El salto del ángel

Una sospecha

Por: | 17 de enero de 2014

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Pensar es en cierto modo sospechar. De que las cosas no son lo que parecen, de que lo que denominamos realidad no está claro, ni es consistente, y se encuentra sometido a demasiadas versiones y coyunturas, de que se utiliza como una forma de poder, de que, tal vez, en última instancia vivimos entregados y solicitados por lo que no es evidente que sea lo decisivo ni merezca efectivamente tanto afán. Sospechamos que, aturdidos, confundidos y desconcertados, perseguimos desaforadamente lo que ni es así, ni es para tanto. Es solo una sospecha, que no es poco.

Que el mundo real sea aparente y que el mundo aparente sea el real es un buen asunto para hacer dialogar fecundamente a Platón y Nietzsche pero para lo que ahora nos concierne no difuminaría nuestra sospecha. En definitiva nos apremia la posibilidad de que estemos viviendo tras aquello que no merece la pena, dedicándonos a lo que podría ser una pérdida, y no solo de tiempo. Nos cuestionamos acerca de si tantos desvelos y empeños por lograr determinados propósitos se corresponden con lo que es digno de ser pensado y vivido. De entre todas las sospechas, hay una que resulta contundente y palmaria, la de que lo que importa no es esto, ni se trata de eso.

Siempre sospechamos. Queda por ver si de modo adecuado, o si lo reducimos a dudar. Acuciados y distraídos a la par, es llamativo hasta qué punto ello no impide un cierto aburrimiento, al margen de que estemos más o menos ocupados. Los llamados filósofos de la sospecha, Nietzsche, Freud y Marx nos despiertan de un primer nivel de sueño y dejamos de estar dormidos en alguna medida para comprobar con claridad hasta qué punto precisamente no está claro. Las razones son otras, las causas y territorios también. Se produce todo un fructífero desplazamiento de los espacios. Nos liberamos de ciertas ingenuidades para, por fin, ya poder sospechar como es debido.

Nos incomoda la posibilidad de dedicar nuestra existencia a un vivir, no ya infructuoso, antes bien falso. No solo un vivir en falso sino un falso vivir. Y no tanto por ser una mentira que contravenga alguna verdad, sino porque, dedicados a tareas más o menos importantes, ignoramos las posibilidades, para venir a entregarnos simplemente a la situación, a lo que corresponda, al actual estado de cosas. Y no tanto porque no haya una voluntad transformadora, cuanto porque hemos silenciado la voluntad de decir y de vivir, acallados no exclusivamente por voces ajenas. Puestos a sospechar, sospechamos a su vez de nosotros mismos.

 

Dawn-Chorus 2010
Corremos tras diferentes señuelos a los que rendimos tributo de espacio y de tiempo, en definitiva de vida. Cualquier asunto viene a ser tan importante, tan decisivo, tan noticioso, tan relevante, que al final nada resulta serlo. Todo es reemplazable, sustituible. No es que sea fugaz, es que es inocuo y fútil. Las grandes alharacas iluminan la oscuridad solo para que esta sea más evidente.

La cuestión resultaría más o menos interesante, si no fuera porque hurta vida. Salvo que hagamos de ella un conjunto entretenido de peripecias. Como si el único objetivo consistiera en estar bien distraídos. Y así vamos pasando, tirando, sobrellevando, y no siempre las dificultades y penalidades, sino todo.

Es llamativa  la insistencia en decir que lo importante no es lo que nos parece serlo ni lo que encontramos determinante. Hay quienes no se limitan a subrayar el hecho de que estemos confundidos, sino que resulta sintomático que prefieran que así sea, o al menos que así lo creamos. Nos lo explican: lo que consideramos impresentable o mal es la espuma de una realidad más radical y profunda que, por lo visto, o por lo que se dice, se halla mucho mejor que lo que sentimos y experimentamos. Así que tranquilos. Ahora bien, podríamos sospechar tanto de quienes nos animan a no sospechar como de quienes nos incitan a sospechar de lo que pensamos, sobre todo si no coincide con lo que piensan o les interesa que pensemos. Escapar de Hegel con los maestros de la sospecha no solo significa, como Foucault nos recuerda, constatar lo difícil que resulta hacerlo sin contar con él, sino no dejarnos atrapar por fáciles escapismos.

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Sospechamos  que no es tanto que estemos inmersos, cuanto sumergidos. La invocación a no dejarnos guiar por las apariencias se parece demasiado a la invitación a ignorar las vicisitudes de la vida en nombre de una vida distinta que, por lo que oímos, debe de ser en efecto otra y que, por cierto, va bien e irá mejor. El malestar, aunque bastante duradero, es coyuntural y pasajero. Desde este valle se atisba el goce de la nueva vida rebosante.

Todo ocurre a la vez, si bien cada quien padece sus consecuencias, mientras se propala el anuncio de que son solo efectos. No reconocer su bondad es, por lo visto, falta de perspectiva, deformación por poca altura de miras, por quedar cegados por las necesidades más inmediatas, por carecer de capacidad de esfuerzo y de sacrificio, por poca generosidad. Incluso cabe sospechar de quien no es capaz de surfear en tan agitadas aguas. Ello obedecería a haberse hecho demasiadas ilusiones sobre la existencia que, como se sabe, esto es, como dicen,  es penuria, y conviene sumisamente aceptarlo.

La sospecha sin embargo es otra. Bracear no siempre ofrece más aire que respirar. La desaforada agitación de nuestras vidas, al compás de ciertos dictados, podría inducirnos a olvidar quiénes somos, qué esperamos o deseamos. Y qué cabe a su vez esperar de nosotros y de la vida. Confundidos y cegados en el acomodo del entretenimiento que nos deja fuera de la toma de decisiones clave, no se trata de sospechar de aquello a que nos invitan, sino de que lo hagan con tanta insistencia. Mientras tanto nosotros mismos parecemos empeñados en desvivirnos.

 Bill Sonny 2010

(Imágenes: Beck Wheller. Domesticated Does, 2011, acrylic on wood and found object; Dawn Chorus, 2010, acrylic on wood; Four Seasons in one day, 2011, acrylic on wood; y Bill Sonny, 2010, acrylic on wood and found object)

 



 

Hay 17 Comentarios

Los ingenuos y las personas de buen corazón sólo sospechan de si mismos.

Una gran entrevista del profesor Gabilondo en La Marea, sincera, humilde y autocrítica, pero también esencial de su ideario.

http://www.lamarea.com/secciones/politica/

También opino que su gran fuerza expresiva está en el aforismo, a una altura que a principiantes y aficionados seguro que nos inspira más de una vez. A mí me suelen venir de vez en cuando algunos en que reconozco esa voz, esa síntesis siempre sorprendente. Me parece una buena idea esa recopilación. Apuesto a que van a seguir siendo igual de potentes y significativos dentro de 50 años o más. Saludos

Gracias por los descubrimientos geográficos.

“Cada día estoy más preocupado, pues sospecho que mis sospechas eran ciertas”.

ay de aquellos que confunden estar muy informados con comprender, de aquellos que leyendo periódicos y revistas se forjan "una opinión propia", ay de los ignorantes muy leídos, pues suyo será el reino de este mundo

Muy ameno y divertido, profesor Gabilondo. Las imágenes que acompañan al texto me encantan. Y, por supuesto, agradecerle que nos lea a nosotros, sus parroquianos.


Como bien dice, siempre sospechamos: Cada cual a su modo. Cada éste-que-está-en hastío, o cada ése-que-se-es-yendo, o cada aquél-que-anda-ido, ya sean –y permítame ponerme faltón– estilizados, o Esto-izados, o estólidos. O no. Evidentemente no es lo mismo la sospecha proveniente o generada por el pensar-vivir del aquel estilizado eremita de las cumbres (Zarathustra) soleado por la soledad y la soledumbre; que la de ese des-Esto-izado banduendo de los llanos (Don Quijote), atomizado en un cúmulo de yoidades que se con-funden y fundan su particular yo-sé-quién-soy; o que la de algún tú-sí-que-vales emprendedor culmenérrimo del percibir (o reembolsarse) oceánico, ya sea gerifalte ceoe-oe!oe!oe!-oico o banquero-cua[ta-rra-ta-ta{tea}]trero.


Puestos a elegir prefiero la sospecha, por agria que sea, del Zarathustra, quien se encuentra con cada búsqueda. O, incluso la del Quijote –quien, a base de encontronazos, se busca–, a pesar de que sea sacudido cual harapo por tolvaneras de ingenuidad. Vamos que prefiero el faenar del superhombre contra los humanos que divinizan lo doméstico o el trasegar del de la triste figura contra los divinizados que domestican lo humano que esa lucha pragmático-utensiliarista que se traen entre manos los intangibles a favor de una divinización que domestica deshumanizando (o que cosifica).


Para terminar decir que habría que pensar si el desvivirse descrito por Julián Marías, el desvivirse profundo con/por algo o con/por alguien nos lleva hasta un temple del ánimo fundamental del filosofar (como arte de saber vivir que, estoicamente, repudia la Estología).


Saludos cordiales.

Muy bueno


Sospecha y acertaras, es un viejo dicho, que perdura ,aunque no siempre se cumpla, porque sospechar es sano, es sano siempre y cuando tengamos claro que nuestras sospechas no son más que hipótesis, suposiciones, que necesitan ser comprobadas, confirmadas.


La repetición es un sencillo método de comprobación, si aquello de lo que sospechas se cumple un porcentaje representativo de veces, seguramente sea cierto.


La percepción que las personas tienen de la realidad puede llegar a ser tan importante o más que la realidad misma. Por ello a lo largo de la historia en numerosas ocasiones la sospecha ha sido motor, justificación, causa, de transcendentales hechos históricos, algunos de ellos muy dramáticos. Por ejemplo, el Gobierno de los Estados Unidos en el 2003 sospechando que Sadam Husein tenía armas químicas declaro la guerra a Irak e invadió ese país. Por ello, en mi opinión, en los asuntos importantes no se debe nunca dejar espacio para la sospecha, pues una equivocada sospecha puede desencadenar consecuencias no deseadas para aquellos que de forma intencionada o no la han provocado.


"…Y aquí verás cuán dañosa
es la mentira; y verá
el senado que, en la boca
del que mentir acostumbra,
es la verdad sospechosa".

La verdad sospechosa
Juan Ruiz de Alarcón

Se encuentran muchas sospechas en el actual estado anímico de las personas, o no lo veis vosotros así. Están la sospecha y lo sospechoso. Unos se sustentan de lo que consideran insistente y lo sospechoso quiere encontrar explicación a sus buenos modos de comprender. A mi parecer ni uno ni otro se sostienen. El estado actual del entorno en que se plantea lo invalida. Eso es la pregunta no está del todo bien planteada. Encontrar el lugar que le corresponde a cada sospecha o sospechoso es primordial.

"¡Buena almohada la duda para la cabeza bien equilibrada!".
"A nadie le va mal durante mucho tiempo sin que el mismo no tenga la culpa."
"Lo más maravilloso del mundo es saber cómo pertenecer a uno mismo."
"Nos enseñan a vivir cuando nuestra vida ha pasado."
"Saber mucho da ocasión de dudar más."
"Se cree con la mayor firmeza en lo que menos se conoce."
"Solamente trabajamos para llenar la memoria, dejando vacías la inteligencia y la conciencia."
"Una cabeza bien formada será siempre mejor y preferible a una cabeza muy llena."
"Yo no cito a otros más que para expresar mejor mi pensamiento."
Montaigne.

El no saber origina la sospecha en el mundo racional; en el transcendente, como señalan a través de sus obras muchos eruditos, no existen las dudas, pero la incapacidad de acceder a ese nivel de consciencia, nos condena a vivir con la incertidumbre y la sospecha de todo. ¿Vale la pena aferrarse a la escalada de los diversos poderes, en un mundo incierto y efímero?, Imagino que la mejor manera de vivir en la oscuridad sería , disfrutar de los momentos inciertos, e intentar que todos lo puedan hacer, teniendo las necesidades básicas cubiertas y después investigar sobre todas las posibilidades, durante nuestro corto tiempo. Pero me temo que los gobernantes del mundo, anclados en la racionalidad egoísta, prefieran seguir con su tiempo de privilegios.

Yo sospecho que no estoy obligada a trabajar de 9 a 2 y de 4 a 7 en un trabajo que me aburre, y que no tiene ningún sentido para mí, para pagar esas facturas de la luz, que encima, son sospechosas. Sospecho que nos quieren dormidos y sumisos. No sé quién... supongo que a quienes les va bien la vida, económicamente hablando. Quieren que olvidemos que estamos aquí solo un tiempo limitado, y que ese tiempo no pertenece a nadie más, sino a nosotros mismos: es tiempo de vivir, y, a veces, qué miedo (¿cansancio, pereza?) da hacerlo, ¿verdad? mejor encendemos la tele.

Sospecha y acertarás http://xurl.es/9ik46

"Sospecho que me están timando en este recibo, voy a reclamar", dijo el prudente.
"Sospecho que hay una conspiración alienígena oculta para eliminar la vida humana de la faz de la Tierra, cuyo primer paso es la manipulación de los recibos de la luz", dijo el conspiranóico.
Sospechas hay de muchos tipos...

Valiéndome de este estupendo artículo, os ofrezco mi cuento “La sospecha” http://loscuentostontos.blogspot.com.es/2013/11/34-la-sospecha.html
Cada quincena publico un capítulo. Comienza con una introducción, al hilo del taller de relato breve al que asisto, continúo con una canción, y termino con el cuento.
Si os apetece, podéis leerlo.
http://loscuentostontos.blogspot.com.es/

Sospechamos porque dudamos, porque ignoramos.
El sabio dijo: Solo se que no se nada.
Y ante esa premisa, la sospecha es la mejor defensa en un por si acaso puede ser.
La flauta sonaba hace miles de años por casualidad, y por eso el pasar de la piedra tallada a la piedra pulimentada costó tanto tiempo, y al hierro o al bronce.
Cada vez más documentados, la carrera era más rápida, y en menos tiempo se avanzaba más de prisa.
Acumulando cada vez más datos, la investigación y el trabajo fomentaba el crecimiento y la capacidad.
El intelecto.
Cambiando la sospecha en deducción, y la deducción en pronóstico desde el cálculo de posibilidades anticipadas en la mente pensante y calculadora.
Pasando del carro de mulas al coche y al avión, a la robótica y a la ciencia productora de avances más allá de nuestras fronteras terrenas.
Aun así seguimos sospechando hoy.
Que algo se nos queda atrás, dentro de nosotros mismos, las personas, el ser humano como solo herramienta se olvida de adecentar sus valores.
Como persona.
Como base fundamental en valores antes que productor de avances, es persona antes que inventor o inventoras las personas son seres humanos.
Un fundamento de respeto, muy por encima de la simple mecánica se sumar dos y dos.
A veces sospechamos que los árboles nos impiden ver el bosque, que formamos las personas devenidas con los años a través de la cultura.
Sospechamos que no es oro todo lo que reluce.
Y hacemos bien en dudar.
Constatando la realidad, a la luz de nuestro destino personal de los cortos años de vida.
De que disponemos.


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Sobre el blog

El salto del ángel es un espacio de reflexión, de pensamiento sobre la dimensión social y política de los asuntos públicos, sobre la educación, la Universidad, la formación y la empleabilidad. Busca analizar los procesos de democratización, de internacionalización y de modernización como tarea permanente, con una actitud de convicción y de compromiso.

Sobre el autor

Angel Gabilondo

Ángel Gabilondo Pujol es Catedrático de Metafísica de la Universidad Autónoma de Madrid, de la que fue Rector. Tras ser Presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas, ha sido Ministro de Educación.

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