Vértigo en Chicago

Por: | 07 de mayo de 2008

Cuanto vaya a contar hoy es lo suficientemente viejo como para entender que apaguen y se vayan. Ocurrió los días 22 y 23 de septiembre de 1965. Entonces se metieron en un estudio de grabación cuatro impresionantes músicos y parieron el que pasa por ser el primer disco de blues de larga duración. No lo conocía, escucharlo es una experiencia vertiginosa: toda la brutal intensidad de esos sonidos tocada con la desnudez más extrema. Ya habían aparecido por aquellos días muchos sencillos con algunas joyas de los grandes clásicos de Chicago --Muddy Waters, Sonny Boy Williamson, Howlin’ Wolf, Elmore James--, incluso el propio Junior Wells había publicado algunos temas --Messin' With The Kid, Come On In This House y Little By Little--, pero el primer largo fue ése: Hoodoo Man Blues. Está la voz áspera de Wells y su armónica que rasguña por dentro, todo el repertorio de genialidades de Buddy Guy con la guitarra y una severa sección de ritmo que no permite ninguna tontería: Jack Myers al bajo y Billy Warren a la batería.

Esta es la leyenda: Junior Wells se enamoró de una armónica que ofrecían por dos dólares en una casa Junior_wells de empeños. Así que consiguió un miserable trabajo vendiendo refrescos y se aplicó rigurosamente a fugarse del colegio durante una semana para conseguir la pasta. Llegó el sábado, le pagaron. Pero sólo le dieron un dólar y medio. Pensó que igual llorándole al de la tienda conseguiría su objetivo. No fue así. El tipo, sin embargo, se volvió y el muchacho soltó el dólar y medio en el mostrador y salió corriendo con la armónica. Le tocó ir a los tribunales. ¿Por qué lo hiciste?, le preguntó el juez. “Tenía que tener esa armónica”, contestó el chico. El juez le pidió que la tocara. Y tras escucharlo, él mismo puso los cincuenta centavos que faltaban. Caso resuelto.

Chitlin con Carne es un tema instrumental, por ejemplo. Ahí va paseándose Junior Wells (Memphis, 1934) con su armónica, lanza un par de veces un berrido, sube y baja. Es el blues. Lo había mamado en una granja de Arkansas, donde creció. Cruzaba la calle y Little Junior Parker le enseñaba a marcar muescas de dolor en el pequeño instrumento. Luego sus padres se separaron y con doce años Junior Wells se fue con su madre a Chicago. Ahí creció como artista. En 1952 ya tocaba en la banda de Muddy Waters.

Y en 1965 se metió en un estudio de Delmark Records con su banda, la Junior Wells' Chicago Blues Band. Hubo problemas con Buddy Guy porque tenía firmado un acuerdo con Chess, otra discográfica, e igual surgían problemas legales. Tampoco le funcionó el amplificador. Condiciones rudimentarias: ¡dios mío!, qué poco importan cuando Wells suelta el vozarrón y sopla la armónica, y Guy hace esas virguerías invisibles y perfectas. “No me quieres, cariño. Sé que no me quieres”. Estamos en el terreno del blues. No deberían perdérselo.

Hay 2 Comentarios

Lo curioso es que en esas condiciones precarias se han conseguido grabaciones que nadie ha sido capaz de duplicar en un megaestudio digital. La magia la pone el artista, algunos, como Junior Wells, incluso la reparten durante medio siglo...

juuuuuuas. Pues a pesar de la primera frase (que me duelen las costillas de tanto reír) me quedé hasta el final y pareció una historia apasionante (me recuerda una aventura similar, pero con una máquina de escribir de los años 30...) Sólo le falta sonido. No se hace uno a la idea si no lo oye. ¿No has pensado poner links a Youtube, por ejemplo, para saber qué estás escuchando?

Vídeo: http://www.youtube.com/watch?v=47djAb6jVJk

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Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

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