Francisco Peregil

Los protagonistas de "la mejor escena del cine argentino” hablan sobre ella

Por: | 23 de octubre de 2012



El éxodo de los inocentes, la crisis que está comiéndose a Grecia, Portugal y España, el ventarrón que continúa expulsando a cientos de miles de personas lejos de su gente, puede ser un buen pretexto para seguir hablando de la que algunos consideran la mejor escena del cine argentino. Pertenece a la película Made in Argentina (1987), basada en la obra de teatro que se estrenó un año antes en Buenos Aires con el título de Made in Lanús. Lanús es un barrio muy humilde del sur de Buenos Aires. Allí, ese Made se pronunciaría tal cual: made, no meid

Alguien colgó la escena en Youtube calificándola como la mejor del cine argentino, yo hablé de ella en El Sur, una lectora comentó que los cuatro actores que la representaban habían vivido también fuera de sus países. Y decidí buscarlos y hablar con ellos. Algunos, en efecto, sufrieron el exilio. También habían estado casados, como las parejas a las que interpretaban. El matrimonio de Mabel y Oslvado eran en la vida real el de Luis Brandoni y Marta Bianchi. La Yoli y el Negro eran Leonor Manso y Patricio Contreras. Veinticinco años después, la autora de la obra está muerta y las dos parejas divorciadas. Cada uno sigue trabajando en teatros apenas separados por unas esquinas. Al hablar con ellos por separado coincidieron todos en ensalzar a la dramaturga  Nelly Fernández Tiscornia (1928-1988). Que sea ella, pues, mejor que nadie, quien introduzca su propia obra:

Mabel y Osvaldo, una pareja de argentinos que viven en Nueva york exiliados por la dictadura militar imperante en Argentina, regresan luego de 10 años a su país, ya en democracia, para concurrir al casamiento de un familiar.
Allí se reencontrarán con La Yoli y El Negro (hermano de Mabel) quienes subsisten a duras penas económicamente en un barrio del sureño Lanús.
Durante el encuentro, Mabel y su hermano desvelan una sorpresa.
Momentos entrañables, cargados de nostalgia y afecto, contarán una historia en donde cada personaje tomará una postura distinta y absolutamente visceral que describe una problemática siempre presente en nuestro país. El que se fue y quiere volver, el que se fue y no quiere volver, el que se quedó y quiere irse y el que se quedó y no se irá jamás.
A todos los amigos que no pueden volver.
A todos los amigos que fantasean con irse.
A todos.

Osvaldo, el personaje que interpreta Luis Brandoni, dice en algún momento de la película que ha regresado a Buenos Aires buscando un olor, algo que se dejó en su tierra y no cabía en ninguna valija. La película, después de 25 años, sigue hablándonos de todas las cosas que no caben ni en maletas ni en el ancho de banda por donde se cuela Skype.

Tienen la palabra:

Luis Brandoni (Osvaldo). Ahora protagoniza junto a Pepe Soriano Conversaciones con Mamá, en el multiteatro de la Avenida Corrientes. Fue y sigue siendo militante de la Unión Cívica Radical (UCR)

Luis Brandoni

Este fue el único caso en Argentina en que convivieron la obra de teatro y la película. Hicimos más de 800 funciones durante tres años. Después de pasado unos cuantos años llegamos a la conclusión de que hubo un solo testimonio de la transición democrática en la Argentina. Y es el testimonio de esta obra.

Mi personaje era un médico y en algún momento recibe un amenaza de la Triple A, lo mismo que yo también la recibí y tuve que irme a México. El tema era el desarraigo y eso es universal. Yo recuerdo una función en el teatro Romea de Barcelona. Había una mujer vestida de rojo en primera fila que empezó a llorar faltando cinco minutos para terminar y no pudo ni aplaudir. Yo creía que era argentina. Apareció en los camerines con otra señora o un señor y resultó que era española.

 

Marta Bianchi (Mabel , hermana de El Negro). En la actualidad protagoniza junto a Ernesto Clauido El Amante, de Harold Pinter, en el teatro Losada, de la Avenida Corrientes.

Bianchi

La obra era una invocación a la tolerancia, a pensar que quien piensa distinto puede ser tan honesto como uno. La autora, que nunca había estado en Lanús ni nunca había salido de la Argentina, encarnó ese sentimiento de los que se fueron y quedaron de una manera muy sensible pero a la vez muy inteligente.

Los personajes se quieren. Todos están en un lugar que no eligieron, les gustaría estar juntos pero las circunstancias externas les separaron. En la Argentina hacía mucho tiempo que veníamos sufriendo defraudados por los golpes militares. Brandoni y yo fuimos exiliados en México.

El personaje de Patricio Contreras hace alusión a todas las ilusiones perdidas, a las posibilidades de movilización económica que tenía este país y que se fueron perdiendo. Las dos posiciones que hay en esa escena son honestas y válidas. ¿Quién tiene razón? Todos la tienen. Los cuatro son honestos y los cuatro tienen razón. La Yoli cree que tu identidad está donde está tu historia, el aire que respirás, los árboles de la vereda. En otro país sos un extranjero, no conocés los códigos que entraña.

Mi personaje cuenta en algún momento de la obra que le dolía la lengua de tanto esforzarse en otro idioma. A mí me pasó algo semejante en  México.  Si bien hablamos el mismo idioma, pero expresarte con un acento diferente y con modismos diferentes, fue una violencia interna para mí.

 

Leonor Manso (La Yoli).  Es directora escénica de Tosca, en el teatro Avenida y directora de La voz de la sirena, en el Centro Cultura de la Cooperación (Avenida Corrientes)

Leonor Manso

Cada vez que tomo un taxi no pasa que un taxista me diga:

-¡La Yoli!

Se saben diálogos enteros de esa escena. Gente muy joven que no la vio en su momento y que no vivieron la dictadura, aunque sí la crisis de 2001, la conocen también porque la siguen pasando muchas veces por televisión.

Para mí, la frase clave es cuando ella dice:

-Acá es mi país.

Y también cuando dice:

-Porque acá sos El Negro. El Negro sos... Y allá… ¿Qué vas a ser? ¿Qué?

Cuando fuimos los argentinos que la veían nos decían: yo me vuelvo, me vuelvo…  La autora habla desde sentimientos más que desde la razón. Eso rompe todas las barreras.

Recuerdo especialmente la Pascua de 1987. Había levantamientos militares, estaban los carapintadas que habían tomado el cuartel de Campo de Mayo. Y la gente se fue a agolpar allá, había que ver cómo hablaban con esos soldados. “¿Pero qué estás haciendo? Somos todos argentinos, ¿no te das cuenta?” Y entonces, con todo el mundo en la plaza apoyando a Raúl Alfonsín y  los carapintadas en Campo de Mayo, el teatro estaba lleno y Beto le dijo al público:

-Nosotros sentimos que hoy no tendríamos que estar aquí, sino en plaza de Mayo.

Y nos fuimos todos a Plaza de Mayo.

Quiero contar que mi mis padres son españoles, me eduqué con música, expresiones y comida española. Fui a España por primera vez  en 1975. Sola. En la Argentina estaba todo muy convulsionado. Y mi idea era quedarme en España si me gustaba más que la Argentina. Conocí a mis tíos, a los que solo conocía por carta, recorrí España, reconocí muchas cosas de lo que soy. Pero volví en 1975. Y en marzo de 1975 un grupo de actores fuimos amenazados por la Triple A. Habíamos hecho un programa que se llamaba La Noche de los Grandes. Entre los amenazados estaba también [el actor] Alfredo Halcón. La Triple A nos dijo que si en 48 horas no nos íbamos, nos mataban. Me llamó mi familia:

-Te tenés que ir, te tenés que ir….

Me llamaron los amigos, te tenés que ir, te tenés que ir…  Pero pensé que tenía que quedarme acá. Ese grupo no nos fuimos y no nos mataron. Comprendimos que lo hacían para crear un Estado de convulsión social con el fin de que muchas personas pidieran el golpe de Estado. La Triple A amenazaba a personas conocidas de la cultura y el espectáculo, mientras mataban a sindicalistas. Eso era antes del golpe militar, aún durante el peronismo.

Yo amé y amo a la Yoli. Porque la autora sintetizó algo esencial y que todos los pueblos reconocen: quedarse acá  y bancarse [apechar con] todo lo que venga; o irse y buscar otro horizonte. Yo antes, cuando nadie me obligó me había ido a España. Después, cuando me estaba amenazando la Triple A, dije no, no me voy. 

 

Patricio Contreras (El Negro). Representa en la actualidad la obra Cenizas, en el teatro Regina, de Buenos Aires (Avenida Santa Fe).

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Yo soy chileno. Y llegué a Argentina autoexiliado. A mí y a otros actores que éramos reconocidos adherentes a Salvador Allende, la dictadura nos dejó fuera de la televisión y de la radio. Yo tenía 26 años cuando llegué a la Argentina. Y veía que la dictadura chilena iba para larga. Cuando interpreté la obra llevaba ya 14 años acá. Fue la primera vez que me animé a interpretar a un porteño prototípico. Y en eso me ayudó mucho Luis Brandoni, que es como un concentrado de la porteñidad.  Por otro lado, tenía pudores por la dureza del discurso mío. Pensaba: A ver si algún argentino no me permite que yo como chileno diga semejantes crudezas y reproches. Recuerdo cuando el presidente Alfonsín nos fue a ver a la función. Porque Brandoni fue asesor de cultura de Alfonsín. Y cuando nos vino a ver, mi personaje también hacía alusión a los que nos gobernaban entonces, que eran los radicales. Yo hablaba de “este país de mierda”. Y ahí sentí como nunca cómo pesan las investiduras. Me puse nervioso y me dio pudor hacer las críticas al país.

Pero para nosotros es un motivo de legítimo orgullo haber estrenado una obra que se ha constituido en un clásico del teatro argentino. Y haber llevado a la pantalla una película que, si no es perfecta, tiene una carga de emotividad tremenda y es muy fiel al retrato de lo que sucedió en aquellos años de la transición, a lo que ocurrió con el reproche a los que se fueron y de los que se quedaron. Es un gran testimonio de uno de los mayores dolores que ha tenido el pueblo argentino.

La primera vez que leímos la obra lo hicimos delante de quien iba a ser el productor, Carlitos Rottemberg. Conseguimos que se sentara a escucharla. Decía que se fiaba de nosotros, que si nos gustaba, a él le parecería bien. Empezamos a leerla y tuvimos que interrumpirla varias veces porque nos acongojaba. Y ahí nos dimos cuenta del gran valor emotivo que tenía. Pero nunca nos imaginamos que iba a provocar tal conmoción. La obra se constituyó rápidamente en un éxito. De algún modo, cada uno de estos personajes habita en cada argentino. De acuerdo a los tiempos que pasan pueden predominar uno más que otro. De pronto habita la furia o la ira contra el destino y de pronto el amor, el deseo de sentirse parte de esta tierra, de este país. Lo doloroso es ver a un matrimonio que se lleva bien, que han tenido una vida simple y feliz, y verlos enfrentados por algo tan feroz, por algo que les es ajeno, impuesto, que trata de las frustraciones de un país.

Todos los que la hicimos coincidimos: más allá de que hayamos representado obras más importantes, pocas veces hemos sentido tal comunión, tal conmoción con el público. Y no solo con el público argentino. Esta obra la hicimos en 1986. Fuimos durante un mes a España. Estuvimos en Madrid, Barcelona, Pamplona, Alicante... Y el público español nos decía que también se veía retratado. Porque había pasado también por separaciones no deseadas.  ¡Para qué decir lo que ocurría con los argentinos que nos iban a ver y que estaban afuera! Muchos de ellos nos dijeron después que la obra les había hecho regresar a su tierra. El discurso de la Yoli los conmovía mucho.

En Madrid tuvimos que controlarnos en escena, estar muy atentos, porque a veces nos desbordaba la emoción. Porque, sin proponérnoslo estábamos dando testimonio ante otro pueblo de los dolores de una tierra que estaba saliendo de uno de los periodos más negros de su historia. No era solamente artístico el fenómeno. Era cívico también.

Después en 1987, cuando en el festival  de La Habana me dieron el premio al mejor actor por esta película, recuerdo que en el Aula Magna de la universidad de La Habana se hizo una charla con los actores. Y estaba repleta la sala. Nos impactó muchísimo un muchacho que no hizo una pregunta, sino una afirmación realmente conmovedora:

-Esta es la película que los cubanos teníamos que haber hecho ya hace mucho tiempo.

En Montreal, en 1987, nos dieron el premio del público a la mejor película, porque también los canadienses saben de separaciones. La separación es un drama que toca a todos los pueblos. Por algo los griegos consideraban como una máxima sanción el exilio.

Como profesionales, como parejas y como amigos fueron años de mucha felicidad. Nos marcó mucho a cada uno de nosotros. Después la vida siempre nos sorprende. Pero el haber estrenado esa obra fue de una enorme gratificación desde el punto de vista artístico y humano.

 

Entrada relacionada: La mejor escena del cine argentino (que ya es decir)

 


Hay 10 Comentarios

Me fui en el principio de los setentas (1972). En esa epoca se vivia bien y tranquilo en Argentina (La Plata). Tenia trabajo, sin problemas con la policia ni con los bancos o la sociedad, le di un beso a los viejos, y me fui por aventura con el pasaporte argentino, que todavía guardo el original, con todas las visas necesarias para conocer otros charcos, que en uno de ellos encontre una ranita y me quede. Volvi muchas veces, a visitar, cada vez que vuelvo me siento bien, con todos los defectos y virtudes por que es mi casa. La ultima anécdota que tengo en noviembre del 2011 pegando la vuelta para el aeropuerto Ezeiza se le rompe el auto a mi sobrino en el medio de la autopista a la altura de la Nueve de Julio(18:00 hrs) pido auxilio , se para un auto con un señor y le digo "te doy 100 US se me lleva al aeropuerto" el hombre me dice que no puede pero que me lleva a la parada de taxis. Y así fue como pude tomar el avion de American Airlines a tiempo.

Me gustó mucho el artículo y me ha recordado bastante a mis vivencias por tierras argentinas cuando estuve alla durante un año. Un saludo.

A los que se exiliaron e los años /70, se los puede comprender, hubo una guerra. desapariciones,bombas por todos lados...........Pero a los que se fueron en el 2002 en adelante , me cuesta entenderlos....Pensar que después de la dictadura se nos vino encima el 2001 y el default bendito......y otra vez el dilema de irnos o quedarnos......al final ,las pasamos de mil colores, pero AQUÍ,bajo el mismo cielo que nos vio nacer.El exilio es comprensible cuando la vida corre peligros, pero cuando sólo es cuestión de plata......es como estar con la familia en tiempos de bonanza, todo bien,y cuando vienen los tiempos de vacas flacas, cada uno se corta solito.

Yo vivo en argentina y por el contrario mi viejo es inmigrante. Es un bajón pasado el tiempo la melancolia de un familiar porque a la larga no puede disfrutar ni de lo real ni de los recuerdos. Dije melancolia por el motivo de la gente que no puede recordar sin sufrir. El dice que para que volver si no tiene nada , y despues esta un año hablando de hermanos y conocidos que ve por una semana. Cuando dice "nada" se hace el dobolu, habla de guita y de que hacer con nosostros.

Yo soy argentino, estuve 10 años viviendo en España de 2001 a 2011, luego me volvi a Argentina por un asunto familar. Me parece que el tema está muy exagerado en esta peli (tipica peli argentina super psico-patriotico-sensiblera). La verdad es que adonde vayas vas a encontrar buenas y malas personas pero tu(o vos) vas a seguir siendo el mismo: sí sos un amargado en argentina lo vas a seguir siendo en españa etc, es decir que tu felicidad depende mas de tu subjetividad que del lugar donde vivas.
En mi opinión no existe tal cosa como un destino "en lo universal" que dicte que debes estar ligado al pais en que naciste, el mundo ahora es mucho mas pequeño, uno puede nacer en un lugar, estudiar en otro, irse con una beca afuera, o con un trabajo, volver., etc, hay que ser adaptable y flexible "be-water". Desde luego, no hay ninguna traición en cambiar de ambiente como sugiere esta peli, si empeoran las circunstancias. Creo que se llama "libertad" o "libre albedrio" algo que le suele molestar a muchos de izquierda y de derecha que preferirian que te quedes quietito y si es posible tontito, lo mas parecido a un esclavo
Además, conociendo la diversidad del mundo tambien se enriquece e espíritu, se aprende a relativizar las diferencias, a ser tolerante, a pensar por uno mismo y un sinnúmero de beneficios.

La escena de Darin con el juez ( no me acuerdo su nombre) con Francella en el background es de las mejores que ha hecho el cine argentino.Lejos

que buena nota! excelente, gracias; estos actores son excelentes y están super activos y comprometidos hoy en día.

Nadie que no haya pasado por la fractura del alma profunda y sin arreglo que significa haberse ido del propio pais y ver que los días y las vidas siguen alli sin el, y que en donde se establece nadie le espera ni se interesa por su futuro o su persona y que si las hay tarde o temprano, comenzarán a desear que no hubiera venido, repito nadie, sabe el destroo que eso es en la vida de un ser humano.
Especialmente, cuando proviene de países como argentina, con um muy marcado carácter nacional y un pasado mucho mejor, que en ese presente.
Y sobre todo: volver buscando algo que se acabo en el preciso intante en que se fue. ( o que quizá jamas existió y que el mismo se invento con el pasar de los años.)
Es como morirse pero seguir vivo.

Hace muchos tiempo que me fui de Argentina,la verdad que me emocione al ver esta escena...pero no me arrepiento del paso que tome,y lo haria nuevamente,amo a mi pais,pero tambien amo a mi familia,sin mi marcha,creo que mi familia hubiera sufrido mucho mas el rigor de gobiernos sin escrupulos...y como decia mi abuelo,la familia,es lo mas importante en la vida....

Emocionante.

-Porque acá sos El Negro. El Negro sos... Y allá… ¿Qué vas a ser? ¿Qué?

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Sobre el autor

es el corresponsal para Sudamérica de El PAÍS. Está radicado en Argentina y su área de trabajo incluye Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Uruguay, y Paraguay.

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