Los héroes de los nuevos tiempos

Por: | 20 de noviembre de 2007

En el Thyssen se encuentra el retrato de Robert de Masmines. Resulta un poco chocante su rostro: ahí cerca lo acompañan mujeres de extrema hermosura. Así que no cuadran demasiado sus poco agraciados rasgos: la papada, las líneas de unas ojeras incipientes, el corte de pelo con tanto pequeño rizo, la voluminosa nariz. Pero la expresión de su mirada es acaso lo peor. Mira como si no le importara verdaderamente nada. Lo curioso es que cualquiera que lo ve se siente muy próximo a ese hombre. Tiene demasiadas cosas en común con nosotros. Es uno más. Este es uno de los cuadros de los que se ocupa Tzvetan Todorov en un reciente ensayo.

Cuenta Todorov en Elogio del individuo (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores) que Robert de Robert_campin_robert_de_masmines_h_ Masmines sirvió en la corte de Felipe el Bueno y que murió en agosto de 1430. En enero de ese año recibió la insignia del Toisón de Oro. Que no la lleve en el retrato, como exigían las convenciones de entonces, es lo que permite asegurar que tuvo que haberse pintado antes. Escribe Todorov que Robert Campin, el autor del cuadro, “parece obedecer sólo las exigencias de la verdad, sin la menor concesión a los cánones de belleza de su época”.

Es un  momento revolucionario, así lo explica Todorov. Y Campin es el que enciende la mecha del explosivo que va a dinamitar el arte anterior. Los tipos corrientes y molientes van a entrar en escena. Ya no hace falta la condición divina, ni ser un héroe, ni siquiera ser particularmente rico para que un artista se ocupe minuciosamente en retratar a un individuo corriente. Incluso a un tipo como Masmines que, dice Todorov, “tiene una cara tosca, gruesa, ruda, que no parece animada por la menor aspiración a la espiritualidad”.

El subtítulo del libro de Todorov es Ensayo sobre la pintura flamenca del Renacimiento. En sus páginas, en las que recorre con detalle la presencia de hombres y mujeres corrientes en el arte de todos los tiempos, se detiene sobre todo en ese momento que inaugura Campin. Todavía lo sagrado tiene un peso importante, pero el artista se abre al aquí y al ahora y a la gente de su mundo. Por eso estamos tan cerca de Masmines, porque es, con su mirada vacía que se deposita en ninguna parte, nuestro contemporáneo. Todorov lo resume así: “Estos personajes han ocupado el lugar de Dios en el sistema simbólico universal: el cuadro los designa, pero ellos en sí no designan nada. Estas personas son los héroes de los nuevos tiempos, y la pintura canta su elogio”.   

Hay 3 Comentarios

¡Todorov lee tan bien que hasta lee los cuadros! Me permito también mostrar mi relación difícil con la pintura flamenca, quizás demasiado íntima, demasiado medular, tan física.

Hay algo que me resulta desagradable en la pintura flamenca.No sé definirlo,pero los rostros, los paisajes arquitectónicamente falsos,la perspectiva forzada...y esas escenas teatrales y retorcidas.El rostro que propones más se acerca a una caricatura que a un retrato.Hay un empeño que no comprendo por acercarse a lo desfigurado,a lo grotesco.Como si se regordeara en la fealdad aparentemente sin ningún motivo.
No,no me gusta este retrato,admitiendo su revolucionario tratamiento su visión me produce frialdad,frialdad flamenca.

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El rincón del distraído es un blog cultural que quiere contar lo que pasa un poco más allá o un poco antes de lo que es estrictamente noticiable. Quiere acercarse a lo que ocurre en la cultura con el espíritu y la pasión del viajero que descubre nuevos mundos y que, sorprendido e inquieto, intenta dar cuenta de ellos.

Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

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