La buena nueva

Por: | 21 de septiembre de 2007

La buena nueva es que no hay buena nueva. Lo dice Javier Calvo en la primera línea de La historia de la nocilla, el texto que publicó en Culturas de La Vanguardia, y que amablemente un lector (José Antonio) volcó en un comentario de este blog hace unos días (muchas gracias): “Su obsesión ha sido diferenciarse de sus predecesores. ¿Cómo, si estos (Loriga, Fresán…) no eran conservadores?”. ¿Entonces? Pues que no puede haber en sus propuestas un vuelco muy grande, que esa generación (la llamada Generación Nocilla) no clausura, rechaza, revoluciona, aparta, cuestiona, machaca, se mofa, liquida ni hace trizas una estética consagrada para ofrecer una radicalmente distinta. Y eso es la buena nueva porque, a estas alturas, el afán de crear una supuesta capilla heterodoxa que venga a cerrar una época para inaugurar una nueva, amén de pretencioso y solemne, sería sobre todo un latazo.

El artículo de Javier Calvo es tremendamente respetuoso, conoce de lo que está hablando, se atreve a acotar algunos nombres que han irrumpido en el previsible panorama literario español con una voluntad beligerante (“un foco de energía y de actitud allí donde parecía imposible que brotara algo”, escribe, y eso es algo que merece celebrarse) y, sobre todo, dice algunas cosas que merecen tomarse en cuenta. La primera, que son malos tiempos para la literatura: “Cuesta encontrar un momento más deprimente para iniciarse como escritor en España que los últimos cinco años”, afirma rotundo. La segunda, que los hermanos mayores de los novilleros les sacan varios cuerpos de ventaja: “Autores como Ray Loriga, Rodrigo Fresán, Francisco Casavella o Luis Magrinyá son de todo menos conservadores, y es evidente que han asimilado en su obra a Ballard, Burroughs, los posmodernos americanos y otros muchos referentes reivindicados por Fernández Porta y compañía”. Y, por último, que el fenómeno es efímero y que tanta bulla acabará cuando estos autores vayan “pasando de forma gradual al mainstream”.

Hay un peligro cuando estos tres elementos se combinan. La falta de visibilidad de los escritores que empiezan y la indiferencia con que los trata la industria editorial, volcada en sacar petróleo de los nombres consagrados y de las modas, son las que generan esa rabia y esa querencia por desenfundar y disparar. Como no son tontos, los de la nocilla saben que para que sus propuestas resuenen tienen que disfrazarse con una marca, sea la que sea. Así que han tirado por el camino de “la buena nueva”, y ahí hacen un flaco favor a los que los preceden que, con mayor elegancia y maneras, evitaron formar la pandilla de patio de colegio para hacerse notar. 

“La buena nueva”: ser innovadores, reclamar como una influencia más la que procede de la televisión u otros medios de masas, ser sensibles a la ciencia y a la crítica literaria, celebrar a los escritores estadounidenses más recientes y despreciar a los cercanos, defender caminos alternativos y no los consagrados, etcétera. Nada nuevo. Pero, insisto, hay un peligro. Hoy mismo, media hora después de medianoche, llegaba un cable de Efe que recogía las declaraciones que hizo Agustín Fernández Mallo, el autor de Nocilla Dream, en la Bienal de Literatura Picón Salas, en Mérida (Venezuela): “La literatura norteamericana está a años luz de lo que se hace ahora en Europa”, “encuentro en las ciencias lo que espero encontrar en la poesía”, “el exceso de peso de la tradición (…) a veces no nos permite avanzar”, “la tele me ha inspirado cantidad de poemarios, de escritos”... Bien, está bien. ¿Pero no ha llegado ya la hora de decir algo distinto?

Hay 12 Comentarios

Ricardo, le recuerdo el propósito de este blog, según su autor:.."acercarse a lo que ocurre en la cultura con el espíritu y la pasión del viajero que descubre nuevos mundos y que, sorprendido e inquieto, intenta dar cuenta de ellos." Por eso me acerqué hasta aquí; porque, a mi entender, la música también es cultura, ¿verdad, Ricardo? . Pero aquí sólo la literatura es entendida aquí como principio y fin de la cultura. Y además con el agravante de que el propietario de este blog fue director de la sección de Cultura de El País. ¡Qué horror! Seguiré su consejo, Ricardo. No volveré.

El tal Witoldo debe escribir con tanta transparencia y virtud que ni siquiera se le notan. ¿Dónde están tus credenciales? Está claro que tu tinta no es simpática. Como siempre, un dómine casposo viene a juzgar formas de expresión en el medio equivocado. Si quieres saber cómo escribimos, lee libros y no blogs. El único nocivo y ponzoñoso es el que carece de discurso. Sólo insulta y descalifica. A sí mismo, por supuesto...

Si todos escriben tan mal como este Ferré voluntarioso pero espeso, apañados vamos con los Nocivos Dream.

La fórmula de la Nocilla y unas cuantas risas enlatadas

Estimado José Andrés,

Está empezando a cansarme el modo en que se está recibiendo el artículo de Calvo. Había guardado silencio hasta ahora porque al principio no me pareció tan mal. Visto el filón que algunos han encontrado en el artículo para tratar de neutralizar nuestra propuesta literaria, nuestra actitud y nuestra energía, si aceptamos llamarlas así, me veo obligado a intervenir para expresar mi asombro ante el hecho de que a Calvo se le dé tanto crédito cuando comete varias contradicciones, no pocas facilidades y uno o dos errores conceptuales. Si le hiciéramos caso habría que creer que la historia de la Nocilla es uno de los grandes relatos cuya desaparición Lyotard celebró al principio de lo que a muchos les duele la boca llamar postmodernidad.
Lo explicaré, si me lo permites, en seis apuntes rápidos:
Primero, no creo de mal tono recordar que Fresán no pertenece a la literatura española, lo siento mucho, y sus aportaciones deben ser consideradas en el contexto latinoamericano más que en el español, aunque evidentemente lo considero un escritor respetable y admiro ciertos textos suyos.
Segundo, declarar que Loriga, Casavella o Magriñá tienen asumida la herencia postmodernista, leído a Ballard, controlado a Burroughs y sabido de memoria a Warhol, a Pynchon o a Duchamp y a todo el que Calvo quiera, dentro de su estrategia de falseamiento de la realidad, es una tomadura de pelo como pocas. Él lo sabe tan bien como yo. No hay asunción ni en ellos ni en ningún otro escritor español contemporáneo que de un modo u otro no esté ligado al falso Grupo Nocilla de ninguno de estos autores. Y ése es, entre otros, uno de los problemas más acuciantes de cara, sobre todo, a la recepción de las obras. Dicho sea con todos mis respetos hacia esos tres escritores contra los que, desde luego, no tengo nada, ni en lo personal ni en lo literario. Como contra Calvo tampoco, por cierto, aunque su figura de Edward Scissorhands, patética criatura burtoniana incapaz de acariciar tu piel sin hacerte unos cuantos arañazos, al parecer involuntarios, por momentos me canse un poco.
Tercero, si los libros individuales señalados con acierto por Calvo valen por algo, aparte de sus méritos intrínsecos, es por señalar los límites reales del sistema editorial y literario español. Lo quieran o no lo quieran los que desde la publicación del artículo se han dedicado a descalificarnos o despreciarnos, esos libros (y otros no mencionados, de esos y de otros autores) no es que estén por debajo o por encima de los demás publicados durante el último quinquenio, es que se sitúan radicalmente aparte, en un territorio creativo que construyen y se apropian al mismo tiempo. Si se han visto obligados a cuestionar el ecosistema circundante ha sido más que nada por defenderse, guiados por un instinto de supervivencia que los fue reuniendo, no por un deseo de destrucción de la ciudadela literaria.
Cuarto, lo que quizá moleste a Calvo y a todos los que se apoyan en sus palabras para desautorizarnos es que esos libros no han hecho ninguna concesión al estado de cosas, si han sido publicados en las editoriales que se mencionan y han sido más o menos reseñados en los medios mayoritarios es producto de su singularidad estética y no de una resentida voluntad de marginación. En el sistema de hoy caben autores como Calvo y otros nombrados por él a costa de aceptar ciertas condiciones impuestas por éste. Mantener una línea personal indiscutible pero con una mirada puesta en el mercado para preservar la posición ganada. Si hay algo que molesta a Calvo y compañía de los cinco autores mencionados es que han empezado a ser tomados en serio por un medio literario y periodístico al que no han buscado seducir con sus propuestas. Han conseguido que se les haga caso no gracias a una conspiración sino a algo mucho más raro en el medio literario contemporáneo: el valor real y la novedad de sus obras en un panorama amortecido, la inteligencia de sus discursos y la validez de sus planteamientos críticos. Si no aceptáramos con tanta facilidad la mediocridad del entorno nos daríamos cuenta de esto sin esfuerzo. Lo que Calvo con notoria ingenuidad denomina nuestro pathos anticomercial es otra de sus falacias. Haber escrito lo que uno ha escrito y haber querido publicarlo en Mondadori, Alfaguara, Anagrama o Seix-Barral es un acto de perfecta coherencia. En el caso de los cinco autores mencionados por Calvo lo es especialmente porque aspiraron a esa publicación sin renunciar a su exigencia literaria, no como otros que para publicar estarían dispuestos a todo tipo de concesiones.
Quinto, así que a todos aquellos que han usado a Calvo para atacarnos parcial o totalmente en razón de nuestro sectarismo y nuestro deseo de entrar en el umbral de la fama, les pediría antes de juzgarnos que miren un poco a su alrededor y antes de lapidarnos lo consideren bien. Hay muchos otros, llegado el caso, no daré nombres, por supuesto, que han merecido mucho más que nosotros ese dudoso honor.
Sexto, y último, no es este quinteto de autores el que constituye un insulto al sistema, aunque desde luego me gustaría pensarlo así. Es el sistema en sí, tal y como se ha constituido desde hace al menos una década y media, el que es un insulto a la inteligencia. Y no sólo a ella, por desgracia. Y ya era hora de que se hiciera sentir la hora del cambio. Lo siento mucho por los que vean amenazado por ello su burdo negocio...

Un saludo cordial,
Juan Francisco Ferré

El comentario de Xavier es, dicho sea benévolamente, sorprendente. Si no te gusta este blog, no entres y punto. Pero es absurdo reclamar a un bloguero, en este caso al señor Rojo, que escriba justo de lo que a ti te interesa. Para eso escribes el tuyo y ya veremos los demás si lo visitamos y nos interesa. Se supone que un blog es, en el planteamiento del que lo hace, nunca de los que lo leen, libérrimo en temas y enfoques. Respecto al asunto de los Nocilla, como muy bien dice Jorge-Jordi Carrión, lo único importante son los textos. Pero, por favor, que se apliquen el cuento. Porque veo en ellos una inocultable ansiedad por colocarse en la sociedad literaria, por convertirse en los nuevos mandarines y acceder a las editoriales potentes y a los suplementos de los grandes periódicos. Y para eso les está viniendo muy bien que se hable de algo tan tedioso y antiguo como las "generaciones" o los "grupos.

¡Pero qué malotes sois con el pobre Rojo! ¡Bastante trabajo tiene escribiendo su blog como para que encima tenga que leerse los libros de los autores de los que habla! ¡Que no se puede hacer todo a la vez, hombres! Además, es bien sabido que cuando un gran medio habla de un escritor joven eso es un acto de misericordia divina, y hay que dar las gracias digan lo que digan. Ingratos que sois, de veras.
Siervo Alegre

Apreciado José Andrés Rojo:
Qué lástima que no entendieras la carta que te escribí después del encuentro de Sevilla; qué lástima que no hayas leído con ojo crítico el artículo de Javier Calvo; y qué lástima, sobre todo, que no te hayas documentado, leyendo las novelas y los ensayos que deberías leer antes de opinar. Ojalá cambies de actitud y, una vez realmente conozcas el tema, disecciones, critiques, opines, recomiendes o rechaces los textos,que son lo único que importa, no las declaraciones filtradas por una agencia ni las etiquetas vacías de contenido.
Atentamente, desde Mérida, Venezuela. Jorge Carrión

s´ñor josé andrés rojo, ¿usted ha leído alguno de los libros de alguno de los autores de los que está hablando?

Ahora, después de unas visitas a este rincón ya entiendo que para el distraído la cultura sólo es literatura. ¿No debía ser éste un blog para dar cuenta de las nuevas tendencias en diversos campos de la cultura? ¿Dónde están John Adams, Magnus Lindberg, Thomas Adès, Kronos Quartet, Michael Daugherty...? ¿No sabes quienes son? Pues además de leer procura escuchar algún día. En fin, vaya estafa de blog. Y es que creer que la música se limita a los Stones y simpatizantes es un síntoma alarmante de incultura. Como considerar que la literatura no va más allá de Mortadelo y Filemón. En fin, te descubro demasiado distraído para merecer un rincón de este calibre.

Querido Rojo, me hace gracia que hables de la indiferencia con que trata a estos autores la industria editorial y pases de puntillas por "la gran indiferencia" con que los trata los medios de comunicación, sobre todo y ante todo los periódicos. ¿Por qué siempre hay espacio para los escritores conocidos y encontrar un hueco a un desconocido es un milagro? ¿Por qué en tan pocos ocasiones los periódicos brindan la posibilidad a sus lectores de conocer a autores nuevos en lugar de volver a los que ya conocen? Quizá entonces tendrían más visibilidad y menos indiferencia.

Estimado amigo: será o no un latazo pero parece evidente que ocupa un lugar como tu propia intervención y esta mía acaso muestran. Una pregunta: "Lo nuevo" ¿cuándo adquiere la categoría o consideración de "nuevo"? y otra: ¿quién se la concede? Y una duda: ¿de verdad podríamos decir que durante los últimos 15 años la narrativa de Loriga, Fresán o Magrinyà funcionó dentro del sistema literario español bajo la consideración de "lo nuevo"?
Me temo que vamos a tener que seguir dándole vueltas al tema.
Un saludo cordial.

Esta mañana leía una frase de Lewis Carroll, pronunciada por Cabrera Infante,e invocada por Fernando Savater,que me ha impactado:
" Me gustaría saber de qué color es la luz de una vela cuando está apagada."
De pronto y leyendo su comentario, se me ha atonjado que esa vela pudiera ser la poesía de nuestros días.
¿Está apagada esa vela porque los poetas de hoy siguen anclados en un pasado, que les impide avanzar en el mar de la literatura de nuestros dias?
¿O es que el agua de ese mar está oscurecida por intereses ajenos a lo que siempre ha sido la creatividad de la palabra escrita??
Una simple lectora , amante entusiasta de cualquier página llena de letras , de la música de unos versos, de un sencillo cuento, ´de una historia novelada , de un pensamiento escrito. Una lectora que siempre se ha reconocido a sí misma como "conservadora a ultranza de lo clásico",piensa que el meollo del problema no está posiblemente en la falta de innovación , ni de creatividad de los escritores noveles, sino en la falta de interés por lo escrito de la sociedad de nuestros días.
Se supone que las editoriales son empresas que deben guiar sus pasos hacia el negocio, y el negocio son los libros vendidos, y los libros que se venden son los que se exponen en las grandes superficies. Libros que nos meten por los ojos con la banda de best seller ( esa que les confiere el sello de calidad que la mayoría de las veces nunca tienen).Y ya ni hablemos de poesía. La poesía no vende.
¿Nadie se ha percatado de eso??.

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Sobre el blog

El rincón del distraído es un blog cultural que quiere contar lo que pasa un poco más allá o un poco antes de lo que es estrictamente noticiable. Quiere acercarse a lo que ocurre en la cultura con el espíritu y la pasión del viajero que descubre nuevos mundos y que, sorprendido e inquieto, intenta dar cuenta de ellos.

Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

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