El arqueólogo

Por: | 07 de febrero de 2008

Scheveningen, Voorschoten, Leiden, Utrecht, Capelle. La calle Anklamer, un puente, los cables de un tendido eléctrico. Los dibujos están hechos a lápiz negro y fueron realizados entre 2006 y 2007. Todos tienen el mismo tamaño: 19 x 28 centímetros. Cuelgan ahora en el CAB, Centro de Arte Caja de Burgos. La exposición se llama El arqueólogo. Los Viajes de Oswald Sollmann. El artista es Marcel van Eeden (La Haya, 1965). Desde 1993 hace un dibujo cada día, de manera obsesiva, y lo cuelga en su blog: www.marcelvaneeden.nl. Todo su trabajo se inspira en materiales fechados antes de su nacimiento. Accede así a una época que no es la suya, pero lo hace con tal convicción e intensidad que ese pasado que no ha vivido forma parte ya de su biografía.

“Cuando uno dibuja una foto de este tipo, está –como si dijéramos– dentro de ella, pudiendo moverse por su interior”, explica el artista en un comentario recogido por Roel Arkesteijn en el texto del catálogo. “Al necesitar hacer el esfuerzo de observar la imagen de cerca para poder dibujarla, nos aproximamos al momento en que se tomó la fotografía. Prácticamente podemos oír a las personas que aparecen en la foto hablando entre sí, pero no con nosotros, que seguimos siendo unos extraños”.

La información de esta exposición llegó primero por el correo electrónico, luego me enviaron el catálogo. No he estado en Burgos. Los dibujos de Van Eeden son fascinantes. Y tienen ese carácter de contar de un tiempo definitivamente ido, pero es verdad también que resultan extraordinariamente cercanos. A esas personas a las que casi puede oír el artista cuando las copia de viejas imágenes también podemos prácticamente escucharlas nosotros. Igual todos tenemos una biografía que ocurrió antes de 1965.

La mayoría de las piezas que hace Van Eeden son autónomas, pero hay casos en que forman una serie narrativa. Es lo que ocurre con El arqueólogo, ese Oswald Sollmann que llega a Berlín y que parece verse envuelto en un caso turbio. Los encuadres que elige Van Eeden son inquietantes, y a ratos uno parece estar en una película de Hitchcock. Un ojo, un coche misterioso, una postal, un guante. ¿Qué significan esa pistola y ese maletín y esa bailarina a la que no se le ve el rostro…? Averígüenlo.

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Es curioso, cuando hacíamos fotos echábamos de menos la voz, las palabras. Añorábamos, sin tenerlo, el vídeo; más completo, suponíamos. Ahora, al fijar las fotos, con el dibujo—técnica anterior—pensamos que están vivas, que dicen aunque no oigamos, que hablan, cuchichean, entre ellas. Y yendo hacía atrás, cual arqueólogos—
el nombre es perfecto—buscamos el origen, la verdad; pero en vez de tranquilizarnos nos inquieta lo que vemos, es curioso.

El aire difuminado que le da a cada dibujo hacen que su obra sea inolvidable, me han enamorado muchos de los dibujos..

http://sinbarriga.blogspot.com/

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El rincón del distraído es un blog cultural que quiere contar lo que pasa un poco más allá o un poco antes de lo que es estrictamente noticiable. Quiere acercarse a lo que ocurre en la cultura con el espíritu y la pasión del viajero que descubre nuevos mundos y que, sorprendido e inquieto, intenta dar cuenta de ellos.

Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

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