Francisco Peregil

Argentina, paraíso de economistas

Por: | 05 de febrero de 2014

Los mejores economistas, aunque cueste creerlo, están en Argentina. Bueno, vale, puede que haya exagerado un poco, pero lo que sí es seguro es que algunos de los que mejor se expresan son argentinos. Y que se les escucha con gran interés. Olvídense de los psicólogos, los creativos publicitarios y los entrenadores de fútbol. Los que triunfan son los economistas. Así como hubo un Madrid en el que a las ocho de la tarde o dabas una conferencia o te la daban, en Argentina es imposible salir a la calle sin meterte en la cabeza 30 ó 40 datos macroestadísticos. Por la mañana, cualquier emisora de radio que se precie ya tiene a sus expertos de cabecera con un arsenal de metáforas brillantes para describir la situación. Ejemplo de metáfora: el opositor y exministro de Economía Roberto Lavagna (2002- 2005) describía así el problema de confianza que, según él, sufre el Gobierno en los mercados internacionales:

Cuando uno va manejando [conduciendo] detrás de alguien que hace zigzag, sabe que lo que tiene que hacer es alejarse, tomar distancia. Porque si no va a terminar chocando. 

Y como ésa, docenas en una semana. 

El expresidente del Banco Central (2002-2004) y hoy diputado de la oposición, Alfonso Prat-Gay, asegura que Kicillof retoca la economía con un serrucho o que experimenta con 40 millones de argentinos en vez de hacerlos con sus alumnos. A Kicillof le preguntan que qué opina de eso y se lleva el dedo a la sonrisa y dice que eso es lo que opina. Nadie podrá quejarse de que el debate no está entretenido. Pegas una patada y te salen 500 consultores, a cada cual más didáctico. Pero el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, también economista, advierte que los economistas que salen en los medios son "los agentes encubiertos de grupos económicos que no dan la cara".

A las nueve de la noche, en cualquier canal de televisión, te salen dos o tres expertos echándose cifras a la cara o desplegando sus macrodatos como un dependiente en el mostrador. Cada uno de los 40 millones de argentino está informado de que hace cinco minutos el dólar oficial vale  8,09 pesos y que el dólar blue -llámese paralelo, informal o negro- cerró el martes a 12,55, o que las reservas del Banco Nacional  "perforaron" los 28.000 millones de dólares. Y sobre todo, saben a qué supermercado tienen que ir el martes con su tarjeta de descuento y a cuál el miércoles. El grado de especialización del ciudadano común puede apreciarse en estas recomendaciones ofrecidas por el economista y columnista Tomás Bulat en su libro Economía descubierta:

Muchas tarjetas o negocios diferencian sus descuentos por día y producto, entonces, a estar atento y comprar aquellos bienes que no tienen vencimiento cercano. Artículos de limpieza por ejemplo: compralos solo el día de la oferta, o bien cuando te descuentan el 70 por ciento en la compra de la segunda unidad. De todas maneras entrená el ojo para ver (y recordar) los precios.


Te cuento una experiencia personal. Normalmente voy al supermercado, me gusta esa tarea, además de ver qué pasa con los precios semana a semana, me interesa ver las conductas de la gente. En una de esas oportunidades, vi un champagne que me gusta a 62 pesos la botella. Yo esperaba el viernes o el fin de semana porque en esos días mi tarjeta suele ofrecer descuento en bebidas alcohólicas. Ese día viernes apareció efectivamente el 70 por ciento de descuento en la segunda unidad, lo que significaba que si compraba dos, el descuento del 35 por ciento. Pero para mi NO sorpresa (al mejor estilo Julio Cobos) de 62 había pasado a costar 81 pesos. Upssss, dije, me jodieron. Hice un cálculo rápido: 81 menos el 35 por ciento me daba casi 53 pesos. Es decir, más barato que los 62 (un 14 por ciento menos). Aún me convenía comprarlo con el descuento, pero no era tanto como el tentador 35 por ciento.


Hay casos en que sí lo es, y tenés que saber mirar. De todas maneras pensá que el supermercado te atrae con promociones para que compres esas promociones y (de paso) te lleves lo que no está en promoción, así —en promedio— sale ganando.
Ahora, seamos sinceros, este tipo de promociones son solo posibles porque existe inflación, lo cual implica que tenemos muy poca o nula noción de lo que valen las cosas. Solo se pueden seguir manteniendo descuentos fenomenales del 40 o 50 por ciento porque no sabemos el precio de nada. Si no hubiera inflación, los descuentos tan grandes serían imposibles (y nosotros sabríamos cuánto vale cada cosa y podríamos proyectar a futuro).

Por lo tanto, y dada la situación actual, tenés que aprender a organizar tus compras: tarjetas de débito, crédito, cupones y días de descuentos. Tu sueldo se aprovecha mejor con esas pequeñas conductas.

 

Pero un país que ha sufrido en las últimas cuatro décadas varias devaluaciones traumáticas, crisis cambiarias y varias hiperinflaciones debería haber aprendido algo más que algunas cifras y conceptos. Tendría que haber aprendido a evitarlas. Y en lugar de eso, el ciudadano de a pie tuvo que dedicarse a gambetear, a driblar los precios y sobrevivir.  Y algunos de los mejores economistas aprendieron a fundar consultoras y a sacarle dinero a las empresas que piden consejos para navegar por estas tormentas.

 

 

 

 

 

Hay 4 Comentarios

En Argentina hasta hay terapeutas económicos, psicólogos especializados en economía, como me contó hace unos días un amigo uruguayo tan asombrado como yo, que trabaja en un banco de Montevideo y recibió a un cliente de esa especie

Si si es el paraíso, cualquier economista puede decir cualquier cosa en contra de la política actual y saldrá en todos los medios hegemónicos. Así cómo publicaban las opiniones favorables del 1 a 1 en su época. Y ya nadie recuerdan los nombres de esos despistados.

Eso se solucionaba muy fácil: un banco central y partidos políticos. La inflación no es un misterio debido a las profecías de nostradamus: viene de inyectar dinero a montones, de imprimir billetes para repartir y mantener el sistema clientelar, que es el que da apoyos y votos. Hasta que todo revienta y vuelta a barajar. El único economista que necesitan es Tato Bores.
Los argentinos son una máquina de decir boludeces, incapaces de aceptar lo obvio.
Si hubiera un banco central.... (eso que tienen que, si no obedece al gobierno echan al director, no es un banco central). Y si hubiera partidos políticos, habría alternancia, alguna forma aunque sea mínima de limpiar el poder. Hace más de 60 años que los que tienen un excedente compran dólares, los que no tienen se joroban y vuelven a hundirse en la pobreza, para volver a votar a quienes culpan a los malvados de su pobreza. Eso no ha cambiados desde Evita. Nadie debe eseprar que cambie.

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Sobre el autor

es el corresponsal para Sudamérica de El PAÍS. Está radicado en Argentina y su área de trabajo incluye Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Uruguay, y Paraguay.

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