El salto del ángel

Inexplicable y enigmático

Por: | 14 de enero de 2014

  -Xteriors-VIII, 2001

Tratamos de explicar y de explicarnos. Y buscamos que nos expliquen. No siempre lo conseguimos. Y no es simple falta de voluntad, que podría ser. En no pocas ocasiones hay algo que se resiste a dejarse retener en una explicación. Eso no ha de ser una excusa para cesar de intentarlo, sino la constatación de la experiencia de los límites. Nos sentimos desbordados por aquello que resulta tan misterioso y enigmático como la propia vida. Nuestra sensata decisión de afrontarla se encuentra con la no menos sensata constatación de nuestras propias posibilidades.

No es que lo que ocurre se hurte sin más a ofrecerse con transparencia, no es que los fenómenos gusten de ocultarse, como Heráclito advierte que le ocurre a la naturaleza. No es que haya un fondo que se esconde de nuestra mirada. Malentenderíamos a Kant si consideráramos que las cosas no se nos ofrecen en sí, o son otra realidad. Si hay un respecto incognoscible en cada una de ellas, eso obedece no a su ocultación, sino a los límites de nuestro conocimiento. Que este se encuentre en expansión, que se genere, cree, crezca y se desarrolle no significa que nosotros no seamos sencillamente seres humanos. Nada menos, y nada más.

Y de modo permanente constatamos que no lo tenemos todo a mano, ni en nuestras manos. Algo se nos impone y ni siquiera nuestra propia vida nos resulta del todo comprensible. Hay sin duda buenas razones para atribuirlo a incoherencias, a inconstancias, a contradicciones. Pero hay también algo distinto, algo otro. Sería simplista responsabilizar a los demás, a los contrincantes, a la coyuntura, a las condiciones o a los momentos, y tratar de considerar que en ellos se encierra el motivo de nuestro desaliento al encontrarnos con lo inexplicable. Acabamos llamando así tanto a lo que no somos capaces de explicar, como a lo que parece obedecer a razones espurias. En todo caso, nos vemos conminados a vivir con lo que no acabamos de entender o, tal vez, entendemos demasiado, que es otra forma de desventura.

No podemos imaginar en qué consistiría nuestro vivir si todo fuera transparente y claro, ajustado y asentado en buenas razones, si el mundo nos satisficiera, si nos encontráramos sin escisiones. No hemos hecho jamás esa experiencia y parece razonable desearlo. Sin embargo, no es improbable que de una u otra manera hayamos de vivir sin acabar de comprender ni de encontrar del todo aquello que nos impulsa, motiva y moviliza. No es cuestión de resignarnos, pero tampoco de ignorarlo. Se nos impone un no llegar a poseer nunca del todo ni siquiera cuanto nos hace vivir.

 

_Xteriors_VII 2001
Podríamos hablar del lado oscuro de la existencia y airear con aire tenebroso cuanto constituye la fuente de no pocos de nuestros temores. Su causa y, no menos, su consecuencia. Bastaría recordar qué efectos producen el miedo y el mal. Y su excelentes aliados que son la injusticia y la violencia, desde la desconsideración hasta el agravio. Pronto desfilarían todo un conjunto casi carnavalesco de sensatas razones, que en última instancia nos remitirían a lo que nos espera.

Sin embargo, no siempre lo inexplicable es tan espectacular como para presentarse procesionalmente. A veces es tan cotidiano como una bruma, un susurro, una deficiencia, un dolor, una carencia, una necesidad, un silencio, una despedida. Y sume cada acción en constantes incertidumbres. No vemos y casi nos inquieta llegar a ver del todo. Ansiamos la lucidez y a la par preferimos que en alguna medida se enturbie la mirada. Siquiera para sobrellevar lo que ocurre y nos ocurre. No hace falta que sea fatídico, basta con que sea trivial.

Ciertamente, a veces son tan contundentes las situaciones concretas y tan difícilmente llevaderas que tendemos a atribuir toda posible desazón a una situación general que sin duda nos afecta. También a lo que no podemos, a nuestra incapacidad, a las dificultades y a los obstáculos que encontramos, a lo que otros nos imponen o nos impiden. En efecto, ello es decisivo, aunque tal vez nos sorprenderíamos al comprobar que en caso de poder elegir y decidir con absoluta libertad en cada instante lo que preferiríamos hacer, descubriríamos hasta qué punto nos hallamos sumidos en los misterios de nuestro propio deseo. Ello no alivia, ni tampoco sentirse constreñido por los impedimentos, pero libera de muchas ingenuidades. No siempre las palabras preservan sentidos encubiertos. Su intemperie es ya enigma.

XTERIORS-XII (1)

Podemos compartir un mismo estupor, un cierto temblor, por lo que acontece o deja de acontecer, por lo que podría llegar a suceder, por presencias y ausencias igualmente contundentes. Y hemos de conllevar todo un conjunto de sentidos y sinsentidos que constituyen nuestro vivir. No es preciso hacerlo de modo ostentoso o grandilocuente, ni basta con mostrar displicencia o desconsideración con ellos para que se esfumen. No necesitan aparición, no son fantasmas de nuestro existir, son parte constitutiva. Ignorarlos no les resta realidad, en todo caso, a nosotros.

Sería infantil atribuir a los demás esta inconsistencia, toda vez que no solo no es así, sino que forma parte de quienes somos. Aprender a sobrellevarla es tanto como aprender a sobrellevarse, como aprender a vivir la propia vida. En ocasiones, los apremios son tan inmediatos y urgentes que no parecemos disponer de las condiciones para andarnos con cuidado con estas supuestas irrelevancias. Pronto encontramos que quizá es ya demasiado tarde, que en algún modo siempre vivimos algo intempestivamente, como a destiempo.

Ahora bien, lo que nos desafía, incluso en su más simple caracterización, lo que nos convoca, hasta en su más débil llamada, lo que nos preocupa, en su mínima presión, lo que nos ocupa más inminentemente exigen una respuesta sencilla que solo es posible si habitamos lo inexplicable y enigmático de nuestra existencia. No es preciso conceptualizarlo explícitamente. Bien lo saben quienes más acuciados se encuentran por la constante necesidad de vivir sin lograr entender. Y entonces conviene no confundir lo incomprensible con lo que no se deja cautivar por una explicación.

XTERIORS-XV (1)

(Imágenes: Fotografías de Desirée Dolron.  Xteriors VIII, 2001; Xteriors VII, 2001; Xteriors XII, 2001; y Xteriors XV, 2001) 

Hay 14 Comentarios

Interesante reflexión. Cuando eres más joven esta incertidumbre la expresa la inseguridad, con el paso de los años te haces consciente de que no puedes controlar todo lo que pasa a tu alrededor. La experiencia del rechazo a algunas de las cosas que te constituyen motivan la vivencia de la maduración continua.
En todo caso es evidente que la vida también te va dando oportunidad de experiencias que te hacen más escéptico ante la realidad.
Me ha interesado el texto que nos trae, profesor, aunque tengo la certeza de que releerlo me ayudará a profundizar en las incertidumbres que el cambio continuo del vivir nos trae.
Gracias, profesor.

Cuando todos nos ponemos inexplicables por algunas circunstancias de la vida la aplicación justa será quizás pensar ¿Qué nos cuesta esto que está sucediendo? Lo enigmático seria no salir corriendo sino afrontar con cabeza y detenimiento que se propone lo enigmático para resolver las cuestiones imperantes.

Me agrada haber coincido en una refexión que linda con la aquí expresada. Y, aunque desde la lectura literaria, plantee algunas cuestiones semejantes, abordadando el el enigma como una proyección de los fantasmas interiores. Basta leer la obra mestra de H. James, otra vuelta de turca.
http://www.lashojasvuelven.blogspot.com.es

Siempre habrá algo que no podamos explicar. La razón nos ofrece un instrumento para penetrar no tanto en la realidad como en las interpretaciones de la realidad que otros han formulado antes. Conocemos por medio de modelos manejables por nuestras limitadas capacidades de percepción y memoria; unos modelos que nos permiten relacionar mentalmente fenómenos de nuestro interés aplicando formulaciones lógicas que enlazan causas y efectos y , a la vez, acotar la indagación en lo que nos rodea; o, por mejor decir, dar algo de profundidad a costa de la amplitud, de capacidad de predicción a las modificaciones en los modelos y esquemas que recibiéramos como legado. Por eso, a veces, nos sorprende tanto lo mucho que desconocemos de aquello que incorporamos superficialmente del acervo cultural de nuestro entorno como lo muy equivocado que puede estar el común de nuestros semejantes sobre ámbitos a los que se atreve a acceder desde la mera intuición o, lo que es peor, desde el prejuicio.
Pero no podemos evitar nuestra condición de seres humanos, no podemos deshacernos de esa parte de nuestra naturaleza que nos constituye desde el mismo momento de la concepción y que, cuando arribamos a la conciencia, modula nuestro comportamiento en forma de emociones y atavismos, incorporados al genoma de nuestra especie en su largo y azaroso proceso de evolución. Hay todo un mundo invisible en nosotros mismos que tendemos a ignorar de manera más o menos consciente y que, alternativamente, actúa afirmándonos y negándonos, como si la condición humana propendiera a la contradicción porque se negara a descubrir que cuanto porta consigo es causa de desazón y de inseguridad, estados del ánimo que, como casi todo lo que nos constituye, oscilan con la ambigüedad del momento y la madurez de la personalidad. Pues, en efecto, no sólo hay cosas que desconocemos sino cosas conocidas cuyo sentido varía según las circunstancias haciendo difícilmente aprehensible su valor cuando realmente importa valorarlo: en el presente que prepara el mañana.
Y si no nos conocemos a nosotros mismos, si apenas rozamos la superficie de una psique mayoritariamente oculta, constituida en partes proporcionales por herencia genética y fisiología alquitarada por el entorno, ¿cómo podemos saber no ya cuáles son las dimensiones de la vida de los demás que comparten nuestro tiempo sino dónde empieza y dónde acaba su yo personal? Difícimente. Inferimos, deducimos, colegimos, suponemos… y sin embargo, desde esas bases tan endebles hay quienes se atreven a proponer el prejuicio y el ego indubitado para suprimir no sólo la voz sino el mismo ser del otro. Entre este hoy que vivimos y el mañana en que la Humanidad desaparezca, habrá muchas cosas que jamás podrá ya saber nadie porque, sencillamente, nadie habrá que se interese en el porqué de lo que a cada uno le suceda en el tiempo que ha durado la lectura de estos párrafos. Por eso la primera regla debería ser siempre el “gnôthi seautón”; la segunda, acaso, la meditación sobre “el dilema del prisionero”.

Los días se suceden enigmáticamente con alguna consistencia sin desvelar el fin, depende de su instancia el sol o más bien la lluvia, dependiendo del temporal aunque quizás más apetecible la primavera (una estación intermedia). Lo inexplicable acontece en las identidades complejas y solapadas que caracterizan su nombre, el equilibrio. Ahora bien recordar que lo enigmático e inexplicable de las estaciones lo encontramos en la naturaleza y también en los libros. Buen día.

Interesante reflexión.


No poder dar explicación a algo puede ser importante por dos razones, por el hecho en sí o porque otros si conocen dicha explicación. Lo cual nos lleva a hacernos dos importantes preguntas: ¿Qué desconocemos? ¿Por qué desconocemos?


Dentro de lo que desconocemos hay dos partes, una constituida por lo que todos desconocen, otra constituida por lo que nosotros desconocemos pero otros ya conocen. ¿Por qué desconocemos lo que otros conocen? Simplemente lo ignoramos porque no nos interesa o lo desconocemos, teniendo importancia para nosotros, porque por alguna razón no tenemos acceso a esa parte del conocimiento.


Poseer conocimiento, conocer la explicación a algo que otros ignoran ha sido utilizado desde la antigüedad como fuente de poder y enriquecimiento. Por tanto no debe de extrañarnos que incluso en nuestra época las explicaciones a muchos enigmas que nos interesaría conocer se mantengan en secreto, limitando aquellos que las conocen el acceso a las mismos para así poder utilizarlas como fuente de poder y, o enriquecimiento.


Por ello lo primero que debemos conocer, saber, es que muchos conocen mucho de aquello que nosotros desconocemos.

Incertidumbre:nada es posible y todo es probable.La certidumbre absoluta no es posible en esta vida, si asi fuera seria demasiado aburrida. Ahi esta la diferencia con el resto de los animales, viven y actuan simpre de la misma manera sin incertidumbre
Jose Luis Espargebra Meco desde Buenos Aires

Me gusta.


Una posible conceptualización explícita (e inconsistente) de lo inexplicable y enigmático de nuestra existencia podría ser el binomio (cósmico) cognoscente-conocido que podemos encontrar en “Ser y Tiempo”. Aquí una alegre y arbitraria interpretación de ello:


Si entendemos la trasparencia como un cúmulo de subjetividades objetivadas (u objetividades subjetivadas) que, primeramente, van circulando por la impronta del mundo que queda “a la vista” de la conciencia del arrojado “ser-ahí” –la que le provee la apertura panorámica del acontecimiento que deviene (y/o del devenir que acontece)–; que, luego, continúa pasando por el descubrimiento de la mundanidad que queda “a los pies” de la conciencia del “estar-siendo-en-el-mundo” generador de sentidos y caminos; que, después, sigue atravesando la ‘creatividad “lo a la mano”’ de la cotidianidad en la que anda inmersa la autoconciencia del artífice que “es-estando-en-el-mundo” para, también, cómo no, alcanzarse como artefacto a la deriva de la intracotidianidad de “lo al apetito” que atraviesa la in-conciencia del “estar-presente-lo-que-sea-uno”…, si entendemos todo ello como comprensión de la existencia nos damos cuenta de que, como dicen que dijo Octavio paz «damos vueltas y vueltas en el vientre animal, en el vientre mineral, en el vientre temporal. Para encontrar la salida: el poema». O para saciar tal sed ensimismada y eterno-retornante de ese ser para-sí que ansía ser en-sí: salir a cazar lo inexplicable y enigmático de nuestra existencia con el ser para-otro que, a veces, se acepta ser sin-sí.

Algunos momentos de la vida son por decirlo de algún modo enigmático. Nos sentimos afortunados de poder contar con la vida llena de oportunidades y consuelos que nos hacen crecer. Y hay otros momentos más bien inexplicables donde mejor nos encomendaríamos a unas tareas imprescindibles para poder justificar un día que pudiera ser recomendable. La vida leída así podría ofrecernos días enigmáticos e inexplicables que quizás se fundarían con la existencia de nuestro existir.
Cuando lo enigmático e inexplicable coexiste aportan en sí una conexión mayor. Así quizás se puede albergar zonas comunes donde lo inexplicable resulte fácil de adquirir.
Se debe de contribuir hacia los demás desafíos que nuestras vidas proponen como bien se indica en la comunicación de lo enigmático y lo inexistente. La inconsistencia para lo común debe de tener instancias para dar vozz a lo imprescindible y que forme parte también de lo explicable de lo que ocurre en otros lugares contribuyentes de lo enigmático e inexistente para así asemejarse a quienes somos.

Una de las consecuencias de lo "inexplicable y enigmático de nuestra existencia" es que calificamos o valoramos ciertos episodios de nuestra vida con criterios y sentimientos humanos; decimos ante la muerte o la desgracia un ser querido: "no es justo"; y aplicamos el valor justicia a algo que forma parte "de lo inexplicable y de lo enigmático". La vida no es que sea justa o injusta: es la vida. Pero sí podemos calificar de justas o injustas las cosas que dependen de uno mismo y, en general, de los seres humanos. Y podemos tratar de hacer que impere la justicia, la verdad o la igualdad: ese será el sentido que le debemos dar a la vida. Y así llenaremos de valor a nuestra propia existencia, que dejará de ser hueca. La vida nos será pareciendo todo lo injusta que queramos; pero ¡qué no nos diga nadie que no hemos hecho todo lo posible para que no lo sea o para que deje de serlo!

¡Enhorabuena, Prof. Gabilondo!

Lo más inexplicable es; no saber el ¿por qué? de nuestra existencia, con momentos agradables, o dolorosos, situados en una naturaleza selectiva que, ajena a todo sentimiento practica la ley del más fuerte, en un efímero y eterno comienzo que bien analizado, roza lo absurdo.
No se puede explicar algo que nuestra consciencia, dominada por una mente mezquina y posesiva, no tiene capacidad de asimilar. Sin embargo, amamos la vida y nos aferramos a experimentar, los diferentes episodios, olvidando que nuestro tiempo es corto.

Sin duda la lucidez es una forma de desventura.

Pues a mi la raza humana me parece la más salvaje y despiadada de todas http://xurl.es/9ik46

Las personas como animales racionales que decimos ser hemos andado un camino que podemos explicar.
A diferencia del resto de animales, que siendo capaces de sentir y de alegrarse, no lo pueden decir.
Y eso les hace quedarse siempre en el umbral de salida, con el motor encendido, pero sin marchas, esperando el momento de ponerse en camino cuando les toque.
Las personas en todos nuestros niveles sociales por el contrario sabemos distinguir.
Y separar la teoría de la realidad, Lo imaginado o deseado de lo que es vida a ras del suelo.
Las personas somos conscientes del desgaste diario, de los errores cometidos a conciencia, del engaño y de la responsabilidad.
Somos conscientes del riesgo, de la enfermedad, de la juventud y de la vejez, de la vida y de la muerte.
Y a veces intentando escapar de ello, imaginamos otras alternativas y escapatorias.
Algunas se hacen reales, y otras son solo teorías.
Que condicionan nuestras vidas.
Nuestra existencia, al igual que la del resto de seres vivos se corresponde en prolongación con todo el universo que nos rodea.
Cuya cúspide es la voluntad y el libre albedrío, que sin embargo en lo material nos deja donde estamos.
Pero ese eslabón suelto construido sobre la realidad de los hechos, nos conecta con otro nivel superior desconocido aquí, a ras de suelo.
Lo inexplicable, lo enigmático, lo imaginado.
Lo deducido.
La teoría que da continuidad, comparando nuestra vida terrena con el resto del cosmos.
Dando respuesta al porque de nuestra existencia, el salto.
Como una cosecha sembrada a propósito.

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Sobre el blog

El salto del ángel es un espacio de reflexión, de pensamiento sobre la dimensión social y política de los asuntos públicos, sobre la educación, la Universidad, la formación y la empleabilidad. Busca analizar los procesos de democratización, de internacionalización y de modernización como tarea permanente, con una actitud de convicción y de compromiso.

Sobre el autor

Angel Gabilondo

Ángel Gabilondo Pujol es Catedrático de Metafísica de la Universidad Autónoma de Madrid, de la que fue Rector. Tras ser Presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas, ha sido Ministro de Educación.

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