El entierro de la crítica

Por: | 29 de junio de 2007

Terminó el encuentro de nuevos narradores que organizaron la editorial Seix Barral y la Fundación José Manuel Lara, y Sevilla queda ya muy lejos. Se había escuchado durante alguna de las jornadas anteriores el topicazo de que la crítica no sirve para nada, pero estrictamente fue ayer el día que se había establecido para tratar de este género tan desprestigiado. Podía haber resultado un asunto enojoso, pero reinó el buen humor. Acaso siguiendo la práctica de muchos novelistas, que tanto petróleo han sacado de la muerte de la novela, los críticos proclamaron ayer que la que estaba de verdad muerta era la crítica. Así que decidieron enterrarla.

El viejo afán de elaborar argumentos para defender el propio gusto, la búsqueda de relaciones entre unas obras y otras más lejanas o anteriores, la exploración del contexto en el que se producen y de las referencias biográficas o generacionales de quienes las han producido, la voluntad de descubrir el motor que alimenta una pieza determinada y las estrategias formales que despliega, el complicado desafío de razonar unas preferencias y de establecer una jerarquía de valores, el arriesgar unas señales para no perderse en la selva de títulos que aparecen cada año… Cultivar, en definitiva, el espíritu crítico heredado de la Ilustración. Todo eso ya no sirve.

No sirve en un mundo donde todo vale. Así que hicieron bien los críticos, y todos los demás que los acompañaron, en enterrarla para que así descanse en paz. Junto a la novela. No es mala fórmula para que permanezca y para ahorrarse los habituales exabruptos de autores y editores que la denostan y que luego la celebran si el balance luce a su favor. Dos veteranos del oficio, Juan Ángel Juristo y Luis García Jambrina, fueron los que tuvieron que abrir un debate en el que se veían ya fulminados por el peso incombustible del lugar común. Pero fue un narrador, Ricardo Menéndez Salmón, el que empezó defendiendo la importancia de la crítica y reconociendo cuánto lo había ayudado para elegir sus lecturas. Como lo que dijo fue bastante sensato (son imprescindibles argumentos que ayuden a deambular por esos escaparates repletos de novedades), lo que los otros críticos (Toni Montesinos y Jordi Carrión) hicieron, junto a todos los demás, fue coger las palas, llenarlas de tierra y cubrir cuanto antes el cadáver. Y así se pudo empezar a hablar con un poco de sentido común.

Hay 7 Comentarios

Tablones, La Alpujarra, 1 de julio de 2007.

Apreciado José Andrés Rojo:

No he entendido tu visión de la mesa sobre la crítica del encuentro de narradores de Sevilla; tampoco entendí ayer tu crónica de El País. Aprovecho que mencionas mi nombre en tu blog para acogerme al derecho a réplica. Lo cierto es que pensaba mantenerme al margen de esta discusión, como hice en Sevilla, donde llegué el penúltimo día y donde me invitaron como crítico y no como creador (publico en una editorial minoritaria y practico la auto-edición), y donde no quise mostrar públicamente mi desacuerdo con las supuestas coincidencias que existen entre los “jóvenes narradores españoles”, porque no me parecía de recibo hacerlo. Los protagonistas eran Fernández Mallo, Bosch o Menéndez Salmón: si ellos estaban de acuerdo con el comunicado oficial de la organización, no iba a ser yo (que no soy nadie) quien discrepara. Pero la verdad es que no creo que les interese tanto el dinero, no creo que exista una “atomización” radical de los caminos y las poéticas, no creo que no se lean entre ellos, no creo que a los jóvenes escritores no les interese la política, no creo que los emparente el cine y tengo algo también que decir sobre la diferencia de edad y sobre por qué casi no se mencionaron a autores que escriban en español como referentes. Espero que te parezca bien que desgrane esas cuestiones, que son las que tú recoges en tu crónica de ayer y que, de un modo u otro, aparecieron en las conclusiones del encuentro. Precisamente al dedicar parte de mi viaje por La Alpujarra a este cybercafé y a este texto, intento dejar claro que sigo creyendo en el espíritu crítico que heredamos de la Ilustración, que la crítica cultural no está muerta (y es más necesaria que nunca), que no soy enterrador (sino escritor) y que me interesan más los teclados (la construcción) que las palas (la sepultura).
Anem a pams, que decimos en Cataluña.
El problema –en los cimientos del encuentro, y en la cultura en general– es la amalgama (unión o mezcla de cosas de naturaleza contraria o distinta). La amalgama indiscriminada produce confusión y evita, a priori, la posibilidad de alcanzar conclusiones más o menos productivas. En el caso que nos ocupa, pese a las buenas intenciones de Seix Barral y de la Fundación Lara (la organización fue muy buena en la logística), se entrelazaron varias estrategias de amalgamamiento, a causa de motivaciones que tienen que ver con la industria, y por la ausencia de un comisario o de un comité de expertos, que hubiera asegurado la independencia del proyecto, al tiempo que hubiera obstaculizado los objetivos comerciales o empresariales. Por un lado, se invitó a demasiada gente (a mí, por ejemplo). Por el otro, no se dejó claro si existían criterios sobre la selección. Aunque en ella pudieran entrar por edad (nacidos a finales de los sesenta y principios de los setenta) De Prada, Mañas, Santos o Freire, está claro que por trayectoria (todos ellos tienen una carrera consolidada, nutrida de premios desde hace más de diez años), no se pueden poner en paralelo a Fernández Mallo, Mora, Bosch, Menéndez Salmón o Martínez, que tan sólo tres años atrás todavía no habían sido considerados por la crítica ni seguramente hubieran sido invitados a un congreso de estas características.
No he escogido esos nombres, como adivinarás, sólo por ser representativos de mi argumento anterior (en la mesa defendí que, en la escritura, cada página es crítica –literaria). Como creador y como crítico, no me interesa particularmente la obra que esos y el resto de autores multipremiados está llevando a cabo en estos momentos. Para mí no son “nuevos narradores españoles”. El caso de De Prada, a la luz (o la penumbra) de sus dos textos de ayer en ABC, me va a permitir ir desarrollando el resto de ideas que he anunciado en el primer párrafo de esta carta que, me temo, se va a alargar. El caso de Freire sólo lo voy a utilizar para ilustrar el primero de los temas.
El primer tema es el dinero. Es muy cierto que se habló de industria en demasía, quizá a causa de la amalgama (había algunos autores que sí están acostumbrados a negociar), quizá a causa de la precariedad laboral (muchos autores y periodistas son mileuristas). Como sabes, la organización del encuentro financiaba el avión, el hotel y las comidas, pero no pagaba por la participación en las mesas; pese a ello, sin otra actividad económica para esos días en Sevilla, la mayoría fuimos, para conversar y conocer gente con afinidades (y en mi caso, hacer un viaje personal por la tierra de mis padres). Si el dinero fuera –más allá de la conversación sobre él– un tema tan importante, la mayoría no hubiera ido. Freire, no obstante, aprovechó la ocasión para dar una conferencia sobre la bulimia en el Colegio de Farmacéuticos (23 de junio), para “liberar” 41 ejemplares de Cuando comer es un infierno y de Mileuristas (24 de junio), para participar en el encuentro (y promocionar sus cursos de creación) y para recoger el premio de novela Ateneo de Sevilla, dotado con 42000 euros (26 de junio). No digo que eso no sea “correcto”, que evidentemente lo es, según el perfil, la personalidad y las virtudes y defectos de cada cual; sólo digo que dentro de los participantes en el encuentro coexistían estatus y actitudes muy diferentes, hacia la literatura y hacia la “vida literaria”, hacia la creación y hacia su industria, que pensé que tendrías en cuenta y que lamenté no encontrar en tus crónicas.
En ellas tampoco has mencionado el caso de Quimera, que apareció en alguna de las mesas. La revista la pensamos y la gestionamos un consejo de dirección que no recibe retribución económica alguna por ello; y la escribe un grupo de colaboradores que tampoco cobra por sus artículos. Entre ellos, regularmente, Vicente Luis Mora, y de vez en cuando Agustín Fernández Mallo o Lolita Bosch, entre los presentes en el congreso, y Eloy Fernández Porta, Juan Francisco Ferré, Robert Juan-Cantavella, Javier Fernández o Juan Trejo, entre los ausentes.
En su reseña de ayer del último libro de David Foster Wallace, Juan Manuel de Prada no hacía más que evidenciar su incapacidad como lector crítico para comprender el proyecto de no-ficción del escritor norteamericano. Con largas citas y metáforas rurales y castizas (“patatal”, “pedregosa”), De Prada llenaba los caracteres de su reseña sin decir nada más que “no me gusta este autor y escribe demasiado”. Si lees los textos que Ferré, Trejo, Fernández Porta, Martínez o Juan-Cantavella han escrito sobre Foster Wallace te darás cuenta de que esos dos “tipos “ de escritor “joven español” que comentaba pueden existir. Es más: si leemos también la columna de opinión de ayer en ABC, donde la metáfora es bélica: “El pensamiento hegemónico, esa plasta progre que cae sobre los cerebros cual bombardeo de NAPALM”, nos damos cuenta de que esos dos “tipos” también pueden ser leídos desde una perspectiva “política”.
Efectivamente, en Sevilla no se habló de política. Sin embargo, cuando en la mesa de periodismo y literatura Ricard Ruiz, Álvaro Colomer y Gabi Martínez defendieron la existencia en España de revistas y de editoriales que publiquen crónicas de no-ficción, estaban adoptando una posición política. Tal vez, como ha ocurrido tradicionalmente en América Latina, ha llegado el momento de que los escritores españoles digamos por escrito lo que los medios de comunicación audiovisuales o los periodistas textuales se niegan a decir. Cada vez más superado el compromiso con un partido, queda el compromiso con una cierta idea de progreso, que obviamente De Prada no comparte, pero que puede rastrearse en los autores que he mencionado (o en Javier Fernández, Isaac Rosa o Mercedes Cebrián, por mencionar otros ausentes en el encuentro). Y sobre todo puede verse un compromiso con el análisis de la imagen, de las cortinas de humo, de las realidades virtuales, de los constructos socio-políticos, y de todo lo que tiene que ver con nuestra modernidad líquida, hiperreal e hiperviolenta. Por eso te decía que no creo que a los jóvenes autores españoles les una el interés por el cine; porque eso ya era un vínculo en la Escuela de Barcelona y hasta en la Generación del 27. Les une el interés por la imagen: su análisis semiótico y político, ya sea en la pantalla cinematográfica, en la televisión, en la política o en Internet.
Los que comparten esos intereses, se leen entre ellos. Yo leo, sobre todo, a escritores jóvenes cuya problematización del lenguaje me interesa; y a algunos que más bien trabajan en “el placer por narrar historias”. El blog es en este sentido una zona de encuentro fundamental. Ocupa el lugar del café literario hasta la llegada de la democracia; y de los bares y pubs de la Transición. Se leen en los blogs; se leen en las revistas (en papel, como Quimera; o virtuales, como The Barcelona Review o Kiliedro); y a menudo también se leen en el formato de libro impreso (Nocilla Dream en el caso del congreso).
Todo eso particulariza a los ”jóvenes narradores españoles”. El blog no es sólo una plataforma, tiene sus propias características narratológicas y sociológicas. Internet ha cambiado nuestra percepción del tiempo y del espacio, y ya hay una narrativa trabajando en esas metamorfosis. También hay una joven crítica pensándola (La luz nueva, de Vicente Luis Mora, y Afterpop, de Eloy Fernández Porta, de momento). Espero que los críticos de otras generaciones, como Pozuelo Yvancos, pronto aporten también sus conocimientos a la disección de lo que está ocurriendo. Pero para ello habrá que pensar que la historia existe y que, por tanto, las nuevas “generaciones” (me refiero al sentido biológico del término) no hacen lo mismo que las anteriores. Me alarmó lo que dijo Juristo en nuestra mesa: ahora no se hace lo mismo que en los años 30, sencillamente porque después llegaron la guerra civil, la segunda guerra mundial, la guerra fría, la llegada a la Luna, la democracia a España, la caída del Muro, Internet y el 11 de Septiembre. Hay que pensar la diferencia. Y hay que informarse sobre ella. Juristo dijo que sabía que ahora hay autores que se llaman “neopops o algo así”: “pop” es una etiqueta muy vieja, “Neo3” es una revista de tendencias y un congreso de literatura que se hizo este año en Barcelona”, con una búsqueda en el Google se “desface el entuerto”; y el “algo así” es imperdonable en la crítica literaria del siglo XXI.
Me doy cuenta ahora de que no he respetado el orden en que enumeré los temas que quería comentarte. Será el calor, o que me espera afuera de este cybercafé un Seat Ibiza de alquiler y varias entrevistas por hacer a personas que conocieron a mi abuelo, al que llamaban El Rojillo (no me satisface el modo como el PSOE y el PP han tratado la “memoria histórica”, de modo que voy directamente a las fuentes). Termino esta carta o post con el tema de los referentes españoles. Fíjate en quien se escogió como “padrino” del encuentro: Caballero Bonald. No hay nada más que decir.
Espero tu opinión sobre estas cuestiones.
Recibe un cordial saludo desde el Sur.

Jorge Carrión

No entiendo nada... ¿La muerte del autor? ¿La muerte de la novela? No sé. También es que voy bastante resacosa...

"¿Y no será más bien que los que están muertos son los autores?", dijo Diógenes saliendo del tonel y buscando el farolillo.

iNTERESANTE DISYUNTIVA. mUERE LA NOVELA Y DESPUÉS MUERE LA CRÍTICA. ¿y LOS LECTORES? ¿hAN MUERTO TAMBIÉN? vAMOS A BUSCARLOS, DIJO dIÓGENES.

El negocio de las editoriales grandes necesita una legión de criticos, para así ceder becas y trabajos para mantener sus ventas. Existe tambien una cantidad de criticos que son autores de novelas marginales que no se atreven enviar a sus jefes de la multinacionales del libro. España necesita unas editoriales que respeten a los autores, que no permitan caer la novela en Pret a Porte, como las modas de los pantalones o las blusas. Es deprimente que las editoriales lancen al pricipio de temporada las mismas historias y siempre por encargo. En España cada dia se lee menos en proporcion a la cantidad de habitantes y la culpa de tanta abstención a la lectura es por la dirigitación de temas y novelas. Falta originalidad en los temas y la editorial que se sale del esquema, se muere de asco. Y los critocos tambien tiene parte de culpa.

La muerte del autor, la muerte de la novela, resurrección del autor (mala hierba nunca muere...)entierro y regreso zombi de la crítica o el mareo de la perdiz... En este juego todos tenemos papeleta, hasta los lectores, aunque seamos un poco como la amante de la que el mundo literario se acuerda sólo cuando soltamos 20 euros para satisfacer nuestro voraz afán de vivir otros mundos. El precio del libro y el valor de lo que leemos... Y los escritores son los primeros lectores de su propio libro...
¿No será el amor a la lectura lo que ha muerto?

La única solución que existe para la supervivencia del arte es la búsqueda; presentar una alternativa o un cambio en los perceptos poétcios. Y sobrevivir, que ya es bastante.

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El rincón del distraído es un blog cultural que quiere contar lo que pasa un poco más allá o un poco antes de lo que es estrictamente noticiable. Quiere acercarse a lo que ocurre en la cultura con el espíritu y la pasión del viajero que descubre nuevos mundos y que, sorprendido e inquieto, intenta dar cuenta de ellos.

Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

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