Eduardo Mitre y las ausencias

Por: | 10 de julio de 2007

Hace frío en La Paz. Anoche nevó en El Alto, la ciudad que vela por la capital boliviana desde las alturas, cerca del aeropuerto, y los coches bajaban al centro con capas de hielo en los cristales. No se tarda ni media hora en llegar ahí arriba y ya se entra en el Altiplano. En el primer poema de su último libro, Vitrales de la memoria (Pre-Textos), Eduardo Mitre escribe estos versos: “La memoria del viento / con su antorcha de sonidos / por el silencio del Altiplano”. Los cosas son, en verdad, así. Basta avanzar unos cuantos kilómetros y sólo existen los ruidos del viento y el puro silencio. Y el frío.

Eduardo Mitre nació en Oruro, una de las ciudades mineras más importantes de Bolivia, en 1943. De niño se trasladó a Cochabamba. Allí estudió Derecho. Después se fue a aprender literatura a Francia y a Estados Unidos. Ha sido profesor en la Columbia University en Nueva York y en el Dartmouth College, en New Hampshire. También ha enseñado en Cochabamba. Forma parte de la Academia de la Lengua boliviana. Hace seis años que vive en Manhattan. Ahora trabaja en la Saint John’s University, Jamaica, New York. Vitrales de la memoria se abre con una cita de Antonio Muñoz Molina: “Y también esa cosa extraña que tiene Nueva York, esa virtud de devolverlo a uno repentinamente a sus orígenes, a sus recuerdos más lejanos, de traerle una presencia y un acento de su país perdido”.

Dice Mitre en uno de sus poemas que nuestro pasado no se quedó atrás, sino que “nos fue siguiendo los pasos, furtivo / como un ladrón detrás de los árboles”. Y ese pasado, por lo que refiere Muñoz Molina y él mismo recoge, debió invadirlo en Nueva York para dictarle los versos de este libro. Irrumpe su niñez, se derraman los paisajes de esta tierra en sus palabras, vuelven a latir vivas las cosas que ya se fueron. Hay demasiadas muertes en el libro de Eduardo Mitre, y esas muertes a uno lo atacan como si fueran las propias muertes que se han vivido, y bien pocas que han sido. Pero uno ha llegado a La Paz y resulta que La Paz es ahora una ciudad vacía donde ya no están quienes estuvieron siempre ahí como infatigables guardianes de la memoria y la vida.

El tiempo que todo lo destruye. Así que hay que agradecerle a Mitre por todas sus palabras que amarran tantas cosas. El sedoso zumbido de un trompo clavado justo en el centro del mundo. La luz de una tiznada lámpara de kerosén. La pelota de trapo con la que juegan los niños en las calles. Los autobuses llenos y el grito de los pasajeros que avisan “esquina, maestro, esquina”. Una copla chapaca que habla del olvido. Esos jugadores del River, del Boca, del Estudiantes, del San Lorenzo que “veíamos por la radio”. Las aguas frías y celestes del Titicaca. Y más, y más. Y los trazos de Bolivia (son hermosos los poemas a su madre enferma y a su hermano pródigo) se levantan en esos vitrales pintados en el corazón de Manhattan.

 

Hay 4 Comentarios

Excelente. Un gran poeta, un ser sensible.

Blanca Varela (Lima,1926) dice:

"Está mi infancia en esta costa,
bajo el cielo tan alto,
cielo como ninguno,cielo,sombra veloz,
nubes de espanto,oscuro torbellino de alas,
azules casas en el horizonte."

Puerto Supe
Como Sios en la nada.

Bueno, ya son las ocho y media de la tarde y confieso que cuando he leído esto esta mañana me han entrado ganas de «desviar» como ayer con lo de Serrat & Sabina. En esta ocasión se me ocurrían varias mordacidades acerca del padre Muñoz (Molina) y debo admitir mi total desconfianza hacia un libro que se abre con una cita del dicho padre sobre Nueva York... Aquí hay algo raro, porque nadie me hará creer que la cita más interesante sobre Nueva York, esa ciudad que tanto alimenta el parloteo del turista lírico, pueda sacarse de algo escrito por ese capellán paleto. Glups. Pero ya son las ocho y media de la tarde. Me he portado bien.

No creo yo que la severa ausencia de comentarios que ha sembrado el post sobre E. Mitre quiera decir que los lectores de Rojo nos hayamos ido a las Chimbambas. Quiero más bien pensar que estamos todos afectados por el virus E. Mitre y que los libreros de medio mundo han recibido una andanada de peticiones que sin duda los tiene atabalados y contentos. Yo, personalmente, agradecido por el descubrimiento y por la hondura con que lo cuentas, Rojo.

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Sobre el blog

El rincón del distraído es un blog cultural que quiere contar lo que pasa un poco más allá o un poco antes de lo que es estrictamente noticiable. Quiere acercarse a lo que ocurre en la cultura con el espíritu y la pasión del viajero que descubre nuevos mundos y que, sorprendido e inquieto, intenta dar cuenta de ellos.

Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

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