Las aguas de la sabiduría

Por: | 03 de junio de 2008

Esta es la historia de un tipo, filósofo dice de sí mismo, que abandonó un día las comodidades de una vida corriente para enfrentarse al arduo desafío de encontrar unas supuestas aguas que proporcionan la sabiduría. Su temeridad y audacia lo llevaron a probar, allí donde encontró fuente o arroyo, de los líquidos que por ahí rodaran, y no siempre con buena fortuna. Recorrió países, anduvo por desiertos y montañas, supo de la dureza del calor y del frío inhóspito, pero perseveró con ahínco, con ese inagotable afán que posee a unos cuantos elegidos que han entendido que la mayor gloria se alcanza al conquistar el saber. Su nombre fue Pomponio Flato y Eduardo Mendoza ha contado uno de sus asombrosos viajes en un breve volumen publicado por Seix Barral.

Conviene que cuantos son mitómanos sepan que la narración da detalles de primera mano de personajes que con el tiempo han llegado a ser particularmente célebres. “Rubicundo, mofletudo, con ojos claros, pelo rubio ensortijado y orejas de soplillo”: ¿hay alguien que supiera, hasta ahora, que ésas eran las trazas de Jesús cuando era niño? Sí, Jesús, ese judío al que crucificaron a los treinta y tres años después de haber predicado la buena nueva y fundado una nueva religión.

Todavía está lejos, en esta historia, de armar el barullo que armaría con el tiempo, y su única preocupación es la de salvar a su padre, el carpintero José, que ha sido acusado de cometer un asesinato. Y es inocente. Pero ahí está Pomponio Flato, ese hombre, ese romano, ese pobre diablo que sufre de flatulencias y no deja de inundar el mundo de sonoros pedos tras haber probado unas aguas poco recomendables. ¿Mayor sabiduría? Nada de nada.

Y así empieza la aventura. Un niño espabilado y un filósofo convertido en detective. Van de un lado a otro por Nazaret, una ciudad de trazado incomprensible, con calles estrechas, sinuosas “y dispuestas del modo más arbitrario”. Como esta novela, rigurosamente arbitraria, dislocada, que fluye como esas aguas que persigue su protagonista, que invita cada rato a la sonrisa, y que, como aquella obras mayores con las que se llenan la boca los críticos que todo lo saben, también está llena de sabiduría (y además práctica). Vean si no: “Jesús me pregunta qué cosa es una puta y se lo cuento de un modo somero, pues nunca he creído conveniente ocultar a los niños unos conocimientos que acabarán obteniendo de boca de los esclavos, los mercaderes, la soldadesca y otras gentes rudas, o por experiencia propia, en cuyo caso es mejor que conozcan las tarifas vigentes”.

Hay 5 Comentarios

desconocía estas aventuras...soy pionero en esto de blog , es más , llevo sólamente un día , y me ha dado por pasarme por alguno al azar , tu texto me ha convencido para animarme a dejarte un comentario. Me ha llamado la atencion , lo mejor sin duda, el entrecomillado del final... verdades como teplos.

Las aventuras de Pomponio Flato son una delicia, divertidas, rigurosas je je, una maravilla entre las "novelas históricas" de nuestros días. Yo me lo pasé pipa leyéndolas. Gracias Mendoza!

El libro es de esos que se te pone una sonrisa en la cara y no la sueltas, ni la sonrisa ni el libro hasta que no lo acabas. Son de agradecer algunas veces este tipo de libros. Recomienda algún libro para comprar el sábado en la feria de Madrid.

Flato?...con razón se fue al desierto este.

Flato?...con razón se fue al desierto este.

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El rincón del distraído es un blog cultural que quiere contar lo que pasa un poco más allá o un poco antes de lo que es estrictamente noticiable. Quiere acercarse a lo que ocurre en la cultura con el espíritu y la pasión del viajero que descubre nuevos mundos y que, sorprendido e inquieto, intenta dar cuenta de ellos.

Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

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