El salto del ángel

Otras formas de ignorancia

Por: | 07 de enero de 2014

Cumbre. Serie Mediocres (2001)

"Ni yo mismo sé lo que digo. En verdad, es muy posible que haya vivido desde hace mucho en un estado de ignorancia vergonzosa sin advertirlo siquiera." La respuesta de Alcibíades a Sócrates, al ser instado a un mayor gobierno de sí, nos recuerda que, sin duda, hay múltiples modos de desconsideración para con el conocimiento, algunos de rabiosa actualidad. Cabría en todo caso establecer formas de ignorancia, que además suponen una cierta relación de uno consigo mismo que merecen atención. Son formas de rechazo o de apatía. Muy especialmente, el engreimiento, la indiferencia, la ingratitud, la insensibilidad y la insolidaridad. Todas ellas, en última instancia, comportan una carencia que puede atribuirse a múltiples causas pero que, en definitiva, además de otras desatenciones responden a una falta de inteligencia social, de valores y de conocimiento adecuados. De no ser así, habríamos de hurgar en diferentes causas no siempre menos lamentables.

En la sociedad del conocimiento no hemos de olvidar hasta qué punto en ocasiones éste se presenta como un mero cúmulo o acopio, todo un arsenal de información, de destrezas instrumentales o de habilidades de éxito. Sin embargo, no deja de ser inquietante que pueda llegar a admirarse determinado saber de alguien sin preocuparnos hasta qué punto se asienta en modalidades de ignorancia que habrían de resultarnos alarmantes.

Creerse superior, en una suerte de autosuficiencia satisfecha, estimando saberlo todo mejor y antes que los demás, hace del engreimiento un auténtico obstáculo para el conocer. Este, por el contrario, se sustenta en la voluntad de estar dispuesto a dejarse decir algo, y a experimentar la necesidad de sencillamente no darse por satisfecho, toda vez que uno es consciente de sus propias limitaciones e incapacidades. Enclaustrarse en el propio valer, ensimismarse en la supuesta valía, es siempre una forma de ceguera.

Hacer del conocimiento una coartada para ya no precisar de los demás, mostrando indiferencia con la suerte ajena, en una percepción que enmarca y encaja el conocer en un aislamiento, supone estimar que sus márgenes son los de una cierta ataraxia, una despreocupación sin voluntad de apertura ni de comunicación.

Ello puede llegar hasta el extremo de pensar que uno lo merece todo, que todo es poco, que cuanto es lo debe exclusivamente a sus méritos, es fruto de su exclusivo esfuerzo y no es cosa de compartir estos resultados. La ingratitud para reconocer lo que supone la ocasión, la oportunidad, el apoyo y la ayuda de los otros, no pocas veces a costa de ciertas pérdidas para ellos mismos, confirma que efectivamente la ignorancia tiene diversos rostros. Poder conocer es siempre algo que merece gratitud y es propio de seres agraciados, y agradecidos.

Ahora bien, si al conocer logramos emboscarnos en sus frutos, considerándonos meros agentes de lo que hacemos y de lo que ocurre, estimando que sólo hemos de incidir, sin vernos afectados, la insensibilidad nos impedirá incluso llegar más lejos, que es también estar más cerca. El conocimiento sin esta capacidad de ser sensible, que no es ni una mera pasividad ni un simple estado emocional, viene a ser frío, infecundo y carente de espíritu. Su sentido y su alcance se disecan en formas más o menos sofisticadas de clasificación, y pensar se queda en ordenar el saber.

  La-especie-superflua

En definitiva, si ninguna exclusión es mayor que la exclusión del conocimiento, si ello provoca formas de pobreza, que es la mayor soledad, la insolidaridad sería la máxima expresión de ignorancia. Habita en formas cada vez más consistentes y menos evidentes, pero en definitiva trasluce su rostro de individualismo y de egoísmo, que son un obstáculo decisivo para la apertura que el conocimiento requiere.

Reconocer que tenemos mucho que aprender con los otros, hasta con quienes parecen no ser singularmente seres excepcionales, es saber que uno ni lo puede todo ni debe ampararse sin más en el decir ajeno. La ignorancia es una desmesura respecto de lo que cabe pensar. Ni nadie ha de hacerlo por nosotros, ni nadie es absolutamente capaz sin los otros. Esto supone un modo singular de atención, aunque no la mera sumisión a un estado de cosas, la simple aceptación de lo que ya ocurre, la fascinación ante lo que nos adviene en una suerte de aparición.

Todo ello como si se tratara de algo exterior que irrumpe para que nos hagamos depositarios de su contenido. Consideraríamos entonces que conocer es estar simplemente informados, pero en realidad se trataría de estar conformados. En definitiva, así se confirmaría que toda ignorancia comporta dosis más o menos explícitas de resignación. O que la resignación es un modo de aceptación que fija el conocer en el estado de cosas vigente.

Turba III. serie La masa (2005)

El conocimiento es relación y movimiento. Ni es pasividad, ni mera receptividad y ni siquiera su contenido es indiferente al acto de conocer. Ya Hegel nos previene de la incongruencia de quiénes pretenden conocer previamente en qué consiste el conocimiento antes de poder conocer.  En tanto que somos voluntad de decir, se exige un gesto, una acción, un arrojo, que precisamente reducirían la ignorancia a una mera respuesta ante lo que ocurre. No simplemente la del no saber, sino la del creer que ya se sabe. La entronización de las opiniones, los prejuicios, los tópicos, como recetas y consignas de actuación trastocan su efectiva necesidad como lugares de paso de la verdad, en asentamientos de la ignorancia.

Es imprescindible combatirla, para empezar aquella que tanto nos concierne y nos arropa en una gregaria condición, la de lo que conviene pensar, para abrirnos paso en direcciones no siempre tan protegidas, que exigen una audacia, fundamentalmente la de ser diferentes, sobre todo de quienes ya somos. La ignorancia que supondría esta falta de curiosidad adoptaría la forma de dar por clausurada la cultura y la educación, mediante la modalidad de considerarlas inocuas, ineficaces e infecundas para la transformación de uno mismo y del estado actual de cosas. O eficientes como medio de acomodarnos a lo ya existente.

La ignorancia implica en cierto modo dejarnos llevar por la situación en la que nos encontramos. Arrancarse del limitado horizonte en el que nos desenvolvemos no es patrimonio de quienes hacen ostentación de sus conocimientos, muchos de los cuales no hacen sino ratificar la mirada ya existente. Ya nos avisa Hegel: "El mantenerse dentro del sistema de las opiniones y los prejuicios siguiendo la autoridad de otros o por propia convicción solo se distingue por la vanidad que la segunda manera entraña." En ámbitos sin demasiadas posibilidades, en contextos cerrados y definidos, también de nuestra propia vida, un modesto gesto insurrecto, un paso elegido, preferido, una toma de distancia, un cuidado, combaten a su modo la ignorancia que a todos nos alcanza.

Turba 1. Serie La masa (2005)

(Imágenes: Pinturas de Andrés García Ibáñez. Cumbre. Serie Mediocres, 2001; La especie superflua, Turba III y Turba I. Serie La masa, 2005)

 

Hay 10 Comentarios

conocimiento de los datos o conocimiento de las implicaciones existenciales que los datos comportan. si se conocen las implicaciones y estas son negativas, no queda otra que la acción hacía el cambio, porqué si no el conocimiento será pasivo no activo y automáticamente será vacuo, será ignorancia y quedará anulado.

(2)
La ciudadanía es por su viveza un refugio de ignorancia con ganas de emprender su destino encaminado hacia un aprendizaje. Lo que se aprende de pequeñito no es desaprendido cuando se es mayorcito. Como la ciencia y la conciencia materia futura imprescindible para el desarrollo de la ignorancia del conocimiento.
Creo que la ignorancia que se aprende a lo largo de nuestras vidas es diversa e imprescindible. Toda ella se articulan cuando su modo de presentarse adquiere significado. No es poco lo que se va aprendiendo en la ignorancia del transcurrir de la estructura dinámica de una mecánica del conocimiento pero también se adquiere la ignorancia de un presente- futuro o futuro- presente inmediato tan denotado hoy en día por el proceder del conocer equiparado con el de construir.

La ignorancia un género muy extendido en la cultura de los Niní o también un don, depende como se quiera mirar, que predispone la posibilidad al ser humano a aprender. Los sabidos no los resabiados de todo ignoran la cualidad de encontrar otras posibilidades en otras oportunidades, contextos o aspectos de la vida. Sí, Mientras que los conceptos de independencia y de autonomía son dos factores determinantes para crear proyectos legítimos y tiene las oportunidades adecuadas de un conocimiento acertado porque además tiene la necesidad y la ocasión de servirse de un lenguaje.
Aprender necesita de la sabiduría adquirida por el saber. Y también para que la ignorancia no decaiga existe el derecho a decidir que se impone como ley de consenso para armar al entendimiento de valor y coraje; y afrontar las decisiones, a veces impuestas.


En mi pueblo siempre han dicho “dime con quién andas y te diré quién eres”. Con el conocimiento ocurre como con todo, como por ejemplo con el deporte, si solo te relacionas con gente que sabe menos que tú, acabaras también sabiendo menos, no es un perjuicio es una realidad.


Por ello considero este artículo un poco extraño, proviniendo como proviene de una persona con un muy alto nivel cultural.


Todo depende de las circunstancias, pero también es cierto que adquirir conocimiento requiere esfuerzo, dedicación, tiempo, sacrificio, etc.


Ignoro muchas cosas, las pocas que se, aprenderlas, me ha costado mucho esfuerzo, tiempo y sacrificio. Sacrificio, tiempo y esfuerzo que no he podido dedicar a otras cosas, a lo mejor más placenteras y rentables económicamente. Por ello comprendo y disculpo a todos los que ignorando menos cosas que yo se consideran superiores, pues considero que debo valorar el esfuerzo, el tiempo y el sacrificio que han dedicado a adquirirlo.

Al hilo de algunos comentarios creo que pecamos de ignorancia cuanto más informados estamos. De los cinco "vicios" (en oposición a virtudes) enumerados por el profesor Gabilondo: engreimiento, indiferencia, ingratitud, insensibilidad, insolidaridad, que nos impedirían conocer, todos ellos copan los comentarios y actitudes de quienes acuden a periódicos digitales para dejar su opinión. La imagen que tras visitar algunos de dichos foros me queda, por ejemplo, los comentarios a las noticias de este medio, es exactamente la que este artículo ilustra con las pinturas de Andrés García Ibáñez.
Silencio, estudio, atención, humildad, sencillez...Muchas cosas aprendí de un viejo pastor que no fue a la escuela ni leía periódicos, pero sobre todo una, aprender a mirar sin que el prejuicio nuble la vista.

Mi querido Prof. Gabilondo: quienes no se hallen muy alejados del mundo de la investigación y del conocimiento habrán podido identificar claramente algunos de estos rasgos que tan magistralmente describe en algunos lugares donde se enseña y se investiga. Me ha venido a la memoria aquel pasaje de Plantón cuando describe la defensa de Sócrates ante la acusación que se le dirigía, destacando la arrogancia de quienes, simplemente por destacar en su arte o en su oficio, se consideran sabios en todo lo demás.
¡Excelente reflexión para comenzar el curso!

No hay persona más ignorante que la que se deja guiar por los medios de comunicación sin tener en cuenta que todos sirven a unos intereses y que le están manipulando http://xurl.es/9ik46

La ignorancia es como cerrar los ojos a la realidad, cuando somos capaces de sacar conclusiones después de vivir experiencias reales.
Las personas en el uso de la razón.
Conscientes al menos ven el presente, la realidad.
Tomando caminos diferentes a propósito de intereses que nos sirvan más que las ideas razonadas, no es ignorancia es engaño.
No se puede confundir con ignorancia la sinrazón a propósito y a conciencia.
A sabiendas, y peor aun sin dar explicaciones al rededor para decir los porqués a quienes miran, sin comprender los giros y bandazos.
Ignorancia es como una bajada de telón, es ir con los ojos cerrados, es no ver venir el obstáculo.
O no querer saber, por no ver la realidad que pisamos, ignorancia es un cero a la izquierda.
Hoy la ignorancia es un pecado imperdonable, a la vista de tantos medios disponibles, se entiende entonces que la ignorancia es malversación.
Algo imposible la ignorancia en los tiempos actuales, para la gente normal de nuestras latitudes.
Desde la simple observancia de ver crecer la hierva, las personas podemos concluir que somos prolongación del cosmos o de la naturaleza.
Somos naturaleza, somos átomos, somos orden universal con capacidad de imaginar, de hablar o de reír.
Bajo esa responsabilidad de seguir la línea de nuestro origen, la ley de la gravedad, la velocidad de la luz, o la semilla que germina en la grieta de una pared.
No pueden ser ignorantes quienes tienen la posibilidad de pensar y ser decentes por origen.
Siendo solo consecuentes, ya hemos pasado todas las barreras de la ignorancia.
Y actuando en consecuencia, ya estamos en órbita, muy por encima del suelo de la ignorancia.
Deduciendo somos sabios de altísimo nivel, y aceptando con humildad nuestra naturaleza transitoria nos acercamos al pedestal de los dioses del olimpo.
Los seres humanos.


Acierta en lo que escribe, y parece que, al menos en mi caso, dice lo que necesito escuchar. Y escuchar es ya una forma de vencer la ignorancia. O por lo menos de no caer en su desierto pozo.

Todos vivimos en la ignorancia pues, nos desconocemos: el engreimiento, la indiferencia la insensibilidad, e insolidaridad, proceden de una racionalidad egoísta imposible de reconocer, si no existe algún grado de evolución transcendente, y como usted señala, la acumulación de saberes racionales, produce engreimiento.
La sabiduría imagino que no puede llegar por voluntad propia, ni por imposiciones, sino por un darse cuenta que transciende nuestra comprensión y emerge, cuando todos los ingredientes necesarios están presentes.

Los comentarios de esta entrada están cerrados.

Sobre el blog

El salto del ángel es un espacio de reflexión, de pensamiento sobre la dimensión social y política de los asuntos públicos, sobre la educación, la Universidad, la formación y la empleabilidad. Busca analizar los procesos de democratización, de internacionalización y de modernización como tarea permanente, con una actitud de convicción y de compromiso.

Sobre el autor

Angel Gabilondo

Ángel Gabilondo Pujol es Catedrático de Metafísica de la Universidad Autónoma de Madrid, de la que fue Rector. Tras ser Presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas, ha sido Ministro de Educación.

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal