¿…y Evo…?

Por: | 14 de agosto de 2007

Toca cerrar ya esta incursión fugaz sobre los derroteros por los que discurre la política boliviana. Y toca cerrarla con la amarga sensación de no haber podido ni siquiera arañar la espesa maraña de problemas y conflictos que atenazan a un país en el que conviven tantas etnias y culturas diferentes y con una pobreza tan grande que no se sabe si con una buena gestión de sus riquezas se podrán salvar las injusticias acumuladas durante siglos de expolio y desbarajuste. La hipótesis de partida fue la de centrarse en los trabajos de la Asamblea Constituyente, encargada del desafío de inventarse de nuevo las reglas de juego que van a marcar el rumbo de una sociedad y un Estado al que se han incorporado los sectores más desfavorecidos, los indígenas. A tres de los seis hijos que tuvieron los padres del actual presidente, Evo Morales, los mató la pobreza. Es sólo un dato. Lo suficientemente revelador para sintetizar la magnitud de un cambio que, con los escollos y complicaciones inevitables, se está produciendo dentro de un marco democrático.

¿Y Evo Morales? No fue posible entrevistarlo. Hubiera venido muy bien: hay casos en los que una figura encarna las expectativas de una multitud. Es lo que ocurre con Evo. En sus batallas y en sus afanes se concretan las batallas y los afanes de muchos bolivianos que llevan mucho tiempo peleando para salir de pobres.

Es difícil barruntar la consistencia de sus decisiones, ni intuir su destreza a la hora de manejar el timón de un barco en medio de la borrasca. ¿Es un líder populista que derrocha sus recursos para satisfacer a los suyos y que no genera los instrumentos para crear riqueza a largo plazo? ¿O es un hombre pragmático que quiere aprovechar para el país los buenos vientos que soplan en otros lares? ¿Un títere de Chávez, como dicen algunos, o un revolucionario que procura fortalecer las raíces de su poder, como piensan otros? ¿Qué margen de maniobra tiene? ¿Es el presidente de todos los bolivianos, quiere serlo, o sólo de los que lo apoyan? ¿Es una víctima más de los que mueven en la sombra los hilos del poder?   

Toca terminar y se tiene la impresión de no haber ido muy lejos. Para quienes viven allí, cuanto se ha contado no son más que banalidades, las notas deslavazadas de un recién llegado. Para los de fuera, habrá resultado prolijo tanto detenimiento en cuestiones que les resultan remotas y ajenas. La impresión que me queda tras esta breve temporada en mi lejano país es de ruido y desconcierto y de temor ante el arrojo y la altanería. Son tan frágiles las instituciones democráticas que nadie se fía y cada cual entiende que la única manera de reivindicar lo suyo es salir a la calle con una pancarta. Por eso hay ese ruido permanente de los que exigen ya mismo conquistar sus metas, satisfacer sus anhelos o confirmarse en sus prerrogativas. Pero se echan de menos proyectos colectivos, no simples exigencias. Todo avanza a trompicones, como si no se quisiera, o no se pudiera, ponerle rumbo a las cosas. Cierto que ha irrumpido una población postergada que llega con la ilusión de participar, pero es como si entonces el ruido de las consignas patrioteras y revolucionarias terminara por comerse la posibilidad de toda acción real.

El barullo ideológico es tan atronador que confunde. Para los indígenas, la independencia fue una nueva dominación, ésta vez de mano de los criollos. Pero Evo, que ha hecho suya la bandera de los indígenas, refuerza los lazos con Chávez, el mayor embajador de la gesta bolivariana. ¿Cómo casa todo eso? Así que todos los reclamos políticos no son nada más que pólvora para soliviantar a las multitudes. Y esas multitudes irrumpen en todas partes y, por ejemplo, presionan a la Asamblea Constituyente, donde sus representantes deberían poder trabajar sin ajustarse al ritmo que les quieren marcar las marchas, concentraciones, bloqueos, manifestaciones, cabildos y lo que se tercie. Pero lo peor de todo sería que quienes tienen la responsabilidad de gobernar (en el país, en las prefecturas, en los municipios) tuvieran el arrojo y la altanería de no escuchar las voces críticas y se dejaran aconsejar tan sólo por los peores consejeros: el rencor y el resentimiento.

Hay 5 Comentarios

Me impresionó leer algunos de los comentarios, es más, creo que fue un error hacerlo. Aquí se deben leer tus textos, no los de los otros. Me preocupa la situación de Bolivia, como de la de Ecuador y, por supuesto, la de mi país Venezuela. Creo que el ser que desgobierna mi país, ha producido un catastrófico efecto dominó sobre América Latina. Es terrible ver cómo
naciones ricas, se están consumiendo entre la violencia y la pobreza. Quisiera ser una voz esperanzadora, de esas que -como yo- viven en el exilio "feliz", pero no puedo. Vivo con el cuerpo acá, y la cabeza allá. ¿Cómo se puede evitar esa separación?.

echa el cuento completo y que Evo sigue soltero y tiene dos hijas fuera del matrimonio...miseria, machismo, falta de agua potable, falta de escuelas..........Las miasmas de la America que habla español y que seguira inmersa en su miseria a pesar del gas y las minas, porque ni los presidentes mesianicos sirven para mucho

Muchísimas gracias José Andrés por poner en palabras otro punto de vista de la realidad boliviana. La serie fue increíble, pero como tú dices hay muchísimo más por ver. Espero que pronto continúes tú aventura en la tierra de contrastes e incongruencias. GG

Coincido contigo, gran Horacio. La serie ha quedado espléndida, leída ahoringa, o ahoritinga, sin peladinga o con ella. Grandes personajes (ese Filomeno!), mucha confusão y mucha paixão, y un país fascinante pero jodidamente difícil de entender... Para estar de vacaciones has currao como una fiera, Jutinguis.

magnifica la serie sobre venturas y desventuras de la realidad boliviana en tiempos de la asamblea constituyente! ojala no sean estos los ultimos articulos sobre Bolivia.

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Sobre el blog

El rincón del distraído es un blog cultural que quiere contar lo que pasa un poco más allá o un poco antes de lo que es estrictamente noticiable. Quiere acercarse a lo que ocurre en la cultura con el espíritu y la pasión del viajero que descubre nuevos mundos y que, sorprendido e inquieto, intenta dar cuenta de ellos.

Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

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