Las sacudidas de la célebre catarsis

Por: | 23 de agosto de 2007

Los sábados por la noche, de seis a doce, el protagonista de La mancha humana, de Philip Roth, escucha la radio. Una pequeña emisora de FM emite las melosas melodías bailables que el decano Coleman Silk y los de su generación oían de jóvenes. “Cuanto hay de estoico en mi interior se relaja y el deseo de no morir, de no morir jamás, es casi demasiado intenso para soportarlo”, confiesa a propósito de las emociones que le produce aquella vieja música de swing. Y dice que quien se sumerja a fondo en determinados temas que escuchó en su juventud, y cita uno en concreto, habrá “comprendido por fin la célebre doctrina de la catarsis efectuada por la tragedia”. Y justo eso es lo que siguen produciendo la canciones de unos cuantos minutos que escuchamos ahora.

Aretha_franklin_i_never_loved_a_manAsí que elegir la música del verano es un asunto importante, bastante importante. Son muchas horas de coche y mucho tiempo de mirar las musarañas como para dejar al azar la música que suena mientras tanto. Este año hice un experimento. A lo largo del invierno fui grabando, sin orden ni concierto, una selección de los temas que más me gustaban de los cedés que iba escuchando, y los iba guardando de manera caprichosa en carpetas de nombres más o menos vagos (veteranos, lejanos, alternativos…) o más concretos (Brasil, Cuba, blues, soul, flamenco…). Decidí, pues, organizarme diferentes selecciones cogiendo las canciones, una detrás de otra, de carpetas diferentes y sin pensar ni un instante qué podría salir de todo aquello. Las mezclas fueron un despropósito, pero el resultado quedó bastante entretenido. Sólo hubo un hilo conductor: en todas las selecciones tenía que haber una canción de I Never Loved A Man The Way I Love You (1967), de Aretha Franklin, ese álbum en el que parece no faltar ni sobrar nada.

A un trallazo de Arctic Monkeys le sucedía un tango del Sexteto Mayor, por ejemplo. Ése ere el tipo de disparate que quedó del experimento, pero la catarsis funcionó (y “el deseo de no morir, de no morir jamás” fue tan intenso como lo era para el viejo decano de Philip Roth), aunque hubiera que saltar de los blues de John Mayall o Fleetwood Mac (los dos con Peter Green) a las voces de Chico Buarque, Caetano Veloso o Tom Zé (impresionante su You’re the top, su versión de un clásico de Cole Porter). Pude renovar mi fidelidad incondicional a Jobim y Vinicius, ya que estamos en los brasileños, y lo pasé francamente bien con Prince, al que no escuchaba hace tiempo. Estuvieron presentes Paul Weller, Lila Downs, Curtis Mayfield, Alabama 3 u Olu Dara, entre otros muchísimos (fueron ocho selecciones). Los Stones aparecieron con los sonidos sucios de su magnífico Exile on Main Street y McCartney con algún tema del disco de las cerezas, que sigo pensando que es el mejor de los suyos. Entre los flamencos, Estrella Morente, Miguel Poveda, Pitingo y el prodigio del Niño Josele con su álbum dedicado a Bill Evans. Comprobé que Mario Bauzá y el Trío Matamoros siguen gozando de excelente salud, y que Juan Perro sigue siendo una buena compañía. Y no se alarmen: no hubo nada ni de Sabina, ni de Serrat.

Hay 4 Comentarios

La nostalgia, parece ser un recurso inagotable en nuestro afán por no envejecer, lo cual es un despropósito. Quizá por eso nos cuesta tanto escuchar "la obra" del músico cuando no está conectada con nuestros recuerdos. La falta de curiosidad por las propuestas recientes ha de acabar con esa forma de oir que hoy conocemos y disfrutamos. Hay gente intentando proponer, pero cada vez hay menos donde. Nada contra el recuerdo, "recordar es vivir...".

¿El Cabrero? ¡Qué decepción, Venecia! Pitingo no me convence, pero una noche que buscaba su cante le soltó a un oyente metepatas esta frase memorable: "¡Qué buena voz para vender melones, compadre!". Y escuchar a Josele es, en efecto, un lujazo. Habrá que hacerle una entrevista un día de estos!

¡Qué interesante experimento!!
¡Quien pudiera escuchar el resultado!. Sí, ojalá..

"Elegir la música es un asunto bien importante". Mais oui!!. Y no sólo la música del verano, sino la de todo el año, e incluso la de cada momento diario. Para cada hora del dia , para cada estado de ánimo ,un autor, un ritmo, una letra, un idioma.. Por la mañana, por la tarde, por la noche, siempre hay un sonido determinado que sólo uno mismo sabe escoger.
Para los que aman la música, el pasado y el presente no determinan su pasión. Si acaso, sólo el grado de amor y de emoción que puede suscitarle el recuerdo de cierta melodía que quedó grabada para siempre en su cabeza y en su corazón.
A veces no es una simple canción , puede ser un autor,un grupo, un género ,el que te haga sentir ese deseo de no morir jamás,esa certeza de que la música nunca muere.
Muy buena esa selección.Lleva el sello personal de alguien que ama el blues, el rock, el flamenco..
¿Que le hubiese parecido incluir a Lole y Manuel, o al cabrero? o a Stewart, o a Fogerty en" Long as I can see the light"o a Clapton en "Old love" o a Cocker en "You can leave your hat on"... o...
a Price en "Lawdy Miss Clawdy "o a Billy Holiday o a Diana Ross,..Bueno ,bueno.. Ese ya no sería su "disco personal".
Lo único imperdonable es que haya dejado de incluir en su recopilación ,cualquier canción de Serrat o de Sabina.
Imperdonable Sr. Rojo.

Juan Perro estaba mejor con Radio Futura, ¿no le parece? ¿Recuerda "La ley del mar"?
Sí,las canciones antiguas suenan mejor después de un tiempo: Dylan, Gaye, Springsteen, Wet Wet Wet, Elton John, Lou Reed, etcétera

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El rincón del distraído es un blog cultural que quiere contar lo que pasa un poco más allá o un poco antes de lo que es estrictamente noticiable. Quiere acercarse a lo que ocurre en la cultura con el espíritu y la pasión del viajero que descubre nuevos mundos y que, sorprendido e inquieto, intenta dar cuenta de ellos.

Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

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