La batalla continúa

Por: | 09 de mayo de 2008

Martes 6 en Madrid, comida con André Schiffrin. La conversación gira en torno al mundo de la edición.  ¿Cómo van las cosas, qué margen de maniobra existe hoy, hay lugar para nuevas iniciativas, qué está pasando con el libro? A finales de los ochenta, Schiffrin abandonó Pantheon, la editorial en la que había trabajado durante treinta años, cuando fue absorbida por una gran multinacional. Se negaba a trabajar bajo la presión de la cuenta de resultados, así que fundó The New Press, un pequeño sello independiente. Su idea era publicar contra las directrices del mercado, buscar nuevos libros, nuevas ideas. Hace unos años publicó La edición sin editores (Destino), donde dibujaba un panorama devastador. Quizá las cosas no fueran tan dramáticas como las pintaba, pero el tiempo parece darle la razón. Por lo menos, en lo que se refiere a las grandes tendencias. Cada vez se publica más pensando en el mercado, y los grandes best-sellers se imponen a las propuestas más arriesgadas. Ahora, Península ha traducido Una educación política. Entre París y Nueva York, un peculiar libro de memorias.

Cierran las librerías pequeñas y la venta se concentra en las grandes cadenas, los agentes generan  una alocada carrera de anticipos que muchas veces no se recuperan, las editoriales se concentran en la búsqueda de grandes beneficios a corto plazo. Esas fueron algunas líneas de la reflexión de Schiffrin en aquel libro. En éste, el mundo editorial sigue ahí, pero han pasado a primer plano sus experiencias personales, sobre todo las que tienen que ver con la política. Nacido en una familia judía de origen ruso, Schiffrin fue el hijo del fundador de La Pléiade. Su padre fue expulsado de Gallimard cuando los nazis invadieron Francia. En su libro cuenta el viaje en barco a Nueva York. Era niño y no fue consciente de las terribles condiciones del viaje.

La época del macartismo, el descubrimiento del socialismo, las actividades de un estudiante de izquierda. Schiffrin va contando de un tiempo que cada vez parece más remoto. El mundo en el que creció y que terminó por conducirlo al apasionante mundo de la edición. Ahí está su radical confianza en el poder de la palabra, y el viraje progresivo del mundo editorial hacia el reinado de las grandes cifras. ¿Queda aún espacio para iniciativas que vayan contracorriente?

De eso se habló en la comida del martes. De los cambios estructurales en el universo editorial, del descrédito de la lectura, de la crisis de los valores ilustrados. Curiosamente, y a pesar de la gravedad de los diagnósticos y de un clima de inevitable pesimismo, permaneció viva la confianza en la batalla que libran tantos editores, dentro de los grandes grupos y en los sellos independientes. Se habló así de los huecos que abren las nuevas tecnologías, y de la vitalidad de los que siguen ahí. Agarrados a la energía de la palabra en medio de una tormenta de banalidad.

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Los editores quieren ganar dinero, pero los autores, los traductores y los ilustradores también y en lugar de editar un libro y promocionarlo y venderlo al extranjero y cuidarlo; se hacen 1000 ejemplares si llega se deja en la librería y a la semana siguiente ya hay otra novedad editada, No da tiempo ni hay espacio en las librerías para ver todas las novedades. Hay que cuidar más lo editado y posiblemente todos ganen más dinero.

El sector editorial es quejumbroso por definición y siempre ha habido mensajes apocalípticos. Schiffrin es inteligente, interesante y cultivado pero su análisis es un tanto simplista.

El panorama es devastador para los grades grupos. Es irracional querer vender 30.000 ejemplares de un título en el siglo XXI, cuando la sociedad tiene otra manera de acceder a la información y el ocio se ha diversificado en mil modos. Hay que buscar al lector (¿cuántos, mil, mil quinientos?)interesado en un libro de contenido más pulido.

Qué curioso que los dos libros de Schiffrin hayan sido publicados en España por editoriales pertenecientes al grupo Planeta. Quizá los grupos no sean tan malos. Quizá la difusión (y los adelantos) que garantiza ser publicado por un gran grupo compense el trago. La alternativa a trabajar bajo la presión de la cuenta de resultados es considerar que el trabajo de un editor ha de ser subvencionado por el resto de la sociedad. No sé si me parece muy justo.

Sí y no. Me explico: sí, ese espacio de esfuerzo personal que a Schiffrin y otros muchos les llevó a iniciativas que hoy recordamos con melancolía parece perdido; pero no, en verdad, si bien lo pensamos, han existido momentos en la historia, como trallazos, de efervescencia, pero nunca duraderos. ¿Hay un paralelo de ilsutración para el siglo XXI? No sé, pero, ¿lo hubo antes? Creo que tampoco.

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El rincón del distraído es un blog cultural que quiere contar lo que pasa un poco más allá o un poco antes de lo que es estrictamente noticiable. Quiere acercarse a lo que ocurre en la cultura con el espíritu y la pasión del viajero que descubre nuevos mundos y que, sorprendido e inquieto, intenta dar cuenta de ellos.

Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

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