El salto del ángel

La lección cero

Por: | 13 de mayo de 2014

David Paskett (37)

Es difícil no sentir cierto pudor, alguna vergüenza y un profundo malestar por la situación de desamparo en la que se encuentran tantas personas, como si eso fuera independiente de nuestra sensibilidad, o de nuestra voluntad o, mejor dicho, de nuestra falta de ellas. Ni es casual ni es indiferente de nuestra acción o dejación. Ni es incidental, ni lateral, sino que responde a todo un modo de proceder y de organizarnos personal, institucional y estructuralmente. Y de concebirlo. Sin esa sensibilidad y sin esa voluntad podemos realizar todo tipo de estudios, análisis, encuentros, escribir, leer, hablar, pero nada suple la firme determinación de otras formas de entrega. En definitiva, se trata de corresponder a las vidas únicamente vividas en el modo de desvivirse, y de hacerlo desviviéndonos como forma de vida. Y ello exige respuesta.

La dignidad inalienable, la singularidad insustituible hacen de todos y cada uno, de todas y cada una, alguien con sentido pleno. La autonomía, como capacidad de elegir libremente con condiciones de posibilidad, también de respetar y de ser respetados, de ser libres e iguales, se sustenta en una permanente toma de postura activa contra la inequidad y a favor de la no discriminación. Es llamativo que nos veamos en la necesidad no ya de repasar, ni de recuperar, sino de retornar a la lección cero. Esta no es ni siquiera lo inicial, aquello por lo que empezar, antes bien la condición de posibilidad de cualquier comienzo que origine realidades justas y eficaces.

Ya no basta con comenzar ni tan solo por el principio. Hemos de desplazarnos del plano en el que nos encontramos. Y no precisamente para huir por elevación. Hay momentos en los que se hace necesario acudir a esta lección que en cierto modo siempre nos desafía, que en algún sentido no es fácil de recibir, ni de dar, y que constituye no tanto los albores del aprender, sino que lo hace viable. Son tiempos para el cultivo de la evocación y apropiación y actualización de quiénes somos. Y de luchar contra lo inhumano que tantas veces habita en el corazón del propio ser humano, hasta la indiferencia y la crueldad fría y desmemoriada, la que ya no siente, ni padece, ni se reconoce. Y ello empieza por abordar la pobreza, en todos los sentidos, que es la gran exclusión, la gran soledad. Y de dar prioridad a quienes la padecen.

David Paskett (34)

No faltan quienes habitan hasta tal punto en esta lección, que no precisan dictarla. Resultan ejemplares y elocuentes. No es solo cosa de sus luces, más bien también teñidas de sus correspondientes sombras, es asunto de su permanente indicación, gesto y seña, con su forma de preferir, de elegir y de vivir, de aquello que merece la pena, y merece la alegría, de cuanto no se reduce a cuota o cuenta de resultados.

Y no por falta de ambición, o por precipitación, como si no fueran capaces de introducir el porvenir en sus esperas y en sus reivindicaciones, sino por no entender estas como la gran causa para avasallar. Y constituyen un ámbito común, aquel que en ocasiones se labra entre quienes tienen distintos motivos, pero en definitiva, la misma razón. Y esta parece sostenerse en la salud y en la libertad, en la salud que es libertad, en la libertad que es salud. Y en la experiencia de que en su pleno alcance no son ni tan fáciles, ni tan probables.

En todo caso, la lección cero más se comparte que se imparte, más se distribuye que se reparte. Se convive en ella, tanto que viene a ser todo un caldo de cultivo y de cultura, un espacio. Ya señala Deleuze que “una buena clase se parece más a un concierto que a un sermón.” No reclama, por tanto, el asentimiento, ni la adhesión. Lejos de la voluntad proselitista, o de proponer consignas y recetas, convoca a intervenir para que la concordancia entre el sentido y el sonido sea más justa y limpia. Y así su decir resulta más poético, no siempre lírico, pero sí más creativo. Después de la lección cero no viene, sin más, la lección uno, viene la posibilidad de aprender que enseñar es dar y darse conjuntamente, en la conjugación de forma y contenido. Ésta es su valía. Y su valor. Y que es cuestión de crecer juntos, no unos a costa de otros.

David Paskett (48)

Se trata de crear condiciones efectivas. De protección, de ayuda, de posición y de presencia, para propiciar la oportunidad, sin que se eludan, amparados en el temor de la interferencia o de la injerencia. Por el contrario, la fragmentación y el aislamiento precipitan la indefensión. Fundamentalmente de los derechos. Y puestos a ser derechos humanos, han de ser derechos individuales y colectivos, económicos, laborales, culturales; por tanto, sociales. Y la lección cero, aquella que tanto olvidamos, desdibujando al hacerlo cualquier saber y rebajándolo a un acopio de conocimientos, incluye de modo decisivo atajar, enfrentar y reducir la desigualdad.

Pero cuando hablamos de una lección trascendental, que es condición de posibilidad, lo es no solo porque hace algo viable, sino porque produce realmente el terreno de probabilidad y de perspectiva de aquello que se persigue. No es entonces, sin más, un medio, es una acción efectiva y eficaz. Y la lección cero viene a ser así la matriz de todas las elecciones.

Verdadero sustrato, germen y semilla de nuestro bienestar, este no se reduce a los logros y satisfacciones individuales. Llama la atención que sea necesario volver a visitar estos espacios. Y nadie está exento de tenerlo que hacer. No está mal que de vez en cuando revivamos su decir, aquel que vertebra nuestra escala de valores, que remite a la necesidad de dar respuesta a las más elementales necesidades, y a no reducirlas a lo que siendo perentorio e imprescindible nos ancla, sin embargo, sin más horizontes y expectativas. Estos son el sustento de un pensamiento de transformación, el que no se resigna aunque, a su vez, no se distrae con objetivos, sin duda en ocasiones loables, mientras parecen sostenerse en la desconsideración, en el descuido, en la desatención a esa lección cero. Compartida, sin embargo cada quien ha de leer ya su modo reescribir permanentemente. De no ser así, más bien viviremos en la persecución desaforada de lo que quizá nos aleje de lo más fecundo, fructífero y mejor de nosotros mismos. Y no es cosa ya de asentarse en una genérica tarea, sino en una implicada, intensa y coherente acción.

 David Paskett (38)

(Imágenes: Pinturas de David Paskett. Drab Rags, 1992, Hong Kong; Bicycle Park, 1987; Spread of Tools Ningbo; y  Behind Bars, 2001, Yongding)

Hay 8 Comentarios

La condición humana no varía en sus componentes básicos. Todos estamos sometidos a las mismas pulsiones primarias y emociones innatas, activas en mayor o menor medida debido a los múltiples factores que intervienen en la interacción entre genes y entorno . La construcción de una personalidad individual integrada implica adquirir conciencia de los modos en que la vida comunitaria modula tales impulsos, en comprender cómo el otro puede experimentar las mismas demandas del inconsciente que cada cuál descubre en sí y, desde esa empatía reforzada, decide regularlas en pro de una existencia sin conflicto. Sin embargo, esa existencia compartida exige también una racionalización del comportamiento para que éste no resulte contraproducente respecto a ese anhelo adquirido de solidaridad. Puede indignarnos, por ejemplo, que en Zimbawe un dictador socialista haya llevado a la hambruna a millones de personas en tanto la clase privilegiada formada entorno a su partido vive en la abundancia y el derroche, pero ¿cuál debería ser la acción positiva que remediara tal vergüenza?; ¿una guerra de conquista que sustituyera aun dirigente por otro?; ¿un aporte de fondos que acabara por servir sólo para que el tirano hiciera de la solidaridad civilizada un apunte más en sus cuentas opacas? Por decirlo con las palabras de nuestro anfitrión, ¿tendríamos que desvivirnos en causar miles de muertes en un conflicto contra los corruptos para calmar nuestra vergüenza de compartir condición humana con tiranos crapulosos e idealistas falsarios? Por desgracia, no hay un camino directo entre las mejores intenciones y la óptima existencia de los seres humanos en la Historia.
Cabe, por otra parte, discutir sobre si, en realidad, tiene sentido hablar de los seres humanos como sujetos capaces de ser libres e iguales. Cualquier libertad está condicionada por aptitud y la actitud personal para y en la vida y, precisamente porque no todos los miembros de nuestra especie tienen la misma constitución fina biológica y psicológica, no puede hablarse de la libertad sino como un desideratum idealista, como una posibilidad limitada y circunstanciada a partir de una comprensión ponderada, pre-ideológica de la realidad. Una concepción ética racional que no tenga en cuenta los conocimientos adquiridos por la ciencia –tan aceleradamente acumulados en los últimos cien años- sobre qué es y hasta dónde cabe llevar las fronteras de la voluntad humana, que no perciba cuánto de contraproducente puede haber en un intento de hacer tabla rasa con la igualdad - negando por principio cualquier desigualdad - hasta convertirla en un objetivo finalista, puede acarrear –y de hecho, frecuentemente lo hace- precisamente aquello que pretende evitar: el triunfo de la injusticia y la exacerbación del conflicto en la sociedad. Podemos, por su puesto, por simple filantropía (un cristiano diría por Amor y su corolario la Caridad) tratar de limitar los efectos de la naturaleza y la sociedad en la restricción espuria de las oportunidades para el desarrollo de una existencia más o menos durable y placentera (Epicuro sabía lo que se decía) pero hemos de ser conscientes de que hay un precario equilibrio, ciertamente no fácil de descubrir, entre solidaridad malsana y saludable egoísmo, no sólo en el ámbito personal sino también en el colectivo.

tenemos de tóonnhoO0, -=_ GarbOnh [zarapetaemeteria{¿cómo sescribe?]

Perdone mi atrevimiento profesor, en mi opinion hay dos posibles lecciones cero:Todo hombre es mi hermano o homo hominis lupus, somos libres de optar por cualquiera de ellas sabiendo que consecuencias implcara cada una de ellas en nuestra vida tanto individual como social y sin duda tanto el presente como el futuro humano dependeran de la eleccion que hagamos individual o cmo especia humana.
Jose Luis Espargebra Meco desde Buenos Aires

Tiempos estos de olvido de lo humano, agostado el humanal por lo deshumano, por tanto inhumano que nos arrebata el humus humanizador, abono solidaria, social, generosa y humanamente compartido por muchos, que son casi pero no todos, del que brotamos hace tiempo fertilizados, humanizados, quebrando el estrato estéril de bárbara incivilidad, casi prehumano en el que nos desgarrábamos y que hace no sé si tanto tiempo, abandonamos, enriquecidos socialmente, moldeados culturalmente, dignamente humanos.
Tiempos estos históricos de tala social, de sequías éticas, de poda de derechos, de desfoliante “napalm” ideológico, de parásitos de la savia, de discurso económico torrencial que empobrecen y erosionan el terreno sobre el que reverdecía a duras penas y a un precio muy alto, el gran bosque humano.
Tiempos estos de desforestación social, de acumuladas carencias de lo básico para muchos, cada vez más que no somos todos, pero de los que cada vez menos, nos sentimos a salvo por el desgaste quizás irreversible de la capa común e imprescindible, vital y tranquilizadora de humus social, acumulado, cuidado y sedimentado por los que se sienten aún humanos solidarios .
Tiempos estos de replantearnos humanamente, de evaluar lo individual y colectivamente sacrificado de nuestra humana condición, de meditar el alto coste para el bosque humano de cada hombre-árbol perdido, desecado, talado, quemado… desenraizado, quién sabe quizás si algún día casi que no todos, siempre ha sido así pero no siempre tendría que seguir siéndolo, desenraizados .
Tiempos estos de resistencia activa y reivindicación rebelde si es preciso y siempre solidaria del bien común, de lo bueno para los humanos. Solo hundiéndo más profundamente y entrelazando más nuestras humanas raíces, compartiendo el ahora menguante humus, transformado en savia resistiremos, rebrotando, reverdeciendo árbol a árbol como un nuevo pero viejo bosque humano.
De hacer lo contrario solo nos espera la deshumanización… el caos humano

Quizá se puede comenzar la acción colectiva haciendo una reivindicación de los espacios de lo común, de los asuntos públicos de la necesidad que tenemos todos de una buena biblioteca, de un centro de deportes cerca de casa, del ambulatorio y esas cosas que nos acercan a ser la maravillosa clase media. Todo lo que nos acerca y cohesiona logra que seamos más sociales y menos elementos aislados capaces de la autodestrucción.
Como siempre gracias, profesor

Y... ¿por dónde, cómo, comenzar esa acción, la colectiva, la personal se comprende bien?. Porque éste es el análisis y el estado de cosas que nos suceden. Sí... ¿y..., qué le sigue?. No a la lección cero, sino al quehacer, o qué hacer...

Como los vasos comunicantes que traspasan el líquido de uno a otro hasta enrasar el nivel, las gentes y todas sus diferencias en todas sus acepciones.
Buscamos lo mejor intentando ir a los sitios en que mejor se vive y mejor se puede prosperar.
Compartiendo las maneras, sumándonos a las formas que se ven y se practican.
Las carencias, empezando por la educación, las hechuras que se tienen cuando se puede comer tres veces al día y estar bien calzados y vestidos.
Haga frío o calor.
Empiezan a marcar las diferencias que se pueden ver la TV cuando se pasan reportajes de los rincones del mundo, en donde se ven personas diferentes y distantes.
Con carencias de todo tipo, desde que son pequeñas, y que nos choca bastante, a las alturas que estamos del siglo XXl.
Que en las naciones unidas desde la solvencia actual se consientan esas la carencias de todo.
Porque no son diferentes en nada al resto de la población que gustamos del confort y la cultura.
Aprendemos que para mejorar hay que trabajar bastante y aplicarnos en el orden y en la justicia social.
Y que esto que aquí tenemos como normal, es un muro infranqueable para otros espíritus libres, que interpretan la vida junto a la naturaleza como su estado natural.
Pero el reto es acercar el avance.
Con el diálogo.
Y posibilitando que los logros cuestan trabajo.
Porque lo barato arruina el crecimiento, que por lo visto es el camino que tenemos delante como especie humana.
Avanzando en cultura y en mejoras.
Superando la indolencia de seguir quietos como hace mil años.
Por no equivocarse actuando.

Sí la lección cero pertenece a lo transcendente, dejemos que nuestra sensibilidad actúe.

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Sobre el blog

El salto del ángel es un espacio de reflexión, de pensamiento sobre la dimensión social y política de los asuntos públicos, sobre la educación, la Universidad, la formación y la empleabilidad. Busca analizar los procesos de democratización, de internacionalización y de modernización como tarea permanente, con una actitud de convicción y de compromiso.

Sobre el autor

Angel Gabilondo

Ángel Gabilondo Pujol es Catedrático de Metafísica de la Universidad Autónoma de Madrid, de la que fue Rector. Tras ser Presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas, ha sido Ministro de Educación.

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