La marca que todo lo engulle

Por: | 24 de septiembre de 2007

Debería empezar por pedir disculpas a Agustín  Fernández Mallo. Tiré de unas declaraciones suyas para ilustrar unos comentarios sobre un reciente artículo de Javier Calvo y más tarde comprendí que quizá lo único que hizo fue contestar las preguntas de un periodista. Que la repetición de unas cuantas ideas podía obedecer no tanto al afán de volver una vez más sobre determinadas cuestiones sino a la mera amabilidad de responder a las mismas preguntas con las que, acaso, lo bombardean desde que su libro se ha convertido en referente de una determinada postura frente a la literatura. Y esto es una injusticia. Es temible el círculo voraz de los medios que abundan en unas cuantas fórmulas y que reducen cualquier propuesta a una colección de latiguillos.

La marca. La marca nocilla. Las voces de una nueva generación. Cuando incorporé las declaraciones de Fernández Mallo a mi anterior entrada sólo pretendía señalar el peligro de reducir una obra a unas cuantas características. Y le atribuí a él la responsabilidad de insistir sobre lo mismo cuando podría ser que quien insistiese en lo mismo fuera en realidad quien le reclamó su opinión. Tiene razón, en ese sentido, Jorge Carrión cuando afirma que lo que importan son los textos, y también la tiene Juan Francisco Ferré cuando defiende, frente a una hipotética conspiración, el “valor real” de sus propuestas (y las de otros).

La cuestión de la que quería ocuparme es la misma que motivó algunos de mis comentarios que surgieron cuando tuvo lugar el encuentro de nuevos narradores de Sevilla. Que la marca de la innovación es un terreno pantanoso para usarlo como reclamo. Porque es difícil definir qué es lo nuevo, y hay que ver quién lo define y desde dónde y con qué sentido y frente a qué tradición. De eso trata el comentario de Constantino Bértolo y de eso quería tratar la anterior entrada, aprovechando lo que había escrito Javier Calvo. Decir que la buena nueva es que no hay buena nueva significa simplemente que más vale apartarse de esa fórmula para no perecer ahogado y embadurnado en un bote de nocilla.

Cuando llega una buena nueva son muchos los que se apuntan a predicarla. No creo que sea malo guardar ciertas distancias. El hacerlo, además, no debería ocasionar tanto enfado. Del libro de Agustín Fernández Mallo me llamaron la atención muchos de los recursos que utiliza, su libertad formal, las distintas historias que pone en marcha, la fuerza poética de muchas de ellas. Y más cosas. He encontrado en su literatura un sorprendente vigor, convicción, ganas. Por eso me incomodó volver a leer cosas que ya había dicho muchas veces. Como esforzándose en repetir el reclamo de una marca innovadora. Luego he pensado que igual la culpa fue de los que le preguntaron. Quién sabe.   

Hay 9 Comentarios

¿Sabe usted lo que pasa en este pais con la literatura,según mi punto de vista?
Pasa que hay pocos escritores a los que se les pública todo y de esos pocos casi todos deben ser elejidos por la diosa fotuna porque escriben muy bien, se nota que son gente bien que han podido ir a la universida y tienen maestria pero no tienen nada más porque escriben bodrios aburridos y sin gracia ni argumentos. Yo, soy lo contrario tengo argumentos pero no universidad solo fuí a la escuela industrial tres años y ya está. Como yo, hay en España muchos pero claro aqui el que no tiene padrino no se bautiza, se hace viejo y se muere. Pero que más dá, a mi no me publicaran pero con mi sistema, que yo llamo el sistema de Larrosa, consistente en meterme por todos los blogs del mundo he conseguido tener miles de lectores que me leen y me dán la razón aunque sea el peor escribiente del mundo.-
http://www.antoniolarrosa.com

Hoy miércoles, en Culturas de la Vanguardia, Fernández Mallo contesta por extenso al artículo de Calvo.

DEJÉ AL AGUA EL GUSTO DEL AMOR...

EL LENGUAJE GUSTA DE MOSTRARSE....

El silencio me ha humillado y puesto en mi sitio. Gracias.

Vamos aver: me meto con Juan Francisco Ferré y ni responde, ni con ironía, ni con suficiencia, ni con irrisión. ¿Dónde está el post del pos del post?
Me meto ahora con Juan Goytisolo, su protector, para provocar: su artículo de hoy en El País sobre el darixa (sic) es de un paternalismo lamentable con respecto a la cultura marroquí.

A ver si suenan ruidos de mal genio.

Con la paz, por si acaso.

Decimomónico:
momo multiplicado por diez.

En cuanto a lo decimonónico, depende.

Mejorgeniamente,

¿Rancio todo lo decimonónico????

Bahh.. sin comentarios.

Estoy asistiendo al debate como observador ajeno, y por lo tanto con prejuicios, pero imparcial.
Lo que puedo sacar en limpio, porque es también lo más significativo, es la carta de ayer en la entrada precedente de Juan Francisco Ferré.
Ese texto que supera la conjetura de un simple comentario, esta carta, por su contenido, y con todo el respeto, no sale de parámetros cerrados: victimismo y rigidez.
Pero después, el autor reacciona a una crítica con un comentario aún más cerrado, oponiendo la escritura en libros a la de los blogs, con un deje despreciativo para estos últimos.
No agura nada nuevo ni bueno, desgraciadamente. Yo no sé si su escritura es de autoficción, que es lo que me está intersando a mi en mis pinillos como escritor, pero me parece que los blogs tienen una netiqueta de inteligencia y de maratón que no conviene menospreciar. En cuanto a su puntulaización de hoy, estimado anfitrión, me parece que es lo correcto tras lo que se había cocido: un esquema de fuertes y oprimidos rancio como todo lo decimomónico.

Vigesimoprimeramente,

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El rincón del distraído es un blog cultural que quiere contar lo que pasa un poco más allá o un poco antes de lo que es estrictamente noticiable. Quiere acercarse a lo que ocurre en la cultura con el espíritu y la pasión del viajero que descubre nuevos mundos y que, sorprendido e inquieto, intenta dar cuenta de ellos.

Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

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