Francisco Peregil

¿No te das cuenta de que yo también estoy hecho mierda?

Por: | 26 de febrero de 2013

 

Un tipo le cuenta a una rubia que quiere encontrar la manera de dejarla sin hacerle daño. Está sentado dos mesas más allá de la nuestra, en el café-librería Clásica y Moderna, de Buenos Aires. Después, otro le cuenta a la misma rubia lo falsos y egoístas que son esos fulanos que en vez de darse la vuelta y ponerse a roncar después de hacer el amor, se empeñan en dar el máximo placer a las mujeres. Falsos y egoístas, dice, porque en realidad solo quieren demostrarse que son unos amantes portentosos. Al rato...

Al rato, otro tipo le cuenta a la rubia cómo se las arregla para distinguir entre mujeres gallos y gallinas, es decir, entre las que estarían dispuestas a dejarse atar por él y las que nunca lo harían. La librería es recogida, íntima como una plaza pequeña, que diría Lorca. El catalán Marc Caellas nos observa a todos desde el fondo. Caellas no cree en el teatro convencional en el que los actores hablan al público desde un estrado. Dirige obras donde los actores envuelven al espectador o caminan junto a él o se sientan al lado. En este caso, se trata de algunas Entrevistas breves con escritores repulsivos, una adaptación de textos de David Foster Wallace.

En la obra se produce un momento mágico, auténtico y real como solo el mejor teatro puede procurarlo: un tipo pelirrojo le cuenta a la rubia que quiere dejarla, que ya no soporta la relación, no aguanta la presión de sentir que ella siempre ha vivido con el miedo a que él la abandone. De repente, ella se levanta de la mesa, se va hacia la puerta de la librería, él se levanta también y la sigue, ella sale, tira hacia la derecha, por la acera, y la vemos por los ventanales de la librería. Y él sale también, da unos pasos en la calle y también lo vemos por el ventanal y le oímos gritar a la rubia:

-¿No te das cuenta de que yo también estoy hecho mierda?

Por un momento el teatro deja de ser teatro. La gente que camina por la calle y trata de mirar discretamente la discusión. De pronto la frase nos deja riéndonos, como desnudos en un lugar que no era ni la calle, ni la librería ni el teatro.

-¿No te das cuenta de que yo también estoy hecho mierda?

El viernes 22 de febrero los familiares de las 51 víctimas mortales del accidente ferroviario de Once desnudaron también el lenguaje emocional de la presidenta, Cristina Fernández. La presidenta, que siempre habla de Él, de su marido muerto hace 28 meses, por el que sigue vistiendo luto, aprovechó el acto de lanzamiento de una señal de televisión para dirigirse en la noche del jueves 21 a los familiares. Era la primera vez que lo hacía desde febrero del año pasado:

También –porque hay que acordarse de todo también– queremos recordar y rendir un homenaje: mañana se cumple un año de la tragedia de Once y queremos también rendir un homenaje y un recuerdo a todas las víctimas, un abrazo solidario fuerte a todos sus familiares. [Aplausos de la concurrencia, entre la que no se encontraba ningún familiar de las 51 víctimas]. Yo sé que la perdida de un ser querido es irrecuperable e irreparable, nadie lo puede suplir, nadie lo puede reparar, pero bueno... Allí está la Justicia para determinar responsabilidades seguramente. Pero así todo, con justicia, con reparación económica o lo que fuere, la vida no vuelve y la vida de un ser querido, de un ser humano es algo muy valioso y muy doloroso perderla. Así que un abrazo para todos ellos. [Aplausos de la misma concurrencia].

Y también porque hoy… la vida es así, es alegría y tristezas, no estamos siempre alegres y siempre tristes, nos tocan momentos difíciles, hay que apechugar y salir adelante. De acá la miro a Estela [de Carlotto, abuela de Mayo], ¿cuántos años – Estela – pidiendo justicia? 35 años pidiendo justicia las Abuelas, las Madres y recién, después de 35 años, está llegando la justicia. [Aplausos]. Así que también es importante saber que la vida es así, con momentos duros, con momentos difíciles, pero también con momentos de alegría, de recuerdo, de memoria y de mucho respeto.

 

Al día siguiente, el viernes 22 de febrero de 2013, los familiares salieron a la calle y dejaron sin sentido todas las referencias a Él. Es como si le hubiesen dicho a ella:

-¿No te das cuenta de que mientras tú nos mostraba tu dolor a lo largo de todo este año nosotros seguíamos aquí reclamando justicia?

Y en lugar de eso dijeron:

Anoche la presidenta se acordó de nosotros con un mensaje más hiriente que el propio silencio. Un abrazo solidario tardío, la masacre es producto de la inacción de su propio Gobierno.

(...) La tragedia de Once fue la consecuencia de la voluntad de enriquecerse sin importar las consecuencias. Actuaron con desprecio por la vida, creyéndose impunes. Hoy luchamos para que esa impunidad se termine. La corrupción no sólo se llevó la plata del pueblo, esta vez se llevó muchas vidas. La cara visible de la corrupción es la muerte y su cómplice es el silencio. Para ser más claros, los empresarios y funcionarios corruptos mataron a nuestros seres queridos.

 

A partir de ahora será más difícil hablar de Él, de la pena que dejó su ausencia, sin referirse a Ellos: las madres, las abuelas, los familiares de Once.

Hay 4 Comentarios

Lo último que debe perderse es la esperanza. A este gobierno lo votaron los argentinos y al ´próximo tambien, de nosotros depende pura y exclusivamente

Una de las cosas más odiosas que actualmente suceden en Argentina, es que las supra-organizaciones de Defensa de los Derechos Humanos (Madres y Abuelas de Plaza de Mayo), no han estado nunca con estas y otras víctimas de distintos delitos. Solo, en alguna ocasión, el consuelo de palabra, ese que no requiere ninguna acción concreta de apoyo. Es como si el dolor de ellas fuese más importante, de mayor envergadura, más "comprometido" que el de los demás mortales. Si yo fuese la señora Estela Carloto, le hubiese dicho a la Presidente Fernández algo, como por ejemplo: Es cierto Sra. que nuestra lucha recién ahora comienza a tener sus frutos, pero estas víctimas no tienen la obligación, como nos pasó a nosotras, de esperar otros 35 años para que se haga justicia. En fin, esto es lo que hay cuando nos creemos protagonistas de un relato que tiene algunas verdades, y muchas, demasiadas, mentiras.

Nos mataron muchos seres queridos y nos mataron lo más querido de todo, que es la ilusión, la perspectiva, el futuro luminoso. ¿Hay algo más triste?. El que encuentre una alternativa tangible por favor que avise, pues somos millones los que no cesamos de buscarla, a pesar de los pesares. A millones nos pasa lo mismo, debemos aprender a encontrarnos y a renovar la confianza en nosotros, porque somos la esperanza, pero sobre todo, porque no hay ninguna opción salvo esa.

Si señor...así es.

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Sobre el autor

es el corresponsal para Sudamérica de El PAÍS. Está radicado en Argentina y su área de trabajo incluye Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Uruguay, y Paraguay.

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