La urgencia de vivir

Por: | 27 de agosto de 2007

Cuanto vaya a escribir en las próximas líneas se ha dicho ya muchas veces. Pero es como si fuera necesario volver a colocarlo ahí para comprenderlo de nuevo. Para celebrarlo de nuevo. Ernest Hemingway fue un maestro en la distancia corta y naufragó en las novelas, se perdía, acaso resultaba demasiado artificial, un tanto sentimental, blando. Pero en los cuentos iba directo al meollo, agarraba el asunto, lo ponía delante con toda la dureza, sin disimular ninguna arista, sin contemplaciones. Ahora estoy leyendo los que ha vuelto a reunir Lumen, la recopilación que hizo el propio Hemingway en 1938 y que tituló Los cuarenta y nueve primeros cuentos. Los estoy leyendo y comprendo que lo que quiso atrapar en todos y cada uno es ese mecanismo por el que a ratos estás dentro de la corriente de la vida, y a ratos estás fuera, irremediablemente fuera, sin ninguna razón, sin culpa, sin merecerlo, porque sí.

HemingwayEl dolor de encontrarse expulsado y fuera, con la nostalgia por lo que se ha perdido y la conciencia de tener que seguir adelante. Todo el alcohol del mundo no resulta entonces suficiente para volver a engancharse. Ni el alcohol, ni la violencia, ni tirar millas. Ese misterio, ese minúsculo desliz, esa trampa, esa pura casualidad: los personajes de Hemingway (la fotografía es de John Bryson, de 1959) surgen de cualquier parte y es como si los pillara justo en el instante de perderse o de reencontrarse. Un solo destello. Caerse muerto o esperar la llegada de la muerte, tener noticia de una traición, buscar la ternura imposible en lo que se tiene más a mano.

“Yo no estoy en su reino”, le contesta el soldado Krebs a su madre cuando ella le dice que en el reino de Dios no puede haber manos ociosas, que “Dios tiene una labor para cada uno”. Pero el soldado ha regresado de la guerra donde hizo lo que tenía que hacer, y ha quedado ya fuera de la corriente. Cuando pensaba en escribir sobre estos cuentos quería hablar del concepto felicidad. Eso que pasa en la literatura con los maestros, que colocan unas palabras y  atrapan un gesto, y clavan ese ruido de fondo que circula por detrás y al que cuesta darle nombre.

García Márquez confiesa en la evocación de Hemingway con la que se abre esta edición de sus cuentos que su preferido es Gato bajo la lluvia. Quién sabe de las razones de su elección, no las explica, acaso no son fáciles de explicar. Copio lo que escribe Hemingway en un momento de ese relato: “La mujer se le acercó, se sentó delante del espejo del tocador y se miro con el espejo en la mano. Estudió su perfil, primero un lado y luego el otro. A continuación se estudió la nuca y el cuello”.

Y le preguntó a su marido: “¿No crees que sería buena idea dejarme crecer el pelo?”. Quizá esté ahí ese desliz, esa urgencia por vivir, esa derrota.

Hay 7 Comentarios

Dentro, de tanto comentario que se escribe en blogs, sería interesante con esta sugerencia, pudieran ser un poco mas enfáticos cuando hablan de una temática,como es el caso de Hemingway, como también, permitir desubrir mas en sus escritos, su identidad, como escritor en blogs. Claro teniendo en cuenta que lo que me gustaría analizar es su narrativa.

¡Qué casualidad! Precisamente la semana pasada una amiga común, y escritora de talento, me habló de lo mucho que le gustaban estos cuentos. No me va a quedar más remedio que leerlos...

Como Venecia te da leña, yo mimos: un gusto esta entrega de Hemingway, más incluso cuando no habla de Hemingway.

Como Venecia te da leña, yo mimos: un gusto esta entrega de Hemingway, más incluso cuando no habla de Hemingway.

"Qu'est-ce que je raconte? pensa-t-il.Voilà que je déraille . Faut garder la tète froide . Garde la tète froide et endure ton mal comme un homme . Ou comme un poisson".

Con estas palabras, escritas en "Le vieil homme et la mer" Hemingway da muestras de esa conciencia de tener que seguir adelante, de ese coraje para combatir la adversidad, de esa suprema cualidad humana que rezuma todas su escritura. Ya en sus primeros cuentos se encuentran esos elementos que le han llevado a esas reflexiones ..,y que le hacen pensar en ese mecanismo por el que a veces se está dentro de la corriente de la vida , y a veces totalmente fuera, de una manera impredecible e involuntaria,Sr.Rojo.
Pero Hemingway sabe que debe superar esos momentos y sabe como hacerlo.Eso lo dejó claro al afirmar:" Un hombre puede ser destruido, pero nunca derrotado" .
No sabría decir si en sus cuentos es más brillante y más directo.. pero lo que si se puede afirmar es que para nada naufragó al escribir "Adiós a las armas". Es una novela que no se olvida. En el horror que retrata no hay contemplaciones, la dureza es máxima . Y a cualquier lector le provoca un hondo sentimiento de repulsa. Lejos por tanto quedaría la apreciación de que en sus novelas resulta un poco sentimental. Lo que ocurre (y esa puede ser una visión subjetiva de cada lector) es que el escritor no toma partido directo en condenar lo que está relatando. Eso es lo que a lo mejor le convierte en más blando.

Estoy totalmente de acuerdo, de Hemingway cuanto mas corto mejora

Cuando estuve en Chicago di la paliza todo lo que pude para ir al Museo de Hemingway. Me encantó. Ahora, por mi cumple, me han regalado este libro.

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El rincón del distraído es un blog cultural que quiere contar lo que pasa un poco más allá o un poco antes de lo que es estrictamente noticiable. Quiere acercarse a lo que ocurre en la cultura con el espíritu y la pasión del viajero que descubre nuevos mundos y que, sorprendido e inquieto, intenta dar cuenta de ellos.

Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

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