El rincón del distraído

Sobre el blog

El rincón del distraído es un blog cultural que quiere contar lo que pasa un poco más allá o un poco antes de lo que es estrictamente noticiable. Quiere acercarse a lo que ocurre en la cultura con el espíritu y la pasión del viajero que descubre nuevos mundos y que, sorprendido e inquieto, intenta dar cuenta de ellos.

Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

La vida sórdida

Por: | 11 de abril de 2008

Lo más lamentable de las dictaduras es el miedo que las sostiene. Y lo más triste: que aquellos que las defienden y apoyan y celebran no reconozcan ese miedo que, precisamente por pasar de contrabando (como si no existiera), es el que termina permitiendo que esos regímenes infames duren tanto. En 4 meses, 3 semanas, 2 días, la película de Cristian Mungiu, la atmósfera opresiva de una dictadura se percibe desde el primer instante. El miedo. Es una presencia física, asfixiante, que se derrama por todas partes, que todo lo invade.

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Taller con cachivaches

Por: | 10 de abril de 2008

Las páginas de Alarma, el libro que José-Miguel Ullán hizo con Eusebio Sempere, están cubiertas de trazos negros. Rayas, puntos, tachaduras. Marcadas, y así rescatadas, emergen unas cuantas palabras. “Dios es olvido”. “la vida hoy vacilante concreta lo fatal”. “la muerte está cerca es esencial el contacto”. “la salvación es única consiste en aceptar otras palabras”. “supresión es la acción esencial”. Esos trazos que manchan las páginas y esas palabras salvadas. ¿Dicen algo? ¿Exigen atención, reclaman un sentido, se imponen como un mensaje? Digamos simplemente que están ahí. Alarma: los trazos negros han tachado el sentido pero unas cuantas palabras han sobrevivido. Flotan como náufragas. A la deriva.

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Camino del precipicio

Por: | 08 de abril de 2008

En Naturaleza infiel (RBA), Cristina Grande cuenta la historia de Renata y María, mellizas nacidas de dos placentas distintas. La primera de ellas es la narradora. Una narradora parca, poco amiga de las florituras, descreída, fina observadora, tan sobria que a ratos resulta seca. La materia es delicada porque habla de las cosas de su familia. De sus abuelos, sus padres, una tía, sus hermanos (está también Paco, seis años mayor que ellas). El mundo al que se refiere es el de ahora, y sus escenarios son Zaragoza y Épila, un pueblo que dista de allí poco más de 40 kilómetros. Cristina Grande nació en 1962, en Lanaja, Huesca. Tiene el talento de poner una mirada distinta para contar la última temporada de este país nuestro. La mirada de quien llegó a la juventud cuando ya había democracia. No hay margen, por tanto, para grandes planes de futuro.

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La sombra y el agua

Por: | 07 de abril de 2008

Ahí en el patio interior del Palacio de Carlos V, sábado por la noche, buen clima. Canta Enrique Morente. Toca Pepe Habichuela. No hay una silla libre. Fue en el Festival Hay, que se cerró ayer en Granada. Cuando a Morente se le pregunta por Andalucía, contesta: “El tópico me gusta: Andalucía gitana y mora. Suena bien. Hay varias y me gustan todas. La cuna del flamenco, sí”. Si se le dice Granada, comenta: “Tiene su parte maravillosa, en cuanto a flamenco, muy característica: una forma de cantar única. Carmen Amaya cantaba como las gitanas del Sacromonte. Parece que en el Somorrostro a su familia la llamaban ‘los gitanos granaínos’. Granada, para lo chica que es, ha dado muchísimo flamenco, grandes baialores como Mario Maya, Manolete o La Yerbabuena, tocaores como los Habichuela, los Maya, los Cortés…”. Todo esto se lo ha contado Morente al periodista Miguel Mora y se lo estoy robando de una de las versiones de su libro sobre flamenco (ya en breve, en Siruela). Y tomo estas frases porque justamente lo particular del Hay ha sido que se celebrara esta vez en Granada.

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Focos de dolor

Por: | 05 de abril de 2008

El huracán de la globalización ha irrumpido en sociedades muy cerradas y volcadas hacia sus tradiciones. Eso cuenta Jon Lee Anderson, el gran reportero del New Yorker que ha seguido con detalle muchos de los grandes conflictos que han azotado el mundo árabe, durante una larga conversación con Granada al fondo. Y se refiere a algunos países musulmanes, como Mauritania o Arabia Saudí, en los que hasta hace pocos años se permitía la esclavitud. “Eso está todavía presente en sus estructuras políticas y sociales. Coño, estamos hablando de países que todavía viven en la Edad Media, en los que la intolerancia contra cualquier cambio es manifiesta”, comenta. Lo cierto es que no valen las generalizaciones. Aquí en el Hay muchos escritores árabes distintos se han acercado a la diversidad de sus respectivos países. Pero casi todos han coincidido en un punto: en llamar la atención sobre la tragedia de Palestina.

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¿Dónde está el problema?

Por: | 04 de abril de 2008

En su intervención de ayer, aquí en el Hay de Granada, el poeta y escritor Murid Barguti dijo: “En el mundo hoy se nos presenta, a nosotros los palestinos, como el problema. Cuando lo que ocurre es que somos un pueblo con un problema”. Lo que intentó transmitir, una y otra vez, es la excepcionalidad de la historia de los suyos, su fragilidad. “Si hay una carnicería, una agresión, un bloqueo, ahí aparecemos los palestinos”. Nadie sabe nada, dijo, de las historias de amor de nuestros jóvenes, de sus estudios, de las dificultades que tienen para vivir, de las fiestas que celebran, de los dibujos que pintan, de las casas que construyen. La variedad de conflictos de los distintos países árabes y la extrema complejidad de la situación de cada uno de ellos terminan por conducir a la misma pregunta: ¿dónde está el problema? ¿Cómo formularlo?

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Ayala y el desconcierto

Por: | 03 de abril de 2008

Cuando en 1983, Francisco Ayala volvió a escribir un prólogo para la nueva edición que por entonces iba a publicarse de su Tratado de sociología, comprobó que no había nada que retocar del texto del mismo. Comentaba que resultaba sorprendente que así fuera, más en un título de esas características, y luego explicaba que lo que él había contado ahí era el desarrollo de la sociología hasta la Segunda Guerra Mundial (su Tratado apareció en 1947). “Como si nada hubiese cambiado, volvieron a ponerse en circulación las mismas ideas que desde finales del siglo XVIII habían servido para facilitar el tránsito desde la monarquía absoluta a la democracia burguesa, y se reimplantaron los mecanismos jurídico-políticos entonces diseñados para tal fin”, escribió en aquel prólogo refiriéndose al mundo que surgió de la guerra. No tuvo que tocar nada de su libro porque las cuestiones fundamentales no habían cambiado. Con una rotunda afirmación –“¡estoy harto de Ayala!” –, el escritor granadino inauguró ayer el Hay Festival Alhambra.

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La tentación de vivir

Por: | 02 de abril de 2008

Once años después de haber abandonado Nueva York, tras haber olvidado ya su ruido y la intensidad de las relaciones que propicia, Nathan Zuckerman regresa. Va a someterse a una intervención quirúrgica sin importancia en la uretra, pero que le puede resolver el problema de incontinencia que lo trae mártir. El tipo, que creía que la soledad de su retiro lo había curado ya de las tentaciones de la vida, constata súbitamente que las cosas cambian. Tiene setenta y un años y vuelve a padecer las sacudidas de una pasión. Confiesa: “estaba aprendiendo lo que se siente al estar trastornado, comprobando que, después de todo, no había terminado el descubrimiento de mí mismo”. Esta es la historia de Sale el espectro (Mondadori, traducción de Jordi Fibla), la última novela de Philip Roth.

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La cuerda floja

Por: | 01 de abril de 2008

Las cosas se desencadenan por un imprevisto. Es la historia de una adolescente obligada bruscamente a tomar decisiones. Sobre la marcha, sin demasiado tiempo, con una cierta urgencia. Justo el tipo de situación que peor cuadra con esa temporada de la vida, donde todo es nada que más que rumiar y pasar el rato e ir dándole forma a las cosas. En Juno, la película de Jason Reitman por la que Diablo Cody ha obtenido un Oscar al mejor guión, van circulando un montón de personajes. Los chicos tienen el punto de torpeza habitual a la hora de relacionarse con el resto de las criaturas y las chicas muestran esa sabiduría pragmática que las conecta de bruces con el latido profundo de la vida. Lo que importa, de todas formas, es el desparpajo de los diálogos, su fluidez, su sello inequívoco de autenticidad.

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El País

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