Francisco Peregil

La casa no está en orden

Por: | 05 de octubre de 2012

 

Ya se ha cumplido el quinto día de desafío chulesco a los estamentos más altos del Estado. Cientos de agentes de la Prefectura, a quienes se sumarían después otros tantos de la Gendarmería y unos 200 suboficiales de la Armada, rompieron el martes su cadena de mando para exigir mejoras salariales. El Gobierno fue complaciendo sus primeras peticiones. Primero les repuso las pagas extraordinarias que acababan de retirarles. Después, la ministra de Seguridad, Nilda Garré, anunció la destitución de las dos cúpulas policiales y aseguró que la situación había vuelto a la normalidad. Pero los prefectos y los gendarmes siguieron concentrados en las calles a sabiendas de que estaban saltándose la ley. El origen del problema radica en unas escalas salariales aparentemente caóticas que el Gobierno trató de ordenar de forma más o menos torpe. Pero nada puede justificar la reacción de estos policías a quienes la ley prohíbe manifestarse. Tanto el Gobierno como los dirigentes de la oposición han conminado a los agentes a que vuelvan a sus casas. Pero no hay manera de meterlos por la senda de la Constitución.

Este hecho me trajo a la memoria lo que me relató hace pocos días el directivo argentino de una empresa:

Hay mucho mito con eso de que Néstor Kirchner le plantó cara a los militares porque en 2004 mandó descolgar un cuadro de Videla en la Escuela Mecánica de la Armada.

 

Ahora yo también me meo en Videla. Pero el único que le puso huevos acá fue Raúl Alfonsín. Aunque después se rajó con los carapintadas. Ya lo creo que se rajó. Recuerdo perfectamente aquella Pascua de 1987, la Semana Santa, que dicen ustedes. Los militares se habían acuartelado, pedían que no se les juzgaran por los crímenes cometidos durante la dictadura. Yo estaba comiendo con mi viejo y mis hijos. Y agarré a mis dos niños, que tenían entonces cuatro y siete años y me fui con ellos y con mi padre a la plaza de Mayo. A apoyar a Alfonsín. El tipo tenía a todo el pueblo de su lado. De pronto salió y dijo que estuviéramos tranquilos que él iba a ir al cuartel del Campo de Mayo donde estaban los amotinados para hablar personalmente con ellos. La gente ovacionó a Alfonsín, pero yo pensé: este hijo de puta nos va a vender. Un presidente no tiene que ir a un cuartel a dialogar con unos militares insubordinados. Miles de personas nos quedamos allí durante dos horas en la plaza esperando a que volviera. Horas después regresó a la plaza y pronunció la famosa frase: "Felices Pascuas. La casa está en orden".

 

La gente empezó a corear su nombre, Alfonsín, Alfonsín, Alfonsín, pero yo me quedé convencido de que había transado (negociado) y cedido. Nos vendió. Negoció con los militares que no se les juzgaría. En ese momento me agarré una bronca tremenda. Pero pasados los años creo que tal vez Alfonsín hizo lo que debía hacer, tal vez lo único que pudo hacer. En ese cuartel había cientos de militares armados, con tanques, algunos de ellos violadores, asesinos, secuestradores de niños… Y fuera del cuartel, una multitud enorme de gente. Fácilmente aquel día podrían haber muerto cinco mil personas.

 

Han pasado 15 años desde aquella Pascua de 1987 y aún conmueve escuchar el relato de un hombre que acudió a la plaza para sacar el pecho por la democracia. Poco tienen que ver aquellos militares con estos policías de ahora.  Entonces habían pasado solo cuatro años desde el fin de la dictadura y ahora llevamos 29. Aquellos estaban armados hasta los dientes y los prefectos saltan y corean cánticos en ambiente festivo, como si estuvieran en el estadio de Boca. Aquellos temían a la justicia y estos a la inflación. El dramatismo de una situación no tiene parangón con la otra. Hablar de algo parecido a un golpe o de protesta golpista es insultar la inteligencia de quien lo tiene que escuchar. Y sin embargo, estos agentes tan carnavaleros, tan de buena onda y buen rollito, que solo quieren que les blanqueen el dinero que cobran en negro, están saltando y saltando sobre leyes muy delicadas.

Gendarmes y prefectos aseguran que en ningún momento han dejando de atender a sus obligaciones, que no se encuentran en huelga, que se turnan para acudir a las concentraciones y solo protestan en sus horas libres. Y exigen como primer reclamo, al margen de los aumentos salariales, que no haya represalias contra ellos. ¿Qué debería hacer ahora el Gobierno? ¿Hasta dónde se puede transigir? ¿Debería la presidenta permitir que no haya ningún tipo de sanción y conceder los aumentos salariales que exigen? Veremos. De momento, la casa no está en orden.  Pero no es por culpa de Nilda Garré ni de Cristina Fernández. Ni de Clarín tampoco.

Hay 3 Comentarios

ningun gobierno puede hacerse enemigo de la policia

Yo no se si el articulista vivio como yo , esas y estas epocas. En ningun momento los hechos del 87 amenazaron al sistema democratico y no era un reclamo de los carapintadas la impunidad de la dictadura. El pueblo se movilizo porque hacia poco que se habia reinstaurado la democracia y pretendio preservarla del reclamo militar. Lo que hoy acontece fue precedido por una manifestacion opositora de mas de un millon de argentinos en todo el pais que estamos cansados de ver nuestro sueño de una democracia institucionalizada,participativa, republicana y federal en una cleptocracia en manos de una pandilla mafiosa de ladrones ex terroristas y delincuentes que pretenden ususrpar la soberania del pueblo que es la unica que reconocemos

Quisiera aclararle una cosa, de ninguna manera les han reintegrado o les van a volver a pagar los sueldos que cobraban. Solo, se supone, harán el que corresponde al mes adeudado. La mayoria está sin dinero, y deben enviar a sus familiares PARA COMER, familiares que viven en el interior del pais. No han descuidado la tarea que debe cumplir y a esta altura, no se si ameritan ser sumariados, lo que corresonde ES QUE LES PAGUEN, PORQUE ENCIMA LO HACEN EN NEGRO, lo cual es vergonzoso. No son golpistas, se han integrado al sistema democratico, y gran parte de ellos, ni siquiera habían nacido en épocas del proceso. Tanto la minissitro Garré, como Berni, a esta altura, por dignidad y mala praxis, deberian renunciar. Pero desgraciadamente, en nuestro querido pais, NINGUN CORRUPTO QUE FORMA PARTE DEL GOBIERNO RENUNCIA. Por el contrario, es amparado desde la presidencia de la Nación.

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Sobre el autor

es el corresponsal para Sudamérica de El PAÍS. Está radicado en Argentina y su área de trabajo incluye Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Uruguay, y Paraguay.

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