El empuje de un icono

Por: | 15 de noviembre de 2007

Hay mucho que ver en el Palau de la Virreina en la exposición que trata de las vicisitudes que pasó la imagen del Che Guevara cuando se convirtió en el icono que resumía el sueño de la revolución. La imagen ha sido impresa en todas partes: en botellas de vino y en botellas de refrescos, en cajas de puros, en llaveros, en relojes, en calcetines, en bikinis, en gafas, en perros de peluche, en vasos y, claro, en camisetas. En el trabajo que más me ha impresionado de los que han recogido los comisarios de la muestra, un adolescente lleva justamente una camiseta con la efigie del Che. El autor es Marcelo Brodsky, y ha juntado ahí unas cuantas fotos, y una explicación: “Fernando Rubén Brodsky, mi hermano, secuestrado el 14 de agosto de 1979 y desaparecido desde entonces”. 

Alberto Korda hizo la instantánea en 1960, cuando cubría en La Habana un acto en el que hablaba Fidel Castro y al que asistieron Sartre y Simone de Beauvoir. En aquel momento ni siquiera se publicó, y quedó mezclada entre otras muchas en el estudio del fotógrafo. En el verano de 1967, lo visitó el editor Giangiacomo Feltrinelli y Korda le regaló unas imágenes del Che. El guerrillero fue asesinado en Bolivia en octubre de ese año y Feltrinelli lanzó su cartel poco después. Había nacido uno de los mitos más efectivos del siglo XX.

Con el tiempo, el Che que todo el mundo conoce es el de la imagen de Korda. Pocos conocen sus peripecias y muchos menos han leído sus libros y saben de sus teorías. En la exposición hay una sala dedicada a la publicidad. Para una campaña se manejan tres conceptos, y esos conceptos los resume el mítico cartel: “carisma, épica, justicia”. La fascinación que produce ese rostro hierático y decidido, el coraje y el arrojo y la generosidad que hay detrás de sus historias de revolucionario, y la motivación que lo alienta: la justicia. Seguramente, Fernando Rubén Brodsky se puso la camiseta con el Che porque quería cambiar el mundo y era una manera de demostrarlo, de contárselo a los demás y de afirmarse a sí mismo.

El mito de la revolución se convirtió en un reclamo publicitario. En la exposición hay escrita, con letras grandes, una frase del Che: “El guerrillero es una fría y selectiva máquina de matar”. Seguramente son muy pocos los que se visten una camiseta con su efigie pensando en lo que hay detrás de esa sentencia tan rotunda. La llevan, la han llevado, la siguen llevando porque encuentran en ese rostro el viejo anhelo de cambiarlo todo. Por eso, seguramente, se había puesto la camiseta el hermano de Marcelo Brodsky. Un día llegaron los esbirros de la dictadura argentina y lo desaparecieron.

Hay 5 Comentarios

Totalmente de acuerdo con Ud.Un día un hijo mío quiso comprar una remera con la foto del CHE ,yo le dije que eso iba contra lo que hubiera querido el CHE
Por eso le compre una remera y se la pinté yo y él escribió la frase del CHE clásica.Debemos ser y enseñar a ser coherentes con nuestros ideales
Argentina

El placer y el ocio, son necesarios para la vida .Me parece fundamental combinar tiempo para uno mismo. Leí la Cuarta Cripta, hace un muy buen planteo del aérea 51 en EEUU. Que opinan?

¿ Imagínense la cara de estupor del Che, si levantara la cabeza y se viera convertido precisamente en lo que más odiaba? sería la misma cara de Jesucristo, de Lennin y de tantos/as hombres y mujeres a los que se les recuerda por ser un símbolo de algo en lo que no creían y precisamente luchaban para que eso no pasara nunca. Increible.

Pocos mitos han sido tan manoseados como el mito del guerrillero idealista y desaprendido como el del Che Guevara.

Alberto Korda contribuyó a plasmar ese mito con una de las mejores fotografias jamas logradas del barbudo guapo e incansable. Seguramente no supo que con su obra crearía el icono para el merchadising politico y comercial expuesto hoy en el Palau de la Virreina en Barcelona.

Desde su muerte todo es mito. Nadie ha leido sus libros ni mucho menos conoce los verdaderos moviles que le impulsaron a lanzarse a una aventura tan descabellada y fatua como el iniciar una guerrilla en los bosques del Sur de Bolivia. Alli nadie lo conocia y suscitaba mas bien desconfianza junto a sus companeros cubanos. El resto es historia. Nadie conoce sus verdaderos moviles y su verdadera relacion con la politica de La Habana de entonces.

Una vez mas se creó un mito, un show por el que la juventud bienintencionada y mal informada se lanzo a las calles en los 60 coreando su nombre y blandiendo su retrato kordiano. Hoy es solo una imagen idonea para adorner una taza de café o una pantalla de ordenador ayudando a actos de protesta legitimos y justos como el clamar por un prisionero desaparecido o para vender objetos de mercadeo capitalista.

Seria un acto de justicia el conocer lo que fue y lo que no fue.

Hola José Andrés. Estoy totalmente de acuerdo con tu artículo, la imagen del Che se ha convertido más en un icono publicitario, una marca alternativa para todo aquel que se considera de izquierdas, identifica tanto a este sector de la sociedad como lo puede hacer la cruz gamada a los nazis, salvando las inmensas diferencias. La gente cubre su cuerpo de símbolos e imágenes sin tener ninguna conciencia de porque llevan esto o lo otro, al final la moda se impone y la gente sigue pensando que el Che es cubano o que los guerrilleros son el ejemplo más locuaz de pacifismo. No es que defienda que la dictadura de Batista, anterior a la revolución cubana, pero como la historia nos ha mostrado, como en la independencia de la India gracias a la lucha pacífica de Ghandi, las armas no deben ser un recurso legítimo para lograr algo, por muy loable que sea el objetivo. Yo siempre me quedare con las palabras.

Por cierto, soy estudiante de periodismo y estoy realizando un trabajo acerca de la concentración de medios informativos y la repercusión que estos pueden tener en la libertad de expresión y de información, te agradecería enormemente que me dirigieses un comentario con tu opinión acerca del tema a mi e-mail, o en el supuesto caso de que te sobren unos minutillos, concertar una cita para que me des tu opinión delante de una caña o un vinito, yo invito.

Gracias por tus artículos y por tu colaboración. Un saludo!!

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El rincón del distraído es un blog cultural que quiere contar lo que pasa un poco más allá o un poco antes de lo que es estrictamente noticiable. Quiere acercarse a lo que ocurre en la cultura con el espíritu y la pasión del viajero que descubre nuevos mundos y que, sorprendido e inquieto, intenta dar cuenta de ellos.

Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

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