La prisión del estilo

Por: | 29 de agosto de 2007

“El estilo siempre tiene algo en bruto: es una forma sin objetivo, el producto de un empuje, no de una intención, es como la dimensión solitaria del pensamiento”, escribió Roland Barthes en El grado cero de la escritura. “Sus referencias se hallan al nivel de una biología o de un pasado, no de una Historia: es la cosa del escritor, su esplendor y su prisión, su soledad”. Poco antes, el ensayista francés explicaba que “bajo el nombre de estilo, se forma un lenguaje autárquico que se hunde en la mitología personal y secreta del autor”. El caso es que ayer murió Francisco Umbral,  periodista y escritor, un tipo que llenó páginas y páginas con la marca propia de un estilo inconfundible. Umbral era, sobre todo y antes que nada, estilo.

Un estilo: una fuerza bruta, un empuje, la bilis del escritor que se vacía en la página escrita. Umbral transmitía la impresión de tener una inmensa facilidad para que todo le saliera, las palabras se derramaban en sus textos y producían cruzamientos sorprendentes, metáforas muchas veces brillantes, ruido de poesía. A ratos rompía las frases por las buenas. Otras, sus textos abundaban en términos que procedían de jergas específicas, y aquello tenía ese algo admirable que tiene un espadachín cuando mueve su florete. Era su cosa, la bravuconería del que afirma proceder de la calle e insiste en que lo suyo es auténtico.

Luego estaba la ironía. Tan grata con frecuencia y a veces tan tramposa. El que abusa de la ironía, y más el que lo hace del sarcasmo (y Umbral era uno de ellos), da por supuesta una audiencia cómplice, a la que no hace falta dar muchas explicaciones, ni meterse en profundidades. La ironía tiene algo de guiño. “Estamos en lo mismo, tú me entiendes”, eso es lo que susurra entre líneas el escritor irónico. El mundo hecho un cromo está ahí, afuera, con su círculo de podredumbre y de miseria. He aquí, sin embargo, que hay gente que apunta fino y desnuda ese espectáculo. Ésa es la actitud que resulta de la ironía, y hay maestros en utilizarla. La de Umbral, creo yo, era muchas veces muy burda. Tenía esa vocación de maldito, y cayó con frecuencia (cuando hablaba de la mujer, cuando se pronunciaba sobre determinados escritores) en llevar la provocación a un extremo tal que termina siendo nada más que estulticia.

Hay 5 Comentarios

A mí, Umbral siempre me recordó a aquel gallo convencido de que el sol salía para oirle cantar.

Cuando se compra un periódico lo normal es comenzar su lectura por los titulares,por su puerta principal.Sin embargo a algunos lectores nos gusta (manía o tendencia) empezarlos por la parte de atras.Ahí van algunas columnas firmadas que son como el apetecible aperitivo que nos prepara para el gran banquete de la noticia diaria.
Aunque algunos nunca conocimos al Umbral literato,sí nos atrapó en multitud de ocasiones con su columna de atrás( como tantos otros) y nunca nos dejó indiferentes. Siempre nos provocaba algo: una carcajada,un cabreo, una sonrisa, un "este tío es un soberbio pretencioso", un" pero adondevas con lo que está cayendo", un" eres el maestro de la memez", o un"mecachiendiez que frase tan genial le salió esta vez"..
La ironía es dificil de entender ,pero cuando atrapa,atrapa de verdad.
Ayer cuando leimos la noticia de su fallecimiento a algunos de sus lectores nos pareció que la ironía va a acompañarlo más allá de su muerte.Muchos lo van a recordar por el :"vengo a hablar de mi libro" y no por su merecido premio Cervantes. Algo injusto.

Chapeau, se nota que le conocia y que no habla de oidas.
Eso y mucho mas era Umbral.
Pero, se puede resumir en la importancia del Estilo en toda la escritura de Umbral.
Y no olvidemos unas gotas de literatura en dos o tres libros escritos para poder mantener a su ritmo de vida y su familia. Saludos.

hombre, se agradece leer un artículo que no sea todo "QUÉ MARAVILLOSO ERA, ERA EL MEJOOOOOOOOR PERIODISTA DEL MUNDOOOOOO" (pedro j. dixit)

me ha gustado lo bien que lo has explicado y cómo lo has hecho

¡Bravo! Estoy de acuerdo en casi todo. Matizaría lo de la ironía. Hay una ironía que cuestiona el mundo, una mirada sardónica que tiene una enorme fuerza transgresora. Hay otra ironía -la que fue consumiendo a Umbral a partir de cierto momento, que coincide, creo yo, con su llegada a 'El Mundo'- que es como un eco de capilla, un lugar común para iniciados, un golpe de maraca (con música de Machín, en el caso de Umbral) o de sonajero (como dijo, genialmente, Marsé). Esta última ironía es profundamente conservadora. En fin, es solo una reflexión sin mucho fundamento, o una intuición al hilo de la lectura de tu post. Por cierto, excelente tu reportaje de hoy en EL PAÍS, y los artículos de Juan Cruz y Vicente Verdú, una maravilla.

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El rincón del distraído es un blog cultural que quiere contar lo que pasa un poco más allá o un poco antes de lo que es estrictamente noticiable. Quiere acercarse a lo que ocurre en la cultura con el espíritu y la pasión del viajero que descubre nuevos mundos y que, sorprendido e inquieto, intenta dar cuenta de ellos.

Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

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