Una grieta insalvable

Por: | 28 de febrero de 2008

Ayer por la noche la televisión mostró las imágenes de una enorme masa de manifestantes que volvían a protestar en Sudán contra el periódico danés que publicó las caricaturas de Mahoma hace más de un año. Este periódico contaba, por otra parte, cómo el gobierno de Argel había tomado una serie de iniciativas de apoyo oficial a la religión musulmana para hacer así un guiño de complicidad a los habitantes del país y evitar que abrazaran las causas más extremas. Seguro que basta con entretenerse un rato más para encontrar otros ejemplos que sirven de confirmación a un fenómeno inquietante: el islam radical gana cada vez más adeptos, y por tanto va calando en un sector más amplio de aquellas sociedades la necesidad de la guerra santa contra Occidente. Urge, pues, fortalecer el laicismo.

Cuando uno trata de entender el fenómeno que lleva a los creyentes más radicales en el islam a conquistar, y manipular, las conciencias de sus conciudadanos, lo más próximo que uno encuentra en su experiencia personal es la figura de uno de esos curas del franquismo que se mesaban los cabellos y levantaban la cruz para combatir el pecado. La gran diferencia es que aquí, por lo menos en el ámbito donde me eduqué y ya al final de la dictadura, nadie les hacía mucho caso. Eso sí, poder habían tenido, y mucho. La sociedad estaba recorrida por ese miedo sutil que todas las religiones introducen en los creyentes para limitar su voluntad de libertad y autonomía. Y al dictador no lo movía ni dios.

El caso es que he entrevistado recientemente a dos pensadores que defienden radicalmente el laicismo contra este inquietante regreso de las religiones. Uno es cristiano y lo hace desde su fe: entiende que la encarnación nos deja solos y que, por tanto, en el trato entre los hombres y en el gobierno del mundo no hay que andar mirando a las alturas. Es el italiano Gianni Vattimo. El otro es Cristopher Hitchens, un británico que se ha nacionalizado estadounidense, y que no cree en ni una sola de las afirmaciones de las religiones y a todas las pone a caldo.

Y, sin embargo, no comparten ni remotamente su valoración de lo que está pasando. Tienen en común el laicismo, sí, pero su diagnóstico sobre el gran problema de nuestro tiempo es distinto. Hitchens entiende que es la lucha de la democracia contra los fundamentalismos. Vattimo considera, en cambio, que el mayor problema es la voracidad de Occidente frente a los países de su periferia, condenados así a la mera supervivencia.

El primero, pues, considera que estamos en guerra y que su lugar está del lado de las democracias. El segundo critica a Occidente por haber inventado esa guerra para consolidar su dominio sobre un recurso escaso, e indispensable para conservar su forma de vida, el petróleo. Lo que parece claro es que la grieta entre una posición, la de un estadounidense, y la otra, la de un europeo, parece insalvable. Y eso que están en el mismo barco, defendiendo el laicismo contra la superstición, la razón frente a la ciega fe.

Hay 3 Comentarios

Solo queria puntualizar que en el islam, que yo sepa, no hay nada que se pueda llamar "guerra santa". La palabra arabe "Yihad" significa: "esfuerzo", sea para defender la tierra o para educar a los hijos, por ejemplo.
Un saludo...

Hitchens, más que poner a caldo a las religiones lo que prefiere es el caldo mismo. Llamar pensador a este tipo suena a broma pesada. En cualquier caso, ¿no resulta increíble que todos estos tipos (pensemos en Martin Amis) hayan encontrado al fin - con toda esa historia sobre los fundamentalismos y las religiones - un modo socialmente aceptable de pagarse su vicio básico? Menuda jeta tienen.

Viva el laicismo!!!!!!!!!

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Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

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