En la frontera

Por: | 28 de junio de 2007

Sevilla. Encuentro de nuevos narradores. Las sesiones cambiaron ayer de escenario. Del centro de la ciudad, en casa Fabiola, sede de la Fundación José María Lara, a un aula de la Universidad Internacional de Andalucía, justo al lado del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, en el Monasterio de la Cartuja. ¿Qué tienen de nuevo estos escritores? ¿Qué pretenden? ¿Cómo se relacionan con sus mayores y de qué manera los influyen otras formas de expresión artísticas? Algunos de los temas propuestos ayer podrían haber desencadenado polémicas, debates, incluso algún mordisco. Pero, salvo excepciones, se habló de generalidades. En el último tramo, cuando se trató de periodismo y literatura, Álvaro Colomer (Barcelona, 1973) dijo: “Nunca he visto morir a nadie”. 

Participan cerca de cuarenta invitados. Los hay nacidos en los setenta (más de veinte: José Ángel Mañas, Lolita Bosch, Harkaitz Cano, Gabi Martínez, Espido Freire, Vicente Luis Mora, Juan Manuel de Prada, Luis Manuel Ruiz o Cristina Sánchez-Andrade, entre otros), los hay nacidos en los sesenta (más de diez: Hipólito G. Navarro, Félix J. Palma, Félix Romeo, David Castillo o Juan Carlos Gea, entre otros), los hay incluso de los cincuenta (Antón Castro, por ejemplo) y está uno de 1937, Iván Tubau. A la vista de la amplitud del espectro, se echa de menos a casi una docena de autores esenciales de la literatura más reciente.

Se habla más de cine que de literatura. No se ha hecho casi ninguna mención a los escritores españoles de generaciones anteriores (los latinoamericanos prácticamente ni existen). La política está proscrita. El mercado es una obsesión. La queja, un estribillo permanente que no debería haber tenido tanto protagonismo. Lo suyo es que ayer se hubieran enfrentado, por ejemplo, quienes defienden la literatura como entretenimiento con aquellos que le piden algo diferente. Reinaron las vaguedades.

Sólo unos pocos llegaron a concretar algo. Agustín Fernández Mallo (La Coruña, 1967) dijo que “no vale ninguna novela que no tenga algún elemento poético”, que “todo lo que está pasando que es importante tiene que ver con la frontera” y afirmó que las series de televisión, los programas basura, la música y las ciencias forman parte de la materia con la que trabaja. Pidió permiso para ser rotundo: “Hasta hace poco se creaba desde el conocimiento, hoy se crea desde la información”. Ricardo Menéndez Salmón (Gijón, 1971) reconoció abiertamente a su maestros: Bernhard, Musil, Broch, Céline, Flannery O’Connor. Explicó que son los que plantean las preguntas que le interesan.

Las pesadumbres de la vida y los desórdenes del mundo sólo aparecieron cuando se trató de periodismo y literatura. Fue ahí donde la mezcla y lo híbrido se confirmaron como marcas de lo más reciente. Y fue entonces cuando Colomer reconoció que no había visto morir a nadie. Era la manera de confirmar su diagnóstico sobre la condición profunda de las sociedades avanzadas: que ocultan cuanto no les gusta para seguir habitando en la radiante burbuja de una felicidad postiza.

Hay 6 Comentarios

Yo veo a veces a mi mujer morir un poquito cada día, ella escribe desde hace muchos años, catalogada en su día como una promesa por algún critico de EL PAIS, o por algún Secretario de Estado para la Cultura… su obra sigue ahí inédita, mandada a mil editoriales… a mil concursos… considerada como muy buena, como excelente… ella dice que escribe literatura, algo que quede y que no sea olvidado, que no sea considerado un panfleto… pero no consigue publicar, y mientras tanto pasan los años, ella sigue escribiendo, a veces la veo muy deprimida pero incapaz de abandonar… una vez le leyeron la mano y le dijeron que el éxito le llegaría tarde… ojala sea así.

Rojo :
Y tu sigues ahi ? Pero qué haces tio, perdiendo el tiempo asi. Ya lo sabiamos: ni los jovenes españoles leen a los latinoamericanos ni los latinoamericanos a los españoles (cf. articulo de Vila-Matas en la agenda del Cervantes). Luego hablamos de la "literatura global". Guichful tinking

Popeye

Pues se me ocurren varias cosas, así que me quedaré con dos. De la frontera, como no sé si es la real, la simbólica o ambas, sugiero que es un tema algo difuso: recuerdo buenos westerns y no tan buenos, y también ese manierismo lacrimoso y lleno de tópicos de «historias cruzadas» como «Babel». O sea que ojo. Agustín Fernández Mallo tiene un CV interesantísimo en el que figuran las ciencias y el arte conceptual (que, vaya, aquí no se menciona), en absoluto requisitos obligados para un escritor español que quiera hacer carrera, más bien todo lo contrario. No es -sorpresa- vulgar. La telebasura, las teleseries, la música... bueno, de eso comemos todos, aunque algunos no lo digan (pero se vea en lo que escriben).

A mí me parece triste que quienes se hacen llamar escritores desconozcan la tradición, ignoren a maestros que no tuvieron el placer de leer -pongo por caso los latinoamericanos que mencionas, pero sus fallas ya nos demuestras que son mucho más grandes-, desplacen de su obra el compromiso social y se obsesionen por el mercado. La creación sólo puede partir del conocimiento, cualquier otra cosa es recreación. No creo que sea un encuentro de narradores lo que se está fraguando en Sevilla, es un encuentro de personas -la gran mayoría de ellas- que viven ocultando "cuanto no les gusta para seguir habitando en la radiante burbuja" de un mercado editorial. La Historia distinguirá a estos de los escritores, que serán los que verdaderamente trasciendan y cuyas obras permanezcan en el recuerdo como lo que son, y no como meros productos mercantiles.

Me ha gustado lo de que las novelas han de tener un toque de poesía. Creo que un ejemplo es El Evangelio según Jesucristo, de Saramago

Dice Álvaro Colomer que no ha visto morir a nadie, sin embargo, pertenece a una generación que quizás sea la que más muertes (reales y ficticias) haya presenciado a través del cine y la televisión. Miles de muertes. El problema,creo, es que aspectos fundamentales de la existencia los vivimos como un género, lo que nos condena a crear desde la ficción, a sumar ficciones.

Gracias Rojo, tío legal, por tu blog.

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El rincón del distraído es un blog cultural que quiere contar lo que pasa un poco más allá o un poco antes de lo que es estrictamente noticiable. Quiere acercarse a lo que ocurre en la cultura con el espíritu y la pasión del viajero que descubre nuevos mundos y que, sorprendido e inquieto, intenta dar cuenta de ellos.

Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

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