener consecuencias de importancia, hasta abrir nuevas posibilidades. Entre los incidentes y peripecias que constituyen nuestro quehacer diario, en el vaivén de movilidades incapaces de modificar, la determinación con insistencia y coherencia resulta taxativa. En lugar de mero asistente, uno viene a ser miembro activo, participante. Y, entonces, incluso lo improbable puede ocurrir.

Nos encontramos en efecto, con hechos, tiempos y situaciones que son absolutamente decisivos, que influyen y modifican en sustancia lo que hay, lo que somos y lo que vivimos. Si Stefan Sweig habla de Momentos estelares de la humanidad, al caracterizarlos como tales, subraya hasta qué punto son determinantes, no simplemente espectaculares. No piden únicamente nuestra mirada, sino nuestra consideración. Y no siempre se contemplan bien muy de cerca. Cierta distancia puede ser un mejor modo de aproximación.

Inmersos en los avatares de nuestras peripecias cotidianas, entre rutinas y sorpresas, cegados por lo noticioso, no siempre vislumbramos ni siquiera nuestros momentos estelares. Si los hubiera. Quizás el tiempo o la sensación de cierta pérdida nos traen visos de algo determinante. O efectos de alegría muy postergados nos alumbran sobre sentidos en su momento desconsiderados. Entonces, se requiere otra determinación. Ya no exclusivamente para cuanto nos ocurre ahora, también para hacer determinante lo que puede venir a ser memorable. Incluso en nuestras vidas, rara vez apasionantes. Ello nos despierta para el instante presente y nos previene sobre la importancia de tener determinación.

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Asimismo, que algo sea determinante no supone tanto su clausura cuanto su incidencia. Conviene tener presente lo que abre y propicia. En cierta medida supone una reconsideración de valores, o precisamente su puesta en valor, incluso su concreción. La determinación no es una simple constatación ni de lo que pasa ni de lo que vemos. También hace que algo llegue a ocurrir, lo define, lo delimita y literalmente lo determina.

No se trata de invocar de los demás la determinación de la que carecemos, ni de achacar a los otros la que falta en nosotros. Sin embargo, parece sensato reclamar definición y toma de posición a quienes se encuentran en lugares con influencia repercusión en nuestras vidas, al menos sobre los asuntos de su competencia. En tal situación, no tener nada que decir se parece demasiado a que no hay nada que hacer. O en el peor de los casos, no hay nada que decir sobre lo que se ha de hacer, o sobre lo que se hace o va a hacer. Y más llamativo aún si para realizarlo se presume que no se requiere determinación alguna, toda vez que es un fruto que madura al margen de nuestra acción. Incluso entonces se precisa nuestra intervención. Parecería que evitándola tratamos de eludir la responsabilidad. Y no pocas veces en nuestra vida más personal buscamos no vernos en la necesidad de tener que actuar con determinación, no solo porque la situación es determinante, antes bien para que lo sea o no.

Puestos a preferir, buscamos que nada sea de gran repercusión. No tanto por la modestia y sencillez de nuestros propósitos, cuanto por la incertidumbre de las consecuencias. Pero la acumulación de situaciones sin resolución se parece demasiado a la condensación social que se produce ante lo no decidido, lo postergado, lo obviado. Ignorar que algo puede ser determinante sin nuestra determinación es arrogarse una capacidad de incidencia interesante. No ya solo por nuestra actuación, sino por la ausencia de ella. Incluso carecer de determinación puede ser determinante.

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(Imágenes: Pinturas de Pablo Montealegre. Ventanas como cuadros, 2007; y Sin título –espaldas-, 2011)

Hay 9 Comentarios

Hola Àngel, suelo leer su bitácora. Su artículos son un bálsamo para mí. Es la primera vez que le escribo y me gustaría saludarle y darle la enhorabuena por esta gran idea de escribir sus pensamientos. Un pobre estudiante le estima. La determinación es determinante, hace falta su concretación.

La determinación, la predisposición y valentía a la hora de tener que tomar decisiones de importancia, es sin lugar a dudas una cualidad exigible en aquellos que desempeñan algún tipo de responsabilidad. Pero, predisposición y valentía no deben confundirse con insensatez, imprudencia y ligereza a la hora de tomar decisiones determinantes.


La situación, las circunstancias en la que se debe de decidir, así como la importancia y consecuencias de la decisión a adoptar siempre deben condicionar nuestra determinación. De esta forma la determinación se puede convertir en una cualidad negativa del que asumiendo una responsabilidad tiene que tomar una decisión determinante, para él, para otros. Es el clásico comportamiento del jefe, líder, dirigente político, gobernante, que toma decisiones sin valorar ni siquiera mínimamente ni la situación ni las consecuencias que dicha decisión va a provocar. Es el clásico comportamiento del jefe, líder, gobernante, siempre predispuesto a decidir, siempre dispuesto a decir adelante, porque sabe que las consecuencias que pueda provocar su decisión nunca le van a alcanzar por encontrase como se suele decir en retaguardia o lo suficientemente protegido.


Adelante, 10.000 despidos más, adelante, 10.000 personas más condenadas a la pobreza, adelante, 10.000 desahucios más, adelante, adelante, adelante,…….., indiscutiblemente estos adelantes, este tipo de determinación, es irresponsable y negativa.


Lógicamente por condicionar no se debe entender retrasar. Cuando la información sobre aquello que debemos decidir es completa, retrasarla solo tiene sentido si creemos que algún elemento de la situación va a cambiar, condicionado así en otro sentido nuestra decisión.


Sin lugar a dudas presionar a una persona a tomar una decisión de forma rápida, irreflexiva, sin disponer de la necesaria información, sin darle oportunidad a informarse, además de ser un comportamiento injusto y tiránico, es peligroso. Pues una decisión irreflexiva, insensata, un adelante equivocado, nunca se sabe qué consecuencias negativas puede provocar, para uno, para otros.


Reflexionar sobre lo que se va a decidir es siempre acertado, sobre todo si te están imponiendo tener que decidir.

Un documental interesante.
http://www.youtube.com/watch?v=ETvoM-heFoE

Es determinante que arribemos, unos más que otros, la determinación hasta el arrojo. Hasta ese arrojo que trasciende la voluntad inercial del quehacer rutinario y establecido de ese ‘establishment’ compuesto por las mentes estables. Me refiero al arrojo que fluye no sólo como emanación intelectual, sino también como rezumar visceral, o como borbotón sanguino. Deberíamos tenerlo en cuenta. Aunque sea, simplemente, para materializar tal concepto, la determinación, fuera de la psicología industrial y de la mercadotecnia que nos traspasa. Que falta hace.


Y los bríos de esta determinación fluyente y orgánica deberían ser considerados otros distintos. Ya que los bríos que no cuestionan los mecanismos que los describen, o que no cuestionan lo que los hace funcionar, no son tales. Si acaso son impulsos, o inercias, o reacciones. O tan sólo las huellas de ello, esto es, manidas pulsiones de atávico vestigio.

Correr fuera del camino por muy ligero que se haga nunca lleva a la meta ha dicho alguien. La determinacion es determinante pero no garantia de exito definitivo .Todo esta indeterminado se determina con la determinacion de todo y todos los que influyen en esa situacion indeterminada, pues alguien ha hablado del efecto mariposa todo y todos influye en todo por insignificante que parezca
Jose Luis Espargebra Meco desde Buenos Aires

Hay que poner la "puesta en valor" en la picota continuamente para que veamos que la cosa no está muerta: esa cosa muerta que uno es cuando anda determinado a...

*Determinante * palabra que avanza en paralelo con la acción de unificar alguna cualidad derivada de algún asunto esencial. Es preciso utilizar determinación en la programación que se logra cultivando y combinando métodos sostenibles.

La determinación surge por una decisión irrevocable, que puede rebotar si no han sido analizadas y asumidas, todas las posibles consecuencias.
Si comparamos determinación, con indecisión, puede convenir la primera si se considera que, todo está perdido y la segunda si, teniendo asegurada cierta estabilidad, puede esperar la llegada de un tiempo favorable, que le permita mejorar.

El progreso, la información, la rapidez en los medios, el sentido global, la universalidad de los concepto, y la actual globalización que nos envuelve.
Son determinantes.
La determinación nos viene de estar vivos, de razonar, de sacar conclusiones y aceptar la responsabilidad de ejercer como personas conscientes.
Caminamos como sociedad con determinación, desde los conceptos que nacen de las mismas personas al ejercer como tales, respondiendo al patrón que nos conforma como seres inteligentes.
Es el troquel del que partimos como hombres y mujeres diferentes al resto de animales, somos racionales y eso imprime carácter.
Deduciendo, somos atrevidos gracias a la inteligencia de nuestro ADN, respondiendo a lo que se espera de nosotros como especie.
La indefensión nos viene de malversar esos principios de los que estamos hechos las personas.
Hombres y mujeres.
Determinantes ante el futuro y el avance en derechos y libertades como especie inteligente.
Desde la responsabilidad de respetarse a sí mismos, por pura humildad ante su origen y su génesis.

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Sobre el blog

El salto del ángel es un espacio de reflexión, de pensamiento sobre la dimensión social y política de los asuntos públicos, sobre la educación, la Universidad, la formación y la empleabilidad. Busca analizar los procesos de democratización, de internacionalización y de modernización como tarea permanente, con una actitud de convicción y de compromiso.

Sobre el autor

Angel Gabilondo

Ángel Gabilondo Pujol es Catedrático de Metafísica de la Universidad Autónoma de Madrid, de la que fue Rector. Tras ser Presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas, ha sido Ministro de Educación.

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